Bendito Karma CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

Deja mis llaves sobre el desayunador, se acerca detrás de mí para alcanzarme la caja de cereal, creo que lo de guardar la distancia no se lo está tomando en serio, porque también me toma por la cintura para agarrar un bowl que está más arriba, en éste deja caer un poco de cereal y después saca la leche del refrigerador, yo se la quito y la vierto con calma en mi tazón.

—¿Tienes planes esta noche, mi pulga?

—Volver a mi apartamento.

Está de espaldas, pero noto la media sonrisa que esboza cuando digo eso.

Él cree que yo me voy a quedar un día más con él aquí.

Lo veo irse a la otra habitación, después regresar y sacar uno de los envases de comida para dejarlo dentro de su bolso, también agarra snacks, una bebida del refrigerador y lo escucho:

—Solo me llamas si necesitas que vaya por ti a medianoche.

—No voy a necesitar que vayas por mí a medianoche, pero muchas gracias. Cuando te dije que necesitamos mantener distancia hablaba en serio.

Entonces me mira. Nico se acerca... mucho, de hecho, ¿y yo me aparto? Pues no. Me toma por la cintura y me sube él mismo a la bendita encimera y ahora sí quedamos cara a cara. Se recarga con ambas manos a cada lado de mi cuerpo y me dice:

—¿Me estás diciendo directamente que no puedes mantenerte serena si estás cerca de mí?

—Te estás proyectando.

Pone su mano en mi pierna y ahora mismo está subiéndola por debajo de mi falda. Cuando sus dedos llegan al pegue de la pierna, me agarra de la cadera y tira de mí hacia él, con su otro brazo me rodea la cintura y muy cerca de mis labios me dice:

—Puedes volver a tu apartamento cuando quieras, de todas formas, yo te puedo hacer mía cuándo quiera y cómo quiera, mi pulga, estés aquí o en China.

Me hace tragar fuerte, pero lo disimulo bien, por supuesto. En su lugar, paso mi brazo por sobre su hombro y mi mano por la parte de atrás de su cabeza. Acerco su cara más a mí y casi rozándole la boca, le digo:

—No si no vuelvo a hablarte.

Se ríe sobre mis labios y yo intento bajarme de la encimera, pero no me lo permite, se acomoda mejor entre mis piernas y viéndome a los ojos, suelta:

—¿Ese es otro reto? Qué bueno, porque ayer fuiste más allá y todavía no estamos a mano, mi pulguita.

Me da un beso en la barbilla y después va subiendo lentamente hasta mis labios donde deja uno suavecito, dulce, pero burlesco en todos los sentidos.

Es que a mí se me está acelerando el corazón y creo que lo está notando.

Qué suerte que alguien toque su puerta y aunque casi me mata del susto, al menos me da tiempo de recoger un poquito de la cordura que estoy perdiendo.

Tocan una vez más y este se escucha desesperado.

—¿Esperas a alguien? —le pregunto yo.

—No.

Arruga el entrecejo y se mira el reloj. Entonces me bajo, pero no sin antes escuchar su advertencia:

—No caigas sobre el tobillo lastimado. —A ver, a mí hasta ya se me había olvidado y sí, justamente en ese iba a caer.

—No iba a hacerlo.

De todas formas, él me ayuda a bajar con su brazo alrededor de mi cintura y después se va a abrir la puerta.

Yo tomo mi celular justo en el momento que me llega un mensaje de Alfonso que dice que tenemos una reunión con Benjamín y su jefe, y es el jefe quién quiere que yo esté ahí.

Justo en el momento que estoy dejándole mi respuesta escucho una voz horriblemente conocida:

—Te he estado llamando casi todo el día.

—Él entra. A ver, yo estoy en la cocina y me tengo que esconder detrás de la pared.

Dios, que no se le ocurra ahora mismo venir hasta aquí.

—¿Por qué no me contestas? Parezco novia loca desesperada intentando comunicarme contigo y a ti parece que te tragó la tierra.

—Sí, claro, puedes pasar. —Ese comentario sarcástico es de Nico, por supuesto.

—¿Qué has estado haciendo últimamente? Apenas me has respondido como dos mensajes.

