CAPÍTULO 10 #2
Le divierte, sí; pero ninguno corta el contacto visual hasta que bajo la mirada a su boca y después, lento vuelvo a sus ojos, lo hago sin querer, pero Nico suelta una risita, se aclara la garganta y después de tomarme de la barbilla, dice:
—Ya te lo dije, no me provoques, Nina, porque besarte no es de lo único que tengo ganas.
Maldito Nico ¿Cómo es posible que pueda provocarme miles de sensaciones solo con una frase nada más? O que su mano bajando de mi barbilla a mi cuello me ponga los pelos de punta. Es que él sabe lo que está haciendo y lo maldigo otra vez. Acerco mi rostro al suyo y muy cerca de su boca, le digo:
—Buena suerte con eso.
Nico se ríe, así sobre mi boca también. Hasta que las personas a las que estábamos esperando por fin aparecen y nos apartamos de manera brusca. Es más, por poco me caigo de la bendita piedra, pero qué suerte que nadie lo note... creo.
Bueno, tal vez sí vieron algo, pero prefieren ignorar y seguir parloteando entre ellos. A Nico le vale madres si, porque no es él quién va a quedar como la otra; bueno, la realidad es que me estoy convirtiendo en la otra, Samuel y yo vamos a tener algo en común después de todo.
—Oigan —Interrumpe el amigo de Nico con trenzas. —¿Vamos a bajar a pie o tomamos las motocicletas?
—¿Hay motocicletas? —Le pregunto a Nico. Él me dice que sí con un gesto tendiéndome la mano para salir de aquí porque hay un escalón bastante alto del otro lado. —O sea, ¿tenemos la opción de bajar en una motocicleta y no hacerlo a pie?
—¿Tú sabes conducir motocicletas?
—Ni siquiera sé conducir bien un auto ¿qué te hace pensar que puedo conducir una motocicleta? ¿Tú sí?
—No, pero puedo aprender en esta montaña.
—No me jodas, Nico.
Él suelta una risita y vuelve a tomarme de la cintura para ayudarme con el último escalón porque está resbaladizo.
Todavía está brisando y también hay neblina.
Nico usa su cuerpo para que no me moje de la lluvia, así que ahí estamos, él con su brazo alrededor de mi cintura y yo con mi espalda contra su torso mientras esperamos que saque un tícket para la bendita motocicleta.
Este día lo voy a borrar de mi memoria para siempre.
—¿Estás lista? —Pregunta y me entrega un casco. A ver, algo me dice de que no, no estoy lista, mucho más cuando veo que firma un consentimiento donde dice que ellos no se hacen responsables de cualquier cosa que pueda pasarnos cuesta abajo.
Madre mía.
—Claro que no.
Y sí que tenía razón, yo nunca estoy preparada para nada que involucre a Nico ¿Qué puedo decir de esta otra travesía?
¡Nada! ¡Absolutamente nada! Era mejor regresar a pie.
Si el pasatiempo de Nico es estar dentro de una cueva con murciélagos buscando una salida ¿Qué me hizo pensar a mí que lo de la motocicleta iba a ser una buena idea?
A este punto, morir a manos de caníbales ya es lo de menos.
No hay calles, solo el paso de las motos donde la tierra se desliza y una mala maniobra puede provocar que caigas al precipicio y...
es que a ver ¿Cómo se me iba a ocurrir a mí que un hombre que, literalmente, trabaja con la muerte iba a tenerle miedo a la muerte?
Pero no es todo, también hay que pasar un puente colgante...
en moto y sí, lo hace, a toda velocidad y lo único que me dice es:
—Espero que sepas nadar, pulga, solo por si acaso.
—¿Qué diablos?
Pero no necesité nadar. Sobreviví, a duras penas.
De todas formas, sí me mojé hasta los calzones por el aguacero que nos cayó encima, aunque fue Nico el que se mojó más.
