CAPÍTULO 6 #2
Antes que se pierda de aquí, porque tiene ganas de hacerlo, le doy el regalo que le había comprado que no son gafas.
Benja y la chica se habían levantado de la mesa con Nico y ahora están de espaldas a nosotros pidiendo unas bebidas en la barra.
Samuel se aleja y lo veo acercarse a la novia de Benjamín y darle un abrazo.
Le dice algo al oído y después me mira a mí.
—Luciana, ella es Nina. Nina, ella es mi hermana. —No.me.jodas. A ver, que yo no sé si ella ya me conozca a mí, pero espero que no. Me extiende la mano al mismo tiempo que ve de mí a Valentina y yo la saludo también. —Y él es su novio, Benjamín.
Ah, mira nada más… entonces ya tiene etiqueta y todo.
Entonces Benja, quién se había mantenido de espalda a los dos, se gira y mira de mí a Samuel.
—Nina y yo ya nos conocíamos.
Entonces Samuel me da un vistazo a mí, a ver que aquí hay un montón de escenas incómodas pasando en segundos, pero a esta le resto importancia y le digo que sí. El silencio es incómodo; bueno, para ellos.
—Puedes… pueden sentarte donde quieran. —Habla Valentina, por fin. Entonces finjo buscar una mesa viendo alrededor, pero mis ojos caen en la mesa en la que está Nico y me dirijo a él:
—¿Te importa si nos sentamos aquí?
—La verdad sí.
—Bueno. —Entonces tiro de una silla exactamente frente a él y me siento manteniendo el contacto visual con Nico, está a punto de esbozar una sonrisa, pero lo detiene la presencia de Samuel quién, titubeante, toma el lugar al lado de los dos; aunque entre ellos se ignoran.
—Así que… —Habla Samuel, casi en un susurro y cerca de mi oído. —¿Conoces a Benjamín?
—Sí, estudiamos juntos un máster en Marketing. —Y no le estoy mintiendo, no me está pidiendo más detalles, así que el resto me lo voy a guardar. Además, que él parece bastante incómodo y no es precisamente por Benjamín; digo, tiene a Nico casi al lado. —Oye ¿Estás bien?
—Sí, solo estoy cansado, es viernes y las fiestas de cumpleaños no son lo mío. No me malinterpretes ¿Sí? Me gusta estar contigo. —Nico mira de mí a él. Samuel no soporta mucho, se pone de pie y me pregunta: —¿Quieres algo de tomar?
—Sí, gracias. —Entonces se va y quedamos solo Nico y yo. Cuando veo que el sujeto en discordia se ha alejado lo suficiente y no hay nadie más alrededor que pueda escucharnos, le pregunto: —¿Tú sabías que la novia de Benjamín es la hermana de este tipo?
—¿Tú crees que Benjamín va a contarme que sale con la hermana de un sujeto con el que me ponen el cuerno? Benja me cuenta solo el veinte por ciento de su vida y no me importa, no es como que yo le cuente la mía tampoco.
Mientras está diciendo esto, está manipulando su celular, en ese momento el mío suena y veo un mensaje suyo con las instrucciones de la aplicación que voy a descargarle a Samuel.
Las leo cuidadosamente, porque es muy probable que solo tenga una oportunidad y esto no vuelva a repetirse.
Veo a Samuel charlando con su hermana… o más bien parecen discutir.
Me pongo de pie cuando ella se da media vuelta y cuando llego a él, suelto:
—Oye ¿me prestas tu celular? La batería del mío se murió y necesito llamar a mi abuelo, si no le contesto es capaz de rastrearme y venir a buscarme hasta aquí… botar la puerta y todo eso.
Mi abuelo ni siquiera tiene un teléfono.
—Sí claro… —Titubeante se saca el celular. —Solo déjame contesto un correo que tengo pendiente.
Okey, yo no nací ayer, sé que está borrando todas las conversaciones que se supone que yo no debería ver. Ni siquiera estaba pensando en revisarle las conversaciones, pero ahora me dio curiosidad. Una vez que “envía el correo”, me entrega el móvil.
—Iré al baño, aquí hay mucho ruido ¿Vienes conmigo? Claro, tú esperas afuera. —Y camino al lugar se me ocurre la conversación más random : —Bueno, en realidad a quién tengo que llamar es a mi amiga, a mi abuelo no le gustan los teléfonos y ella vive en su casa.
—¿Tu abuelo vive con tu mejor amiga?
—Dicho de esa forma suena bastante mal, pero no… mi abuelo está casado con su abuela y ella vive con ellos, es a eso que me refería.
—Okey, me habías asustado. —Es la primera vez que lo veo reírse, desde que llegamos aquí.
En fin, entro al baño y cierro la puerta, le envío un mensaje a Francia desde mi número pidiendo que no conteste —digo, tengo que hacer esto lo más real posible ¿no?
—. Envío el link que me dio Nico y se lo descargo en el teléfono a Samuel, toma menos de un minuto y cuando me envía el confirmado a mi teléfono, elimino la app del teléfono del tipo y ahora sí finjo llamar a Francia y aunque la respuesta de ella a mi texto son dos signos de interrogación, no contesta.
Lo intento tres veces más. Entonces salgo del baño, miro a Samuel aguardando ahí y le entrego el celular.
—Muchas gracias, no contestó.
—Espero tu abuelo no bote la puerta entonces. —Además, me da el vaso con la bebida que se supone es para mí. Yo no dije cuál quería y él pidió la más fea que encontró, aunque él se la toma como agua. De todas formas, le agradezco la intención.
