CAPÍTULO 24
P ara mi sorpresa, sí me dormí toda la noche.
Ni siquiera necesité la lámpara en mi mesa de noche ni el cuchillo que dejé a la par en caso de escuchar un ruido. Sí oí cosas en el apartamento de arriba, pero creo que el sueño pudo más, porque ya no me acuerdo del resto.
En fin, nunca he dormido mejor en mi vida, y voy a creer que es porque ya tenía varios días de no dormir en mi cama.
Me despierto solo por una pesadilla con el doctor de muertos acostándose a mi lado y pasándome los labios por el oído, acomodándome para quedar de espaldas a él y él mismo abriéndome las piernas, besándome el cuello, la mejilla.
Abro los ojos de golpe.
Maldito Nico que hasta cuando estoy dormida tiene que aparecer.
Miro mi reloj y todavía faltan como cinco minutos para que suene mi alarma.
Me pongo de pie y me doy cuenta de que me duele todo el cuerpo, ahora otros músculos que el día anterior no.
Cuando abro la ventana me miro un moretón en la pierna, bueno...
son tres en realidad y están exactamente dónde Nico me agarra para acercarme a él cuando...
a ver, yo no me voy a estar acordando de eso y por cualquier cosa mejor voy a comenzar a decir que estoy aprendiendo artes marciales mixtas.
Agarro mi celular y es solo por curiosidad ¿Okey?
solo curiosidad, reviso su última conexión y veo que fue hace un momento, hay una historia que publicó también y no, no voy a ser la primera en verla, así que dejo el celular a un lado y agarro mis cosas para tomar una ducha.
Me duele todo de la cintura para abajo, y cada vez que cierro los ojos solo pienso en lo que no debería, en lo de ayer o en lo del día anterior, o de su lengua pasándose... no, mejor pongo el agua más helada.
Un sonido en el apartamento de arriba me da un susto de muerte.
Apago la ducha y pongo más atención, pero ya no se oye nada más.
Continúo bañándome, pero esta vez más pendiente de lo que está pasando y ahora se escucha como si arrastraran algo pesado desde donde estoy yo hasta el otro lado del apartamento.
A ver, no me voy a poner paranoica, yo no creo en las cosas paranormales ¿Okey?
Entonces termino de bañarme, pero un poquito más rápido que otras veces.
Cuando salgo ya hay silencio, así que me visto tranquila y miro un paquete de curitas de princesas sobre mi tocador.
Me quito la anterior. Después me limpio con una de las tiritas de algodón, pero yo sí soy gentil conmigo misma.
Cuando voy a peinarme caigo en cuenta de que dejé mi secadora de cabello en el apartamento de Nico, mierda.
Tomo mi celular de nuevo y ahora sí le doy un vistazo a la historia que compartió solo porque ya pasaron varios minutos.
Lo que publicó fue un video enfocándose a sí mismo y parece que conduce una bicicleta, esa es una calle desierta, ni siquiera parece pavimentada, y aun así se atreve a hablar mal de los atajos que tomo yo para conducir.
Yo lo hago para poder manejar tranquila, él los toma solo por diversión. Psicópata.
Entonces le comento:
«¿Andabas recogiendo cuerpos ahí o qué?»
Hay un segundo video, detrás de él está alguien y aunque al inicio creo que es uno de sus amigos cuando está más cerca veo que es su papá o al menos sí parece el hombre que vi en Google, por si acaso le doy un vistazo a su página una vez más y sí, confirmo que es él y sí es muy Nico, se nota que va al gym, es elegante y tiene tatuajes, aunque Nico aparentemente tiene más.
Okey, físicamente es más parecido a su madre, pero con una combinación perfecta de los buenos genes de su papá.
Además, de que tienen esa misma voz grave, la sonrisa idéntica y se ríen de la misma forma. En la siguiente historia los dos están a la par y él también es altísimo, aunque el doctor de muertos es un poco más.
En ese instante me llega su respuesta:
De: Nico
Es que yo sí sé escoger los atajos, mi pulga ¿Cuándo vienes conmigo para enseñártela?
Digo, esa carretera.
Me rio, y caigo en cuenta de que me estoy riendo con un celular por culpa de Nico.
Para: Nico
Te puedo asegurar de que esa me la sé de memoria.
Digo, la carretera.
Entonces me salgo al balcón, solo por curiosidad veo hacia el suyo y está cerrado. Él en mi celular aparece como que está escribiendo y en ese momento escucho el ruido de una puerta abrirse, es la de él... y yo estoy ahí parada... viendo a su balcón.
Me mira y esboza una sonrisa, tiene el celular en la mano y ahora parece marcar un número, sí, el mío, mi celular comienza a sonar y yo solo debería ignorarlo por cínico, pero le contesto a regañadientes y lo primero que escucho es:
—Ya extrañaba la sensación de sentirme acosado cuando salgo a mi balcón.
—¿Y qué tal si el acosador eres tú? Justo apareces cuando yo salgo a mi balcón. Qué conveniente.
—¡Nah! No tienes tanta suerte, mi pulga preciosa.
—¿Suerte? Yo no necesito suerte y lo sabes.
—Eso es verdad, tú solo necesitas sentarte sobre mi entrepierna dentro de mi camioneta y consigues lo que quieras.
