CAPÍTULO 10 #3
—Crúzate al otro carril. —No, Dios, no. Lo intento okey, como tres veces, pero en la primera me ignoran, la segunda no me atrevo y la tercera Nico extiende su brazo, toma el volante y nos mete en el carril a la fuerza. Casi nos choca un autobús. —¿Quién te dio la licencia de conducir?
—¿Quién te la dio a ti? Te le acabas de meter a un autobús.
—El autobús tenía tiempo para frenar. —En mi vida vuelvo a salir a un lugar con Nico y por ir discutiendo con él, el siguiente carril no lo pienso tanto y casi nos levanta un camión. —Tenías miedo de que muriéramos en una cueva, pero la que va a matarnos eres tú en pleno tráfico.
Por culpa de él mismo no me fijo que el semáforo cambió a amarillo; bueno sí lo vi, pero de todas formas me cruzo y es Nicolás quién lo menciona, pero yo le digo:
—Ya sobrevivimos a un camión, un autobús y casi nos volcamos ¿Qué más puede pasar por un semáforo en amarillo? Nada ¿Lo ves?
Sí pasa, oh por Dios. Hay una patrulla del otro lado y es Nico quién suelta una risa.
Mierda.
—Qué bueno que dijiste que no podía pasar nada.
—Cállate. —El oficial me hace parada y yo estoy pensándome seriamente si mejor piso el acelerador y paso a toda velocidad o acepto la multa dignamente. Elijo lo segundo, solo porque estoy con Nico. Aparco, bajo la ventana del vehículo y lo miro. —Buenas tardes.
—Buenas tardes, señorita ¿Se dio cuenta de que acaba de pasarse un semáforo en amarillo verdad?
—Ni modo que esté ciega, pero eso no se lo digo claro.
A ver, voy a defenderme, voy a explicarle que por culpa de esta persona a mi lado no me fijé que ya había cambiado de color, pero entonces sin decírselo él mira al lado del pasajero y dice: —¡Doctor! Qué gusto verlo.
Nico lo saluda también, el oficial rodea el vehículo y se va directo a la ventana de Nicolás. Se ponen a platicar, como si se conocen de mucho tiempo, se están riendo además y Nico nunca se ríe con nadie, de hecho, Nico nunca es amable con nadie.
—Bueno, voy a dejar pasar esto solo por una vez. —Dice el señor bigotudo, mirándome. —Pero que no vuelva a suceder ¿Okey?
—No volverá a pasar oficial. —Le responde Nico. Se despiden con un apretón de manos y después solo se va y regresa a su patrulla como si nada pasó aquí.
Miro a Nico.
—Eso es corrupción.
—Bueno, si quieres lo llamo y le digo que te multe.
Mejor sigo mi camino y lo hago despacio, a mi ritmo, ignorando a Nico, aunque a él le importa poco. Finalmente llego al edificio donde vivo y una vez que aparco lo que escucho de parte suya es:
—Bueno, para mi sorpresa, sobrevivimos.
—¿Sabes? Estoy a nada de no volver a hablarte en mi vida.
En ese momento escucho que suena mi celular. Le doy un vistazo y veo el mensaje de Samuel en mi pantalla. Bastante puntual, eh. Solo espero que él no me haya descargado una aplicación también para rastrearme. Me pregunta si puede verme y dice que no le importaría conducir hasta dónde estoy.
—Ah, mira. Samuel dice que quiere verme y que no le importa conducir hasta aquí.
—De paso abro la aplicación solo para saber dónde ha estado todo el día, aunque ahora mismo no aparece con Valentina, sí que la vio hace un par de horas.
—Y estuvo con tu novia hoy. —Samuel deja un segundo mensaje que dice «Aunque sea unos minutos.
Solo quiero ver con mis propios ojos que estés bien y completa».
Sí, me rio y eso hace que Nico ponga su atención en mí.
—Dice que quiere ver con sus propios ojos que estoy bien y completa.
—Dile que no, qué intenso, por Dios.
—No le voy a decir que no. —Tampoco planeo decirle que sí, digo acabo de subir una montaña, perderme en una cueva, cruzar un maldito puente colgante y casi me muero como cuatro veces en pleno tráfico, lo que menos quiero a esta hora es ver a Samuel.
Le estoy dejando un mensaje relativamente amable diciéndole que puedo verlo mañana, pero entonces Nico me arrebata el celular.
Tengo que forcejear con él para quitárselo, porque conociendo a Nico puede estarle escribiendo que se vaya al infierno y de parte de él mismo. —¡Nico! ¡Devuélveme el teléfono!
No, no lo hace. Entonces me quito el cinturón y entre los forcejeos tengo que, prácticamente, sentarme sobre él a horcajadas, aun así, no lo alcanzo.
Nico tiene brazos largos y el triple de fuerza que yo.
A ver, que estamos en la misma posición que ayer...
tal vez es eso lo que desconcentra a Nico, porque finalmente deja de poner resistencia y alcanzo el bendito celular.
—¿Qué diablos? —Y veo el «ve3%$E wl oerpi5» que se le envió de mi parte.
—Oye, esto de estar sobre mí se te está volviendo una costumbre, voy a tener que ponerte límites.
—Pues es lo que a ti te gusta al parecer. —Y me acomodo mejor sobre él. —Porque no querías devolverme el teléfono.
Entonces Nico también se acomoda, de paso con sus manos sobre mi trasero me empuja más hacia él y después envuelve sus brazos alrededor de mi cintura.
—Bueno, es tu culpa, porque ya hasta me estoy acostumbrando.
Aprovechando la cercanía de nuestras caras, le susurro muy cerca de su boca:
—Pues qué lástima. —Ahora sí me bajo de él, abro la puerta y antes de salir le digo: —Espero no verte mañana.
Suelta una risa y me contesta:
—Pues yo también espero no verte mañana. Buenas noches, pulga.