Cuando regresamos a la mesa, Nico sigue ahí pero esta vez con Valentina, ella está en el lugar en el que antes estaba Samuel.
Se pone de pie al vernos y dice que va al baño.
Yo tomo mi silla de antes y Samuel se sienta un rato en la otra.
Casi de inmediato me dice que tiene que atender una llamada urgente.
Creo que la llamada urgente es la novia de otro.
Estaba deseando esto para ver si la app va a funcionar.
Entonces, una vez que él ya no es visible, le doy mi teléfono a Nico.
No sé qué es lo que hace y no quiero preguntar.
Cuando me lo devuelve, veo un punto rojo y a medida que avanza hay dos.
No entiendo esto, pero asumo que esos son Samuel y Valentina.
—¿De dónde sacaste esta aplicación?
—Conozco a alguien que estudió en Harvard.
—Nunca me había sentido tan tóxica. —Nico se ríe, bloquea la pantalla y se guarda el celular. Además, le doy la bebida fea que me dio Samuel… digo, lo único que falta es que los dos tengan los mismos gustos horribles en alcohol.
—Te vas a dar cuenta cuando te mienta, ya no te vas a aburrir.
—Le da un sorbo a la bebida y arruga la cara.
—¿Qué diablos es esto? —Okey, no tienen los mismos malos gustos.
Le digo que no lo sé, que Samuel la pidió y me la devuelve.
—Por cierto, fui a ver tu auto. Había un trípode en la cajuela, no sé si lo utilizas o no, pero me lo traje.
—Ah, por Dios. Había olvidado por completo mi trípode ¿Lo tienes en tu apartamento?
—Lo ando en la camioneta, pasé por el taller antes de venir aquí. —Tomo el vaso que él tiene en frente porque… bueno, quiero saber qué cosas le gustan tomar a él. —Cuando quieras irte me avisas para llevarte.
—No tienes que quedarte aquí con tu “novia” hasta… no sé… ¿media noche?
—No, yo tengo que levantarme temprano mañana.
—¿Sabes? Entiendo por qué te pone el cuerno. —Le doy un sorbo a su bebida y es algo suave, dulce y tiene muy poco o casi nada de alcohol. —Te vas de cualquier lugar donde está ella y la dejas con suficiente tiempo para que se vaya a ver a otro.
—Pensé que me dirías que era porque el tipo ese es agradable, inteligente…
—Bueno… también. —Ni yo me lo creo.
—La persona que es fiel, va a serlo, aunque la veas una vez al mes. La fidelidad es cuestión de valores. No hay excusa. Yo respeto el espacio y el tiempo de los demás, si alguien me dice que no puede verme, jamás se me ocurriría irme con otra persona.
Cuando le devuelvo su bebida me pregunta si quiero una y yo le digo que sí. Entonces se pone de pie y se va a la barra, miro mi celular y veo los dos puntos rojos en la app, la llamada urgente ya se alargó bastante. Nico regresa, me pone la bebida en frente y una vez que se sienta, le pregunto:
—¿Estás enamorado de Valentina?
—¿Estás enamorada de Benjamín?
—Yo te pregunté primero.
Entonces pone su brazo sobre la mesa y me reta:
—Me ganas en fuerza y yo contesto primero, si pierdes contestas tú.
—No me jodas. Ni con todo el peso de mi cuerpo podría derrotarte, Nico.
—¿Tan poca fe te tienes?
Entonces lo hago, también pongo mi codo sobre la mesa y tomo la mano de Nicolás.
A ver, que la mano de Nico es tal vez el doble más grande que la mía.
La diferencia es injusta, aun así lo intento, con esa mano y con la otra también…
como ya mencioné, con todo mi peso. Él ni siquiera está poniendo resistencia y cuando lo hace me derrota, sin tanto esfuerzo y suelta una risa.
—No tienes que contestarme, sé que no estabas enamorada de Benjamín.
—Y tú qué sabes.
—Cuando estás enamorada de una persona no le dices que terminarte es lo más sensato que ha dicho.
—¡Ah! Así que le estabas poniendo atención a mi discusión con Benjamín.
Entonces mira por sobre mi cabeza y se recuesta en el respaldar de su silla. Siento la mano de alguien sobre mi hombro y cuando lo miro es Samuel. Él no se sienta, solo se inclina y me dice:
—Tengo una emergencia y tengo que irme, no quiero arruinarte la noche y sé que viniste conmigo ¿Quieres que te lleve ahora o tal vez…
Lo interrumpo:
—No, estoy bien, puedes irte.
—¿Estás segura? Porque yo te traje y me siento responsable de llevarte con bien de regreso a tu casa…
—Yo la llevo. —Lo interrumpe Nico y los dos lo vemos a él. —No te preocupes, yo la llevo, vivo cerca.
Entonces algo pasa ahí… algo que no puedo descifrar y es la mirada entre Nico y Samuel. El último se vuelve a mí y habla de nuevo:
—Puedo esperar un poco, hasta que estés lista y te llevo.
—¿No tenías una emergencia? —De nuevo Nicolás. —Ya te dije que yo puedo llevarla.
De nuevo la mirada entre los dos. Nico es como dos personas distintas, la que me habla a mí y la que le habla a los demás, esa segunda parece que tiene ganas de matar a todo el mundo y Samuel quiere hacerle resistencia.
—No te preocupes. —Hablo yo cortando la tensión… o al menos es lo que intento. —Nico puede llevarme. Ve y atiende tu emergencia.