CAPÍTULO 21 #3
—Sí —respondió agachándose a buscar el pintalabios e intentando ocultar las marcas—. Me he torcido el tobillo, pero no es nada.
Se irguió sin poder encontrar la barra de labios y siguieron adelante, no podía arriesgarse a delatarse y que las hiriera.
El sol se había ocultado y solo quedaba un leve brillo sobre sus cabezas que no alumbraba el camino por el que pasaban. Rebeca no tenía idea de hacia dónde se dirigían, no conocía Baltrium; esperaba que al menos Verónica supiera dónde se encontraban.
Caminaron un par de minutos más, cuando Kyle por fin se detuvo frente a lo que parecía el acceso a una cueva. Ojeó por la abertura y llamó a Amadeo, esperaba que ya estuviera ahí. No era así, de modo que tuvo que abrir él mismo la entrada.
—Pasad —las invitó—. Rebe, ¿me ayudas?
Cuando Rebeca vio dónde se encontraban, se le hizo un nudo en el estómago. El lugar era frío y estaba tan oscuro que tropezó con Verónica al avanzar.
Mientras él colocaba correctamente la piedra de la entrada, Rebeca le hizo un gesto de silencio a Verónica y metió la mano por debajo de la chaqueta para intentar quitar el glubbit que tenía en el hombro, pero de pronto Verónica la empujó, alejándola justo cuando Kyle se volvía en dirección a ellas.
Este impidió que Rebeca se golpeara contra la pared y le devolvió el empellón a Verónica hacia el interior de la galería sin miramientos.
Ella sabía, por lo que le había contado Víctor, que las personas de Baltrium y los otros reinos tenían una vista más desarrollada que la de los humanos normales, así que imaginaba que tanto Verónica como Kyle eran capaces de moverse por el interior de la cueva con menos torpeza que ella.
Para avanzar, Rebeca extendió el brazo buscando a tientas la mano de Kyle para que le enseñara el camino.
—Víctor está ahí dentro —dijo haciendo que tocara una abertura que sin duda era una entrada rudimentaria y recién construida—. Me encargaré de Verónica y buscaré algo para iluminar.
La dejó en la entrada y se alejó llevándose consigo a Verónica, que intentaba gritar llamando a sus hermanos con miedo. Rebeca estaba segura de que podía ver en qué estado se encontraban y cada vez parecía más preocupada.
No pudo esperar, sus ojos ya se estaban acostumbrando a la escasez de luz y, aunque no veía con nitidez, advirtió que en la pared opuesta a la que ella se encontraba, en el suelo, había un cuerpo esposado; al no haber una puerta, para que los rehenes no escaparan debía mantenerlos encadenados a la fría roca.
Durante el trayecto en coche, Kyle le había dicho que, para retener a los hermanos, había usado glubbits antiguos, lo que significaba que cabía la posibilidad de que anularan sus dones para siempre.
No sabía dónde tenía Víctor el suyo, pero intentaría quitárselo, igual que con Verónica.
Cuando llegó hasta él, se dio cuenta de que se encontraba en mal estado, su piel ardía y estaba cubierta por una capa de sudor, los brazos colgaban de las cadenas inertes y su respiración era rápida y superficial.
Recorrió el cuerpo febril de Víctor intentando encontrar el glubbit, sin éxito. Le levantó la cabeza para ver su rostro cubierto de sudor; aun así, su corazón volvió a latir apresuradamente.
Escuchaba cómo Verónica se debatía para impedir que la encadenasen a la pared y eso le dio más tiempo.
—Víctor, despierta —rogó acariciándole la mejilla cubierta por una barba oscura—. Cariño, soy yo. Estoy aquí. —Él intentó hablar, pero las palabras no salieron—. Dime dónde tienes el glubbit, por favor.
—¿Becky? —susurró.
—Sí, Víctor, soy yo. Tienes que decirme dónde está el…
—Lo siento, no quise hacerte daño. Te quiero, Becky, perdóname por todo lo que te dije.
—Eso no importa ahora, dime dónde te puso el glubbit, Víctor; si no, no podré ayudarte.
—La espalda.
