Bendito Karma CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

E stos últimos días de mi vida han sido interesantes.

Y no hablo por lo de ayer ¿Okey? Eso es algo que voy a borrarme de la cabeza.

En fin, después del asunto de Benjamín esta mañana, ahora me encuentro a Samuel en la revista porno.

Yo acabo de atravesarme media ciudad con un tráfico de mierda y a la última persona que quiero ver ahora mismo es a él, aunque tal vez esta vez no me busca a mí, porque hoy sí está hablando con Alfonso.

Yo no le he contestado nada desde no sé cuándo, pero en el momento que llego a dónde está mi jefe —porque, para rematar, están a medio pasillo y tengo que pasar entre medio de ellos dos— me veo en la obligación de saludarlo y en ese momento la modelo pelirroja de la revista se acerca y lo primero que me dice es:

—Hola, Nina ¿Cómo estuvo tu cita?

Entonces Samuel me mira de reojo, aunque finge estar poniéndole atención a lo que le está diciendo Alfonso, tomo a Anastasia del brazo y también a Rebecca quién está a la par, entro con ellas a mi oficina y cierro la puerta, es a la rubia a quién se le ocurre:

—Oye, no se menciona al otro novio de Nina frente al otro novio de Nina.

Ay, Dios mío ¿Qué diablos?

—¿Qué no era que ninguno de los dos es el formal? ¿Me estoy perdiendo de algo?

—No, pero ninguno de los dos sabe que no son el formal ¿Entiendes?

Yo las detengo y me veo en la necesidad de aclarar de nuevo.

—A ver, ya les dije que ninguno de los dos es el formal y no tengo nada con ninguno de los dos. Ni con este, ni con el otro. Y ambos lo saben.

—Bueno... —de nuevo la pelirroja —¿Ya lo ves, Rebecca? No hay formalidad con ninguno de los novios, así que todo bien.

—Y ninguno de los dos es mi novio.

—¿Entonces tuviste una cita con otro?

—No, sí fue con Nicolás —le digo yo. —Y no fue una cita romántica ¿Okey? Y de eso ya no se vuelve a hablar en este lugar.

—¿Y cómo fue tu cita no romántica? ¿Terminó bien?

—¿Qué es «terminar bien» exactamente?

—Lo más seguro es que sí, porque duermen juntos.

—Ignorando mi pregunta, Rebecca le está hablando a la pelirroja como si yo no estuviera aquí en frente.

—Aunque no diga que es el oficial, sí sabemos que es el oficial y si no lo es todavía no tarda mucho en serlo.

Él condujo desde la morgue después de estar encerrado ahí por más de doce horas solo para ir a besar a Nina.

—Eso no es verdad. —Me defiendo yo—. Si lo dices de esa forma hasta suena romántico y no fue así. Digo, no lo de llegar solo por irme a besar, eso lo puede hacer en cualquier momento.

Okey, eso se escuchó peor.

Qué suerte que toquen la puerta y abro rápido solo para encontrarme ahí a Samuel, tal vez no debí abrir.

A su lado está Alfonso, pero él hace un ademán a Samuel señalándome y después se da media vuelta, cuando solo ha dado unos cuántos pasos se vuelve a mí y aprovechando que Samuel no lo está viendo me hace una seña...

no sé qué seña es, yo no entiendo ese lenguaje, pero se pasa la mano por la garganta y dice que no, después se va ¿Qué carajo?

—Buenos días, Nina.

—Buenos días. —Algo que no puedo evitar notar es como Samuel disimuladamente queda viendo a las modelos cuando salen, pero es algo que hace rápido, y «según él» disimulado, pero yo no nací ayer.

—¿Puedo hablar contigo?

—¿No es lo que estamos haciendo?

—Qué graciosa. —Entonces extiende preguntándome si puede pasar y yo miro mi reloj. —No te preocupes, yo le dije a Alfonso que me permitiera unos minutos para hablar contigo.

Okey, ahora entiendo todos esos gestos que estaba haciendo él. Significa que debería decirle que no. Ay, no sé.

—Es que no puedo de verdad, tengo muchísimo qué hacer y tal vez Alfonso ya te lo dijo.

—Es algo rápido, te lo juro.

Dios mío, es momento de desempolvar las frases típicas «estás loco» «todo está en tu cabeza» «hablamos cuando se te pase» etc. Me hago a un lado para que entre, pero dejo la puerta abierta. Solo da un par de pasos y lo que se le ocurre es:

—¿Tú tienes algo con Benjamín?

De todas las cosas que pudo preguntar ¿Benjamín? ¿De verdad? Dios mío, ¿qué karma estoy pagando hoy?

—¿Cómo que qué tengo con Benjamín?

—Nina, no me mientas.

—¿Te parece que yo miento? —Bueno, sí miento, ¿pero Benjamín? Eso es casi una ofensa. —¿Esto es en serio? Tendrían que volar mil elefantes sobre nosotros para que a mí se me ocurra tener algo con Benjamín. —Eso debí decírmelo a mí misma el año pasado. —Además, ¿no es que va a casarse tu hermana?

—Así es, pero no creo que eso le impida tener algo con alguien, digo...

es Benjamín. —Hace una pausa. Okey, al parecer se conocen más de lo que dice.

—Ayer tuvimos una discusión, porque me estaba preguntando demasiado por ti y seamos honestos ¿a él por qué tendría que importarle si tú y yo tenemos una relación o no?

El punto es que está comprometido con mi hermana y eso fue incómodo ¿Por qué te importa si una mujer sale con alguien más si estás por casarte con mi hermana?

Se lo pregunté y me dijo que yo me lo estaba inventando todo.

