Bendito Karma CAPÍTULO 7 #2
13%

CAPÍTULO 7 #2

Un bufido es mi respuesta, en ese momento escucho una notificación en mi celular y es el paquete que estaba esperando desde la mañana.

Dice que está en la recepción del edificio.

Me voy en esa dirección y cuando caigo en cuenta que llevo la cartera de Nico en la mano, se la devuelvo, él está detrás de mí cuando me entregan las dos cajas y, por supuesto, yo no puedo llevar ambas.

—Te ayudo.

Y se lo permito, porque no quiero volver por la segunda, tampoco pienso subir con esto por las escaleras, así que no me queda de otra que esperar elevador, a ver...

las posibilidades de que vuelva a pasar lo mismo de ayer son remotas ¿No?

Las puertas se abren frente a mí y yo paso primero.

Antes de que las puertas se cierren alguien mete la mano y veo a la chica de la parejita hot .

Carajo. Bueno, al parecer, esta vez está sola.

—¡Oh! Ustedes son los que se quedaron encerrados con nosotros ayer ¿Verdad? —Y entra. A ver, sola tal vez no tenga fetiches raros. Las puertas se cierran y la que le contesta soy yo:

—Sí.

Y comienza a hablar, cuenta la vez que también se quedó atascada en un elevador en otro edificio y la vez que en un hospital le pasó lo mismo. Ok, entonces la de la mala suerte es ella. Cuando termina de hablar, nos mira y pregunta:

—¿Son novios?

Y los dos contestamos al unísono:

—No.

—No.

Y eso es todo. Esta vez el elevador no se atasca, no se va la energía eléctrica y agradezco cuando estoy frente a mi puerta. La chica pasa hasta el siguiente apartamento y yo abro el mío para que Nico entre. Él lo hace, da un vistazo alrededor y dice:

—Así que eres la señora de las plantas.

—¿Envidia? —Le respondo. —Porque la orquídea que tenías en tu balcón se secó.

—¡Ah, mira! Así que le pones atención a lo que hay en mi balcón. —Además mira el escenario montado en mi sala, se me olvidó apagar los focos. —¿Estabas ocupada?

—Sí, tengo trabajo que sacar para antes del lunes. —Pongo la caja que traigo yo sobre la encimera y Nico hace lo mismo. —Inicio a trabajar en una página porno.

Siento algo vibrar en mi bolsillo trasero y me acuerdo del celular de Nico, lo saco y se lo entrego, no sin antes fijarme que la persona que le envió un texto fue Valentina.

—¿Una página porno?

—Sí, voy a tomarle fotos a gente desnuda. —En mi teléfono entro a la web de ellos y se la muestro. —Esta es, supongo que ya la conoces.

—Sí la conozco. No me gusta el porno, pero tienen publicidad por todas partes.

—¿No te gusta el porno?

—¿A ti sí?

—No. —Bueno... no sé. Mejor me pongo a abrir las cajas que me enviaron.

Veo la carta que está encima y después a Nicolás quién va directo a dónde está mi cámara, la enciende y lo único que me dice es: «Permiso» después de sentarse en mi banqueta.

En fin, saco una bebida de la caja más grande y me acerco a él.

Está viendo a través del lente, de momento no tengo nada ahí, así que dejo la botellita y le pido que le haga una foto.

Y lo hace, pero enfoca algún punto detrás y el objetivo se ve borroso.

La elimino y le pido que lo haga otra vez, pero no sin antes decirle cómo va a enfocarlo y para esto tengo que ubicarme frente a él, entre sus piernas más específicamente, pero él está más concentrado en lo que le estoy explicando y yo en darme a entender que ni siquiera reparo en que estoy recostando mi espalda en su torso y su rostro está bastante cerca del mío.

Le pido que lo haga otra vez y entonces sus manos vuelven a la cámara dejándome a mí entre medio, tiene que acercarse más para ver a través del lente y eso nos deja en una situación más comprometedora, a mí casi pegada a la cámara y a él con la barbilla sobre mi hombro, pero parece no importarle en lo absoluto.

—Por cierto ¿a dónde vas tan arreglada?

—Voy a salir con tu socio. Al parecer dejó a tu novia en pleno cumpleaños y se regresó porque... —Incluso hago comillas con las manos. —Tiene que trabajar mañana.

Nico suelta una risita y dispara la fotografía una vez más, esta está mejor, pero no tanto; así que se la borro y le digo que lo haga otra vez. Regresa al lente, intenta enfocar una vez más, dispara otra foto y me dice:

—Con razón Valentina me preguntó si quería acompañarla a un lugar mañana y es el mismo lugar donde está ahora que, por cierto, yo fui el que lo encontró ¿Recuerdas los tíckets que le di a Benjamín el día que te dejó en aquel restaurante?

Bueno, eran míos, pero se los regalé a él porque Valentina me había dicho que tenía que trabajar, entonces el pendejo anda ahí de gratis con mis tíckets.

—Yo en tu lugar los cancelaba.

—Créeme que si pudiera lo habría hecho.

Miro la siguiente foto que tomó y está mejor que la anterior, pero se la borro también, porque así es él y yo lo voy a tratar de la misma forma. Suspira y vuelve a ubicarse frente al lente.

—¿Y vas a ir?

—¿Dónde?

—Con Valentina.

—No, mañana yo ya tengo planes. Además, a ella ni le gustan las cosas que a mí me gusta hacer. Entonces ¿Por qué yo tengo que hacer las que a ella le gustan?

