Bendito Karma CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

P or un momento pienso que Nico no va a aparecerse.

Digo, todo un día en la morgue, el club está hasta el otro extremo del lugar donde trabaja, el tráfico está horrible, y no se ha conectado desde que le envié la ubicación, pero Nico puede hacer muchas cosas cuestionables, excepto dejar a alguien plantado.

En fin, me retoco el pinta labios y me vuelvo a Rebecca, la rubia de la revista está hablando con un par de chicos y me arrastró con ella.

—Chicos, ella es Nina —les dice—. Es la fotógrafa del lugar donde trabajo. —Cabe mencionar que también vinieron Anastasia y la otra chica, aunque ahora mismo no están aquí, a quienes Rebecca me está presentando es a su novio DJ... creo, y a otro sujeto que está con él.

Los saludo a los dos y es el DJ el que responde:

—Bienvenida Nina. Siéntete como en tu casa. —No creo que en mi casa haya este tipo de música, o tanto alcohol. —¿Quieres algo de tomar? Pide lo que quieras en la barra.

Voy a contestar, pero la rubia me interrumpe:

—Toma lo que quieras, él invita. —Tampoco me deja responder, por le habla al chico: —Que nos aparten una mesa con un asiento extra, por favor, porque Nina invitó a uno de sus novios.

Entonces el DJ vuelve a preguntar:

—¿Uno de sus novios?

—No es mi novio —aclaro.

—Bueno, un amigo —la rubia otra vez.

—No es mi amigo tampoco.

—Bueno, a alguien. —Le habla más bajo a su novio: —La situación es complicada, pero ninguno es el oficial, así que no tenemos que preocuparnos por cagarla en el caso de que mencionemos al otro.

—No hay otro. —Digo, llamar «el otro» a Samuel hasta debería ser una ofensa. La rubia toma un par de tragos que ofrece un mesero y me da uno. —Gracias, pero hoy no voy a tomar. La última vez que lo hice desvivieron a alguien en el apartamento contiguo y yo no estaba sobria para procesarlo.

—¿Desvi... qué? —El amigo del DJ ahora. —¿Mataron a alguien en el apartamento contiguo? ¿Sigues viviendo ahí?

¿Por qué todo mundo me sigue preguntando si sigo viviendo ahí? ¿Pues dónde más?

—Sí, pero me estoy quedando en el apartamento del edificio que está en frente.

—¿Quién vive en el apartamento en frente? —Rebecca de nuevo.

—Nico, el que viene hoy.

—Okey, la situación complicada se va aclarando un poquito más.

—No, sigue igual. No me quedo «con» él... —hasta hago comillas enfatizando que no nos quedamos «juntos» en una habitación. —Me quedo en su cama. Bueno, no con él, aclaro.

Bueno, mejor sí voy a tomar alcohol.

—Okey. —Todos parecen intentar procesarlo. A ver, no es tan difícil. De todas formas, la rubia me toma del brazo y me arrastra con ella a la barra. —¿Pero sí va a venir el de la situación complicada?

—No es complicado, ya te dije que no tengo nada con Nico.

Y sí, sí va a venir, porque si no lo bloqueo de todas partes.

—Aunque eso signifique tener que dormir en el apartamento contiguo al de dos personas que murieron en mi edificio.

Bueno, en realidad, no puedo seguir quedándome con Nico, voy a tener que buscar la forma de dormir ahí sí o sí.

—Trabaja hasta tarde. Sé que no está tan pendejo como para no avisarme si no viene.

Como dije, de Nico puedo dudar muchas cosas, menos de que me plante. Ella pide una bebida para las dos, y yo me siento en la banqueta a la par de ella.

—¿De qué trabaja?

—Descuartiza cuerpos. —Por la cara que hace me acuerdo de que no tengo que decir su profesión así, mejor lo aclaro: —Es médico forense.

Eso hace que se relaje, lo sé por el suspiro que suelta.

—¿Y el otro? ¿Qué hace?

—¿Samuel? —Ella le agrega un: «Sí, el loco ese que es amigo de Alfonso». —Bueno, no sé, creo que trabaja en bienes raíces. —Busco en mi bolso la tarjeta de presentación que él mismo me dio cuando lo conocí y se la muestro. Ella la mira y me la devuelve.

Sí, es que a nadie le interesa ver a Samuel.

—Bueno, entre que te lleven a ver casas, o te cuenten historias paranormales, yo también elegiría lo segundo.

—No estoy eligiendo a ninguno. Samuel ni en mis peores pesadillas, y qué bueno que no me guste, porque así veo todas las banderas rojas...

porque las tiene casi marcadas en la frente.

Y Nico tampoco, se levanta a las cuatro de la mañana, sabe no sé cuántos tipos de artes marciales, descuartiza personas, escala cerros.

Es demasiado trabajo. —Eso sin mencionar que le gusta a todas.

—Además, es... más bien era el mejor amigo de mi ex.

Mi ex me lo presentó, aunque técnicamente lo conocí antes, porque vivimos en frente, pero nunca le hubiera hablado de no ser por Benjamín, me parecía egocéntrico.

—Entonces bendito sea el tal Benjamín.

—No.

—Por cierto ¿Estamos hablando del que vimos hoy en la oficina de Alfonso?

—Sí, lamentablemente. Por cierto, me dejó por la hermana de Samuel y se van a casar, y también es amigo de la novia... bueno, exnovia infiel de Nico, y también supo todo el tiempo de que a su mejor amigo le ponían el cuerno con Samuel, y todavía quiere hacerlo que vuelva con ella.

