Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 21
92%

CAPÍTULO 21

Habían pasado ya tres días desde que sus hermanos habían desaparecido. Verónica estaba histérica e irascible sin saber en qué lugar podían encontrarse y, para colmo de males, sus padres no la dejaban salir sola por temor a que le ocurriese algo.

Todo el reino estaba volcado en encontrarlos, nadie tenía ninguna pista de cómo habían desaparecido, salvo lo que había dicho Kleo, una de las personas que ayudaban a su madre a cuidar los jardines y que fue la última en ver a Vincent.

Según Kleo, dos hombres los habían atacado; aunque ella intentó pedir ayuda, no pudo escapar y tuvo que luchar junto a Vins, pero no pudieron con ellos y después de un golpe, que hizo que perdiera el conocimiento, despertó en el hospital y aún le costaba recordar bien lo sucedido.

Verónica había empezado a sospechar que alguien del castillo había sido el responsable de las desapariciones, por más vueltas que le daba no se le ocurría otra respuesta; sus dos hermanos estaban dentro cuando desaparecieron y, hasta donde sabía, ninguno de los dos tenía pensado salir.

Vins trabajaba en su proyecto y Víctor le había dado a Rebeca un teléfono dornia para poder hablar con ella sin exponerse a cruzar los puentes.

En ese momento se dio cuenta de que Rebeca no había intentado contactar con él, no había noticias de ella desde que se fue y de eso habían pasado días, ¿tendría algo que ver con lo que estaba ocurriendo?

No, descartó esa idea con una sacudida de la cabeza.

Ella desconocía la existencia de Baltrium cuando conoció a Víctor, no podía saberlo.

Y su hermano no los dejaría sin una explicación y menos después de que toda la familia ya la hubiese aceptado.

Siguió paseando de un lado a otro de su habitación, cavilando qué podía hacer.

Estaba harta de esperar y de estar encerrada sin poder hacer nada, las únicas personas a las que veía del exterior eran su amiga María y su hermano Erik.

Él iba al castillo cuando tenía un poco de tiempo libre en el hospital para saber si había alguna noticia de Víctor y era el único que la ayudaba a sobrellevar el encierro y paliar la frustración que sentía mientras entrenaban juntos.

Verónica había progresado mucho desde que empezaron, y eso se debía a que ahora estaba más motivada, por lo que lo hacía cada vez mejor.

—Estoy cansada de esperar, Erik, no puedo más —dijo mientras se dirigían a la sala de entrenamiento—. Permanecer aquí, de brazos cruzados, está consiguiendo que pierda la cabeza, tengo que actuar.

—¿Y qué has pensado? —preguntó mientras se quitaba la chaqueta, ponía un poco de distancia entre ellos y se preparaba.

—Si te lo digo, ¿prometes que me ayudarás?

—No puedo si eso te pone en peligro, Víctor me mataría si te llegara a pasar algo por mi culpa; y, sinceramente, yo tampoco me lo perdonaría.

—Si para que mis hermanos vuelvan tienen que pensar que me encuentro en peligro, lo haré, al menos para saber dónde están. —Empezó a atacar—. No entiendes cómo me siento.

—Víctor es como un hermano para mí. —Esquivó un golpe y devolvió un revés que Verónica apenas pudo evitar.

—¡Entonces ayúdame! —exigió cada vez más enfadada, descargando su preocupación golpe tras golpe.

—Haré lo que pueda, sin embargo, si intuyo que estás en peligro avisaré a la guardia y a tu padre —la avisó, consiguiendo que Verónica lo atacase con golpes más certeros y potentes.

Normalmente Erik se contenía cuando trabajaba con Verónica, pero, en ese momento, la preocupación de la chica se percibía en cada movimiento, golpe, revés y patada que propinaba; de modo que él no tuvo otra opción que recurrir a todas sus técnicas para detenerla y calmarla.

Tras un puñetazo dirigido sin cuidado a su rostro, Erik la tomó por la muñeca y, desviando el golpe, le retorció el brazo, pasó por debajo y, colocándose detrás de Verónica, se lo sujetó a su espalda; cuando se vio atrapada, envió un codazo hacia atrás que Erik bloqueó y la agarró con fuerza para impedir que se moviera.

Ella forcejeó para soltarse, mas el abrazo con el que la mantenía era firme y no pudo zafarse.

—No sé qué planes tienes, aunque intentaré ayudarte, ¿de acuerdo? —Verónica dejó de moverse.

—Tengo que ir a Cartagena, comprobar al menos si Víctor está allí.

—Te daré algo de tiempo, pero sabes que tengo que avisar de tu partida. —La soltó y ambos se acercaron a la pared.

—Iré al piso de Cartagena, a lo mejor Víctor se encuentra ahí, ajeno a todo lo que está pasando.

—Se escuchó un ruido cerca de unas puertas, aunque no le prestaron más atención—.

Sé que tienes que dar la alarma y que seguramente te castigarán, la verdad es que eres el único en el que puedo confiar. —Se sentaron en el suelo.

—¿Cuándo tenías pensado irte?

—Después del entrenamiento. —Otra vez un ruido, pero esta vez parecían pasos alejándose—.

Shhh. Nadie puede saberlo. —Se levantaron y abrieron la puerta, sin embargo, no vieron a nadie.

Verónica la cerró y tomó de las manos a Erik—.

