CAPÍTULO 17 #2
—Tienes mi labial rojo regado por toda la boca. —Ya sé que todo le importa poco. Mira la fotografía un segundo nada más y después vuelve su mirada a la bebida que le da el chico al otro lado de la barra. —¿No vas a limpiarte?
—¿Para qué? Quiero que todo el mundo sepa que soy tuyo.
Nico habla tan formal que cualquiera que no lo conoce creería que lo que dice es en serio.
—¿No quieres también que nos tomemos una selfie, la publique en todas mis redes sociales, te dedique una frase de amor y te etiquete?
La media sonrisa de Nico me dice que va a soltar alguna estupidez de las suyas.
—Te reto, mi pulga.
Siempre haciendo énfasis en el «Mi», como si disfrutara decirlo. Así que yo lo freno:
—Ya te dije que no soy tuya.
—Y yo ya te respondí: Todavía. —Estamos muy cerca, así que una de mis piernas está entre las suyas, pero a eso no le pongo atención.
Nos estamos viendo a los ojos, y ninguno de los dos corta el contacto visual hasta que él me toma la barbilla y le da un apretón.
—¿Sabes lo que le hará la Coca-Cola a ese precioso cuerpo que tienes?
—No empieces, Nicolás. Tus caramelos de limón también están cargados de azúcar.
Le está dando un sorbo a la bebida que pidió, es rosa, y se ve buena. Además, Nico no toma alcohol. Se la quito para probarla yo, pero entonces lo escucho:
—Y también cargados de buenos recuerdos ¿No crees? Como cuando alguien casi me coge dentro de mi camioneta y yo no estaba listo.
—Pues yo te sentí más que listo. Y te recuerdo que eso nunca pasó.
Nico suelta una carcajada, y como me ve a mí tomándome su bebida, pide otra igual al bartender. No es que la esté disfrutando, es que necesito tragarme algo para no hablar demás. Aunque la bebida sí está buena y sí, no tiene alcohol.
—¿Nunca tomas alcohol?
—No si tengo que conducir ¿Quieres saber estadísticamente cuántos cuerpos ingresan a la morgue por un conductor ebrio?
No, pero no alcanzo a contestar, porque toma el palito que sobresale de mi bebida y se lleva la cereza a la boca.
—Oye, esa era mía. Tú estás pidiendo otra.
Entonces hace lo mismo que otras veces, se pone la frutita entre los labios. A ver, yo no debería seguirle el juego en estas cosas.
—Tómala.
No voy a hacerlo. Es que no. Nico se acomoda mejor frente a mí y ahora mis dos piernas están entre las suyas.
Bueno, solo voy a tomar la cereza y ya —aprovechando que estamos así de cerca—, entonces lo hago, me acerco y la tomo de su boca y...
okey... quería tener más cuidado que la otra vez, pero no...
mis labios rozan los suyos y me como la fruta así de cerquita.
Nico sonríe, pero me está viendo a los ojos, y es él quien se acerca más y me besa.
Caramba, que Nico se supera cada vez más, y se supone que esto no debería estar pasando.
Yo debí quedarme en esa etapa donde Nico no me caía bien.
No es que me caiga bien ahora, aclaro, pero es que Nicolás es...
como ya dije... un imán, y no ayuda en nada que bese tan delicioso.
Y sus besos suaves... Dios mío.
Un escalofrío me recorre la columna vertebral cuando pasa su mano por mi espalda baja, la otra me sostiene el rostro.
En cambio, una de mis manos pasa sobre la pierna a él...
qué durísima, madre mía. Me recuerdo a mí misma que esto no debería estar pasando (digo, es un club) y no sé de dónde recojo la fuerza de voluntad, pero me aparto.
—Estamos en un lugar público.
—¿Y qué?
Como ya dije antes, a Nico todo le importa poco.
Rebecca nos interrumpe, Dios mío ¿Cuánto tiempo tenía de estar parada ahí? En fin, mejor me apuro a hablar yo antes de que ella suelte cualquier cosa:
—Rebecca, él es Nico.
—Sí, me di cuenta —contesta. —Digo, ¿Quién más te saludaría con un beso en la boca?
—No era un saludo —aclaro yo.
Al menos Nico no le deja la mano extendida. La rubia me habla al oído y me dice que podemos ir a la zona exclusiva dónde están los demás. Le digo que sí y entonces veo a Nicolás hablando con el bartender, se saca la cartera y me señala a mí. Al parecer está pagando lo que he consumido.
—Oye, no tienes que hacerlo. Aunque el novio de Rebecca no hubiera invitado los tragos, yo podía pagármelos.
—Le quito la factura al bartender cuando se la extiende a él ¡Dios mío!
¿Tanto por una lata de soda? ¿Por qué tan cara esa bebida de color rosa?
¿Acaso eran cerezas cultivadas en el jardín del Edén?
—Pues qué pena, porque yo ya pagué.
—Dame tu número de cuenta.
—No te voy a dar mi número de cuenta.
Se pone de pie, pero antes me toma de la barbilla y me da un beso rápido en la boca. Caigo en cuenta de que Rebecca nos sigue viendo, aunque ahora mismo finge que no y parece buscar a alguien. Nico me extiende la mano y yo se la tomo para bajarme de la banqueta.
En fin, voy a dejar esta conversación con el doctor de muertos para más tarde. Sigo el camino que la rubia me indica y lo hago con la mano de Nico entrelazada con la mía, pero es porque el lugar está lleno de personas y podemos perdernos.
