Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

Kyle estaba enfadado.

La tarde anterior lo tenía todo listo para seguir a Víctor hasta su piso y encontrar a toda la familia real sin protección; sin embargo, al llegar a casa de Rebeca ella ya no estaba.

Esperó varias horas, sin que apareciera; molesto, regresó al hotel para descansar, volvería a la mañana siguiente para saber qué había pasado en la cena.

Eran cerca de las doce de la mañana cuando Kyle había regresado a casa de Rebeca, al no encontrarla pensó que habría dormido en la de su amiga y que volvería pronto, aunque no fue así; al llegar, escuchó a su hermano contarle a alguien que Rebeca había salido temprano.

—Maldita fuera Rebeca y su facilidad para escabullírsele de entre los dedos—.

No lo haría más, en algún momento tenía que regresar y él estaría ahí esperando.

Al ver que llegaba acompañada de Víctor, Kyle tuvo que tomar una decisión, seguir a Víctor o quedarse con ella y recabar información.

Al ver despedirse con un beso a la pareja, Kyle sintió algo que no supo identificar, no sabía si fueron celos o envidia, pero decidió quedarse en casa de Rebeca para averiguar qué había pasado.

Se alegró al ver que iba a la ducha, ya que sabía que le gustaba hablar sola mientras el agua caía por su cuerpo.

Antes de seguirla al cuarto de baño, se tomó su tiempo en la habitación para observar el paquete que traía envuelto y que había dejado oculto en un cajón.

Lo abrió con cuidado y se dio cuenta de que el artículo estaba enterrado bajo un montón de ropa interior, la apartó con desdén y descubrió que el objeto era nada más y nada menos que un teléfono dornia.

Sin pararse a investigar más, salió en dirección al baño y se coló por debajo de la puerta convertido en un ratoncillo.

Lo primero que escuchó fue la música que salía del móvil y que ocultaba las palabras de la muchacha; la ira volvió a inundarlo, pero se tranquilizó y, acercándose más a la ducha, aguzó el oído para entender lo que decía por encima del ruido del agua y de las canciones.

Cuando consiguió distinguir las palabras, se dio cuenta de que estaba enumerando cosas, al parecer lo que podía contarle a su amiga.

—Le podría decir que conozco donde vive…

Aunque seguramente no se lo crea, porque eso significaría que hice un viaje de ida y vuelta ¿a qué, otro país?

—Suspiró—. Descartado. Sí puedo decirle que pasé el día con él y su familia, si bien le sorprenderá que haya aguantado a Verónica después de lo ocurrido. Bueno, es factible…

Kyle escuchaba atento a todo lo que decía, parecía mantener una conversación consigo misma; eso le gustaba, así podía averiguar muchas cosas sin ningún esfuerzo.

¿Qué había ocurrido con su prima?, se preguntó, tuvo que ser algo muy serio para dudar de que pudieran pasar tiempo juntas. Siguió escuchando.

—No le contaré lo de la cascada porque no hay ninguna cerca…

y no le hará gracia que le describa lo que hicimos en ella.

—Rio—. Le diré que Víctor y su familia me llevaron a un lugar muy bonito, aunque al ser una sorpresa no me revelaron dónde estuvimos y que no lo sé; así que le explicaré lo que vi, sin decirle que viajé en Baltrium; y, ya puestos, le digo que fuimos en coche y no a través de un portal entre los árboles.

—Volvió a reír. «Sabía que debía haber uno cerca», pensó Kyle.

«Ahora solo tengo que averiguar cómo llegar.

Espero que diga algo más acerca del puente»—.

Lo del interrogatorio se lo puedo achacar a Verónica o a sus padres, eso desde luego que se lo voy a detallar. Fue bastante tenso.

Mientras pensaba, se había aclarado el cuerpo y ahora empezaba a frotarse la cabeza, Kyle miró embelesado la silueta de Rebeca a través de la mampara y cómo el agua la recorría; por un segundo estuvo a punto de perder el control por el deseo, mas logró mantenerlo a raya y siguió escuchando.

—Lo de ver a Víctor transformarse en kralcol no se lo revelaré de ninguna forma.

Eso como si nunca hubiera ocurrido. ¿Y el teléfono?

No sabría cómo explicarle que la única forma de hablar con él es por ese aparato; le diré que me dio el número de su casa, es más verosímil.

Lo otro no se lo voy a decir; aunque fue genial, no quiero que se sienta mal.

Estúpido Joaquín, si le cuento a Lucía lo que dijo Víctor a lo peor se pone triste…

—Desde hacía un tiempo, Joaquín se estaba comportando mal con Lucía, aunque ella no se daba cuenta—.

No sé cómo continúa con él… No se la merece —suspiró y se aclaró el pelo.

Kyle seguía pensando en lo que acababa de oír y no se percató del momento en que cerró el agua; miró en dirección a la ducha cuando la mampara se abrió de golpe y Rebeca extendió el brazo buscando la toalla.

Convertido en ratón como estaba, Kyle apenas tuvo tiempo de esconderse, aunque durante un par de segundos contempló el cuerpo mojado y desnudo de Rebeca; ahora que sabía que ella conocía sus capacidades, a lo mejor le servía para asestar un golpe más a la familia de su primo y quedarse con aquella mujer que lo ponía de los nervios, pero que, a pesar de eso, no podía evitar pensar que era preciosa.

