Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 20 #2
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CAPÍTULO 20 #2

—¡Premio! Quería conocer a la candidata a futura reina de Baltrium. —Sus palabras dejaron en shock a Víctor—. De ti depende que no le pase nada. Yo solo quiero lo que me corresponde.

—¡El trono de Baltrium no te pertenece, ni a ti ni a tu padre!

—Eso es lo que tú dices, pero aquí en Taera el trono es para el primogénito, y ese soy yo.

—A lo mejor lo sería si tu padre hubiera sido el rey, y no es así. No os corresponde nada.

—¡El trono debió ser de mi padre por derecho de sucesión! ¡No tenía ningún gemelo!

—Te recuerdo que estás hablando del trono de Baltrium, no de Taera, aquí esa ley no es válida. Y después de lo que hizo…

—No quiero discutir, primo, si no que decidas: o Rebeca o tú.

—Se escuchó un bufido—. Es muy fácil, tú rompes con ella para que no te espere ni te busque y ya está.

—Sonrió mientras aguardaba una respuesta—.

Así que debes hacerlo bien. Luego te reunirás conmigo en tu casa de Cartagena.

Confírmame la dirección para asegurarme de que estamos de acuerdo —se regodeó—.

No es que no la sepa —mintió—, es un acto de cortesía.

—Si rompo con ella, ¿tú qué ganas?

—Que vuelva al mercado. Imagino que sabrás lo atractiva que es, muchos hombres se pueden fijar en ella…

No eres el único que lo ha hecho. —Que la dejara o no era lo de menos, pero así se aseguraba de saber exactamente el momento y el lugar donde encontrarlo solo y vulnerable, para que su captura fuera más sencilla.

A Víctor se le heló la sangre al escuchar esas palabras, ¿podría ser que Kyle estuviera interesado en ella? No lo creía posible, ¿o sí? Su primo había pasado mucho tiempo en Taera y Rebeca era una chica preciosa… Debía hacer algo, no podía dejarla en sus manos, tenía que alejarla de él.

—De acuerdo, lo haré. ¿Qué pasará con Rebeca?, ¿la dejarás?

—Lo que pase con ella depende de ti y de lo a salvo que la dejes. —Rio.

Víctor escuchaba a su primo con el alma en vilo y los puños apretados por la ira, nunca se imaginó que Rebeca se encontraría en peligro.

«Tendré que hacerle mucho daño», pensó Víctor, no sabía cuáles eran los límites de Kyle; aún recordaba las heridas que había sufrido Erik a manos de esos locos, y no quería imaginarse lo que le podrían hacer a Rebeca.

—Por cierto, se me olvidaba: no le digas a nadie lo que vamos a hacer. De lo contrario, me enteraré y nuestra querida Rebeca podría sufrir las consecuencias.

Víctor le dio la dirección de su casa con resignación, tenía que sacar a Rebeca del punto de mira de Kyle. La comunicación se cortó en cuanto terminó.

No sabía qué hacer, ¿cómo dejaría a Rebeca?

La amaba demasiado, ninguna otra mujer lo había hecho sentirse tan vivo y bien consigo mismo.

Ella lo quería y lo eligió, no por su estatus, sino por su personalidad.

Había aceptado feliz y sin tapujos todo lo que le había contado acerca de él y siempre le mostraba su lado más dulce.

Pero no podía ponerla en peligro, no cuando sabía que Kyle podría hacerle daño en cualquier momento.

Su primo le había dicho que, si se lo contaba a alguien, él se enteraría, ¿significaba eso que tenían a una persona infiltrada en el castillo que les pasaba información?

Tenía que averiguarlo, sin embargo, no podía hablar con nadie, de modo que escribió un mensaje a Vins, sabía que él era capaz de guardar las apariencias y ser cuidadoso a la hora de hallar a quienes ayudaban a sus parientes.

Tras enviar el mensaje, salió en dirección a los puentes con sigilo, esperaba que nadie lo viese.

No tardó en llegar y, sin vacilar, cruzó las enredaderas que daban paso a Cartagena; una vez allí, corrió deprisa hasta tomar un taxi y fue directamente a su piso, tenía que estar preparado para cuando Kyle viniese, no lo encontraría sentado ni le pondría las cosas fáciles.

Escondió todas las armas que pudo y otras las dejó en lugares estratégicos para poder usarlas; una vez terminó, cogió su coche y fue a casa de Rebeca.

Casi era la hora de comer cuando llegó. Antes de llamar, se transformó en pájaro y observó el interior de la casa de la mujer por la que renunciaría a su vida.

Los hermanos de Rebeca estaban terminando de cocinar y ella preparaba la mesa, se la veía tan relajada y feliz que se odiaba a sí mismo por lo que iba a hacerle, pero no tenía otra opción; no le cabía la menor duda de que Kyle estaría vigilándola para saber si cumplía con su parte del trato, no podía advertirle de ninguna forma.

Mirándola moverse tan serena pensó en pedirle perdón por todo y que ella volviera a mirarlo con esos ojos radiantes y esa sonrisa deslumbrante que a él tanto le gustaba.

Suspiró y regresó al coche para vestirse, tenía que mantenerla a salvo.

—Hola —saludó secamente cuando Rebeca abrió la puerta—. Tenemos que hablar.

—Ahora mismo íbamos a comer, ¿te apuntas? —lo invitó con una sonrisa.

