Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 15 #3
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CAPÍTULO 15 #3

—Debes aclarar las cosas con Rebeca —recomendó Adrián a Víctor y, a continuación, miró severamente a Verónica—. Y tú, eres abogada; deberías saber que no puedes acusar sin tener pruebas o conocer los detalles.

—Lo siento —se disculpó, pero cuando miró a Víctor, que tenía el móvil de Taera en la mano, se dio cuenta de que había metido la pata hasta el fondo.

—No contesta —avisó antes de salir del piso y dar un portazo.

Rebeca había llegado a su casa y Félix se sorprendió por lo temprano que había vuelto, sin embargo, no hizo ningún comentario porque estaba viendo una película.

Fue a su habitación y se cambió de ropa, le había contado a Lucía lo que le había dicho Verónica y se había sentido fatal, aunque realmente estaba furiosa con Desiré y Marina, ya que ellas habían mentido y tergiversado todo; ahora entendía sus palabras y las risas de esa tarde cuando se habían encontrado.

Por una parte, sabía que Verónica solo estaba preocupada por Víctor y quería asegurarse de que era buena para su hermano; aunque por otra, le dolió que la juzgase sin conocerla, sobre todo con las calumnias que le habían contado sus compañeras y sin siquiera preguntarle si eran verdad.

Escuchó cómo su hermano apagaba el televisor y se iba a su habitación. Sin embargo, ella se quedó despierta pensando en todo el daño que Toni había ocasionado; estaba segura de que Vero le habría contado las mismas mentiras a su familia y ya no podría volver con Víctor.

Víctor la había telefoneado varias veces, pero ella no se veía con fuerzas para descolgar; no quería contarle lo ocurrido con Toni, se sentía mal consigo misma por lo sucedido, aunque ella no había buscado esa situación, así que había rechazado las llamadas.

Acababa de dejar el móvil en la mesilla cuando escuchó que alguien la llamaba del otro lado de la puerta.

Se levantó y, cuando estaba a punto de abrirla, lo escuchó.

—¡No abras! —La voz era de Víctor—. Solo quiero hablar, pero, por favor, no abras.

—¿Víctor? ¿Cómo has entrado? —No se lo podía creer.

—Tenía que hablar contigo y como no contestabas… Vero nos contó lo ocurrido. —Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas—. Dime que nada de eso es verdad y me iré; te dejaré dormir.

—Da igual, seguramente tu hermana ya te habrá dado los detalles. —El enfado mantenía a raya las lágrimas que le anegaban los ojos.

—Confío en lo que tú me digas, no en lo que hablen los demás. —Apoyó la cabeza contra la puerta—. Creeré lo que me cuentes en este momento.

—No quería que te enteraras. —Víctor no podía creer lo que acababa de oír.

¿Sería cierto?—. No es cierto lo que contó tu hermana, no fue así como pasó.

—Tras decirlo, no pudo controlar las lágrimas y la voz al final de la frase fue casi un susurro—.

No fueron dos chicos y tampoco besé a nadie, es que…

—Le resultaba difícil rememorar lo ocurrido—.

En la tienda, cuando me ayudaba con unas cajas, Toni me confesó lo que sentía por mí, lo rechacé, entonces se enfadó y…

y… —Mientras la escuchaba, la sangre de Víctor empezó a hervir en furia—.

Intentó besarme; quise alejarme, pero no pude, no podía defenderme, pues me tenía aprisionada contra las estanterías…

si no hubiera entrado aquel muchacho… —sollozó—.

Por eso dejé la tienda; bueno, más bien me despidieron, aunque ya había decidido renunciar.

Tu hermana me recriminó que me había liado —repitió las palabras con amargura— con dos chicos porque se lo aseguraron Desiré y Marina esta tarde, sin embargo, es mentira.

Exageraron las cosas y Verónica las aceptó sin siquiera conocerme...

—Lo siento —dijo intentando controlar la ira que sentía hacia Toni, a pesar de que en ese momento lo que en realidad quería era abrazarla y consolarla, aunque desnudo como estaba no podía hacerlo.

Acababa de hablar cuando se escucharon los ladridos y los gruñidos de Danik, que salió de la habitación de Jade y se acercaba corriendo hacia donde se encontraba.

Rebeca estaba segura de que enseguida se levantaría su hermano para saber qué pasaba y encontraría a Víctor; no entendía cómo había entrado, pero no quería que supiera que se había colado dentro de casa.

Abrió la puerta de golpe para que Víctor entrara y poder tranquilizar a Danik, y entonces vio algo que la dejó paralizada. Parpadeó y miró el lugar en el que segundos antes había un cuerpo masculino.

—Pero ¿qué…? —En su lugar, un ratón salió corriendo, perseguido por su mascota en dirección a la cocina.

—¿Qué ha pasado? —le preguntó Félix a Rebeca, que no podía creerse lo que acababa de ver—. ¿Qué persigue?

—¿Era un ratón? —se preguntó ella sin hacer caso a su hermano.