Salió del baño sin ser visto y se transformó en un pájaro para abandonar la casa en dirección a su coche y vestirse.

Tenía mucho en lo que pensar; por fin había llegado el momento que estaba esperando y actuaría de inmediato.

Aún no sabía cómo, sin embargo, lo que sí estaba claro era que utilizaría a Rebeca para conseguirlo.

Volvió al hotel y llamó por el teléfono dornia con el que se comunicaba con el castillo, por suerte se lo había traído desde Ámsterdam. Esperó un momento y recibió contestación.

—¿Dónde estabas? He estado llamando todo el día para informar de que la chica taeriana pasó el día aquí.

—Más cuidado con el tono con el que te diriges a mí, ¿entendido? —Esperó una disculpa, pero solo se oía el silencio, así que continuó—: ¿Qué ha pasado?

—Vinieron esta mañana. Toda la familia había salido, se suponía que salían a cenar fuera, no pude averiguar dónde.

Al amanecer, el rey y Vincent regresaron porque no querían dejar el reino solo, los demás llegaron al día siguiente, dijeron que tuvieron que aclarar algo, tampoco conseguí enterarme de qué se trataba.

No sabía que iban a traer a una chica taeriana, por eso no avisé antes.

—Toda la familia estuvo aquí —aclaró—. ¿Pasó algo con esa chica?

—Cuando llegaron, avisaron enseguida a los consejeros, les dijeron que alguien iba a venir y que necesitaban su presencia, nosotros nos preparamos para escoltarlos, aunque al final solo fueron un guardia y Erik, el amigo del príncipe Víctor.

—Kyle puso los ojos en blanco—. Los demás tuvimos labores de reconocimiento por si os veíamos a ti y a tu padre; estuve fuera toda la mañana, hasta la hora de la comida no pude verla.

—Tiene un don para eso —susurró.

—¿Qué dices? —No contestó—. Una muchacha bonita.

—Esperó alguna respuesta, pero no la obtuvo—.

Me pidieron que llevara un par de dornias a la Sala de Comunicaciones, supuse que sería para mantener el contacto con la chica de Taera; me oculté para asegurarme, y no me equivocaba, de modo que, si tienes la oportunidad de acercarte a ella, puedes quitárselo.

—No. Tengo una idea mejor. —Sonrió empezando el boceto de un plan en su cabeza—. ¿Sabes lo que le dijo Víctor a ella? —preguntó recordando lo que había mencionado que no podía contarle a su amiga.

—¿Sobre qué?

—No importa. Mantente atento y dile a Krista que también lo esté, pronto conseguiremos que Adrián nos dé el trono sin oponer resistencia. —Sonrió.

—¿Qué vas a hacer?

—Aún no lo tengo muy claro, pero el tiempo apremia… Te llamaré mañana, y más te vale que no me hagas esperar —amenazó.

—Estaré cerca, hasta mañana.

Tras colgar, se recostó en la cama y reflexionó sobre la mejor forma de hacerse con el trono de Baltrium, y para ello necesitaba la colaboración de Víctor.

Se mantuvo casi toda la noche maquinando un plan, había escrito y desechado muchas ideas, hasta que dio con una que, si bien era arriesgada, era la mejor que tenía.

Se preparó para dormir, mañana sería un día decisivo en su vida y estaba seguro de que, si salía bien, cambiaría su futuro.

Lo primero que hizo al despertarse fue llamar al castillo y dar instrucciones, luego se vistió y fue a casa de Rebeca. Esperó hasta que salió para seguirla y fingió un encuentro fortuito.

—Buenos días —saludó—. ¿Cómo estás? —Esperaba que al menos se acordara de él.

—Hola —respondió mirándolo un momento antes de recordar que era el chico que la había salvado de Toni, se alegró porque justamente se dirigía hacia allí—. Genial, gracias… —Hizo una pausa intentando recordar su nombre.

—Kyle —la ayudó.

—Gracias, Kyle. Yo soy Rebeca, el otro día no te lo agradecí como debía, estaba muy nerviosa.

—No te preocupes, ¿a dónde vas?

—Tengo que comprar unas cuantas cosas. —Sacó una lista donde se podían ver al menos diez elementos, lo que lo hizo sonreír, ya que le daba un buen margen de tiempo.

—Te acompañaría, pero tengo que hacer una cosa y voy con un poco de prisa.

—No pasa nada, y gracias otra vez.

Cuando se despidió de ella, giró rápidamente en la siguiente esquina y corrió hacia su coche, necesitaba todo el tiempo posible para llevar a cabo su plan.

Dejó la ropa y se transformó en un pájaro para entrar por la ventana de la muchacha. Una vez dentro, cerró la puerta con el pestillo y se dirigió al cajón donde sabía que guardaba el dornia. Asegurándose que no había nadie cerca, llamó y esperó la respuesta de su primo.

—Buenos días, preciosa.

—Gracias por el cumplido, sin embargo, no eres mi tipo, lo siento. —Rio.

—¿Quién eres? ¿Dónde está Rebeca? —Las carcajadas de Kyle aumentaron.

—Tranquilo, primo, se encuentra muy bien. Está ocupada y no puede contestar.

—¿Kyle?