Me doy cuenta de que podría crear un podcast con toda esta historia y monetizar, estoy perdiendo tiempo contándola de gratis.

Rebecca está atenta, se acomoda mejor en su lugar y pide más bebidas para las dos, ni siquiera me he bebido la primera. Al menos estas no tienen alcohol, qué bueno que tome en cuenta el hecho de que quiero estar sobria por si alguien más se muere en el lugar donde vivo.

—O sea, tu ex se va a casar con la hermana de un tipo con el que estás saliendo, que al mismo tiempo se acuesta con la novia infiel de la persona con quién te estás quedando a dormir, y que también es... o era el mejor amigo de tu ex.

—Solo salí con Samuel una vez.

—Suenan a un grupo de  Swingers .

—Jamás en la vida me acostaría con Samuel. Ni con Benjamín otra vez, honestamente.

—¿Con el que descuartiza cuerpos sí?

—Tampoco.

Me tomo dos bebidas, de un solo, una tras otra.

Alguien llama a Rebecca, la rubia me dice que ya regresa y yo le digo al bartender si puede darme otra bebida, o mejor una lata de refresco. Me giro sobre el mismo banco para quedar justo frente al montón de personas amontonadas en la pista.

Presiento que Nico va a odiar este sitio.

Hablando de Nico... no me ha escrito, no me ha avisado si viene, no sé nada de él. Tal vez no sería mala idea que se descargue la aplicación de rastreo él mismo.

Y como me plante... me mudo de edificio.

Alguien se acerca y me saluda, es un simple «hola», pero está demasiado cerca de mí, aunque está pidiéndole una bebida al bartender, después me mira y dice:

—¿Te invito a un trago?

El chico ya dejó mi bebida sobre la barra, tomo la latita y la levanto para mostrársela al que me habló.

—No, pero muchas gracias.

El sujeto me sonríe, toma lugar sobre la banqueta en la que estaba Rebecca hace un momento, pero la acerca más a mí, y me dice que la música está muy alta. En eso tiene razón, pero perfectamente podemos hablar a cierta distancia mientras él espera a que le preparen su bebida.

—¿Eres amiga de Rebecca? —Me está hablando demasiado cerca del oído. No quiero ser grosera, pero está invadiendo mi espacio personal, así que soy yo la que se aparta un poco.

—Trabajamos juntas.

—¿Eres modelo en la revista? —Parece que no ve que yo no tengo la altura para esas cosas.

—No, fotógrafa.

—Si me decías que eras una de las modelos, corría a comprar todas las ediciones hoy mismo.

—Pues qué lástima que no. —Eso se lo digo con sarcasmo, pero entonces me interrumpe un mensaje en mi teléfono celular y no escucho lo que contesta, es el doctor de muertos y dice:

«Ya estoy aquí, mi pulga, ¿dónde estás?»

Miro alrededor. A ver, si Nico estuviera cerca, lo vería; quiero decir, es del tipo de hombre que sobresale en todas partes, pero no está. Le contesto el mensaje y sigo atenta a mi alrededor por si las moscas.

«Estoy en la barra de la zona VIP ¿Dónde estás? Puedo ir por ti»

—¿Esperas a alguien? —Escucho al sujeto a mi lado. Me giro para quedar de nuevo frente a la barra, y aunque no le estoy poniendo mucha atención, le respondo:

—Así es.

Otro mensaje de Nicolás, pero no es la respuesta a mi pregunta anterior, es un:

«¿Quién es ese?»

Okey, entonces sí está aquí.

«No sé ¿Puedes sacármelo de encima, por favor?»

Y él no tarda nada en contestar:

«Con gusto»

Como dije, reconocería a Nico aún en un salón completamente a oscuras, pero todavía no alcanza mi campo de visión. Me guardo el celular y qué suerte que el tipo este ya no está hablando.

Voy a abrir mi bebida finalmente cuando siento un tirón del banco en el que estoy y me hace girar de manera brusca, después una mano me sostiene la cara y por último unos labios toman los míos.

Este beso lo reconozco, ese aroma y ese agarre que me hace estremecer, esa mano que se ubica en la parte de atrás de mi cuello.

Por un momento me olvido de dónde estoy, qué hago aquí y cuál es mi misión en esta tierra, si es que tengo alguna.

A ver, yo le dije que me quitara a este tipo de encima, pero no de esta forma. Carajo.

Los labios de Nico, además, tienen ese sabor riquísimo a los caramelos de limón.

Se separa de mí, se ubica entre medio de los dos —el otro chico y yo— y pide una bebida como si nada pasó aquí, hasta que a él mismo se le ocurre preguntarle al sujeto que está... o estaba a mi lado:

—¿Te interrumpo?

Hasta él no sabe qué decir, es que Nico intimida, y esto que no se le ven los tatuajes del brazo por el jersey de mangas largas que lleva puesto. El tipo le contesta finalmente:

—No, yo ya me iba.

—Bueno, que te vaya bien.

Nico acaba de decirle a alguien «que te vaya bien». Eso es todo, sí se va y Nico de inmediato toma el lugar en el que él estaba. Cuando por fin se me reinicia el Windows, lo miro:

—Oye, te dije que me lo quitaras de encima, pero no de esta forma.

—Tampoco me dijiste cómo. —Todavía estoy sosteniendo mi bebida, él la toma y con un solo dedo, uno nada más, le quita el anillo a la lata, la abre y me la devuelve, así tan fácil. —La próxima vez dame instrucciones claras.

Dejando ese tema a un lado, agarro mi celular, le tomo una foto y se la muestro.