CAPÍTULO 11 #3
De todas formas, le agradezco la oferta, pero le digo que una de las chicas consiguió quién venga a recogerme y a dejarme después.
Me cambio de ropa y me maquillo más, porque bueno, ese es un club.
Como Anastasia aseguró, él chofer ya está afuera esperándome cuando salgo del edificio, llevo mi cámara también, porque por supuesto que voy a tomar muchas fotos.
En el trayecto, recibo un texto más de Nicolás:
De: Nico
Tómale una foto a la placa de cualquier auto al que te subas y me la envías.
¿Cómo le digo que yo ya casi estoy llegando y no le tomé foto a nada de eso?
No se lo voy a mencionar claro. Las otras dos modelos me están esperando afuera y ambas hacen señas cuando me miran llegar, antes de caminar hacia ellas disimuladamente le tomo foto a la placa del vehículo como Nico me lo pidió y se la envío.
No le digo que ya llegué claro y él solo responde con un me gusta a ese mensaje que le envié.
De: Nico
Sí es seguro.
Me di cuenta, porque ya llegué.
En fin, el lugar es inmenso, elegante y con mucho glamur.
Qué suerte que elegí mi outfit con más brillo.
Yo nunca había estado en una presentación en vivo de danza árabe y cuando empieza el turno de Anastasia me dan ganas de dejar el pole para unirme a alguna academia de baile de este tipo.
Claro que tomo fotos, el lugar, el escenario y la misma Ana hacen una combinación brutal en todas las tomas.
Los shot son gratis y acepto uno, porque de todas formas el alcohol es bueno para la garganta ¿No?
Y aquí hay que gritar. Tal vez no debería estar probando alcohol, porque mañana tengo que levantarme temprano, pero es uno nada más, puedo permitírmelo.
Bueno, eso es lo que digo para los siguientes también y entre las fotos, charlas con las chicas y conocer gente, ni siquiera me doy cuenta de que esto ya se convirtió en una fiesta, que estoy sacando los pasos prohibidos y que de paso estoy subiendo una historia a mis redes sociales moviendo la cadera hasta abajo.
No soy tan irresponsable ¿Okey? Tomé un poco nada más; digo, en comparación con las demás.
No sé qué hora es, pero le digo a una de las chicas que ya tengo que irme y todas acuerdan que también se van porque bueno, hay una oficina a la que ir mañana.
No es tan tarde… creo, de todas formas, soy la última a la que van a dejar, porque vivo más lejos.
Ya casi me estoy durmiendo y me doy cuenta de que tal vez sí tomé demás.
Mierda. En fin, entro al elevador y me recuesto en la pared cuando por fin las puertas se abren en mi piso.
Hay cintas de no entrar por todas partes, también oficiales y por un momento creo que se me ha alterado la visión cuando veo a Nico al final del pasillo.
A ver, si Nico está aquí es porque pasó algo muy malo, me froto los ojos solo para asegurarme que no es una alucinación alcohólica; pero no, sí es Nico, sí son oficiales y sí hay citas amarillas por todas partes.
El último apartamento es el que está abierto.
Nico está hablando por teléfono, pero en ese momento cómo si llamara su nombre se vuelve a mí y me mira, ahora está caminando en mi dirección y yo sigo mi camino, pero un oficial me detiene y yo le digo que vivo aquí.
—Lo siento, pero no puede pasar, joven. —A ver ¿Cómo que no puedo pasar? ¿Y qué se supone que voy a hacer entonces? —Por favor, mantenga su distancia.
—¿Cómo que mantenga mi distancia? ¿Y dónde se supone que duerma? ¿En la calle?
Nico llega hasta nosotros, le dice algo al oficial y el tipo asiente alejándose un poco, pero no sin antes decirme que por favor no pase. Estoy confundidísima. Nico aún está hablando por teléfono, pero se despide y justo al descolgar, me pregunta:
—¿Tienes a dónde quedarte por hoy?
—¿Cómo? ¿Por qué? —A ver, yo necesito explicaciones. Nico está serio, bueno… eso es normal en él, pero no cuando habla conmigo. Se acerca para decirme algo al oído, pero el gesto le cambia y, mirándome a los ojos, me pregunta:
—¿Estás borracha?
—No... —Me aclaro la garganta. —Claro que no. —Casi que arrastro la lengua, pero eso puede ser por cualquier otra cosa. Nico no me cree y me veo en la necesidad de aclarar que no lo estoy. —¿Crees que si estuviera borracha pudiera hacer esto?
Y no sé qué es lo que hago ¿Okey? No sé, pero en mi alcoholizado cerebro doy una vuelta que me sale magnífica y después casi pierdo el equilibrio, pero no me caigo y levanto los brazos como si fue una presentación para enorgullecerse.
Nicolás solo me mira, cierra los ojos un momento y masajeándose el entrecejo, dice:
—Oh por Dios. —Llama a un oficial. Okey, entonces la vuelta no salió como pensé. Se acerca uno de los hombres uniformados y le dice algo que no alcanzo a escuchar. Se vuelve a mí y me pregunta: —¿Puedes abrir tu apartamento, por favor?
—Sí puedo, pero antes necesito una explicación ¿Qué está pasando?
Nico mira alrededor, se acerca a mí y esta vez sin hacer reparo a mi estado de ebriedad, porque no estoy borracha ¿Okey? Me sostiene de ambos brazos y casi en un susurro cerca de mi oído, me dice:
—¿Te acuerdas de aquella pareja que estaba todo el tiempo besándose en el elevador? —Yo le digo que sí, digo… los vi hoy, antes de irme al club. —Pues tu vecino acaba de matar a la novia.