Bendito Karma CAPÍTULO 11 #2
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CAPÍTULO 11 #2

Todo esto me lo dice tan cerca de los labios que tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para mantener el gesto burlesco sin romper el contacto visual, yo llevo un vestido midi con una abertura al lado y ahí es donde está la mano la Nicolás, sobre la piel desnuda de mi pierna ¿Yo me quito?

Pues no, más bien me acerco más a él retándolo; pero entonces mi celular nos interrumpe, veo una llamada de Samuel y le tapo la boca a Nico advirtiéndole que no diga una palabra, pero con él nunca se sabe, así que me bajo de la encimera y mejor me voy a hablar a otro lado.

—Hola, Samuel. —Escucho su voz del otro lado, pero como si estuviera hablando con alguien más. No alcanzo a escuchar qué dice o con quién, tiene tapado el micrófono, pero de inmediato se calla y ahora lo escucho más claro:

—Hola, guapa. —Llego a mi habitación. Sobre mi cama está la chaqueta que Nico me había dado ayer y la tomo para devolvérsela. De paso me pongo los zapatos y después camino de regreso a la cocina. —¿Estás bien?

—Sí, es solo faringitis.

—¿Fuiste al médico? —Y yo veo a Nicolás.

—Sí. Todo está bien, gracias por preocuparte.

—Escucho la voz de alguien más y es una voz de mujer, estoy casi segura de que esa es Valentina.

Le entrego la chaqueta a Nico y cuando la toma me dice que va a llevarme, a Nico le vale que Samuel se de cuenta de que está conmigo y él le dirá a Valentina y después seremos él y yo los que tendremos aplicaciones instaladas en el celular.

—Bueno, te llamo más tarde, voy camino a la página porno.

Samuel suelta una risita y yo aprovecho para ver la aplicación. Samuel está con Valentina o estaba, al menos hasta hace casi un minuto.

—Claro, mi amor —dice. Nico está cerca y sí lo escuchó, porque arruga el entrecejo, pero no dice nada y más le vale que no hable. Tomo mi chaqueta y dejo mis llaves dentro de mi bolso. —Si te sientes mejor me avisas y salimos a almorzar ¿Te parece?

—Sí, por supuesto. —Claro que no le voy a decir que estoy mejor para salir a almorzar con él.

Dice una vez más que espera que me mejore y yo vuelvo a agradecerle.

Nico me abre la puerta y es él quién cierra cuando yo estoy colgando la llamada de Samuel.

—¿Dónde te dijo Valentina que estaba hoy?

Porque hasta hace un minuto estaba con tu socio.

—No he hablado con Valentina. Ayer se molestó porque no quise ir a dónde ella estaba, pero yo no me voy a andar desvelando por nadie.

Extiende el brazo para detener las puertas del elevador y me pide que pase.

El lugar está repleto de personas, pero al menos la pareja cachonda no aparece por ninguna parte.

Mi espalda queda sobre el pecho de Nicolás y pasa su brazo por sobre mis hombros a medida que el elevador se va llenando de más personas.

Nico siempre espera que salgan los demás antes, así que somos los últimos y suelto el brazo de Nico cuando me doy cuenta de que estoy tomada de su mano.

Su camioneta está estacionada afuera del edificio. Cuando salimos me entrega las llaves y me dice que hoy también voy a conducir. Ay, por Dios, no. Él fue quién se ofreció a llevarme a mí, no yo a él.

—¿Es en serio? —Él abre la puerta del lado frente al volante y después rodea el vehículo para subirse del lado del copiloto. Sí, al parecer sí es en serio. Maldición. Suelto un bufido y después un: —No puede ser.

—Vamos, apresúrate. —Mira el reloj en su muñeca. —Porque yo puedo poner una excusa si llego tarde ¿Pero tú puedes? ¿En tu primer día?

Definitivamente, no planea moverse. Maldito sea Nico.

—Es la última vez que acepto que me lleves a alguna parte. —Me subo de mala gana y Nico acomoda el asiento otra vez poniéndome de paso el cinturón. —Después de todo lo de mantener distancia se me va a hacer fácil contigo.

—Eso ya lo veremos.

De nuevo casi nos demos vuelta, estuvimos a punto de que nos levantara un camión y casi nos cocha otro autobús, pero al menos ya no me pasé una amarilla y conduje un poquito más rápido que ayer.

En el último semáforo antes de llegar a la revista, me doy cuenta de que ya abasteció de caramelos de limón y tomo uno, pero ahora me traen malos recuerdos y, al parecer, también a Nico porque toma otro y suelta una risita, pero no dice nada.

Sí llego a tiempo a la revista ¿Pero a qué costo? Qué bueno que Nico haga estas cosas, porque hace que no se me olvide que no quiero volver a hablarle. Me bajo sin decir nada y le entrego la llave cuando él está saliendo del lado del copiloto.