—Guao, no sabía que estábamos en una relación y tengo que decirte dónde estoy todo el tiempo.

—Basta, Nico, no estoy de humor.

—Y se nota.

Por fin hay silencio, solo escucho los pasos de Benjamín y después su teléfono cuando recibe una llamada, parece que se va al balcón a hablar y yo aprovecho para decirle a Nico con señas que lo saque de aquí. Me dice que sí con un gesto. Regresa casi de inmediato y lo que se le ocurre preguntar es:

—¿Crees que Nina esté en su apartamento?

Y él tan cínico le responde:

—Y yo qué sé dónde está Nina.

Entonces Benja no le contesta ¡Dios! necesito que lo saque de aquí.

—No sé qué me pasa con Nina, te lo juro.

¿Qué diablos?

—¿A qué te refieres?

—Es que... no sé, no me entiendo ni yo mismo. Nina me sacaba de quicio, me volvía loco, tiene un carácter de mierda. —Nico suelta una carcajada. Dios mío, estoy a nada de salir de aquí y estrellarlo contra la puerta... a Benjamín... bueno, también a Nico.

—¿Qué tal si Nina estuviera aquí escuchándote?

—Me estrella contra la puerta, eso es seguro.

—Pues… parece que al menos me conoce. —Pero eso es lo peor ¿Sabes?

Que ya sé cómo es y no puedo olvidarla. Todos los putos días me encuentro algo que me recuerde a ella, me duermo pensando en ella, me despierto pensando en ella ¡Es que no sé qué me pasa!

Y me molesta muchísimo que sea novia de ese pendejo de Samuel.

A eso Nico sí le contesta de inmediato:

—Nina no es novia de ese imbécil de Samuel.

—Tú qué sabes. —«Tú qué sabes» le dice. —Salen de fiesta juntos, se toman fotos agarrados de la mano...

—Otra carcajada de parte de Nico, se está divirtiendo a costa de Benjamín.

—Sabes que Nina podría conseguirse a cualquier hombre sobre la faz de la tierra ¿Por qué Samuel?

Ese tipo es de lo peor, es inseguro, mujeriego, se acuesta con otras.

—Al parecer lo conoces muy bien.

—Es lo que me cuenta su hermana. —Y cambia rápido de tema: —¿Ahora qué voy a hacer? Tengo que trabajar con Nina y no soporto verla, no soporto tenerla de frente, porque siento que todavía me gusta, y a mi jefe también, por cierto.

Esta risa de Nico no es de diversión como las otras, en esta parece molesto, pero no dice nada, porque además a Benjamín le suena el celular y por la forma que contesta parece que es su prometida, le dice que está con Nico y, además, le agrega un «Te amo» al final. Maldito hipócrita.

Cuando cuelga es Nicolás quién le dice:

—La conversación está interesante, pero tengo que irme a trabajar. Podemos hablar otro día de que tenga más tiempo.

—Tú nunca tienes tiempo últimamente. Oye, ¿Estás viendo a alguien?

—¿Viendo a alguien? ¿En el sentido Esquizofrénico o Romántico?

—No mames, Nico. —Suelta el mismo bufido que dejaba salir cuando yo le respondía con alguna ironía. —Y te lo pregunto porque tienes labial en la boca.

Ah, caray. Desde aquí puedo ver que Nico se acerca al espejo y se revisa la cara. A ver, fue él que me besó a mí no yo a él de todas formas. Igual no contesta, cambia de tema y le dice:

—Bueno, ya me tengo que ir, fue un gusto verte. —Eso de «fue un gusto verte» ni siquiera le sale convincente.

—Oye, si estabas con alguien me lo hubieras dicho y no te interrumpía.

—Bueno, para iniciar, ya sabes que no me gusta tener visitas y si no te contesté es porque estaba ocupado. Sentido común le llaman.

Nico entra a la cocina y toma su bolso, Benjamín viene detrás, pero el doctor de muertos le corta el paso y lo toma del brazo para sacarlo casi a empujones. Puedo respirar tranquila cuando escucho que los dos salen del apartamento, pero... a ver, ¿Qué mierda con Benjamín?