Bendito Karma CAPÍTULO 21
36%

CAPÍTULO 21

A l día siguiente me duele todo.

No miento, estoy boca abajo y cuando me doy media vuelta siento como si un camión me pasó encima. Tampoco es que sé cómo es que te pase un camión encima, pero así es como debe sentirse. Mierda.

Entonces me acuerdo de lo de ayer y todas las escenas de la noche anterior se me comienzan a amontonar en la cabeza.

Me termino de despertar de golpe. A ver, me costó dormirme para iniciar, pero tengo que felicitarme a mí misma por la suficiente fuerza de voluntad que recuperé después —muy tarde, pero, en fin—.

Me pongo de pie. Tomo mi celular y miro las dos llamadas perdidas de Samuel, son de ayer, y de una hora en la que definitivamente no le hubiera contestado, pero no me interesa en lo absoluto.

Estoy a punto de tirar el teléfono a un lado cuando veo que Nico cambió su foto de perfil, al parecer es una que se tomó esta mañana frente a los espejos del gimnasio —digo, esta fotografía no la había visto— y se refleja su espalda en el de atrás, aunque lleva gorra y la sombra le tapa casi toda la cara, sí se ve que es él.

Tal vez me quedo viendo la foto un poquito más de tiempo del necesario, pero es solo porque me gusta la calidad de la imagen ¿Okey? Mejor me meto al baño.

Nico ya no debe de estar aquí, ayer me dijo que hoy tenía turno a las cinco de la mañana, aunque yo no le pregunté, pero bueno, abro lo llave, me dejo caer agua sobre el cuerpo y cuando cierro los ojos para mojarme el pelo me vuelvo a acordar de lo de ayer, de esa firmeza de Nico, de ese agarre, de esa brutalidad, de esa voz ronca, de sus manos sobre mí... Dios mío, no.

Hoy sí vuelvo a mi apartamento.

Salgo del baño y termino de vestirme en tiempo récord, porque necesito trasladar todas mis cosas al otro edificio.

Me estoy secando el pelo y solo por curiosidad veo su última conexión, fue hoy a las cuatro de la mañana.

Las cuatro de la mañana. Termino de hacerme el delineado y salgo de la habitación de manera sigilosa solo para cerciorarme de que no está, y no, pero la otra habitación está abierta, aunque está vacía y perfectamente arreglada.

Yo no le había puesto atención a esta habitación de día, es casi igual a la otra, aunque esta no es tan oscura y es más iluminada, pero Nico tapa la claridad con cortinas oscuras que ahorita están hacia arriba.

Su computadora está sobre el escritorio que tengo justo en frente, así que camino directo ahí y la abro solo por curiosidad.

Me pide una contraseña y yo me pongo a pensar qué diablos pondría Nico como contraseña ¿Su cumpleaños tal vez?

Yo ni siquiera sé cuándo cumple años, tal vez debería preguntarle, pero lo que sé hasta hoy es que tiene la misma edad de Benjamín, así que es unos cinco años mayor que yo y es Escorpio.

Pruebo con su año de nacimiento y no, ahora lo intento con un año menos por si las moscas y tampoco, un año más y nada.

A ver ¿Qué más? Okey, me acuerdo de la contraseña de su teléfono y la escribo tal cual como me dijo y sí, esa es.

Al parecer no le gusta complicarse la vida inventándose contraseñas y es la misma para todo.

Tiene su correo abierto. Tomo lugar en la silla frente al escritorio y no hay nada interesante aquí...

bueno, sí hay algo, dos tíckets del lugar ese dónde se supone que voy a acompañarlo.

Mierda. Lo busco en Google y otra vez: Mierda.

Definitivamente, me voy a morir en ese lugar y va a ser su culpa.

Mejor dejo eso a un lado, pongo la dirección de sus redes sociales y su sesión está abierta Tiene como mil solicitudes de seguimiento que solo está ignorando y me voy directo a sus conversaciones.

No habla mucho al parecer. Lo último que contestó fue hace días y fue a un tal «HeladoLibidioso» ¿Qué rayos?

Bueno, al parecer es ese amigo suyo que se llama Elías y tiene que ver con la aplicación que le descargamos a Samuel en el celular.

Él le dice que le está haciendo unos ajustes mientras está en la cárcel, Nico le pregunta qué hace en la cárcel y él le contesta que se hizo amigo de unos pandilleros para hacer una investigación sobre grupos delincuenciales y los agarró la policía.

Pensándolo bien, Nicolás es el más cuerdo de su grupo de amigos.

Después de esa conversación, no hay absolutamente nada interesante. Incluso si Valentina le contestaba alguna historia, él solo le respondía con una reacción. Pero, a ver, Nico es inteligente y pudo perfectamente haber borrado todo.

Bueno, nuestras interacciones no las ha borrado y a mí sí me contestaba todo lo que le comentaba yo, y no es como que le comentara mucho tampoco...

digo, era el mejor amigo de Benjamín, pero, en fin.

Me voy a su historial, aparte de cosas terroríficas e historias de asesinos en serie, entre sus búsquedas está cómo cuidar plantas correctamente.

