CAPÍTULO 16 #4
Miró al hombre a los ojos evitando sonreír por el comentario y también intentando averiguar los motivos de esa extraña conversación.
Quería irse de ahí, a pesar de que tenía que esperar a Víctor. «Que llegue pronto», suplicó en silencio.
—Sinceramente, me parece una capacidad fantástica. A mí también me gustaría mucho poder experimentarlo, debe que ser genial sentir como lo hace un animal, tener sus habilidades…
—Veo que le gustan los animales. —El hombre se relajó un tanto con la respuesta.
—Sí —respondió contenta porque hubiera cambiado de tema—. Siempre puedes confiar en ellos si los tratas bien.
—Tienes mucha razón, la confianza es lo más importante. —La forma de decirlo puso a Rebeca en alerta otra vez—. No puede contarle a nadie lo que podemos hacer. Lo sabe, ¿verdad?
—Sé por qué hay que guardar el secreto; con todo el respeto, ya he dado mi palabra de que no se lo diré a nadie.
—¿A Víctor?
—Sí, fue quien me lo dijo y no voy a traicionar su confianza si puedo evitarlo.
—¿Por qué?
—¿Disculpe? —respondió a su vez; quería ser amable, pero la conversación estaba derivando en temas que al señor no le importaban.
—¿Por qué no lo traicionaría? ¿Hace cuánto que lo conoce?
Las preguntas cada vez más directas la estaban poniendo en una situación comprometida. Por lo que sabía, no debía decir que él había salido en numerosas ocasiones para hablar con ella por teléfono; aún no le había contado el motivo, pero no podía delatarlo de ninguna manera.
—Desde mi cumpleaños hace un tiempo y, por lo que me ha contado, sé que no podría descubrir al mundo…
—se detuvo un momento— a la gente de Taera las habilidades que poseen los habitantes de estos reinos.
En Taera no lo entenderían y estoy segura de que intentarían invadir o dañar de alguna forma todo esto.
—No había mentido en nada, y tampoco había dicho algo que comprometiese a Víctor—.
Las personas atacan lo que desconocen —añadió mirándolo con intensidad, y el hombre se movió inquieto sintiéndose aludido—, por eso no querría que se supiera.
Además, me gusta la idea de ser de los pocos que lo saben, me maravilla conocer que hay seres que poseen la destreza de cambiar de forma y poder protegerlos.
—Gracias, me gusta cómo ha expuesto sus ideas, y las comparto. —Sonrió con amabilidad—. ¿Y qué opina de Víctor? —Lo miró sin dar crédito a lo que estaba escuchando—. ¿Qué te parece el poder y el dinero que tiene?
—Mire, señor, sin ánimo de ofender, lo que yo piense de Víctor no es asunto suyo, así que, si me disculpa…
Se levantó de la butaca, molesta por las preguntas, e intentó alejarse, pero el hombre alzó una mano, lo que la hizo detenerse en seco y mirarlo desde su posición de pie mientras él seguía sentado en su sillón.
—Sí que me importa —dijo serio—. Más de lo que cree.
Tomó aire antes de hablar para serenarse y ocultar el tono de desagrado con el que seguramente iba a responder.
—En ese caso… —empezó, sin moverse de donde estaba—.
Cuando conocí a Víctor no tenía ni idea de que tuviera todo esto.
—Abarcó la estancia completa—. Ni que poseía tanto dinero o que podía convertirse en animales.
—Hizo una pausa antes de continuar—. Para mí, solo era una persona que no sabía dónde ir porque se encontraba en un lugar desconocido, un chico que quería visitar mi ciudad y yo quise mostrársela.
Es simpático, amable, considerado, cariñoso y atento.
—Sonrió a pesar de la seriedad de la respuesta al recordar cómo se había comportado cuando fue al instituto y con sus amigas—.
Lo único que me dijo era que trabajaba para hacerse cargo del negocio familiar y punto.
Me da igual todo esto; que tenga poder, como dice usted, a mí no me importa, porque quien me gusta es la persona que es, no me interesa por las cosas materiales de las que dispone.
Y ahora, si me disculpa… —Miró al otro lado de la estancia, buscando una salida para alejarse de aquel señor—.
Voy a asomarme al jardín por las ventanas.
—Por supuesto —respondió despacio—, ha sido un placer hablar con usted —asintió antes de alejarse.
Rebeca temblaba cuando se acercó al ventanal, dejó que el sol le bañara la piel, relajándola con su calor; no sabía a qué había venido aquel interrogatorio, pero le había servido para darse cuenta de lo importante que se había vuelto Víctor para ella y de lo mucho que desconocía de él y su familia.
Víctor había confiado en ella para revelarle la verdad sobre lo que podía hacer y ella tenía que responderle ofreciéndole la misma lealtad al no contarle a nadie las habilidades que poseían los habitantes de esos reinos.
Aunque, si lo pensaba bien, no estaba segura de que él hubiese querido decirle la verdad, simplemente se vio atrapado y no tuvo más remedio que confesárselo.
Tenía que obtener algunas respuestas.
Se frotó la cara con las manos en un intento de despejarse y de aclarar sus ideas, cuando escuchó que alguien entraba en la estancia.
Se giró y vio a Víctor en el vano de la puerta.