Saco mi cámara solo para cerciorarme de que no tenga una sola gota de agua y cuando la enciendo, presiono el botón de video justo en el momento que Nico se quita la camiseta dejando frente a mí el tatuaje de su espalda.
No sé qué es lo que tiene dibujado, pero también hay unas letras en... no sé... ¿chino?
—¿Eso es chino? ¿Qué significa?
Qué buena espalda la de Nico, por Dios. Él se gira, mira a la cámara y sonríe. Nico en otra vida debió ser modelo, no doctor de muertos. Extiende su mano, tapa el lente, pero es solo para quitármela y enfocarme a mí.
—Vida solo hay una —dice. —Eso significa el tatuaje, puedes tocarlo si quieres.
—Estoy segura de que eso ya lo hice cuando alguien me puso contra la pared dentro de una cueva.
—Y me acuerdo de que está grabando, entonces le quito la cámara y detengo la grabación.
Mejor voy a borrar esto. —«Vida solo hay una» pues casi dejas esa vida tirada en un barranco cuesta abajo sobre una motocicleta.
—¿Pero te moriste? ¿No, verdad? —Me quito la chaqueta que de impermeable no tiene nada y la dejo dentro de la mochila.
Nico saca un bolso del asiento trasero y se cambia a una camiseta de color marrón.
De paso me entrega la chaqueta que siempre trae consigo dentro del vehículo y yo la acepto solo porque me estoy muriendo de frío. —Vamos, sube, tú conduces.
—¿Qué diablos?
—Que tú conduces. —Abre la puerta del lado del volante y con su mano me pide que pase. Le digo que no. —Vamos sube, que tomaremos la calle más transitada.
—¿Estás loco?
—Tu auto está arreglado, ya no tienes excusa para andar en Uber y no vas a andar poniendo tu vida en peligro buscando la calle dónde no pase ni un alma en pena.
—Deja la puerta abierta, rodea su vehículo y se sube del lado del copiloto, así que habla en serio.
Me acerco y le digo que definitivamente no.
—Pues aquí nos quedaremos y, mira, está comenzando a anochecer.
—¿Y qué te hace pensar que yo alcanzo en esto? —Digo, es una camioneta para una persona como él y yo tengo piernas cortas. En fin, sí me subo por su insistencia y solo para comprobar que mis pies no llegan. —¿Lo ves?
Se acerca, presiona algo y mueve el asiento para adelante.
—Ahí tienes. —Y sí, ahora mis pies sí llegan. Dios mío, no. —Bueno, espero no vayas a estrellarnos. —Se pone el cinturón y se acomoda. —Viajar de noche es peor, así que tú decides si nos vamos ahora o nos quedamos esperando hasta más tarde.
Maldito Nico, lo digo una y otra vez dentro de mi cabeza cuando pongo en marcha esta cosa.
Por suerte ya no tenemos que pasar por la primera cueva angosta, porque la salida es distinta para evitar que autos de entrada y de salida se encuentren.
No es que sea mejor, pero al menos esta es más amplia.
Cuando llegamos a la autopista, veo los autos pasar uno tras otro sin darme una oportunidad para entrar a mi carril.
—Esa era tu oportunidad y la desperdiciaste.
—¿Mi oportunidad? ¡Frente a un furgón!
—Solo hazlo, vamos, ahora.
A ver, que el «ahora» para Nico al parecer no es el mismo que entiendo yo, porque cuando intento entrar al tráfico un auto a gran velocidad toca el claxon causándome un susto de muerte. Me voy a morir y no va a ser ni por la bendita cueva, o la motocicleta cuesta abajo o el maldito puente colgante.
—Tardaste como cinco segundos desde que te dije «ahora».
—¿Puedes callarte?
—Vamos a quedarnos aquí hasta que ya no haya nada de tráfico al parecer, o sea, medianoche. —Necesito un control que le ponga «mute» a Nico. Aprovecho un espacio, me lanzo al estilo Vin Diesel y hasta derrapo en la carretera. —Vamos a volcarnos.
—Y sería tu culpa, obviamente. Me estás estresando.