Bendito Karma CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

—¿Puedes decirle que se apure? No voy a retrasar ni un minuto de mi boda por su culpa.

—A ver... ahora cómo le digo que... es probable que hasta ya me haya bloqueado de todos lados.

Qué bueno que no tengo que hacerlo, porque de inmediato, agrega: —No, olvídalo, sigamos con esto, sino aparece, pues no va a salir en ninguna foto y ya está.

Y no apareció.

Al menos no para las fotos.

Solo quedan unos minutos para la ceremonia y a Benjamín es como si lo tragó la tierra.

Y eso me parece perfecto. Estoy probando el otro lente de mi cámara fotografiando la entrada del jardín cuando veo una camioneta conocida estacionarse en frente.

Nico desciende de ella. Lleva un traje completamente negro y corbata gris.

Lo estoy viendo a través del lente y él al verme esboza una sonrisa, bajo la cámara cuando se está acercando y con tono sarcástico, dice:

—Buenas tardes, pulga. No pareces alguien que lloró toda la noche por su ex.

—El pastel que te robaste ¿No te provocó una indigestión?

—No, hasta te guardé un pedazo. —A su respuesta burlesca le suma un guiño, pero no me da tiempo de responderle, porque veo el auto de Benja aparcarse al otro lado de la camioneta de Nico.

Del vehículo no solo baja él, sino también una mujer rubia y elegante del lado del pasajero.

Cuando ella rodea el coche y llega hasta él, Benjamín le extiende su brazo para que ella lo tome.

A ver... a ver... ahora mismo estoy trabajando, que me hierva la sangre en otro momento; además, Nico está casi a la par y me lo recuerda cuando suelta una risita y dice:

—Mejor voy a enviarte otro playlist .

A ver ¿qué es peor? ¿Qué tu ex se aparezca con otra en la boda de su hermana? ¿O que se aparezca con otra en la boda de su hermana frente al amigo de él que se enteró que te dejó en un restaurante cerca de un cementerio? Lo segundo, claro. Y que, además, lo más probable es que Nico ya lo sabía.

No hay momento más incómodo que ese contacto visual post-ruptura y de la mano de otra mujer.

Él lo sabe, yo también, él intenta soltar su antebrazo de la mano de la chica y yo solo me doy media vuelta alcanzando a Nico quién está viendo en qué mesa va a sentarse.

—¿Entonces sí sabías que me estaba poniendo el cuerno?

—No te estaba poniendo el cuerno, no que yo sepa.

—Eso no es verdad, no traes a la boda de tu hermana a una mujer a la que acabas de conocer ¿Verdad?

—Bueno, sé que es amiga de Andrea, por supuesto que iba a invitarla a su boda, si te puso el cuerno con ella no lo sé.

—¡Hombres! —Incluso hago énfasis en esa palabra. —Bueno, igual no me lo dirías.

—Pensándolo bien, sí lo haría. Uno, para burlarme; dos, porque si alguna vez alguien se entera que mi novia me es infiel, preferiría que me lo dijeran.

La conversación termina ahí — por el momento — porque la ceremonia ya va a iniciar y también la novia de Nico, Valentina, llega al lugar.

Ella parece buscarlo con la mirada y al momento de encontrarlo levanta su mano como saludo y después a mí, en el momento que camina hacia nosotros, se detiene y se va en dirección a Benjamín, además también saluda a la chica que lo acompaña.

—¿Así que hasta Valentina la conoce? A ella sí la invita a sus paseos en la playa ¿verdad?

—No, Valentina y ella se conocen desde hace un tiempo, al igual que con Andrea ¿Desde cuándo? No sé, nunca le he preguntado.

Me saco el celular y le pregunto:

—¿Cómo se llama?

—¡Oh, mira! esa es tu dignidad saliendo por la puerta.

No me da tiempo de contestar, porque la persona encargada de la ceremonia ya está hablando y yo me ubico en el lugar dónde tengo que estar.

Es una boda pequeña, íntima y elegante, así que no necesito de mucho para que las fotografías se vean espectacular.

Una vez que el acto se acaba, la hermana de Benja se acerca a mí y me pregunta si puedo tomar una foto más ahora que Benjamín finalmente se dignó a aparecer.

Le digo que sí y en el momento que me dirige al lugar donde quiere que sea la fotografía, me dice en un susurro:

—No sabía que Benja y tú ya no estaban juntos. Los puse en la misma mesa, pero voy a cambiarlos ¿Ok? Benjamín no me había dicho nada y él sabía desde hace semanas quién iba a estar en cada mesa.

—No te preocupes, total no creo que vaya a sentarme.

No me escucha, solo la veo alejarse, hablarle a uno de los camareros y él se va a retirar un papel que, cabe mencionar, es la misma mesa de Nico.

Solo espero que sea a mí a quién retiran, pero no...

cuando veo el papel, me doy cuenta de que el nombre que lleva es el de Benjamín y entonces soy yo la que queda frente a Nicolás.

Benja ya está esperando para la foto con su hermana, qué suerte que solo acepte una, pero qué mal que su hermana me pida editarla y ponerlo en la que le tomé a toda su familia junta. Alguien llama a Andrea y se va, entonces solo quedamos él y yo. Mierda. Y se me acerca. Otra vez: mierda.

—La verdad es que no esperaba que vinieras, Nina.

—Tengo un contrato con tu hermana desde hace meses y eso ya lo sabías.

—Sí, pero pensé que le dirías que ya no y ya.

