Bendito Karma CAPÍTULO 23 #3
41%

CAPÍTULO 23 #3

Cierro la puerta y camino a su lado hasta el elevador.

El lugar sigue estando oscuro, pero al menos ahora hay más movimiento de personas, aunque en el elevador solo estamos él y yo.

No nos estamos tomando de la mano, pero las yemas de mis dedos están jugando con las suyas y él está haciendo lo mismo hasta que las puertas se abren y caminamos juntos hasta mi apartamento.

Enciendo la luz y le pido que pase.

Deja la monstera al lado de la puerta y cuando cierro me acorrala a mí contra la pared y me besa.

Es uno de esos potentes, abrasadores y que prenden todas las terminaciones nerviosas.

Ah, caray. Qué forma de besar, Dios mío, y es que Nico se supera todos los días.

Me agarra la cara, una de sus manos va hasta mi nuca, con la otra me toma de la cintura y me sube hasta quedar a la misma altura que él.

Es que Nico... madre mía. Siento su mano subir por mi pierna y llegar hasta mi trasero, su boca va bajando por mi barbilla, mi cuello, mi clavícula, el hombro que llevo descubierto, su mano entra por debajo de mi ropa interior y la desliza por mis piernas, me vuelve a dejar en el suelo.

Él mismo me levanta solo una pierna esta vez y se arrodilla frente a mí, me sube la falda y la pierna al hombro.

Me besa el abdomen, después el vientre hasta que llega a mi intimidad.

Comienza a besarme ahí, de esa misma forma voraz, pero con un movimiento de lengua que me provoca una serie de escalofríos.

Es que... carajo, carajo. A ver, yo nunca me había puesto a pensar en cómo sería un oral de parte de Nico, pero debí haberme imaginado que también iba a hacerme tambalear las piernas, no es nada romántico, por supuesto, es brutal, feroz, me hace jadear, apretar los puños, es que una boca nunca me había hecho sentir algo así en mi vida, también siento sus dedos en mi entrada, me acaricia, entra, sale…

es que sí sabe cómo usarlos, pero su boca…

definitivamente su boca es su fuerte, es que...

por Dios... oficialmente aquí pierdo la cordura.

Entonces paso mi mano por el cabello de Nicolás, no tiene el pelo corto así que puedo meter mis dedos y agarrarlo para tirar de él hacia arriba y sí, obedece.

Vuelve a besarme otra vez y yo envuelvo mis piernas alrededor de su cintura.

Me lleva en la misma posición al sofá, sin titubear siquiera porque seguimos besándonos.

Es él quién se sienta y yo quedo a horcajadas sobre él.

Le quito el jersey y le paso las manos por el torso, llego hasta su cinturón y también me deshago de él.

La mano de Nico está en mi pierna y ahora mismo está subiendo por mi trasero, continúa hacia arriba para deshacer el nudo de los tirantes en la parte de atrás de mi vestido y me lo quita.

A este punto yo obviamente no me estoy pensando bien las cosas ¿Okey?

Y no me importa estar completamente desnuda frente a Nicolás, pero es él quién empata la situación cuando se deshace del resto de su ropa sin pensar nada.

Entonces me toma por la cintura y me tumba de espaldas sobre el sillón.

Esta vez sí hay luz y lo puedo ver completito frente a mí.

Dios mío ¿Por qué Nico tiene que ser tan perfecto?

Y qué buenas piernas, carajo, y cuando se da media vuelta para dejar sus lentes sobre la mesa confirmo que también tiene buen trasero.

Se ubica entre medio de mis piernas y me toma de una para acercarme más a él.

Entra en mí lento y soltando un gemido ronco que casi me provoca el primer orgasmo y es que de eso estoy a punto.

Comienza a moverse suave, a entrar y salir a un ritmo que me provoca un cosquilleo tremendo, entrelaza los dedos de su mano con la mía, me besa los nudillos de una forma que...

joder... yo ni siquiera sabía que un beso así en alguna parte «no sexual» de mi cuerpo podía hacer que me mojara bastante, pero ya me di cuenta de que sí.

Se inclina para besarme la boca y los movimientos se vuelven más firmes, más bruscos, más fuertes.

Como me imaginé el primer estallido de placer llega rápido y es ardiente e intenso. Qué suerte que no tengo vecinos, porque con Nico no puedo callarme, aunque sí lo intento, lo juro.

Sale un momento de mí y me da media vuelta dejándome con las manos y las rodillas enterradas en el sofá, se acomoda detrás de mí, me pide que abra las piernas y yo bromeo:

—¿No me vas a preguntar cuál es mi posición favorita?

—No, me di cuenta ayer cuáles son tus favoritas, mi pulga.

Con su dedo comienza a trazar círculos suaves sobre mi vagina, me acaricia lento y me estremece sentir sus labios de nuevo sobre mi vulva, su lengua cálida me hace temblar entera, esto es... Dios mío ¿Cómo es que Nico es bueno en todo? Definitivamente lo de antes solo era la intro.

Me recorre completa, de arriba abajo, me hace gemir, jadear, termina lo que inició hace rato contra la puerta y me hace correrme con su lengua dejándome temblorosa y agitada.

