CAPÍTULO 20 #2
—Nico, ¡bájame! —Sí lleva el maldito paraguas y ahora nos está cubriendo a los dos, pero ya de nada me sirve, me empapé completa y el pelo se me está pegando en la cara.
Me estoy riendo, pero entonces adopto un tono más serio cuando veo que no está dispuesto a bajarme, y vuelvo a decirle: —¡Nico, bájame!
Oye, van a creer que llevas un cadáver encima.
—Y no los juzgaría. Eres pálida, pareces uno.
Por Dios, en qué momento se me ocurrió comenzar a juntarme con Nico.
Cierra el paraguas cuando entramos al edificio y no, todavía no me baja, por suerte el elevador se abre justo cuando llegamos y es hasta ese momento que Nicolás finalmente me deja en el suelo, pero no lo hace de forma delicada, así que caigo sobre el tobillo que me duele y él se da cuenta.
—¿Todavía te duele? —Además se arrodilla frente a mí después de marcar el número de su piso. Me está agarrando el pie y yo tengo que sostenerme del barandal. A ver, no es para tanto. —Oye, no creo que solo bajarte de la camioneta te cause esto.
—¿Recuerdas el accidente del que te conté? Bueno, ahí me lastimé ese tobillo y siempre que piso mal, me pasa. Se me quita en un par de días. —Aunque yo sí suelto una risa, Nico no. Okey, esto es serio.
—¿Te hicieron radiografías?
—No me acuerdo, Nico. Tenía siete años. —Entonces me va a sacar el zapato, le digo que no, porque…
a ver, es cierto de que estamos solos ahorita, pero pueden subir más personas de otros pisos.
Qué suerte que sí haga caso esta vez, se pone de pie y en ese momento exacto las puertas se abren, pero no espera a que yo salga, vuelve a levantarme y esta vez con ambas manos vuelve a tirarme como saco de papas en su hombro. —¡Nico! Bájame, por Dios.
Aquí si nos encontramos personas y a mí me quedan viendo ¿A Nico le importa? Pues no.
Por suerte su apartamento es uno de los primeros, así que llegamos rápido a su puerta y en un segundo ya está abriendo y cerrando a sus espaldas.
Me lleva hasta su habitación y finalmente me deja sobre el mueble que está en la entrada.
Ahora sí me está deshaciendo el nudo de los cordones, pero hasta ese momento se le ocurre encender la luz y no, no enciende. A ver, hasta ayer funcionaba todavía.
—¿Qué les pasó a las luces?
—Y yo qué sé, soy fotógrafa no electricista.
Entonces me mira serio, pero al mismo tiempo quiere soltar una risa que se guarda. A ver, que yo no lo dije con ironía, hablo en serio. Nico vuelve a presionar los botones que encienden las luces y nada.
—Bueno, ya lo veo después.
Se va a su escritorio y del primer compartimento saca una linterna, aunque no veo bien qué es lo que trae parece un envase de algo que deja a la par mía, termina de quitarme los zapatos y abre el frasco.
Okey, es una pomada. Dejo su chaqueta a un lado.
Me toma el pie y me unta eso en el tobillo, lo hace de una manera suave y apaga la linterna, la luz que entra de la sala al menos ilumina un poco y comienza a masajearme con las dos manos.
No entiendo muy bien qué es lo que toca en mi tobillo tan concentrado y cuando me toma el pie e intenta girarlo, sí me duele y se lo digo, entonces deja de hacerlo.
Continúa tocándome hasta la pantorrilla y tal vez es la forma en que lo hace, pero me recorre una corriente eléctrica por toda la columna vertebral.
Madre mía, solo me está masajeando la pierna, no otra cosa, y eso tengo que repetírmelo a mí misma.
Me toma por la cintura y se acerca a mí para tomar algo que tengo detrás, todo esto lo está haciendo casi a oscuras y tenerlo así de cerca solo me hace darme cuenta de que me gusta la fragancia de Nico, es algo amaderado, varonil.
O tal vez es solo el olor a muerto que ya está comenzando a gustarme.
—Voy a conseguirte una cita para una radiografía ¿Okey? —En lo que está diciendo eso se saca el teléfono y le está escribiendo a alguien. Lo que estaba buscando detrás de mí era una tarjetita. —Solo para asegurarme de que todo está bien.
—Nico, estoy bien. —Entonces me bajo del mueble.
Estoy descalza y me giro a Nicolás. Además, con sorna le digo: —Si en realidad tuviera una fractura, no podría hacer esto ¿no crees?
—Lo que hago es lanzarle una patada. No, yo nunca he practicado estas cosas, solo lo vi en un video y casi me caigo, a este punto sí voy a terminar con el tobillo partido en dos.
Entonces Nico me sostiene y él mismo me acorrala contra la puerta.
—Uy, casi me desmayas con ese golpe, pulga —dice con mofa, tiene una sonrisita burlesca en la cara y de paso me toma la barbilla.