—¿A ti te parece que yo vengo aquí a jugar?

—Bueno, solo son fotos… —¡Por Dios! Que alguien se lleve a Benjamín de aquí, por favor. —Escúchame... solo quería disculparme por lo de ayer ¿Ok? Sé que no debí dejarte ahí, pero me alegro de que hayas llegado bien y...

—¿Terminaste?

—Oye, no tenemos que odiarnos solo porque ya no estemos en una relación, fue un año juntos, podemos ser amigos.

¿Qué carajo? A ver, a ver... ¿estoy alucinando? ¿o en un sueño? ¿o ya me morí y este es el infierno del que hablan?

—¿Amigos? ¿Quieres que... tú y yo... seamos amigos? —Y me río sarcásticamente cuando él afirma con la cabeza. —¡Sí, claro! Oye ¿Y no quieres que también vayamos por un café? ¿O de shopping como mejores amigos?

Sí que notó el sarcasmo, porque le acaba de cambiar el gesto por completo, está apretando la mandíbula y toma una respiración profunda solo para soltar:

—Es que contigo no se puede, en serio. Estoy intentando hacer las cosas bien y...

—se detiene cuando mira hacia un punto detrás de mí y cuando yo giro hacia ese lugar, me doy cuenta de que la chica que lo acompaña nos está viendo, ella de inmediato quita la mirada y yo también.

Benja se aclara la garganta, recompone la expresión y dice: —Te veo por ahí, creo.

—Bien.

Y se va.

Suelto un suspiro y me doy media vuelta, entonces es ahí donde me encuentro con la mirada de Nicolás, él ve de Benjamín a mí, suelta una risita y continúa hablando con Valentina. Definitivamente, esta va a ser la noche más larga de mi vida si tengo que sentarme en esa mesa.

Por suerte no tengo que hacerlo por un buen tiempo, es hasta que ya todo está casi terminando que decido tomar el reto de sentarme con Nicolás.

En el camino me detengo en la mesa de los postres, tomo un platito y la pinza al mismo tiempo que estoy terminando mi perfil en la app de citas que Nico mencionó, una vez que presiono «guardar» me envía una notificación avisándome que buscarán el match perfecto para mí ¡Ja!

En fin, intento tomar uno de los pastelitos, pero se resbala y cae de regreso en la bandeja.

Hay alguien a mi lado, a quién no le he puesto mucha atención hasta este momento que toma la pinza de mi mano y dice:

—Te ayudo. —El sujeto que todavía no sé cómo se llama, recoge el postre que ya había tomado, además me pregunta si quiero alguno de los otros y cuando le digo que sí, procede a ponerlos en mi plato. —¿Tú haces todo esto sola? —Habla. —Digo, las fotografías.

—Así es.

—Me encanta. Tal vez no te interese, pero tengo un amigo que dirige una revista y está buscando una fotógrafa ¿Crees que te animas?

—Ni siquiera me deja contestar, se saca algo en el bolsillo y agrega: —Bueno, si a un caso decides que sí, te daré mi tarjeta, solo me llamas y yo le daré tu número a él. Soy Samuel, por cierto.

Y me entrega la tarjetita de presentación. Le doy un vistazo y veo que sí se llama Samuel y que, además, es agente de bienes raíces.

—Gracias… Samuel. Voy a pensarlo. —El sujeto toma el platito con los postres y me pregunta dónde está mi mesa, estoy a punto de decirle que yo puedo ir sola, pero al ver que ya avanzó y solo me está esperando a que lo dirija, entonces lo llevo a la mesa dónde están Nico y Valentina.

Cuando nos acercamos, ambos lo ven a él y él también los mira a ellos.

—Supongo que ya conoces a Nico y Valentina. —Digo, todo mundo ya debe de conocerse aquí.

—A Valentina. —Dice él, deja el platito y saluda a la chica quién, de inmediato, dice:

—Él es Nico, mi novio. —Entonces Samuel le extiende la mano a Nicolás, quién se pone de pie y le devuelve el saludo. Vuelve a sentarse, pero antes a Valentina se le ocurre decir: —Es amigo de Nina.

Entonces los dos al mismo tiempo decimos:

—No es mi amigo.

—No soy su amigo.

Valentina y Samuel nos miran y yo me siento en el lugar que me corresponde, le pregunto a Samuel si quiere sentarse con nosotros, pero él dice que no, que ya está por irse.

Valentina se pone de pie y le dice a Nicolás que va a saludar a Andrea porque no le había dado tiempo de hacerlo en todo el día.

Entonces solo quedamos Nico, Samuel y yo.

—Bueno, yo tengo que irme. Fue un gusto conocerte, Nina y también a ti, Nico. —La respuesta de Nico es solo un "ajá". Samuel da unos pasos y después se gira un poco solo para decirme: —Oye, si te decides, no dudes en llamarme ¿Okey?

—Sí, lo haré. Gracias.

Entonces ahora solo somos Nico y yo.

—¿Para qué quiere que lo llames?

—Para intentar venderme una casa tal vez, no sé, es agente de bienes raíces.

Nico se ríe un poco, hay algo en la sonrisa de Nico que la hace jodidamente atractiva.

Todavía no sé qué es, tal vez es que tiene los dientes blancos y perfectos, o que sus colmillos sobresalen un poco más, o puede ser la forma de sus labios o los hoyuelos que se le forman en cada mejilla, no lo sé y ¿qué diablos hago pensando en la sonrisa de Nicolás?