Rebeca lo rodeó con los brazos, palpando a ciegas la espalda helada de Víctor, ya que lo único que llevaba era una fina camisa con algunas partes desgarradas por el roce con la piedra.
Escuchó cómo se cerraban los gruesos grilletes alrededor de las muñecas de Verónica y se puso nerviosa, necesitaba encontrar el glubbit.
Siguió subiendo las manos hasta que lo localizó, estaba justo entre los omoplatos, pero tenía la piel circundante inflamada y ardiendo.
No podía quitárselo; aun sin verla, sabía que la zona cerca del glubbit se había infectado.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—No puedo sacarlo, lo siento.
—No importa. Te he vuelto a ver una vez más. Te quiero, Becky.
—Y yo a ti, Víctor. Te amo. —Lo besó con dulzura.
—¡Zorra mentirosa! —bramó Kyle al entrar en la celda de Víctor y verlos juntos.
Rebeca se separó de Víctor al instante y distinguió la silueta de Kyle acercándose. La agarró del pelo y de un tirón la alejó de Víctor, golpeándola contra el suelo, se giró y con un duro puñetazo hizo un corte en el rostro de Víctor, que quedó colgado de las muñecas como un muñeco de trapo.
Kyle volvió a golpearlo, pero Rebeca se levantó y vio claramente el ataque; sintió tal ira que solo pensaba en abalanzarse sobre él.
Sin saber cómo, se encontró literalmente saltando sobre Kyle, lo mordía y arañaba apuntando siempre a los ojos y al cuello, no entendía lo que le estaba pasando y, tras un segundo de duda, salió empujada al exterior de la celda.
—¡Vaya, vaya! No me puedo creer que lo hayas hecho —dijo con sorpresa Kyle, asimilando lo que acababa de ocurrir—. Eres una gatita mentirosa y peleona.
Salió de la celda, acercándose poco a poco a Rebeca, que lo miraba y bufaba desde el suelo; al escucharlo, se observó el cuerpo y se dio cuenta de que se había transformado en una gata con las patas peludas y blancas como la nieve.
Dio unos pasos hacia atrás alejándose de Kyle, que la observaba con odio; al fin y al cabo, lo había engañado para que la trajese y él se había tragado sus palabras por puro orgullo.
Rebeca no sabía qué hacer, nunca se había transformado e ignoraba cómo volver a su estado normal; salió corriendo en busca de Verónica, si llegaba hasta ella a lo mejor podía quitarle el glubbit.
Cuando llegó hasta ella, se dio cuenta de que, ahora, tanto el labio como su mejilla tenían un corte.
Verónica la miró sin dar crédito mientras Rebeca le arañaba el hombro para separar el glubbit de su piel.
Kyle llegó justo en el momento en que el metal caía al suelo; abrió mucho los ojos al ver la sonrisa de Verónica antes de convertirse en una loba, escapando así de los grilletes.
Mientras Verónica se desprendía de su ropa, Kyle salió de la celda seguido de Rebeca y entró en la de Vins, que era la más cercana. No logró sacar el arma para apuntarlo; Rebeca se abalanzó sobre él para ganar algo de tiempo, necesitaba que Verónica se liberase pronto.
Kyle se deshizo de Rebeca al mismo tiempo que Verónica entraba en la celda y se abalanzaba sobre él derribándolo, pero justo antes de conseguir que soltara la pistola, un disparo resonó entre las paredes de la cueva.
Verónica mordió y arañó a su primo, procurando alejarlo de sus hermanos y conducirlo nuevamente a su celda para intentar utilizar con él el glubbit que había colocado estratégicamente, antes de acudir en ayuda de Rebeca.
Cuando ambos estuvieron dentro del habitáculo donde la había encadenado, Verónica volvió a su forma humana, sorprendiéndolo durante un segundo al verla desnuda luchando contra él; ella aprovechó el descuido para derribarlo y tomar el glubbit, pero un ruido que provenía de la entrada de la cueva los distrajo.
Kyle sonrió triunfal; aparte de él, Amadeo, su padre y su hermana, nadie más conocía el lugar, de modo que solo podía significar que Amadeo estaba de vuelta y que lo ayudaría a reducir a su prima.