Al escucharla, Félix fue a por una escoba y se unió a Danik para cazar al roedor. El perro no paraba de intentar colarse debajo de los muebles de la cocina y ladraba; por su parte, Félix daba golpes con el cepillo de la escoba por si alguna de las estocadas hería al ratón.

«¿Acabo de presenciar cómo una persona desaparecía y se convertía en un ratón? ¿Estaré soñando?». No se había dado cuenta de en qué momento se había movido, aunque ya estaba en la puerta de la cocina observando la cacería con ojos entrecerrados.

—¡Coge algo y ayúdanos! —apremió su hermano.

—¿Qué? ¡Sí! —respondió sacudiendo la cabeza.

La cocina tenía dos salidas, una de las puertas se comunicaba con el salón mientras que la otra lo hacía con el baño y el patio interior cerca de la habitación de Rebeca, por donde había entrado el ratón.

Mientras Félix y el perro cubrían la salida al salón, Rebeca, fregona en mano, se agachó para mirar bajo los muebles y saber cuál era la posición exacta del animal para así descubrir si lo que había visto era cierto.

Lo encontró en una esquina cerca del frigorífico, sin embargo, el roedor no se mostraba asustado ni acosado por seres que lo querían cazar, sino que le dio la impresión de que estaba tranquilo, incluso pensativo. Parecía inteligente.

—¡Eh, ven aquí! —llamó atrayendo su atención.

En contra de toda cordura, el ratón la miró fijamente y empezó a avanzar en su dirección. Mientras lo hacía, los ojillos brillantes del animal permanecieron fijos en los de Rebeca, que no se podía creer lo que estaba pasando.

—¡Cuidado! —mintió, mirando a su hermano—. ¡Quiere meterse detrás del frigorífico!

—Ven, yo lo muevo y, si sale, lo atacas —ordenó Félix.

Ambos hermanos estaban al otro lado de la cocina, intentando mover la nevera mientras el animalillo se alejaba de ellos en dirección al patio.

Justo en ese momento se escuchó la voz adormilada de Jade preguntando qué ocurría; gracias a la distracción, Rebeca hizo señas al ratón, que se encontraba en la puerta mirándola, para que fuese a su habitación.

Esperaba que la comprendiese como había hecho antes.

Félix le dijo lo que pasaba y, mientras la pequeña se subía de un salto al sofá, Rebeca intentaba distraer a su perro para que no siguiera al roedor.

Cuando apartaron el frigorífico y no encontraron al animal, buscaron un poco más, pero fue inútil, de modo que todos volvieron a sus respectivos dormitorios.

La puerta de Rebeca estaba cerrada, de modo que la abrió temerosa de lo que se pudiera encontrar y se quedó de piedra al descubrir a Víctor sentado al borde de su cama, cubierto por una manta.

Sin poder evitarlo, se le escapó un grito de sorpresa, que hizo que su hermano corriera a su habitación en tiempo récord.

Antes de que llegara, tomó a Víctor de la mano y lo escondió detrás de la puerta, no quería perderlo de vista, aunque cuando se puso en pie dejó al descubierto el motivo por el que se encontraba envuelto en una manta.

¡Estaba totalmente desnudo!

—¿Va todo bien? —preguntó su hermano a treinta centímetros de un chico desnudo. ¿Estaba de guasa?

—¡Sí! Pensé que era el ratón y me asusté, era un calcetín —mintió retorciendo el borde de la manta y sin parar de mirar a Víctor y a su hermano. Félix puso los ojos en blanco y se fue.

Cerró la puerta. La acción provocó que Rebeca se fijase en su desnudez y se le hizo la boca agua, tragó saliva conteniendo el deseo de alzar la mano y tocar sus duros abdominales.

Al bajar la vista se encontró su miembro justo frente a ella; por lo que había sentido aquella lejana tarde en su apartamento, intuía que era grande, aunque en ese preciso momento acababa de despejar sus dudas.

Se sonrojó profusamente y se mordió el labio.

—Cr… creo que será mejor que te cubras —tartamudeó nerviosa.

—Sí. —Se acercó a ella para tomar la manta que le ofrecía; por su parte, Rebeca se apartó para dejarle espacio e intentar asimilar lo que estaba pasando.

—No estoy loca, ¿verdad? Esto tiene una explicación y me vas a contar cuál es, ¿cierto? —preguntó con la respiración acelerada.

—Sí, la tiene —contestó Víctor a la vez que ella tenía la mirada perdida intentando pensar—. Becky… —la llamó.

—Me dijiste la verdad —dijo con un hilo de voz—. Aquella vez en la discoteca… Pensé que bromeabas… —Hablaba más para sí misma.

Estaba de espaldas a Víctor mientras se movía con lentitud hacia la cama, se sentaba y abrazaba una almohada para controlar un poco los nervios que se abrían paso.

En el momento que dejó a un lado el físico de Víctor, pudo pensar en lo que estaba ocurriendo; él le había contado la verdad desde el principio y, sin embargo, ella no lo había creído, y necesitaba respuestas.

—Cuéntamelo todo —le pidió.