CAPÍTULO 2 #3
Mejor comienzo a guardar mis cosas para irme, me estoy muriendo de frío. Nico tiene extendido el brazo sobre la mesa, su mano está cerca de dónde puse mi cámara y sin querer me fijo en las letras que tiene al dorso del dedo meñique, es un nombre y tengo que leer dos veces para entenderlo.
—¿Sofía? —Él me mira y después le da un vistazo al lugar donde tiene el tatuaje. —Guao, tienes tatuado el nombre de una mujer.
—¿Celosa?
—Si yo fuera tu novia, ya te hubiera tatuado el mío yo misma. —Nico suelta una risita y responde:
—Qué suerte que no eres mi novia. —Y yo le digo que yo también estoy agradecida de no serlo. —Y bueno, no es una mujer, no todavía. Es mi hermanita de ocho años, perdí una apuesta y me retó a tatuarme su nombre.
—O sea, una niña de ocho años te ganó una apuesta. —Y él dice que sí. —¿Y por qué una persona en sus treinta's tiene una hermanita de ocho años?
—Supongo que eso pasa cuando tienes una madre joven.
Entonces me llega la confirmación del Uber a mi teléfono y al parecer Nico alcanza a ver.
—¿Qué pasó con tu auto? Tenías uno ¿No?
—Sí y no. No enciende y no he tenido tiempo para llevarlo al taller.
—¿Lo tienes en el parqueo de tu edificio? —Le digo que sí con un gesto. —Voy a verlo. Vamos te llevo.
—¿Aparte de descuartizar cuerpos? ¿También eres mecánico? ¿Quién te crees? ¿Barbie?
Entonces dirige toda su atención a mí y cruza ambos brazos sobre la mesa, además se inclina hacia mí acercando más su rostro y me dice:
—No me hagas arrepentirme, Nina. Estas ofertas no se las hago a cualquiera.
Y yo hago lo mismo que él acaba de hacer: Cruzar mis brazos sobre la mesa, inclinarme a él y cerca de su rostro decirle con sarcasmo:
—Ah mira ¡Qué afortunada soy! —Tomo mi teléfono y pongo la pantalla frente a él. —Pero mi Uber ya está en camino.
Me quita el celular y lo cancela. No me da tiempo ni de protestar. Bueno sí lo hago, pero hasta que me entrega el teléfono y me doy cuenta de que me tomará otra media hora para que alguien más venga a recogerme.
—¿Qué… diablos?
—Escúchame pulga, estoy aburrídisimo y necesito una excusa para irme de aquí.
Y se pone de pie, ni siquiera espera mi respuesta y, bueno, ahora no tengo otra opción más que Nicolás, es él o esperar otra media hora aquí...
o más. Mierda. En fin, sí voy a tener que irme con él, así que aprovechando el bullicio de la gente y que nadie precisamente nos está poniendo atención me despido de los novios y al salir del lugar veo que Nico ya me está esperando.
Maldito Nico.
Me abre la puerta del auto, toma mi equipo y lo deja en el asiento trasero.
—¿Y Valentina?
—Dice que no hay problema. Además, estas son sus amistades, no mías.
Bueno, en fin, otro día encerrada con Nicolás y su música con significado dudoso.
Y sí entro. Qué suerte que este trayecto no es largo y que tampoco esté lloviendo y que la calle frente a mi edificio no se esté inundado, así que una vez que llegamos me bajo antes que a él se le ocurra venir a ayudarme, la camioneta de Nico es alta, así que prácticamente me tengo que tirar y solo me queda fingir que no me doblé el pie intentándolo.
Camino con Nico hasta el parqueo… más bien, él camina y yo corro detrás de él, porque…
bueno, un paso de Nico es como tres de los míos, cuando lo nota se detiene y merma el paso para caminar a la par mía, pero ya estamos llegando a mi coche así que saco la llave de mi bolso y desbloqueo el vehículo.
—Aquí está. —Le digo, aunque ya debió haberse dado cuenta, porque es el único que encendió las luces.
Nico abre la puerta, me pide la llave y...
bueno, mi llavero es de Pucca ¿Okey? Y es de felpa.
Se lo entrego. Solo lo mira, arruga el entrecejo, esboza una sonrisa, pero no dice nada.
Toma el lugar frente al volante e intenta encender el auto sin éxito. —¿Lo ves?
—Déjame revisar algo. —Sale y abre el capó.
Me dice que va a su camioneta y ya regresa.
Y así es, cuando vuelve trae una linterna y una herramienta.
No entiendo qué es lo que hace, aunque finja que sí.
Está alumbrándole a algo y yo solo estoy poniendo ojo, aunque no sé a qué.
—¿Puedes sostener esto? —Cuando ve que no lo hago, agrega: —Por favor.
Ahora sí.
Entonces ahí estoy, sosteniéndole la linterna a Nico frente al capó de mi propio auto, dice que es algo sencillo, a ver... ¿qué exactamente es sencillo para él? No me atrevo a preguntar. Solo miro que limpia algo, después acomoda otra cosa, cierra el capó, regresa al vehículo y lo enciende.
Y sí, esta vez no se apaga.
—Listo.
—Después de todo sí eres como Barbie ¿Qué más puedes hacer bien?
—Averígualo.
Cierra la puerta, activa la alarma y me entrega las llaves, todo esto bajo un contacto visual que yo no pienso romper ¿Bajarle la mirada a Nico?
Jamás. Es entonces cuando mi celular suena y el de él también.
Me saco el móvil de la cartera y me doy cuenta de que es una notificación de la aplicación citas, es mi primer match y, resulta y acontece, que es Nico.
Tengo que ver dos veces para cerciorarme si en realidad la persona con la que me hizo match es el Nicolás Bernabéu que tengo en frente.
En ese momento él suelta una carcajada y con la misma sonrisa cínica de siempre, rechaza la solicitud de match y se va, así tal cual.
Maldito Nicolás.
Y maldita aplicación de citas.