—¿Y qué cosas te gustan hacer? Digo, aparte de descuartizar cuerpos, golpear seres humanos y tirarte de puentes.

—Puedes averiguarlo tú misma ¿Quieres venir?

En ese momento que le doy un vistazo me doy cuenta de la cercanía, además, él lleva su brazo alrededor de mi cintura para apartarme un poco cuando le suena el celular y tiene que sacárselo del bolsillo. Mira el texto y lo ignora. Me voy a tomar la botella de refresco y bromeo:

—No es algo romántico ¿Verdad?

Y Nico, quién está de nuevo en el lente disparando otra foto —en mi dirección, cabe recalcar—, se aparta de la cámara y dice:

—¿Te parece romántico escalar un lugar sin señal telefónica donde podemos ser devorados por caníbales?

—No me jodas, yo necesito regresar con vida, tengo que trabajar el lunes.

Escucho su risa nada más y después sus pasos detrás de mí cuando me voy a la cocina. Abro el gabinete, saco dos vasos y cuando intento cerrarla, no cierra. Joder. En fin, lo dejo así, pero Nico no lo ignora como yo y se acerca:

—¿Tienes un destornillador?

—No, ¿Por qué tendría un destornillador? Eso es como un arma, si algún día se meten a robar a este apartamento y se encuentran ese destornillador ¿A quién se lo entierran? A mí.

—No si se los entierras tú primero. —Sí claro, como si yo pudiera hacer eso. Si me da miedo, me congelo. Me matan y no reacciono. Se lo digo y, además de burlarse, su respuesta es: —Ya regreso.

Entonces se va y veo que dejó su teléfono sobre la encimera.

La pantalla se enciende porque le llega otro texto y es de Valentina también, pero no puedo verlo.

Me voy a apagar los focos del estudio y después regreso viendo el teléfono de Nico, a ver...

¿qué tan difícil puede ser su código? ¿Su cumpleaños?

¿Su aniversario con Valentina tal vez? ¡Nah!

Nico no pondría su aniversario con Valentina como contraseña, ni su cumpleaños. Ni siquiera sé cuándo es su cumpleaños.

Mejor sirvo las bebidas en los vasos. Lo escucho abrir la puerta, después cerrar y le doy un vistazo cuando llega a la cocina, trae una caja que deja cerca de mí y de ahí saca el destornillador.

—Ay, por Dios ¿Es en serio?

—No vas a estar con esa puerta así. —Pasa directo al gabinete y le dejo la bebida en frente. Abro la otra caja que tiene chocolates y cuando saco uno él me ve y pregunta: —¿Te compraste todo eso?

—No, trabajo con estas marcas y ellos me los regalan. —Abro un paquetito, saco el chocolate de ahí y antes de llevármelo a la boca leo el empaque. —¿Quieres uno? —Y le menciono la parte que le puede interesar: —Es 96% cacao, sin azúcar añadida.

Le doy un mordisco y está horrible, pero voy a fingir que no.

—Ya está. —Lo escucho. Cierra y abre el gabinete.

Me pide que lo haga yo y sí, ya no hay necesidad de azotar la puerta.

No me da tiempo ni de darle las gracias, porque en ese momento recibo un mensaje de Samuel diciéndome que ya está frente a mi edificio y, además, me pregunta si puede subir. Madre mía. Veo a Nico y veo el mensaje.

—Samuel viene para acá y obviamente no puede verte. —El tipo menciona que es algo un poquito urgente y yo le escribo el número del apartamento y el piso. Bueno, voy a entrar en pánico. —Busca donde esconderte.

—¿Le diste el número de tu apartamento? ¿No te da miedo que sea un psicópata y después venga a buscarte solo para desvivirte?

—Me das más miedo tú y aquí estás. —Nico esboza una leve sonrisa. Entonces tocan el timbre y yo lo tomo del brazo y lo encierro en el baño, porque es la puerta que está más cerca. —No salgas de ahí hasta que te lo diga.

Rápido me acerco a la entrada y, efectivamente, Samuel está ahí. Él esboza una sonrisa al verme y lo primero que digo es:

—Hola, oye... eso fue rápido.

—Sí, ya estaba esperando el elevador cuando me dijiste el número de piso. Lo siento, sé que esto es un poco raro, pero ¿me prestas tu baño?

No me jodas, Samuel. No me jodas.

Me aclaro la garganta y me hago a un lado para invitarlo a pasar:

—Sí, claro. Adelante.

A ver, a ver... voy a conservar la calma, voy a confiar en el buen juicio de Nico, sé que no va a quedarse ahí esperando ¿Verdad? Además, hay una puerta que va a mi habitación.... pero, por si acaso, abro antes y me asomo.

Nadie, no hay nadie.

Entonces lo dejo entrar.

Cuando él ya está ahí me voy corriendo a mi cuarto y cuando abro, me doy cuenta de que Nico no está.

Madre mía. Lo busco en la otra, pero nada...

por Dios. No pudo haberse ido a ningún otro lugar a menos que pueda teletransportarse y hasta donde sé eso es imposible.

Estoy a punto de volverme histérica cuando veo a Samuel, se disculpa por la urgencia y después me dice que fue un viaje de una hora y media.

—Lo entiendo. —De paso, disimuladamente, miro hacia el interior del baño y no veo a nadie. —¿Nos... vamos?