CAPÍTULO 21 #2
—Lo sé, me lo dijo; sin embargo, vosotros sois más importantes, Baltrium, sus gentes, su familia… —Se miró las manos como había hecho hacía tres días, mientras hablaba con Víctor, y más lágrimas brotaron de sus ojos.
—¿Estás segura?
—No —ironizó—, solo he decidido partirme el corazón pensando que el hombre al que amo me ha dejado diciéndome que no soy buena para él, su familia y su hogar. —Verónica puso los ojos en blanco con exasperación.
—¿Te dijo algo más?, ¿estaba nervioso o preocupado?
Rebeca se devanó los sesos intentando recordar lo que había pasado, le costó mucho, aunque al final se dio cuenta de algunos detalles que se le habían escapado.
—Estaba nervioso, como impaciente. Se presentó aquí, dijo que teníamos que hablar y que no podía esperar.
—¿Qué te dijo exactamente?
Rebeca tuvo que armarse de valor y fuerzas para rememorar aquel día tan doloroso; si con eso podían recuperarlo, lo haría. Ella misma iría a Baltrium y lo pondría patas arriba si era necesario.
—Que había hablado con los consejeros y que decidieron que no era buena para él; cuando le pregunté si opinaba igual me dijo que estaba pensando en lo mejor para todos.
Tenía la voz monótona, como si lo que decía no fueran sus palabras.
—Empezó a hiperventilar, hasta que sintió la mano de Verónica en su hombro—.
Al preguntarle si me quería —notó la tensión en la mano que la sujetaba—, respondió que debía que proteger a quienes le importaban.
—Te mintió, nadie ha dicho nada en tu contra en Baltrium. ¡Maldita sea! —gruñó poniéndose en pie—. Escribe a Erik, tiene el teléfono taeriano de Víctor; dile lo que me has contado y que voy a su casa.
—¿Qué está pasando, Verónica? Cuéntamelo ya.
—No hay tiempo. Tengo que encontrar a mis hermanos.
—En ese caso, voy contigo. —Tomó una chaqueta y el bolso que colgaba detrás de la puerta y la abrió. Llegó al salón y encontró a su hermano—. Necesito que nos lleves a Cartagena ahora mismo.
Félix la miró sin comprender y entonces se fijó en Verónica, se puso de pie de un salto, se cambió de calzado y cogió las llaves. No preguntó los motivos de tanta urgencia y ambas chicas lo agradecieron, no había tiempo para explicaciones complicadas que estaban seguras de que él no entendería.
Salieron sin mediar palabra. Verónica no podía contarle lo que estaba pasando con su hermano delante, así que le pidieron que las dejase en el puerto para hablar de camino al piso.
Verónica le contó grosso modo lo que había pasado con sus parientes: querían hacerse con el trono de Baltrium y habían sido ellos quienes habían atacado a Erik, también habían dejado a una chica en el hospital para poder llevarse a Vins.
Seguramente, Víctor la dejó para protegerla de ellos y lo atraparon ese mismo día.
—¿Cómo podían conocer mi existencia?
—Tengo la teoría de que alguien dentro del castillo los ayuda. —Llegaron a casa de Víctor—. ¿Le has escrito a Erik?
—Sí, pero no sé si lo va a poder leer.
—Lo hará, te lo aseguro.
Por suerte, la entrada del edificio estaba abierta y no tuvieron que llamar, tomaron el ascensor y, una vez arriba, descubrieron que la puerta del piso se encontraba entreabierta.
Verónica fue la primera en entrar. No se escuchaba nada; aun así, iba con precaución, sabía de lo que eran capaces sus familiares.
A pesar de ello, al llegar al salón, un brazo salió de detrás de una esquina y la golpeó en la cara, apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió que unas manos la sujetaban por los hombros.
Durante un segundo pudo ver a su agresor, antes de que este le propinara un revés que le partió el labio.
Verónica intentó defenderse, hasta que notó cómo algo se le clavaba en el hombro.
Miró hacia atrás buscando a Rebeca, pero no la encontró.
Volvió su atención a su primo, que la sujetaba, y le dio una patada que aflojó su agarre; no la soltó, solo consiguió que tirara de ella para guardar el equilibrio y acto seguido sintió que colocaba algo alrededor de su muñeca.
Intentó golpearlo con la mano que tenía libre, pero él era más rápido que ella y, tras esquivar su ataque, le retorció los brazos llevándolos a su espalda y terminó de cerrar los grilletes.
Rebeca vio cómo, de espaldas a ella, el atacante reducía a Verónica, le clavaba algo en el hombro y posteriormente la esposaba.
Durante el breve enfrentamiento había ido a la cocina y, armada con una escoba, intentó golpear al hombre que retenía a Verónica; sin embargo este se giró en redondo y la detuvo antes de que lo tocase.
Rebeca reconoció el rostro del hombre que tenía delante y soltó su arma improvisada por la sorpresa.
—¿Kyle? ¿Qué haces…?
—Vaya, Rebeca, no sabía que te encontraría aquí —respondió sorprendido.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Os conocéis? —preguntó Verónica desde el suelo desconcertada por la familiaridad con la que hablaban.
—Rebe y yo tenemos una historia, ¿verdad?
A Rebeca le estaba costando asimilar lo que ocurría, ¿sería él uno de los familiares de los que le había hablado Verónica? No sabía cómo actuar. Miró a Verónica buscando ayuda, aunque solo encontró ira.