—No. Tenemos que hablar, es muy importante —repitió serio y la sonrisa desapareció del rostro de la chica.

—Están mis hermanos, ¿no puede esperar?

—No, Rebeca, no puede. Soy consciente de la hora, sin embargo, tengo que decirte algo ya; de lo contrario, habría venido más tarde.

—De acuerdo —contestó con una voz tan fría como el hielo—. Pasa. —Se giró a sus hermanos, que saludaron a Víctor—. Ahora vengo, dadme un momento.

—No te preocupes, nosotros vamos a ir a la tienda a comprar helado —dijo Félix, que había oído su conversación en la puerta.

Los hermanos de Rebeca cerraron la puerta de la casa a la vez que ella se sentaba en la cama y esperaba en silencio a que Víctor hablara.

—¿Me puedes decir qué ocurre? —preguntó al ver que no se decidía a hablar.

—Tenemos que dejar de vernos. —Ella parpadeó un par de veces sin comprender sus palabras—. He hablado con los miembros del consejo y piensan que no eres buena para el reino, así que han decidido que será mejor que dejemos nuestra relación.

—Lo han decidido ellos, pero ¿qué piensas tú?

—Debo pensar en lo mejor para todos.

—¿Y es esto? —preguntó sin creer lo que estaba diciendo Víctor. Después de su declaración en la cascada, no podía asimilar que ahora se diese por vencido tan pronto.

—Además, ahora todos en Baltrium saben que eres de Taera y nadie te quiere allí, así que ya no podemos estar juntos.

—No soy buena para los consejeros ni para el reino, tampoco lo soy para tu hermana…

—enumeró—. Ni para la gente que no me conoce siquiera.

No creí que esto pasaría. —Hablaba casi para sí misma—.

Tal vez antes de conocer la verdad… Marina estaba en lo cierto.

—Rio sin ganas—. Habría sido mejor que no volvieses y que me dejases sin explicación, habría podido seguir adelante sin sentir lo que siento a pesar de eso, ¿sabes?

—Lo miró a los ojos—. Prefiero que me lo digas ahora y saber lo que opina la gente de mí y no cuando fuera tarde.

—Tenía la voz tensa, por momentos la perdía, intentando no derrumbarse.

Tragó saliva y respiró pausadamente para poder continuar—.

Aunque ellos piensen que no lo merezco y que no soy digna de confianza, quiero que estéis bien.

No le contaré a nadie vuestro secreto. Pero dime una cosa.

—Agachó la cabeza y se apretó las manos, apoyadas en su regazo—.

¿Lo que me dijiste en la cascada era verdad?

—¿Por qué quieres saberlo? —Se encogió de hombros.

—Por saber si hay alguna esperanza.

—¿Tú qué crees? —Los ojos de Rebeca lo miraron con un brillo de ilusión, sin embargo, Víctor comprendía que tenía que destruir toda confianza; así que, mientras respondía, su corazón se partió a la vez que rompía el de la mujer más extraordinaria que había conocido—.

Quizá lo fue en ese momento, mas ya no es así, he de preservar a quien me importa.

—Con esa última frase, la primera lágrima de Rebeca rodó por su mejilla, sin saber que ella era la persona a quien más quería proteger.

—Vale. —Fue lo único que dijo con un hilo de voz, se hundió más en el colchón y aguantó las lágrimas hasta que Víctor abandonó su casa.

Antes de llegar al coche, Víctor rompió a llorar como un niño pequeño, le había roto el corazón a la mujer con la que quería compartir el resto de su vida y, de paso, había hecho lo mismo con el suyo. Ahora entendía a Vincent y lo que sufrió en su momento.

Buscó las llaves en los bolsillos con dificultad, ya que las lágrimas apenas lo dejaban ver, y se quedó de piedra al ver otro rostro reflejado en el cristal del coche, justo detrás de él.

Se secó las lágrimas y giró en redondo para encarar a un hombre un poco mayor que él que sonreía de oreja a oreja. Llevaba un chándal gris suelto, su pelo estaba alborotado y tenía una mirada triunfal; apenas tuvo tiempo a reaccionar antes de que Kyle sacase un arma del bolsillo.

—No te muevas, primo —dijo apoyando la pistola en el vientre de Víctor—. Ha sido una actuación fantástica —lo elogió—. Ahora que nos vamos entendiendo, haz lo que yo te diga.

—¡Jodido cabrón!

—Eso no es propio de un príncipe, aunque pronto dejarás de serlo y podrás decir todas las palabrotas que quieras. —Señaló el coche—. Volvamos a casa.

Víctor se giró para entrar en el vehículo, pero en ese momento sintió cómo algo se le clavaba en la espalda y le producía un dolor lacerante. Kyle se subió a su lado y, sin dejar de apuntarle con el arma, cerró la puerta e hizo señas para que emprendieran la marcha.

—No te quejes tanto, pronto empezará a actuar la analgesia. No me he podido hacer con uno de los de Baltrium, así que tendrás que conformarte con este glubbit; aunque es antiguo, funciona.

Víctor lo miró asustado, ya que los antiguos glubbits podían arrebatar toda la capacidad de transformación. Obedeció y arrancó, tenía que llegar a casa para saber en qué estado se encontraba su espalda.

Kyle se sorprendió por la dirección que estaban tomando para volver a casa de Víctor, ya que se encontraba muy cerca del hotel del puerto donde se hospedaba.