A ver, que le diferencia de tamaño con Nico es abismal, pero él se las ingenia inclinándose para quedar de frente, bueno…
no tanto, yo tengo que ver para arriba y me hace tragar fuerte por la forma en que esa mano va bajando lentamente hasta mi garganta.
El corazón me está comenzando a latir rápido, y a él se le ocurre: —A ver, ¿cómo te liberas de este agarre?
El agarre del que habla es específicamente el de su mano en mi cuello, pero… a ver, ¿cómo le digo que no me dan ganas de liberarme de esto? Casi tartamudeo, pero qué suerte que no espere mi respuesta, comienza a explicarme él mismo lo que voy a hacer.
—¿A ti te parece que voy a poder soltarme de ese agarre si tienes como tres veces más fuerza que yo?
—Estoy siendo amable.
No, pues, qué amabilidad. Sí lo intento ¿Okey? Lo hago cómo él me dice, pero no, es que no puedo.
—Es que con tu fuerza no se vale.
—¿Y a ti te parece que si alguien te toma de la garganta va a ser así de gentil?
«Gentil» dice, me suelta un momento y me vuelve a agarrar, pero desde atrás, me pasa el antebrazo por el cuello y... Carajo. Sí, este agarre está más fuerte y yo comienzo a intentar quitármelo de encima. Me estoy riendo además y eso me quita más fuerza.
—¡Esto no se vale! —Nico se está riendo también, pero no, no me suelta.
—Por Dios, más que enseñarte a usar armas, tengo que enseñarte a defenderte.
—Puedo solo con una cosa a la vez. —Me vuelve a explicar cómo voy a hacerlo esta vez y me tropiezo con él mismo, casi pego la cabeza contra la puerta, pero me agarro de la camiseta de Nicolás.
A ver, que esto es su culpa. Ahora sí me giro para quedar de frente — bueno, no de frente, pero se entiende — voy a reñirlo, pero me da risa que se esté carcajeando así, además se recarga en la puerta detrás de mí y, a ver…
no es mi intención ¿Okey? Pero veo de los ojos de Nico a su boca y eso lo hace esbozar una sonrisa.
—No me provoques así, pulga, ya te lo advertí.
—¿Si no qué?
Y vuelvo a hacer lo mismo, lo de verle los labios y él me agarra de la barbilla, soy yo quién lo besa a él y me responde, claro que sí, y de esa forma que me hace estremecer todo por dentro.
Este beso no es cómo los anteriores, este es más ardiente…
más voraz, no sé, pero al mismo tiempo es calmo, pausado…
y es que Nico tiene distintas formas de besar y de todas las maneras posibles logra calentarme rápido.
¡Dios! Me provoca un escalofrío por todo el cuerpo.
Yo estoy luchando por no perder la cordura ¿Okey?
Yo estoy consciente de que debo salir corriendo, no enrollar las piernas alrededor de la cintura de Nicolás y dejarlo que me bese los labios, la barbilla, el cuello.
Me hace soltar un jadeo y soy yo la que mete las manos por debajo de su camiseta.
Entonces me acuerdo de lo de ayer y cómo no aproveché para tantearlo con más plenitud, pero él sí que lo hizo, así que lo beso con más ímpetu solo para hacerlo perder el raciocinio y que no repare en lo siguiente que voy a hacer.
Entonces me bajo. No nos dejamos de besar en ningún momento, desabrocho su pantalón para meter mi mano y toco por primera vez a Nico en todo su esplendor.
Es que, a ver… no es lo mismo hacerlo encima de la ropa que así…
y… Dios mío, necesito dos pesos de cordura.
Confirmo que sí es grande. La respiración se le acelera cuando uso mis dos manos en un vaivén de arriba abajo y lo siguiente que hago no me lo pienso mucho…
bueno, no me lo pienso nada en realidad, pero me arrodillo frente a él y cuando me lo llevo a la boca suelta un gemido ronco que lo que provoca es que yo me excite todavía más.
Es él quién me recoge el pelo y yo no sé cómo me las ingenio, pero de todas formas no me alcanza todo hasta la garganta.
Se queda quieto, con una mano sosteniéndome el cabello y la otra él mismo recargado sobre la puerta.
Me la llevo hasta el fondo no sé cuántas veces hasta que lo siento palpitar, entonces me detiene, me hace ponerme de pie y cierra la puerta de su habitación de golpe.
Me comienza a besar la boca de nuevo, agarrándome la cara con una mano y con la otra me levanta de las nalgas hasta quedar a horcajadas en él.
Me deja caer sobre el colchón y sí, a este punto ya perdí la cordura cuando vuelve a besarme otra vez y me quita la camisa.
Entonces se separa de mí un momento, se deshace de toda su ropa…
toda, y se quita los lentes. Definitivamente no puedo pensar en nada cuerdo cuando tengo a Nico así frente a mí.
La luz que entra por la ventana es suficiente para verlo completito.
Es que… a ver, Nico puede ser muchas cosas dudosas, pero físicamente es la perfección convertida en hombre.