—¿Eres tú quien los ayudaba? ¿Cómo? ¿Por qué?
—No, pero habría estado bien conocernos en otro momento, ¿no es cierto, Rebe?
—Supongo. —Intentó aprovechar esa confianza con la que él le hablaba para obtener información—. Me ha sorprendido verte aquí. ¿Quién eres? ¿Qué buscas?
—A mi prima —respondió, aclarando las dudas de Rebeca.
Poco a poco, una idea se fue formando en su cabeza, pero no sabía si iba a funcionar, tenía que arriesgarse.
—E imagino que tu plan es cambiar a los tres hijos de los reyes de Baltrium por el trono, ¿me equivoco? —Verónica la miró sin dar crédito.
—Efectivamente, ese es el plan. ¿Cómo lo has sabido?
—Mi excuñada me ha contado que Vins y Víctor están desaparecidos, y tú la buscas a ella…
Tampoco es muy difícil de suponer. —Se encogió de hombros—.
Se aprende en primero de humano: «Pasos para una extorsión exitosa».
—Sonrió esperando que el comentario sobre la maldad humana lo hiciera acercarse más.
—Para ser taeriana, no estás mal.
—¡Él confiaba en ti, todos lo hacíamos!
La voz de Verónica los interrumpió y ambos la miraron, Rebeca vio que Verónica sinceramente parecía triste y no daba crédito a la conversación. A lo mejor eso podía ayudarla. Aunque lo que dijera a partir de ese momento podría jugar en su contra, debía intentarlo.
—¡Él me dejó porque no os fiais de las personas de Taera!
Si al menos les dierais un voto de confianza o la oportunidad de conocernos, igual os llevaríais una sorpresa.
¡Pero no! Es mejor preguntar cinco cosas y con eso romper o no una relación; o peor, hacerlo por mayoría popular, «que levante la mano quien quiera que esta pareja siga adelante»—ironizó.
Verónica la miraba sin comprender.
—Pues ¿sabes qué? A lo mejor a Baltrium le hace falta un cambio, uno en el que los nuevos reyes —miró de soslayo a Kyle, que estaba boquiabierto— conozcan a los taerianos y no les tengan miedo.
—No sabes de lo que estás hablando —respondió Verónica decepcionada.
—¿De verdad piensas eso? —preguntó Kyle acercándose a ella.
—¡No lo sé! —suspiró—. Lo único que sé es que Víctor me dejó por sus estúpidos prejuicios.
Sin querer, las lágrimas empezaron a brotar y Kyle la abrazó para consolarla.
—Yo nunca te haría eso —dijo con voz dulce—. Ya pasó. —Rebeca sorbió por la nariz y se separó de él—. ¿Te gustaría verlo y decirle todo el daño que te ha hecho?
Lo había conseguido. Sonrió justo cuando Kyle buscaba su mirada para animarla y se arrepintió de hacerlo, pues podía echar a perder todo lo que había avanzado.
—¿Para qué? —preguntó convirtiendo la sonrisa en una amarga—. No serviría de nada.
—Tal vez para dejarlo atrás y pasar página.
—¿Me llevarías con vosotros? —Kyle asintió—. ¿Te importa que me arregle un poco? No me gustaría salir con estas pintas. —Antes de abandonar el salón, le echó un vistazo a Verónica, que seguía sin creer lo que estaba escuchando.
Kyle ayudó a Verónica a ponerse en pie mientras aguardaban a que Rebeca saliese del baño.
No había esperado encontrarse con Rebeca en esa situación y menos aún que se pusiera de su parte, pero sabía que una mujer dolida podía ser una completa arpía, tal como estaba demostrando; ese sería su golpe final al corazón de la casa real de Baltrium.
Por suerte, estaba seguro de que ella no sabía que había sido él quien había obligado a Víctor a abandonarla; de lo contrario, Rebeca ahora no se habría puesto de su parte.
Cuando todos estuvieron listos, dejaron el piso y se dirigieron en el coche de Víctor en dirección a la entrada de Baltrium.
Kyle las guio por el sendero de la montaña con una pistola oculta en la ropa que apuntaba a Verónica, quien llevaba una chaqueta para que nadie viera las esposas ni el pequeño hilo de sangre que emanaba de su hombro.
Con cuidado de no ser vistos, Kyle atravesó la cortina de lianas y tiró de Verónica, Rebeca fue la última en cruzar y se aseguró de que no había nadie cerca.
En Baltrium, todo estaba muy tranquilo; el sol se ocultaba y los árboles proyectaban largas sombras, el viento soplaba y los pájaros volaban entre las ramas.
Kyle amordazó a Verónica antes de emprender el camino y las guio por entre las rocas para que nadie los pudiera ver desde el bosque; además, las obligaba a permanecer agachadas mientras avanzaban.
Apenas hablaron durante el trayecto y Rebeca lo prefería, ahora estaba más cerca de volver a ver a Víctor.
No sabía hacia dónde se dirigían, solo que Kyle parecía más confiado y ya no las obligaba a ocultarse tanto. Por su parte, a Rebeca le preocupaba que los mensajes no le hubiesen llegado a Erik. Esperaba que sí; de lo contrario, las marcas que estaba dejando en las rocas no servirían de nada.
Siguieron avanzando, no sabía cuánto faltaba y le inquietaba que su pintalabios se acabase antes de llegar.
—¡Mierda! —se quejó cuando la punta se rompió y cayó al suelo.
—¿Estás bien? —preguntó Kyle. Rebeca lo miró preocupada.