Bendito Karma CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

C hequear la aplicación que rastrea a Samuel y a Valentina se ha vuelto un vicio.

Un vicio hasta que el sábado por la mañana recibo un mensaje del mismo Samuel diciendo que quería hablar conmigo.

A ver, a ver... ¿qué posibilidades hay de que ya se hubiera dado cuenta?

Yo me acuerdo haberla borrado de su teléfono, lo recuerdo perfectamente; pero de todas formas entro en pánico, porque...

¿Qué tal si no lo hice? ¿Qué tal si el tipo es listo y contrató a alguien para saber si lo rastrean?

Ni siquiera sé si eso es posible, pero supongo que sí ¿Qué voy a decirle ahora?

Mejor me calmo, pero por si acaso le dejo un mensaje a Nico:

«Oye ¿Cuántas posibilidades hay de que Samuel nos haya descubierto?»

Digo, quiero estar segura a lo que me voy a enfrentar.

Nico no contesta enseguida, así que... tal vez sí es momento de entrar en pánico. Entonces Samuel me llama y yo... lo intento ¿Okey? Intento no sonar como una loca histérica buscando escusas. Me aclaro la garganta y me mentalizo para lo que sea que se venga a continuación:

—Hola, Samuel. —Por supuesto mi voz no es la de una persona que está a punto de tener un infarto. —¿Cómo te las estás pasando?

—Hola guapa y... bueno, todavía no sé si me la estoy pasando bien o mal, acabo de llegar. —Mentira, llegó casi de madrugada y con Valentina. —¿Estás ocupada?

A ver... sí. Estaba en mi rutina de Pole cuando se me ocurrió ver el celular solo para saber si estaban juntos y sí, pero entonces de inmediato recibí ese texto y ya no pude hacer nada más.

—No, dime.

Entonces ese era el momento de la verdad, ya hasta comenzaba a pensar en todas las posibles respuestas para sus mil preguntas, pero al mismo tiempo ¿Qué iba a inventarle? «Oye, es que me preocupa tu seguridad, es todo». Todo esto es culpa de Nico.

—Tal vez esta es una pregunta incómoda y lo siento. —Madre mía, lo de la seguridad tal vez no se escucha tan mal, sí... eso le voy a decir. —¿Qué pasó exactamente entre Benjamín y tú?

Okey, entonces creo que puedo respirar, pero caigo en cuenta de lo que acaba de preguntar y creo que es todavía peor.

—Bueno... ¿Qué es lo que te dijo él?

—Él no, mi hermana. —Mierda. Bueno, la hermana sí sabe entonces. —Ella me dijo que te vio en algunas fotos de él en sus redes sociales, pero que él le dijo que solo eras una amiga y un día las borró y ya. No sé, es que ayer parecía bastante tenso.

Okey, una amiga. Bueno, si tengo que borrar a Benjamín de mi currículum yo soy la que sale ganando, es que ahora no sé qué estaba pensando cuando le acepté esa primera cita a Benjamín, y no es que me gustara al inicio, simplemente se me hizo inteligente, porque no voy a negar que sí lo es.

—¿Y se lo has preguntado a él?

—No. —Samuel suelta una pequeña risa. —Apenas hablo con Benjamín, me parece nefasto. No me voy a acercar a él a preguntarle esto, evito hablarle lo más que puedo.

Dato importante, Samuel y Benjamín no son amigos.

—¿De verdad? Oye... pensé que eran amigos.

—Lo soporto, es todo y a veces ni eso. —Entonces se escucha un bullicio de personas y el coro de Feliz Cumpleaños. Me queda claro que Valentina y él no están solos. —Me tengo que ir. Por cierto ¿Estás muy ocupada hoy?

Además, escucho que se está alejando del ruido.

—Algo.

—Es que pienso regresarme hoy mismo y quería saber si puedo verte, aunque sea un rato, siento que la forma en la que me fui ayer no fue la más correcta.

— ¡Nah! No te preocupes por eso. —Pero, lo más importante: —¿Y... no es que regresabas hasta mañana? Creo que me dijiste que estarías ahí todo el fin de semana.

—Sí, pero sucedió algo repentino en el trabajo y tengo que ir a la oficina mañana. —Mentira, lo sé porque cambia la conversación de inmediato: —¿Entonces sí podemos vernos? Aunque sea un rato, no te voy a quitar mucho tiempo.

—Sí, claro. —Digo, necesito el chisme del porqué se está regresando, porque sé que por trabajo no es. —Tengo que tomar unas fotografías para unos comerciales, pero claro que puedo darme un tiempo para ti.

Por Dios, esta personalidad me da vergüenza. Escucho la risita de Samuel y me dice:

—Perfecto, yo te aviso cuando vaya para allá.

Igual yo voy a saber cuándo ya esté en camino.

—Claro, bye.

Al momento de colgar la llamada, veo el mensaje de Nico en la pantalla de mi celular:

De: Nico

Cero.

¿Por qué?

Bueno, igual su respuesta llegó muy tarde, ya me di cuenta de que eso no fue. De todas formas, contesto su pregunta:

Para: Nico

No es nada. Me envió un mensaje bastante temprano pidiendo hablar conmigo, pero solo quería saber sobre Benjamín.

Y ahora sí me contesta rápido:

De: Nico

¿Y qué le dijiste?

Y yo le respondo:

Para: Nico

Nada, al parecer él dice que fuimos amigos nada más.

Mejor.

