Bendito Karma CAPÍTULO 20 #3
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CAPÍTULO 20 #3

Entonces se acerca otra vez y yo me dejo caer hacia atrás con los codos enterrados en el colchón cuando me está quitando el pantalón, entonces viendo a Nico a los ojos me deshago de mi sostén y lentamente deslizo mis bragas hacia abajo.

Es inmediato que él se ubica sobre mí y primero comienza a besarme la boca y después va bajando hasta mis pechos, me hace gemir la forma en que juega con su lengua y me dejo caer por completo sobre la cama, vuelve a subir hasta mi boca y tomándome la cara con una mano y la pierna con la otra me acomoda mejor debajo de él.

Mantenemos el contacto visual cuando su miembro queda en la entrada de mi vagina.

Ninguno de los dos rompe el contacto visual cuando empieza a abrirse paso dentro de mí.

Estoy mojadísima y mi cuerpo se va acoplando a su tamaño de una manera brutal.

Mi respiración es rápida y también tengo el corazón a mil.

Vuelve a besarme cuando ya está completamente dentro y este beso es más ardiente, más tórrido, más voraz.

A ver, yo nunca me imaginé que Nico fuera del tipo de hombre que te trata con ternura y claro que no me equivoqué, cada movimiento suyo me eriza todos los vellos del cuerpo y me doy cuenta de que voy a venirme bastante rápido.

Nico es rudo, brusco, violento, me hace gemir incontables veces y lo único de lo que soy consciente ahora mismo es de que estoy tan mojada y se siente cada vez que entra y sale de mí.

Nico es… joder, no tengo una palabra para describirlo, pero definitivamente, nunca había estado con alguien así.

El orgasmo al que me hace llegar es asombroso, me deja temblando todo el cuerpo y es que…

Dios mío, tengo que callarme, porque él sí tiene vecinos.

Se separa un momento y con una sola mano me da media vuelta dejándome boca abajo, después tira de mi cintura hacia arriba y se ubica detrás, me toma del cuello y escucho ese jadeo ronco en mi oído cuando vuelve a penetrarme.

Cada uno de sus movimientos hace que se me acelere el corazón, que la respiración se me descontrole, que los gemidos sean más elocuentes.

Con una mano me toma el cabello en la parte de atrás y con la otra me acomoda la pierna sobre la suya, me sostiene de la cadera cuando ese vaivén se vuelve más firme.

Me deja completamente acostada boca abajo sobre la cama, se envuelve mi cabello en toda la mano y entra una vez más provocando que se me escape otro gemido de excitación cuando alcanzo el clímax por segunda vez y este se siente todavía más intenso.

Tiene mi cadera inmovilizada y todo mi cuerpo en realidad. Entonces se acerca y me dice:

—Si te sientes incómoda en alguna posición, solo me lo dices ¿Okey?

Ahora mismo no estoy para ponerme a pensar si estoy cómoda o no Nico, pero no se lo puedo decir, porque cada posición y cada movimiento que hace a continuación es todavía mejor, llego al tercer orgasmo ¡Tres!

Y en esta ocasión es con mis piernas sobre sus hombros.

Definitivamente, mañana me va a doler todo.

No sé con qué fuerzas, pero lo dejo debajo de mí y comienzo a moverme al mismo ritmo.

Tengo que ir más seguido a escalar esas benditas montañas, porque la resistencia de Nico yo no la llevo tan fácil, una de sus manos está en mi cintura, la otra está sosteniéndome la pierna, y ahora me giro para quedar de espaldas a él cuando siento su miembro palpitar adentro de mí, comienzo a moverme más rápido, más duro ¡Dios!

Más sensaciones placenteras se apoderan de mí y este último lo acompaña el de él cuando siento que me llena por dentro.

Hasta ese momento mermo el ritmo y comienzo a controlar la respiración.

Además, caigo en cuenta de lo que acaba de pasar...

Madre mía. A ver, yo soy la que está arriba, así que la que se tiene que quitar soy yo y qué suerte que estoy de espaldas y no tengo que verle la cara cuando me dejo caer a un lado.

Ambos nos quedamos callados. Solo se escucha el sonido de la respiración de los dos y es hasta que siento algo cálido escurrírseme desde adentro que caigo en cuenta de la siguiente situación, pero es él quién habla primero:

—Sí tomas anticonceptivos ¿Verdad?

—¿Y hasta ahorita lo preguntas? ¿Tienes cinco preservativos en tu escritorio y no se te ocurrió usar uno?

—¿Tengo… qué? ¿Cómo sabes que tengo cinco preservativos?

—Yo… bueno, los vi, es todo. —Se pone de pie y lo veo alejarse. Es que no tiene pudor. Se levanta así desnudo y no puedo evitar verlo de pies a cabeza: el tatuaje en la espalda, el trasero trabajado y esas piernas...

Nico abre el compartimento y los cuenta. Sí, al parecer sí están los cinco. Escucho su risita y dice con picardía:

—¿Contaste mis condones?

—Y por lo que veo no los usas.

—Te los regalaría, pero me doy cuenta de que tú tampoco.

—Toma una toalla y se va al baño. Yo todavía estoy procesando todo lo que acaba de pasar, no he tomado nada de alcohol, así que eso no me va a servir de excusa.

Me pongo de pie aprovechando que él no está y busco otra toalla, pero no sé dónde las guarda.

Además, no hay luz y la linterna de él no me deja ver bien.

En ese momento sale del baño y yo ni siquiera estoy vestida.

—¿Qué buscas?

—Una toalla.

—Sabes dónde tengo condones, pero no donde guardo las toallas. —Se ríe de nuevo y yo solo puedo verlo con un gesto feroz cuando tomo la que me ofrece y me tapo, al menos él lleva una alrededor de la cintura.

—Esto no pasó ¿Entendido? Y lo digo en serio.

—Camino a la puerta, tomo la manecilla para abrirla y le hago una seña invitándolo a que salga.

Nicolás se acerca, me acorrala contra la puerta de nuevo y a mí ya me está acelerando el corazón otra vez.

Me agarra la barbilla, me da un beso en los labios que no le pido y, con una sonrisita burlesca antes de salir, me dice:

—Claro que sí, «MI» pulguita.