Un sonido en la puerta me causa un susto de muerte. Casi me voy de espaldas por la impresión y veo a Nico en el umbral. Mira de su computadora a mí y lo único que se me ocurre es decirle:

—¿Qué no entrabas a las cinco de la mañana hoy?

Entonces sigue su camino y se para frente a mí, yo disimuladamente cierro todo lo que estaba viendo y me mantengo serena, con la frente en alto, sin cortar el contacto visual.

Carajo, lo intento ¿Okey? Intento no acordarme de lo de ayer, pero me es imposible teniendo a Nico así en frente, y todo lo que se me viene a la cabeza es a él sobre mí... y adentro. Maldito Nico.

—Cambio de última hora —contesta él. Además, suelta con sarcasmo: —¿Encontraste lo que buscabas?

—No, no encontré tus  nudes .

Y cierro la computadora. Nico se ríe un poco y deja un bolso que carga sobre la cama. No puedo evitar darle un vistazo de pies a cabeza, está usando un  hoodie , pero abajo lleva un pantalón claro que se le ajusta demasiado bien de todas partes.

Entonces se gira hacia mí y yo me veo obligada a mirar en otra dirección inmediatamente.

—¿Quieres que te haga un álbum especial? Conozco a una fotógrafa que estaría encantada.

—Esa fotógrafa no trabaja de gratis. —Entonces se acerca y a mí se me comienza a acelerar la respiración.

No se nota, claro, porque frente a Nico jamás.

A ver, yo estoy sentada en su silla giratoria y en este momento estoy frente a él, así que se inclina para tomar su laptop detrás de mí y con la otra mano me toca la barbilla, es un gesto rápido y me dice:

—No dije que fuera gratis, mi pulga.

Se regresa al armario y saca unas prendas de ahí.

—Tú y yo tenemos que mantener distancia.

—¿Tenemos? —pregunta, se quita los zapatos y continúa: —Tú eres la que tiene que mantener distancia de mí ¿Tengo que recordarte quién fue la que bajó ayer?

—¿Y quién fue que metió mano el otro día?

—Ah, espera ¿Entonces sí vamos a acordarnos de todas esas cosas que «no pasaron»? Porque tengo mucho qué comentar.

Se quita la ropa, sí... ahí frente a mí, sin ninguna modestia, no se queda completamente desnudo tampoco, al menos esta vez sí se deja la ropa interior. Sigue hablando conmigo mientras se viste y yo tengo que mantenerle la mirada a los ojos para no desviarme.

— Nah , no te voy a dar el gusto. Nada de eso pasó y es tu palabra contra la mía.

Nico suelta una carcajada y su celular que ahora mismo tiene sobre el colchón le anuncia un mensaje de texto. No le pone atención. Se termina de poner su reloj y me dice:

—Ya me tengo que ir, pulga, y sé que no es tu hora de entrada todavía...

Entonces yo lo interrumpo:

—Yo puedo irme en mi auto.

—Dame las llaves, voy a ir a traerlo y te lo dejaré estacionado en frente.

—No es necesario, pero gracias.

—Qué terca, por Dios.

El terco es él, en realidad. Se va a la otra habitación, no sé dónde encuentra mis llaves, pero solo lo veo salir de la otra puerta.

Suelto un bufido y me pongo de pie, ni siquiera camino rápido, porque de todas formas no lo alcanzo, cuando yo doy un paso, Nico ya dio tres, y sí, porque yo apenas estoy llegando a la sala cuando veo que él ya no está.

En fin, miro el café ya preparado en su máquina de Espresso y lo tomo, le doy un sorbo y no tiene nada de azúcar ¡Puaj!

Pero sí compra azúcar al menos, la encuentro en uno de los estantes que sí alcanzo y después de ponerle lo necesario, me salgo al balcón y ahí va el doctor de muertos cruzándose al otro edificio.

En ese momento mira en mi dirección y yo le saco le dedo medio, él hace un gesto de tomarlo y llevárselo al corazón, pero sí, también me saca su dedo medio.

Lo veo reírse antes de perderlo de vista detrás de una pared... Maldito Nico.

A ver, yo de verdad tengo que regresar a mi apartamento.

Entonces se me ocurre ver hacia abajo, exactamente el lugar donde pasó lo del aquel tipo y la marca de su cuerpo todavía no se borra completamente, también hay sangre y…

joder, solo espero que eso no sea pedazos de cerebro.

Mejor entro antes de que ese día se me vuelva a reproducir dentro de la cabeza, aunque creo que eso todavía está mejor que la escena que ahora mismo se le está ocurriendo recordar a mi cerebro cuando siento ese dolorcito en las piernas.

Necesito que me abduzcan los aliens y me borren la memoria por completo.

Escucho el celular de él sonar, está en la habitación, pero no voy a verlo, porque no quiero que ahora me encuentre revisándole el celular también, entonces lo ignoro y veo qué hay en su cocina.

Nico es organizado en todo, tiene hasta todas sus comidas de la semana guardadas con etiquetas en el refrigerador.

En los estantes de arriba —que casi no alcanzo, cabe destacar— tiene suplementos y en el otro snacks, barras de proteína, nueces, lo único que no va con ese estilo es la caja de cereal que compró para mí, intento tomarla, pero está bastante alto.

Escucho la puerta abrirse y es él, de nuevo.