—Me avisas si necesitas que venga a traerte ¿Okey?

—No, gracias.

Doy media vuelta y me voy, solo escucho su risa y hay algo en esa carcajada de Nico que me divierte y no puedo molestarme más, aunque lo intente. Maldito Nico. Me giro y él ya está frente al volante, le saco el dedo medio y él hace lo mismo con una sonrisa.

—¿Ese es tu novio? —Escucho una voz conocida. La chica rubia que siempre está en las portadas de esta revista está detrás de mí. Le digo que no es mi novio y cuando entramos a la revista, las otras dos chicas, la pelirroja y la morena, se acercan al verme. —Nina tiene un novio guapo.

—Que no es mi novio.

Ellas siempre saludan con un abrazo y después me arrastran hasta un grupo de chicas que también son parte del grupo de modelos de aquí.

Me presentan a una por una. Hermosas, educadas y afectuosas, esas son tres palabras con las que podría describirlas fácilmente.

Es hasta que Alfonso nos interrumpe y me pide que lo siga para presentarme en cada departamento.

La primera parte del día es solo conocer cómo funciona la empresa, la segunda parte es conocer las campañas de cada mes y la tercera es fotografiar pitos porque al fotógrafo de los chicos se le ocurrió enfermarse y no venir.

En fin, no sé cómo logré hacer todo cuando estoy funcionando solo en un cincuenta por ciento, pero al final de mi jornada encuentro una caja de chocolates en la que es mi oficina y una nota.

No sé qué estaba esperando, pero definitivamente el nombre de Samuel es el último que se me hubiera ocurrido encontrar ahí.

Además, ha agregado él mismo «Que te mejores, guapa» o al menos creo que él mismo, porque está escrito a mano.

También tengo un mensaje de Nico:

De: Nico

¿Te sientes mejor, pulguita?

Rebecca, la chica rubia de las portadas, entra a mi oficina, detrás de ella lo hacen Anastasia, la pelirroja y Deborah, la morena.

—Hola. —Es Rebecca. —¿Tienes algo que hacer hoy después del trabajo? —Intentar no morir nada más. —Bueno, solo te queríamos preguntar si te gustaría venir con nosotras. Anastasia baila danza árabe en un club y hoy se presenta.

—Y me gustaría que vinieras —dice la pelirroja. La verdad que, entre intentar no morir en mi casa a ir a un club a ver bailar danza árabe, creo que prefiero lo segundo. —Entrarás gratis, porque eres mi invitada. Puedo conseguirte otra si quieres ir con tu novio.

—No es necesario, no tengo novio. —Entonces las tres miran la caja de chocolate y la nota en mi mano. —Este no es mi novio tampoco.

—O amante —dice la morena—. Si te gusta llamarle así.

—A ver, no tengo novio, ni amante. —Mejor cambio de tema y me dirijo a la pelirroja: —¿Bailas danza árabe?

—Ella dice que sí con la cabeza. Yo las miro a las tres y también le doy un vistazo al reloj, ya casi es hora de salida y me siento mejor, así que ¿por qué no?

—La verdad es que me encantaría; bueno, primero tendría que ir a mi casa, tengo que cambiarme ¿Me pasas la dirección?

—Puedo enviar a alguien a recogerte, no te preocupes.

—¿De verdad? —Todas ellas asienten. Okey, esta noche puedo estar camino a un club o camino a que me vendan en el mercado negro, pero bueno, acepto la oferta y cuando ya por fin soy libre una de ellas se ofrece a llevarme a mi casa.

Estoy esperando el elevador cuando me acuerdo de que no le contesté el mensaje a Nicolás y le escribo que sí estoy mejor.

Es en ese momento que la pareja hot vecina se acerca y estoy pensando seriamente en irme por las escaleras, pero las puertas se abren y yo no tengo mucho tiempo, entonces me atrevo a irme con ellos, pero esta vez ella no se sube a horcajadas sobre él, no se dirigen la palabra tampoco y cuando las puertas se abren ella sale disparada antes que él.

Bueno, supongo que no se puede estar cachondo toda la vida.

De: Nico

¿Tienes planes hoy?

Escucho un portazo y ese proviene del último apartamento del pasillo, más específicamente el de la parejita hot que acaba de entrar… Okey… En fin, abro la puerta del mío y le contesto el texto a Nicolás:

Para: Nico

Sí, con unas chicas del lugar donde trabajo.

Su mensaje está en mi pantalla casi de inmediato:

De: Nico

Avísame si necesitas que vaya por ti.

Camino a mi habitación le escribo el siguiente texto:

Para: Nico

¿Tú crees que voy a avisarte para que me hagas conducir todo el camino de regreso? No, gracias.

Prefiero volver a pie.

Nico reacciona con un emoji de risa a mi mensaje y después responde:

De: Nico

Conduciré yo, pulga, no te preocupes.