Espero que no tengas nada que ver —empezó; al ver la cara de desconcierto de Erik, prosiguió—: Creo que alguien dentro del castillo ayuda a mi tío y mi primo.

—¿Por qué lo dices? —preguntó bajando el tono.

—Víctor y Vins estaban en el castillo cuando desaparecieron. Además, está siendo muy difícil dar con mis parientes por más que los buscamos, no pueden esconderse durante tanto tiempo sin que nadie los ayude o los alerte.

—Ambos pueden cambiar de forma —le recordó—, quién sabe lo que habrán hecho para ocultarse.

—Tienes razón. —Volvieron al centro de la sala—. Ayúdame, vamos a continuar.

—No, terminaremos el entrenamiento por hoy y así tendrás más tiempo antes de tener que avisar a tus padres.

—¿Qué les dirás?

—No lo sé.

—Puedes decir que te dejé fuera de combate porque no quisiste ayudarme en mi empeño. —Erik rio.

—Aunque has avanzado mucho, aún te queda un largo camino para dejarme KO, nadie se lo creería.

—Dame tiempo. —Él asintió sin dejar de sonreír.

—Diré que querías buscar a tus hermanos y te habías planteado escaparte, pero hablamos y te quité esa idea de la cabeza. Al terminar el entrenamiento me quedé intranquilo, así que le pedí a María que te llamase y, como no contestaste, vine a avisar de que era posible que te hubieses marchado.

—Me gusta. —Ella se alejó para salir.

—Espera —la detuvo sujetándola del hombro—, ten mucho cuidado.

Ve a hablar primero con Rebeca y cuéntale lo sucedido, seguramente no sepa nada; además, así podemos estar en contacto.

Tengo el móvil que Víctor usaba en Taera, si tienes alguna pista o lo encuentras, escríbeme, saldré al otro lado en cuanto crea que es prudente. —Verónica sonrió.

—Tendré cuidado, gracias.

Verónica se alejó con rapidez, intentando que nadie se fijara en ella y así escabullirse a su dormitorio.

Mientras tanto, Erik volvió al interior de la sala de entrenamiento y, tras cerrar las puertas para que no lo vieran, siguió ejercitándose él solo para ganar tiempo; sabía que no podía tardar mucho en avisar, ya que así también se aseguraba de preparar la ayuda si Verónica la necesitaba.

Había pasado más de una hora desde que saliera de su casa y por fin había llegado a la de Rebeca.

Voló buscando una entrada; por suerte, vio que la ventana de la habitación de Rebeca estaba abierta, ella tumbada en su cama con un libro entre las manos y lágrimas en los ojos.

Sin pensárselo dos veces, entró y se posó a sus pies.

Rebeca la vio y el llanto se intensificó.

—Hola, ¿vienes a decirme otra vez que no soy lo suficientemente buena? —preguntó Rebeca pensando que se había colado por su ventana un pájaro normal.

—No sé por qué dices eso —respondió Verónica volviendo a su estado normal.

—¡Pero qué narices…! —gritó Rebeca—. ¿Qué haces aquí?

En lugar de responder, Verónica tiró de la manta de la cama para cubrir su cuerpo; Rebeca abrió el cajón y rebuscó en busca de ropa que dejarle a su excuñada. Al final se decantó por unas mallas de lycra negras, un top de deporte, una camiseta blanca y unas deportivas.

—Estoy buscando a Víctor —respondió mientras se vestía.

—Entiendo, pero eso no explica por qué estás en mi habitación. —Dicho esto, corrió y cerró la puerta con pestillo—. ¿Me lo puedes explicar?

—Estoy aquí por Víctor, ¿sabes dónde está?

—¿Por qué habría de saberlo? Me dejó claras sus prioridades.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Verónica con miedo.

—¡Venga ya, Verónica! Estoy segura de que tú fuiste de las primeras que votaron que me apartara de él. No sé qué fue lo que hice mal; aunque claro, imagino que solo os molestaba mi procedencia. —Rebeca estaba enfadada y por fin podía gritarle a alguien.

—Mira, no sé de qué demonios me estás hablando, yo estoy aquí porque mis hermanos llevan tres días desaparecidos y nadie sabe de ellos.

—Rebeca la observó sin comprender—. Vine a verte pensando que tenías alguna información, pero veo que no, ha sido una pérdida de tiempo.

—Se giró hacia la ventana para marcharse.

—¡Y una mierda! —reaccionó Rebeca y la detuvo del brazo—. ¿Qué significa eso de que están desaparecidos?

La paciencia de Verónica estaba llegando a su límite.

—A lo mejor en Taera «desaparecido» significa una cosa distinta. Nadie los ha visto desde hace tres días y tampoco es que te hayas preocupado por Víctor, si me permites que te lo diga. Se suponía que lo querías, ¿no? Y ni siquiera te has dado cuenta.

—¿Tres días? —repitió con apenas un hilo de voz, dejándose caer en la cama.

Al ver su reacción, Verónica se asustó; no sabía qué había pasado, lo que estaba claro era que Rebeca tenía algo que ver.

Se arrodilló delante de ella y la sacudió por los hombros para que dejara de farfullar palabras que no era capaz de entender.

—¿Te encuentras bien? —Rebeca la miró con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Sabes algo de Víctor? ¡Joder, céntrate y dime qué pasa!

—¡Él me dejó hace tres días!

—Eso es imposible, él te quiere.