Estos dos se están complicando la vida solitos.

—Pues yo no tengo nada con Benjamín, ni quiero.

—¿No fue él tu cita de ayer que mencionaron las chicas?

—Por supuesto que no. Tengo mejores opciones.

Lo que me faltaba, que Samuel crea que salgo con Benjamín y Benjamín que salgo con Samuel. Mientras tanto, Nico como si nada. Y no es que salga con Nico tampoco, y no voy a hacerlo.

—El de la foto... el que está tomado de tu mano... —Ay, no. —¿Es Benjamín?

Y yo me rio, no puedo evitarlo. Tengo que disculparme por haberlo interrumpido, pero es que... a ver, ¿qué?

—Benjamín ni siquiera tiene las manos grandes.

Con eso voy a finalizar cualquier discusión tonta con Samuel por culpa de Benjamín y le señalo la puerta para que salga, él no dice nada por suerte. Me doy media vuelta y dejo mi bolso sobre el escritorio.

—Te creo. —Bueno, a mí me da igual si me cree o no.

—Perdón, de verdad. Siento que te estoy ahogando y lo lamento mucho.

—Entonces me giro, ¿qué es lo que estoy escuchando?

¿Una disculpa de parte de Samuel? —Te juro que usualmente no soy así, es solo que últimamente me están pasando muchas cosas.

Por cierto, te ves guapa hoy, ¿te hiciste algo nuevo?

—No, pero gracias. —Volviendo al tema anterior que está más interesante: —¿Y qué tipo de problemas si se puede saber? ¿Amorosos? No te voy a juzgar, te lo prometo. Siempre y cuando no sea una enfermedad venérea.

Yo lo hago sonar como una broma, pero él no dice nada...

a ver, ¿por qué de pronto está pensativo e intenta cambiar de tema?

Entonces... sí podría... digo, este se acostaba o se acuesta aún con la novia de Nico.

Alfonso se aparece, aunque la puerta está abierta toca con sus nudillos y le habla a Samuel.

A ver, yo necesitaba aclarar esto antes, pero él solo se va, entonces me saco el teléfono de inmediato.

Para: Nico

Oye, ¿sí estás seguro de que no tienes una ETS?

No contesta, bueno... no espero que lo haga tan rápido si su última conexión es la de las cuatro de la mañana. Estoy dejando mi teléfono sobre el escritorio cuando lo escucho sonar, lo tomo rápido y veo su respuesta:

De: Nico

***

Eso es todo. Tomo mi lugar y al mismo tiempo le escribo:

Para: Nico

Sabes que tu novia se acostaba con otro y ese otro tal vez tenga una enfermedad venérea.

Solo lo lee, pero no contesta. Entonces me llama. Mierda. Me pongo de pie y cierro la puerta de la oficina, pero no sin antes cerciorarme de que Samuel no está merodeando afuera. Descuelgo y lo primero que le digo es:

—¿Que no estás trabajando?

—Claro, pero eso no significa que no puedo hablar, mi pulga. Solo te voy a advertir que estoy con otras personas y podrían escucharte, así que no me digas nada lujurioso.

—No me jodas, Nico. —Escucho su risa y le habla a alguien... okey, sí está con otra persona y al menos la voz que le responde no es de una mujer. Después se oye una puerta y yo le agrego: —¿Ya puedo decirte que tienes una enfermedad venérea?

—Vayamos por partes: Uno, Valentina ya no es mi novia. Dos: Yo no me acuesto con alguien sin protección.

—¿Estás seguro?

—Tú eres especial, mi pulga.

—¿Te acuerdas de la lista de mentiras que dicen los hombres que me elaboró mi abuelo? El «eres especial» encabezaba esa lista, así que tienes que ser más creativo.

Como siempre, suelta una carcajada irónica.

—Qué bueno que mencionas que tengo que ser más creativo, porque significa que ya podemos hablar de todas esas cosas que no ocurrieron ¿Verdad? Porque para esas sí tengo mil frases creativas.

—No es necesario, porque después de esta conversación no voy a volver a hablarte.

—Bueno, de todas formas, no necesitamos hablar para todas las cosas que todavía te quiero hacer, mi pulguita.

A ver, ¿cómo es posible que Nico me haga palpitar y no precisamente el corazón a través de una llamada por teléfono? Y no es solo lo que dice, sino la forma, es que Nico tiene una voz bastante masculina que sabe cómo utilizar perfectamente. Maldito Nico.

—¿No que estabas con más personas?

—Ya no, estoy en mi oficina buscando un papel que voy a enviarte ahora mismo ¿Puedes ver tus mensajes?

—Sí lo hago, manteniéndolo a él en la línea.

Lo que veo es lo que parece ser un examen que hasta incluye la Hepatitis C y sí tiene su nombre, todo está negativo.

Y es de hace un par de días. —Ya te dije, no soy tan irresponsable. Lo de ayer podemos discutirlo.

—Lo de ayer no vuelve a pasar.

—¿Qué estoy escuchando? ¿Que puedo hacer que pase hoy también si se me da la gana?

—¿Cómo vas a hacerlo si tú vas a estar en tu apartamento y yo en el mío?

—En algún momento vas a regresar, digo... justo debajo de tu balcón todavía está la figura de un tipo que se tiró...

—No sigas.

Entonces la puerta se abre dándome un susto, solo es Alfonso. Él mira que estoy hablando por teléfono y se acerca en silencio para entregarme unos papeles. Me despido de Nicolás y cuelgo justo después de que escucho un «Claro, mi pulga» de su parte. En fin, miro lo que Alfonso me entrega y dice: