Bendito Karma CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

E sta vez sí logro dormir toda la noche.

Al parecer necesitaba una humillación de parte de una aplicación de citas, acabarme el resto del vino y molestarme una vez más con Benjamín al ver las fotos de la boda de su hermana y encontrármelo ahí en al menos dos.

Creo que entre más rápido termine el trabajo de Andrea mejor ¿No?

Pero entonces me tuve que quedar dormida y ahora tendré que seguir torturándome otra noche.

Lo primero que hago después de despertarme es ver mi celular.

Me doy cuenta de que Benjamín todavía no me borra de sus redes sociales, porque tengo una notificación suya sobre alguna fotografía nueva que subió.

No abro la notificación, pero de todas formas al entrar a mi perfil me encuentro dicha foto y es una selfie de Benja con la chica rubia de anoche.

A ver… debería solo ignorar esta publicación y ya ¿No?

Pues noooo… a mí se me ocurre verla y darle click a la etiqueta…

y sí, es el perfil de ella. Me doy cuenta de que se llama Luciana y hago memoria por si alguna vez Benja la mencionó, pero nada se me viene a la mente.

Su perfil es privado, pero hay dos cosas que se pueden ver perfectamente: Uno, que es la Gerente de una empresa petrolera; dos, en su actual foto de perfil hay un comentario de Benjamín.

A ver, tampoco es algo sugerente, él solo menciona el lugar dónde ella se encuentra y la chica le responde que sí con un emoticón de risa.

Okey, sí hay algo un poco más sugerente después, él le respondió que la próxima vez que visite ese lugar será con él y el comentario es de hace dos días. O sea, la noche que me terminó y, exactamente, una hora antes de llegar al restaurante. Maldito Benjamín.

En fin, creo que mejor voy a levantarme.

Escucho silencio en el resto del apartamento.

Tal vez Mariana ya se llevó todas sus cosas…

ojalá… pero no, salgo de mi habitación y me doy cuenta de que todavía hay dos cajas en el pasillo.

Voy a llamarla, pero escucho murmullos en la cocina, cuando me acerco más me doy cuenta de que Mariana sí está y también están Tyler, su novio y la voz de alguna amiga suya que no logro reconocer.

Qué suerte que esto de tener personas extrañas en mi apartamento ya va a terminarse.

No debería escuchar conversaciones ajenas, pero escucho a Mariana decir mi nombre y ya no puedo evitar quedarme.

—Sí, así como oyes, al tonto de Benjamín se le ocurrió llegar con Luciana a la boda de Andrea y Nina estaba ahí.

—¿De verdad?  ¿Pero no es que ya habían terminado el viernes? —Esa es la voz de la otra chica. A ver ¿Es qué todas las amigas de Mariana tienen que saberlo todo? —Bueno, sí está medio pendejo, pero se le perdona.

—Sé que es mi primo y que no debería decir esto, pero… ¿acaso no podía esperarse para al menos no ser tan obvio? Entiendo que ya estaba desesperado por terminar con Nina y comenzar una relación con Luciana, pero llegar de la mano de ella… ¿al día siguiente? Por Dios.

—¿Entonces la dejó por Luciana?

—A ver, no es que la dejó por Luciana. —Interrumpe Tyler esta vez.

—Era obvio que esa relación entre Nina y Benja no iba para largo, él mismo me dijo que no se veía con Nina por mucho tiempo.

Le gustaba, sí, pero hasta ahí. —Benjamín es un hijo de puta.

Tyler hace una pausa y después agrega: —A ver, Luciana es más del tipo de Benjamín, es la gerente de una empresa.

Sinceramente, nunca lo había visto tan entusiasmado por una mujer como ahora.

—De todas formas, pudo asegurarse de que llegara bien ¿No? La dejó en un restaurante en las afueras de la ciudad y era casi media noche ¿Qué tal si le pasaba algo? Fue Nico quién la trajo.

—¿Nico? ¿El Nico que conocemos? ¿Nico trajo a Nina? —Tyler suelta una risita, entonces me pego más a la pared para escuchar:

—Sí ¿Por qué?

—Porque ninguno de esos dos se cae bien. No me quiero imaginar cómo fue el trayecto desde ese restaurante hasta aquí.

—Nico es el médico forense ¿No? ¿El papasito que vive en el edificio de en frente? —Interrumpe la otra chica. —¿Me lo puedes presentar?

Los dos, Mariana y Tyler sueltan una risa. Él le responde:

—Podría, pero tendrías mucha suerte si logras sacarle más de dos palabras a Nico, en serio.

Entonces mi celular suena provocándome un susto de muerte y se me cae, deja de sonar y es muy probable que hasta ya me quedé sin teléfono.

Mierda. Recapitulando, yo estoy del otro lado de la pared, así que recojo el móvil de inmediato y entro a la cocina fingiendo que no estaba escuchando su conversación.

—Buenos días. —Me voy directo al refrigerador sin ver directamente a ninguno de los de los presentes.

Ellos contestan lo mismo al unísono y después de sacar una botella de agua, los miro.

Por supuesto que ninguno está hablando ya, solo están comiendo cereal en mi comedor.

—No voy a estar en todo el día, puedes dejar tu llave en la mesa.

Mariana me dice que sí.

—Ya casi me voy, si quieres puedo darte un aventón a dónde vayas.

—No, pero gracias, mi auto ya está bien.

—¿Lo llevaste al taller?

—Sí.

Y salgo del comedor.

En el camino a mi habitación me cercioro de que el teléfono funcione.

Necesito tomar una ducha y camino al baño veo las historias de mis contactos y me topo con una de Nico, es una fotografía donde parece estar en el gym, sin camisa y la subió a las cinco de la mañana ¡Las cinco de la mañana, madre mía!

No puedo evitar ponerle atención a los tatuajes, el del brazo derecho le cubre desde la muñeca hasta el pecho y el del brazo izquierdo le llega hasta el codo; además, el espejo de atrás refleja el que tiene en la espalda. Le comento la historia:

«Pareces un muro víctima del vandalismo»

Nico tiene cada músculo del cuerpo perfectamente tonificado ¿Cómo no?

Si se ejercita hasta los domingos a las 5 de la mañana, por Dios.

Cuando me doy cuenta de que me he quedado viendo la foto más tiempo del que debería, bloqueo la pantalla y mejor me meto a bañar.

Cuando estoy terminando, escucho la notificación en mi teléfono y cuando salgo veo la respuesta de Nico:

«Uno donde nunca va a estar tu nombre»

Para: Nico

«¿Me estás retando?»

De: Nico

«Sí.

Me tumbas en un combate de Muay Thai y me tatúo Nina en la frente».

Yo ni siquiera sé Muay Thai.

Escucho un golpe en la puerta y después la voz de Mariana quién dice que ya casi se va, quiero gritar ¡Por finnn! pero no lo hago; en su lugar, tomo una calada de aire y abro la puerta con la mejor cara que puedo hacer a esta hora, le respondo que le deseo un buen viaje y ella repite:

—Ya sabes, si algún día necesitas ayuda, no dudes en llamarme o a… —A cómo diga Benjamín… —Benjamín. —Ah, por Dios. —Habló contigo ayer, ¿no?

—Mariana, de verdad agradezco tu intención, pero ya te lo dije, yo no necesito de ti o de Benjamín. No sé qué es lo que él te ha dicho, pero yo he vivido aquí desde mucho antes de que tú llegaras y jamás he necesitado de Benjamín o de alguien más.

Ella solo asiente y yo después de decirle una vez más que espero que le vaya bien, esbozo una sonrisa que se disipa al mismo instante que cierro la puerta.

Ruedo los ojos y salgo por la otra que va directo a mi habitación.

Termino de arreglarme y cuando ya estoy lista para irme todavía la escucho hablar en su recámara.

Tomo mi bolso, las llaves de mi auto y salgo de ahí bajo la mirada de esa otra amiga suya que está bastante cómoda en mi sofá.

En fin, cuando llego al elevador, me encuentro a la misma pareja del otro día.

Ah, carajo.

Otro viaje largo desde este piso hasta el primero.

Cuando las puertas se abren y ellos pasan, casi de inmediato ella se monta a horcajadas sobre él y comienzan a besarse ¿Será este algún fetiche?

No lo sé. Entro y sin querer hago contacto visual con el tipo quién justo en ese momento ha abierto los ojos.

De inmediato miro en otra dirección, pero estamos en un espacio reducido con espejos.

Las puertas se abren finalmente y yo salgo casi disparada en dirección al parqueo.

Desactivo la alarma de mi vehículo, abro la puerta y una vez frente al volante, lo enciendo.

Sí, funciona. Cierro, tomo una calada de aire y lo pongo en marcha de retroceso para salir de ahí.

A ver, a ver, no puede ser tan difícil. Logro salir despacio, después giro y ya estoy camino hacia la entrada, pero entonces veo los autos pasando a toda velocidad frente a mí.

A ver, solo tengo que buscar el momento exacto para meterme en la carretera y ya está. Lo intento una vez, pero me detengo; una vez más y el siguiente auto está muy cerca; una tercera vez y ya me sudan las manos. Mierda. Un intento más y el claxon de un vehículo provoca que casi me dé un infarto.

Mejor me voy caminando.

Me regreso y lo dejo cómo estaba. Salgo del edificio y de inmediato caigo en cuenta que a pie no llego ni de coña.

Me detengo y le hago parada al primer taxi que veo, pero me ignora.

Maldita sea. Intento con otro y pasa lo mismo.

Maldición. Saco mi teléfono para ver si alguno puede pasar a recogerme; pero entonces, en el momento que levanto la mirada, veo la camioneta de Nico y cuando creo — más bien espero — que no me haya visto, comienza a cambiar de carril.

Se detiene en frente, baja la ventana y lo primero que dice es:

—¿Dónde está tu auto?

—Adentro.

—¿No funciona?

—Sí, pero… —A ver, que tampoco le voy a decir a Nico que no pude meterme en el tráfico. —Olvidé mi licencia y no quiero regresarme. —Hace un ademán para que suba del lado del copiloto y para evitarme más preguntas, lo hago.

Sobre el asiento está una chaqueta de cuero, suya me imagino, la tomo y la dejo sobre mis piernas para ponerme el cinturón. Nico no pone en marcha el auto, lo único que dice es:

—Sé que estás mintiendo.

—No estoy mintiendo.