CAPÍTULO 16 #2
—¿Quién es ese loco? —Escucho detrás de mí, cabe mencionar que yo ya estoy dentro del edificio y solo estoy viendo a Samuel a través del vidrio de la ventana. La voz es la de la rubia que aparece en las portadas y a su lado está la que baila danza árabe.
—Es el otro novio de Nina —le contesta la pelirroja.
—Ah sí, ya me acordé, el otro es el tatuado. Nina ¿Cuál es el oficial y cuál es el amante? Digo, para que no metamos la pata si algún día nos encontramos a alguno de los dos por aquí.
—Ninguno de los dos es el oficial o el amante. Ese que está allá afuera, peor. No quiere que salga de fiesta, ni que suba videos bailando o practicando pole dance en redes sociales. Lo irónico es que él es el amante de la novia del otro.
—O sea... ¿se comparten la novia?
—La ex, ahora es ex de Nico. Tal vez Samuel se la queda y me deja en paz de una vez por todas. Lamentablemente, él es la razón por la que estoy aquí, así que siento el deber moral de seguirle hablando.
Camino en dirección a la oficina de mi jefe y las dos chicas me siguen, además escucho a una de ellas.
—Renuncia, después le decimos a Alfonso que vuelva a contratarte.
—Esa idea no está mal.
Llegando a la puerta, voy a tomar la manecilla cuando alguien la abre antes del otro lado y ese es Benjamín, no le pongo mucha atención a la mirada que hace, porque yo paso directo a lo que voy.
—¿Quién es ese y porqué te mira como si te odiara? —Okey, al parecer Benjamín no puede disimular ni un poco.
—Es mi ex. —Lo digo casi en un susurro, porque me da vergüenza y porque no hay nadie. Entonces las escucho detrás de mí:
—La vida de Nina es más interesante que la mía.
—Y que la mía también, yo tengo el mismo novio desde hace siete años. —Estoy tomando mi lugar y veo en la aplicación si Samuel sigue ahí o ya se fue.
Ya se fue, por suerte.
—Pues yo sí preferiría una relación con el mismo hombre por el resto de mi vida, pero todos mienten y yo no sirvo para perdonar, no quiero irme a la cárcel.
La rubia me responde con una pregunta:
—¿Tienes planes hoy?
—No ¿pero ustedes sí? Necesito unas fotos para mis redes sociales.
—¡Claro! —Rebecca, la rubia, se emociona, bueno las dos en realidad, pero es ella la que dice: —Mi novio es DJ y lanza las mejores fiestas ¿Quieres venir?
—¿A mitad de semana?
—Sí. —Lo dicen como si es algo muy normal. —Y puedes traer a tu novio o al amante si gustas.
—O a los dos juntos. —Esa es Anastasia ahora.
—No me jodan. —Las dos se echan a reír, pero se callan cuando Alfonso entra y las ve. La pelirroja, Anastasia, tiene en manos una figura de cerámica que está en su escritorio y la deja lentamente de regreso.
Él abre la puerta y extiende la mano hacia la salida, Alfonso es un hombre muy amable, tal vez sea su físico, pero hasta serio se ve divertido, y lo mejor es que todos en este lugar le obedecen a pesar de ser pequeño, digo… es solo un poco más alto que yo.
Cuando las chicas salen él se vuelve a mí, se para en frente y me dice:
—Tal vez no debería meterme en esto, pero... ¿Samuel y tú...?
Ya sé que va a preguntar, así que me apresuro a responder:
—No, definitivamente no.
—Mejor, Samuel es una buena persona, pero no una buena pareja.
Necesito el chisme de Alfonso, pero alguien tiene que interrumpir, y es Benjamín con el chico que lo acompaña, este último está hablando por teléfono y se queda afuera, Benja toma el lugar convenientemente frente a mí y en ese momento alguien llama a la puerta y se lleva a Alfonso.
Solo quedamos Benjamín y yo, pero nos ignoramos nada más, hasta que a él se le ocurre:
—¿Trabajas aquí?
—No, vengo a jugar nada más.
—Qué graciosa. —A Benjamín no le gusta el sarcasmo y a mí me importa poco. —¿Desde cuándo trabajas aquí?
—¿Y eso te interesa por...?
—Nina, lo que sea que pasó entre tú y yo que no interfiera en la decisión de Alfonso. Negocios son negocios, y vida personal es vida personal.
—¿Qué pasó entre tú y yo? Nada ¿Verdad? Si tu propuesta es buena, yo se lo hago saber, si no, no. Negocios son negocios. Tú y yo no somos unos adolescentes.
Lamentablemente, Benjamín sí es bueno, y todo su equipo.
—¿Desde cuándo estás con Samuel?
A ver... yo no estoy con Samuel, y si así fuera ¿A él qué le importa?
—Otra vez ¿Y eso te interesa por...?