Nico reacciona a mi último mensaje con una risa y cuando le pregunto si está trabajando, él me dice que todavía no, que va para allá pero que todavía está en el gym .

Bromeo pidiéndole una fotografía para saber si no miente y sí la envía, casi de inmediato, está frente a un espejo, sin camisa, en un lugar que parecen unas duchas y solo lleva una toalla alrededor de la cintura.

No me jodas, Nico.

Miento si digo que no me quedo viendo su foto un rato, especialmente esa zona de ahí…

porque se ve… bien… pero, a ver, tal vez solo es la forma en la que tomó la fotografía, o las gotas de agua que distorsionan la imagen o el vapor en el espejo, aunque si así fuera tampoco debería sorprenderme, digo…

Nico es bastante alto y tiene las manos grandes y los pies, y hay un mito sobre eso.

Regreso al chat y le envío el texto que había escrito:

Para: Nico.

Me refería a una foto del lugar, pero gracias.

Y vuelvo a ver la imagen, en ese mismo momento llega otro mensaje de él:

De: Nico

¿Y tú?

Regreso frente a los espejos para tomarme una fotografía.

A ver... que mi atuendo no es precisamente cubierto, digo...

estaba grabándome en mi práctica de pole, pero él me acaba de enviar una foto en toalla, así que da igual.

Me recuesto en el tubo y le envío la foto.

La ve, pero no contesta rápido, aparece que está escribiendo, pero después deja de hacerlo.

Es hasta que estoy dejando el teléfono en mi bolso para seguir con mi rutina, que envía:

De: Nico

Ya me preguntaba por qué tienes piernas firmes si no te gustan los deportes.

Y él es el primero en darle me gusta al video que acabo de publicar.

Yo nunca comparto contenido de mí misma haciendo pole dance, pero la iluminación estaba bárbara como para dejarlo así nada más y lo publiqué.

Camino a mi casa escucho todas las notificaciones a las que no les presto atención.

Es hasta que llego y me tiro en el sillón que veo en mi video el me gusta de Valentina, el comentario de Samuel, el me gusta de Benjamín al comentario de Samuel y a la solicitud de amistad de la hermana de Samuel. Por Dios.

Samuel dice «qué guapa» y a eso Benjamín, su cuñado, le dio Me gusta.

En fin, no tengo tiempo para el caos. Monto el escenario en mi sala para las siguientes fotografías y después de ubicar la cámara sobre el trípode me pongo a trabajar.

Claro, de vez en cuando miro la aplicación para ver donde están Samuel y Valentina, solo una vez están juntos, el resto del día es como si no se toparan.

Ahora quiero saber qué es lo que hablan cuando están solos.

En fin, ya está a punto de anochecer cuando recibo su texto diciéndome que ya está en camino.

Veo la app y sí, es verdad. Cuando creo que es el tiempo prudente, me doy una ducha, me arreglo y solo quedo a la espera de que me avise de que ya está aquí.

No sé cuáles son sus planes, pero si viene conduciendo una hora, no creo que sea algo formal, así que un jersey de cuello alto, shorts y medias están bien.

En el momento que me siento frente a mi computadora, recibo otro mensaje, pero este es de Nico:

Tengo tu auto en el parking de tu edificio, pulga.

¿Qué diablos? Entonces me pongo de pie en el momento que él me envía una fotografía de mi vehículo.

Le digo que estoy en camino y salgo disparada al parqueo, pero esta vez lo hago por las escaleras, porque...

bueno, desde ayer me da algo de pánico el ascensor.

A la mitad me arrepiento, pero ya no hay de otra.

Cuando llego, veo a Nico recostando sus caderas sobre el capó, levanta la mirada y me entrega mi llavero de Pucca. Lo primero que le pregunto es:

—¿Cuánto es?

—¿Qué cosa?

—La factura.

—Ah, no te preocupes, ya la pagué. —Entonces lo miro seriamente, aunque él está concentrado en su teléfono, no sé qué hace, pero se lo quito. —¿Qué pasa?

—¿Cómo que pagaste mi factura?

—Bueno, si no la pagaba, no me lo entregaban.

—Bueno, pudiste decírmelo y yo pude haberla pagado.

—Nico se acerca a mí y me intenta quitar el celular, doy un paso hacia atrás y mi espalda choca con un pilar.

No al punto de golpearme, pero ahora estoy entre medio de un pilar y el cuerpo de Nico.

Yo llevo pantuflas y la diferencia de altura entre los dos es bastante.

Creo que ni siquiera rozo el hombro de Nico. —A ver ¿Cuánto es?

—No es mucho de todas formas, no era nada complicado como pensé. —¿Qué es exactamente «no es mucho» para Nico? ¿Y qué «no era nada complicado» es para él? Me intenta quitar el teléfono de nuevo y yo me lo guardo en el bolsillo trasero. —No te preocupes.

—Dame tu cuenta de banco y la factura para depositarte.

—Averigua mi cuenta de banco y te doy la factura.

—No me jodas.

En ese momento comienzo a buscarle en los bolsillos de su chaqueta y después toco los de su pantalón.

—¡Hey! ¿Por qué el manoseo? Al menos un café primero ¿No?

—¡Ja! Qué gracioso. —Le agrego una mirada fulminante a eso y lo único que me encuentro es su cartera.

Claro que la reviso. No hay facturas, solo dinero en efectivo, tarjetas y una black de crédito.

Definitivamente, no hay forma de saber su cuenta de banco, ni la factura. —Ya, en serio ¿Cuánto te debo?

—No te estoy cobrando.