—Pensándolo bien, el suertero eres tú que tienes la dicha de que yo me siente sobre tu entrepierna.
Nico esboza una sonrisa y hace ese mismo gesto de cuándo va a decir una estupidez, entonces le saco el dedo medio y es en ese momento que otra persona asoma la cabeza y me mira.
Ay, no. Escondo el dedo y Nico cambia la cara de socarronería cuando se vuelve a su papá.
Le dice algo, pero no alcanzo a escuchar porque bajó el teléfono y ahora no sé qué le responde su papá.
El señor me mira de nuevo y levanta la mano sonriendo.
Ay, no. Me veo obligada a hacer lo mismo y después solo hago una seña de que ya voy a entrar.
Estoy fingiendo cordura honestamente, pero cuando entro cierro la puerta de mi balcón y le pongo todos los pasadores.
En fin, mejor termino de arreglarme, ya después voy por la bendita secadora.
Me peino, me maquillo y el primer delineado me sale excelente, pero el segundo se estropea cuando escucho otro ruido en el apartamento de arriba.
Mierda. Me repito a mí misma que no creo en lo paranormal, además, los fantasmas no asustan de mañana ¿No? Okey, mejor salgo rápido de aquí.
El otro delineado sí logro hacerlo bajo presión y cuando me voy a calzar me doy cuenta de que no solo mi secadora está en el apartamento de Nico, sino que también está casi la mitad de mi ropa y mis zapatos.
Bueno, llevo medias, así que al menos quedan bien con las botas altas que tengo aquí, entre mis cosas encuentro unas gafas oscuras de Nicolás y en la sala, sobre mi sofá, está el saco que llevaba ayer sobre el jersey.
Bueno, por ese tendrá que venir él, porque yo no voy a andarle acarreando sus cosas.
Tomo mi chaqueta y salgo, pero no sin antes intentar convencerme de que no hay nada inusual aquí, que los espíritus no existen y que ese ruido debe de tener una explicación lógica.
Mejor me voy.
Bueno, el elevador es peor, porque estoy sola y no me gusta la sensación de estar encerrada en un lugar tan pequeño cuando dos personas murieron aquí, así que cuando se abre en el primer piso salgo disparada, pero me detengo en la recepción y le pregunto al chico si hay inquilinos en el apartamento que está arriba del mío, no le digo por qué, no quiero parecer una lunática, pero él verifica en el sistema y dice:
—No, de hecho, ese está cerrado por investigación policial. El joven que se quitó la vida se metió a ese apartamento y se tiró desde el balcón. No estaba ocupado antes de eso, mucho menos lo va a estar ahora.
Ah, caramba.
—Bueno, entonces hay policías ahí ¿No?
—No, no han llegado.
—¿Y ayer? ¿Por la noche tal vez? ¿Había alguien quizás trabajando en ese piso?
—No, para nada. —No puede ser. O sea, que es muy probable que el alma de ese tipo esté merodeando por ahí. Okey, también me he visto esa película y yo soy la que está más cerca. —Pero si vienen los oficiales a trabajar en ese piso yo te lo hago saber, para que no te asustes.
Pues muy tarde.
—Bueno, gracias. Que tengas buen día.
—Igual, Nina.
Mierda. Salgo corriendo al parqueo y está oscuro, no sé ni cómo llego en tan poquito tiempo, pero me encierro en mi auto y no miro para ninguna parte por si las moscas ¿Por qué este bendito parqueo tiene que ser oscuro y el de Nico no? Maldito Nico.
Pongo en marcha la cosa esta y el tráfico está pesadísimo, casi me devuelvo a dejar el vehículo y buscar un taxi, pero me acuerdo de que tendré que caminar de regreso en el parking oscuro, así que no es opción.
Solo voy a meterme en el tráfico y ya está.
Respiro profundo y cuento hasta tres, okey, encuentro por fin la oportunidad perfecta, pero entonces una camioneta a toda velocidad me pasa en frente y toca el claxon provocándome un susto de muerte.
Ese es Nico, por supuesto. Debería llamarlo y lanzarle miles de maldiciones que se me ocurran, pero veo que en el asiento del copiloto está su papá, así que...
mejor no. Solo voy a fingir que Nico no existe en mi vida.
Ah, me llega un mensaje suyo ahora mismo y dice:
«Ups».
Eso es todo «Ups»
Bueno, ya que por ahora no me puedo incorporar al tráfico, porque al parecer el semáforo de la calle principal está en rojo, le contesto:
«Cada vez me estás poniendo más fácil lo de no volver a hablarte»
Y él me responde rápido:
«Qué bueno de que no necesitamos hablarnos»
El semáforo cambia de color, dejo a medias lo que iba a responderle porque yo sí necesito todo mi cerebro para por fin meterme al tráfico y conducir hasta la página porno.
No entiendo cómo es que no llego tarde, porque no adelanté ningún vehículo para evitarme el estrés, pero entonces me encuentro con el dilema de la calle frente a la revista.
Debí cambiarme de carril antes y ahora no puedo entrar al parqueo, ya casi me veo a mí misma dándole toda la vuelta a la cuadra porque el claxon de los autos de atrás me está poniendo histérica, pero alguien de buen corazón me da el pase y entro a toda velocidad para olvidarme de ese momento bochornoso.