—Porque tú y yo estábamos juntos hasta hace un par de semanas.
Ah, mira nada más, el que se va a casar. Obviamente eso no lo menciono, porque se supone que no lo sé, es más, su publicación ni me ha aparecido.
—En esta sala solo hay un infiel y esa no fui yo.
—Yo no te fui infiel, Nina. Y haz lo que quieras con cualquiera, menos con Samuel.
—¿Por qué no con Samuel?
—Porque Samuel se acuesta con otras personas.
—¿Con quienes?
Hace una pausa y es más o tan cínico como Samuel:
—Yo no sé, Nina. Solo te estoy diciendo lo que... —se aclara la garganta— lo que su hermana me dijo.
—Bueno, no me importa.
Qué bueno que el chico que lo acompaña nos interrumpa y detrás de él aparece Alfonso con el otro fotógrafo.
—Bueno, estamos listos para escuchar su propuesta Sr. Ramírez.
—Claro.
Como mencioné, Benjamín es bueno en lo que hace y no hay nada a lo que yo puedo encontrarle un «pero», aunque parece nervioso ahora mismo.
De todas formas, no soy yo la que tiene que trabajar directamente con él, así que me da igual.
Cuando Alfonso dice que va a pensarlo, Benjamín me mira a mí, pero después vuelve su vista a él antes de darle un apretón de manos.
En fin, el inicio de mi día fue bastante interesante, pero el resto transcurre normal.
No sé nada de Samuel —por suerte—, me doy cuenta de que Benjamín me borró de sus redes sociales —por eso es que no me aparecía el anuncio de su «compromiso»—, y Nico...
bueno, me escribe a mitad de la tarde para recordarme lo de la medicina, y qué bueno, porque si no lo menciona, no me acuerdo, aunque le digo que ya me la tomé.
A la hora de salida Rebecca, la rubia de las portadas, aparece en la puerta de mi oficina para darme la dirección del club. Está lejos de mi apartamento y no quiero manejar hasta ahí. Se lo digo, claro, entonces ella tiene la solución:
—Yo envío a alguien a recogerte.
—¿Es que ustedes tienen choferes privados?
—Claro.
Yo también quiero.
Bueno, acepto.
Ahora tengo otro problema: Ir a mi apartamento.
Es verdad que todo el edificio parece abandonado, lo que vuelve todo más tétrico, así que el recorrido desde el parking hasta mi piso lo hago casi corriendo...
bueno, no literalmente, porque tomo el elevador y rezo internamente para que no se quede como la otra vez.
Estoy completamente sola. Entonces la puerta se abre en el tercer piso y este no es el mío ¿Lo peor de todo? Que nadie sube. Carajo.
Hasta me asomo, pero no hay absolutamente nadie. Entonces comienzo a tocar el botoncito del piso siguiente como loca hasta que la puerta se cierra y, ahora sí, corro a encerrarme en mi apartamento.
Okey, solo voy a fingir que eso nunca pasó, pero me sigo acordando en el momento que me estoy cambiando y entro en pánico, así que todo lo hago en minutos, no sé ni cómo me hago el delineado perfecto la verdad.
Salgo disparada y esta vez no tomo el elevador, bajo por las escaleras y se siente mil veces peor.
Tengo que esperar bastante tiempo sentada en un escalón de la entrada del edificio y solo espero que Nico no se aparezca ahora mismo.
Como si lo estuviera llamando con la mente, me suena el celular y es él:
De: Nico
«Hoy trabajo hasta tarde, si necesitas ir a mi apartamento puedes tomar la llave de repuesto».
Para: Nico
«Ahorita voy a salir con las chicas de la revista»
De: Nico
«Envíame la placa de cualquier auto al que te subas»
Cuando el auto llega, hago lo que él me pide… y frente al conductor, aunque me mira raro después. Se la envío y casi de inmediato tengo un «me gusta» de parte suyo y, además, agrega un: «Todo bien, pulga».
En fin, me subo al auto y veo el siguiente texto:
De: Nico
«Si necesitas que vaya por ti, solo dime»
Le contesto que está bien. Se desconecta un momento y no sé por qué me quedo viendo su foto de perfil, su sonrisa más bien, es que el mejor atributo de Nicolás es su sonrisa. Bueno, en realidad no solo su sonrisa.
¿Qué carajo estoy pensando, Dios mío?
Vuelve a conectarse de inmediato cuando yo le envío un:
Para: Nico
«¿Quieres venir?»
Está escribiendo y después me responde:
De: Nico
«¿Me estás pidiendo que vaya a un club después de pasar un día entero encerrado en la morgue?»
Para: Nico
«Sí».
Como me diga que no, lo bloqueo de todas partes.
No dice que no, su siguiente texto es:
De: Nico
«Envíame la ubicación cuando estés allá, mi pulguita»