Vuelve a penetrarme en la misma posición que estamos, entra y sale de mí rápido, fuerte, duro; me pone en la postura que se le da la gana, al ritmo que se le ocurre, me agarra por la cintura y sin salirse se sienta en el sofá conmigo de espaldas sobre él.

En esta posición puedo oír esos gemidos roncos y escuchar mejor su voz cuando me dice que le encanta lo flexible que soy.

Me abre más las piernas y él sube la suya al sofá acomodándonos mejor para lo siguiente que se le ocurre.

Creo que Nico planea matarme, porque cada embestida es más potente que la anterior, cada vez que entra y sale me provoca una ola de placer que me envuelve completa, este orgasmo llega más poderoso que el de antes y seguido a ese llega otro que me deja las piernas tambaleantes.

Nos quedamos así un rato, con su brazo rodeándome el cuello y el otro paseándose de mi pierna hasta mi cintura, me agarra la barbilla para girar mi rostro a su cara y darme un beso en los labios, aunque al inicio es algo tranquilo se me vuelve a acelerar la respiración cuando siento su lengua.

En la misma posición me acomodo hasta quedar a horcajadas frente a él, paso ambos brazos por sobre sus hombros y lo beso una vez más a lo que él me corresponde de esa misma manera que me estremece.

A ver, que este maldito sillón sí es cómodo, qué buena inversión, madre mía. Y qué rico se escuchan esos jadeos de Nico cuando comienzo a moverme sobre él.

Esta vez soy yo quien hace el recorrido por su barbilla, su cuello y voy bajando por su pecho, su abdomen, el vientre y le tomo el miembro con ambas manos para, primero, hacerle unos movimientos en vaivén y después me lo llevo a la boca haciendo antes un recorrido con mi lengua desde la base hasta la cabeza.

Entonces me lo meto completo y confirmo que no me cabe todo, pero siempre hay formas así que lo hago igual, tal como le gusta a él: brusco, rápido, sin parar.

Lo siento palpitar dentro de mi boca, pero él mismo me detiene.

Me toma por la barbilla y me dirige hasta ubicarme sobre él una vez más.

Guía su miembro hasta mi entrada y me deslizo lento, haciéndolo jadear.

Vuelve a tomarme del cuello para besarme.

Comienza a moverse, a dejarme sin aliento, a provocarme una serie de gemidos que intento no dejar salir tan fuerte.

Siento una palmada en mi trasero y después me agarra por la cintura volviéndome a dejar de espaldas en el sillón.

Mete su mano por debajo de mi cabeza, me agarra el cabello por la base y es que esa forma…

Dios mío, no sé qué es lo que hace o cómo, pero me relaja completa y vuelve a embestirme con más fuerza ¿En qué momento se me ocurrió a mí acostarme con Nico?

Más me vale que el próximo hombre con el que esté sea igual o mejor, porque si no, voy a terminar extrañándolo bastante.

No tarda mucho en alcanzar el clímax, pero antes me provoca uno que me deja la respiración a mil y el pulso acelerado. Ah, carajo. Maldito Nico. Si lo que quiere es que me acuerde de él por el resto de mi vida creo que va a lograrlo.

Cuando termina lo hace sobre mi vientre y nos quedamos ahí los dos intentando recobrar el aliento. Todavía sigue entre mis piernas, y entonces se le ocurre:

—Te acuerdas de que en la mañana te dije que podía hacer que esto pasara hoy también si se me daba la gana ¿O no, mi pulga?

—¿Pasó qué cosa? Yo no me acuerdo.

El doctor de muertos suelta una carcajada, de esas suyas irónicas y burlescas.

—Bonitos pechos, por cierto.

Entonces yo agarro mi vestido del suelo y me tapo.

—¿Es que sí miras sin lentes? ¿O solo tienes una imagen mental borrosa?

—Tengo una imagen mental clarísima.

Entonces se pone de pie y se va al baño, yo por mi parte me quedo ahí procesando todo y cuando vuelvo a reproducirlo dentro de mi cabeza siento de nuevo ese cosquilleo entre las piernas…

no, tengo que sacar a Nico de aquí. Cuando regresa todavía está desnudo y yo no puedo evitar verle el cuerpo entero.

¿Qué karma estaré pagando yo cómo para que en esta vida me pongan a un hombre como Nicolás en frente?

Además, trae papel y él mismo me limpia con delicadeza.

—Ya puedes irte.

Nunca puede faltar un gesto irónico de su parte.

—Me siento como un prostituto, pero sin el pago.

—Debiste cobrar por adelantado.

Los dos soltamos una risita viéndonos directamente a los ojos y soy yo la que corta ese tenso contacto visual porque tengo que convencerme a mí misma de que con Nico no.

—Por cierto, si necesitas que regrese o que venga por ti solo me llamas.

—No voy a llamarte, es más, voy a borrar tu número.

—Otra vez: Eso no te lo crees ni tú. —Se acerca a mí y dándome un beso de esos suyos con lengua, suave y dulcito, pero cínico y burlón, me dice: —Buenas noches «MI» pulguita.