CAPÍTULO 6 #3
No corté nada de tensión; de hecho, creo que fue a peor, pero al menos, él parece ceder.
—¿Estás segura?
—Sí. —Entonces me pongo de pie para despedirme de él y que se vaya más rápido. El pasa su mano por mi cintura, pero este beso no es coqueto como los demás, es rápido y no cerca de mis labios. Después solo se va, pasando a la par de Nico, sin despedirse.
Y no es como que a Nico le importe.
Por un momento pensé que la emergencia lo iba a seguir —Valentina—, pero no, la chica se queda el resto de la fiesta con la actitud de una persona que no acaba de dejar a su novio en una mesa para irse a ver con el otro en la misma discoteca.
Yo no me quedo hasta el final, estoy aburridísma y Nico tal vez lo nota, porque es él quién pregunta:
—¿Nos vamos?
—Sí, por favor.
Cuando llegamos a mi edificio, Nico aparca en frente. Lo veo bajar, irse al asiento trasero y sacar mi trípode. Rodea el vehículo cuando yo ya me estoy bajando, cierro la puerta y se lo pido, pero me dice que no.
—Yo puedo llevarlo.
—Yo te ayudo, vamos.
No tengo ganas de discutir, así que extiendo mi mano enseñándole el camino, aunque él ya se lo sabe.
Esperando el elevador en el primer piso, la pareja vecina se para a un lado de los dos.
No puede ser. No ahora madre mía. No le digo nada a Nico, así que una vez que se abren las puertas del ascensor y los dos chicos pasan primero, yo me debato si mejor nos vamos por las escaleras.
Nico está esperando que yo pase, así que… ni modo.
Una vez que el elevador se cierra, ella se monta a horcajadas sobre él y comienzan a besarse.
Bueno, yo ya medio me acostumbré y puedo disimularlo; pero Nico no, arruga el entrecejo y los mira, después regresa la vista al frente y me topo con su mirada en el reflejo del espejo.
Nico está detrás de mí y en el momento que hacemos contacto visual, los dos miramos en cualquier otra dirección dentro del elevador que no sea la parejita que está al lado.
Entonces de pronto las luces se apagan y el elevador se detiene; pero no es todo, comienza a sacudirse y mi espalda choca con el torso de Nico.
A ver a ver, estamos dentro del elevador, al parecer sin energía eléctrica y aparte esto parece que está a punto de caerse. La pareja hot suelta un grito y aunque yo también tengo ganas de hacerlo, el susto me hace mantener la calma.
Le tomo la mano a Nico y él pasa todo su brazo alrededor de mi cintura.
—¿Qué está pasando? —Habla el chico.
—Es solo un temblor. —Contesta Nicolás.
«Solo un temblor» dice.
Los movimientos se detienen y ya todo parece volver a la normalidad, pero sin energía eléctrica ¿Cómo Nico puede estar tan calmado, por Dios?
No veo que hacen los otros dos presentes, pero escucho como si estuvieran presionando todos los botones.
Yo sigo aquí congelada, con mis dedos entrelazando los del brazo de Nico que está sobre mi cintura.
—¿Creen que esto va a tardar? —Habla la chica, por el tono de su voz, parece que está a punto de la paranoia. Bueno, yo también, pero me estoy conteniendo. A ver, que si vamos a morir de nada sirve que grite ¿No?
—Bueno, a veces puede tardar hasta un día. —Nico no está ayudando en lo absoluto.
—¿Un día? —La muchacha ahora sí parece entrar en pánico, el novio intenta calmarla. Yo estoy apretando duro los dedos de Nicolás, pero cuando caigo en cuenta suelto el agarre a uno más suave, pero sin quitar mi mano de la de él. —Nos vamos a morir un día completo encerrados aquí.
—Oye… —Le hablo a Nico ignorando el estrés de los presentes. Estoy susurrando, pero estamos en un espacio tan estrecho que no lo parece. —Si tú mueres ¿Quién descuartiza tu cuerpo?
—No lo sé… otro colega, tal vez.
Entonces otra vez la voz del chico:
—¿Creen que vamos a morir?
—En mis años de experiencia, nunca he recibido alguna persona que haya muerto por quedarse en un elevador.
Eso sí parece calmarlos un poco. A ver, tal vez no debió suceder, digo… lo de dejar que se calmaran, porque… aunque no veo nada, se escuchan sonidos de besos bastante cachondos, y de nuevo, el chico, comienza a hablar:
—¿Sabes? Si morimos aquí, significa que estaremos juntos por toda la eternidad.
Y ese es mi sueño más grande, estar contigo por el resto de mi vida.
Tal vez ya no vamos a vivir esa vida que tanto soñamos, pero nuestro amor nos acompañará hasta el más allá y si algún día reencarnamos, voy a encontrarte.
Nico se ríe, no lo hace escandalosamente, se ríe quieto y en silencio.
Yo me doy cuenta porque mi espalda está pegada a él y entonces con mi codo le golpeo el torso.
Él me agarra el brazo con su otra mano y también entrelazo mis dedos con los suyos.
Nos quedamos así un rato más, escuchando como estos dos se dedican palabras de amor eterno.
Esto debería ser considerado tortura medieval.
Es mi karma por haber llevado a Samuel a la fiesta de Valentina.
Cuando finalmente regresa la energía eléctrica y las puertas del elevador se abren, ellos dos son los primeros en salir corriendo, seguido lo hacemos Nico y yo, pero con más calma.
Me doy cuenta de que todavía estoy sosteniéndole la mano, así que lo suelto una vez que estamos llegando a mi puerta.
La pareja hot se está besando apasionadamente en la entrada del piso continuo, hasta les cuesta abrir la puerta, cuando lo hacen siguen besándose, cierran de un portazo y ya.
—Okey, algo me dice que hoy tampoco me dejan dormir.
—Eso me suena a envidia.
Y me giro hacia Nico.
—¿Envidia por qué? No hay nada que no pueda provocarme yo sola.
Él esboza una sonrisa, se acerca más a mí para entregarme el trípode y viéndome a los ojos, responde:
—Igual tú sabes que no es lo mismo, pulguita. —Detengo el impulso de querer tragar saliva y en su lugar suelto una risita irónica. —Buenas noches.