Llegamos hasta donde están los demás, la rubia se gira y me dice en voz baja:
—Por cierto ¿Te acuerdas de que alguien no quería que tú vinieras aquí? Pues nos vamos a tomar una foto y voy a etiquetarte.
—Claro.
Digo ¿Por qué no? De paso debería etiquetar a Samuel también.
Sí toma la foto y se queda manipulando el teléfono, asumo que subiendo la historia...
no sé, soy yo quien presenta a Nico con el DJ novio de Rebecca y él con sus amigos, ni siquiera me acuerdo de sus nombres, ah caramba, el tipo que llegó a hablarme cuando estaba en la barra está aquí y sí se saluda con Nico cuando el novio de la rubia los presenta y Nico, como si nada, dice:
—Sí, él y yo ya nos conocíamos.
Bueno, al menos no dejó a nadie con la mano extendida, por suerte... y digo por suerte, porque a Nico le vale todo y eso incluye devolver el saludo de quién sea. En fin, me llega la notificación de la historia de Rebecca y yo solo la reposteo en mi cuenta.
—Oye, eres la única profesional aquí ¿Podrías tomarme unas fotos en la tarima junto a Félix? Es para nuestra red social como pareja. —No escucho muy bien qué dice Rebecca, hasta que vuelve repetírmelo al oído y, además, me entrega una cámara.
—¿Tienen red social como pareja?
—Claro. Tal vez deberías crearte una con el descuartizador de cuerpos, digo...
esa dinámica de «no es mi novio, ni mi amigo, pero nos besamos cuando se nos da la gana» es interesante y vendería bien en redes sociales, y si metes al tal Samuel sería todavía mejor, las personas necesitan a alguien a quién odiar.
—No, pero gracias por la idea.
Qué bueno que Nico no puso atención a esta conversación.
Pero bueno, sí hago lo que me pide cuando el novio de ella, Félix, comienza a tocar.
Es ella, Rebecca, la que anima con un micrófono.
Le digo a Nico que solo voy a tomar unas fotos y él me dice que sí, pero me sigue hasta la tarima y me ayuda a subir las gradas.
Una vez que disparo las primeras fotos, me muevo al otro extremo para fotografiarlos en un ángulo distinto y Nico también se mueve a ese lugar entre las personas.
Cuando termino con estas y voy a bajarme, las escaleras están lejos y Nicolás habla con un sujeto de seguridad que lo deja pasar y después me extiende su mano para ayudarme a bajar por este lado.
A ver, está altísimo, pero Nico me toma por la cintura y me deja en el suelo sin ningún esfuerzo.
Me giro y él queda detrás de mí. Tomo el resto de las fotos desde la multitud y es hasta después que caigo en cuenta de que estoy recostada en el pecho de Nico y su mano está alrededor de mi cintura.
¿Me muevo? Pues no, hasta que miro mi reloj y veo que ya es bastante tarde.
—¿Quieres irte?
—Cuando tú estés lista, pulga.
El celular de él vibra en su bolsillo, lo saca y sin querer miro el mensaje que le llegó. Es de Benjamín, le sigue insistiendo sobre Valentina. Benja me está cayendo cada vez peor.
—¿Por qué no le dices que estás con otra persona y ya?
—Benjamín no se lo creería. Yo no tengo tiempo para saltar de relación en relación solo porque sí. —Está a punto de guardarse el teléfono, pero vuelve a desbloquear la pantalla para contestarle a Benjamín.
—¿No tienes tiempo? Pues yo te veo aquí pasando tiempo conmigo.
—Tú eres la excepción, mi pulguita.
Entonces saco la licencia de conducir de mi bolso y se la muestro, al inicio parece confundido y yo le señalo exactamente dónde está mi fecha de nacimiento.
—Es para que mires que no nací ayer. —Se la quito y vuelvo a guardarla. —El «Tú eres la excepción» está en la lista que me creó mi abuelo sobre todas las mentiras que dicen los hombres.
—¿Tu abuelo hizo qué?
Nico suelta una carcajada, una que me contagia a mí también, y veo que otro mensaje le llega al teléfono, lo lee él y después me lo muestra a mí, es la respuesta del pendejo de Benjamín.
«¿A qué hora? Ni siquiera tienes tiempo para conocer otras personas»
—Te prestaría mi mano para que subas una historia y te deje en paz, pero lo vi esta mañana y si me miró las uñas estamos jodidos.
—¿Por qué viste a Benjamín esta mañana?
—Porque su agencia quiere trabajar con la revista, así que están buscando la forma de convencer al gerente ¿Y de quién crees que depende la decisión? —Me señalo a mí misma. Le devuelvo el celular, y Benjamín le deja otro mensaje, pero ese no lo lee ni él, ni yo.
Cabe mencionar que todo este tiempo seguimos en la misma posición yo de espaldas a él, con su mano alrededor de mi cintura y ahora mis dedos están entrelazados con los de él. Solo se inclina para hablarme a mí o escucharme.
Lo suelto cuando caigo en cuenta de que estoy demasiado cómoda.
Rebecca baja de la tarima, y yo me acerco a ella para devolverle la cámara.
Le digo que ya me tengo que ir porque mañana tengo que levantarme temprano, lo que es medianamente cierto.
En realidad, me voy porque no puedo tener a Nico retenido en este lugar por más tiempo después de haber pasado un día entero en una morgue.