Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 14 #2
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CAPÍTULO 14 #2

—No se lo voy a contar todo, solo que hemos tenido diferencias y que no puedo seguir. —Se encogió de hombros—. Espero que lo respeten, nada más.

—Vale, verás como todo sale bien. ¿Se lo has contado a Víctor?

—Ayer tenía cosas que hacer, así que no hablamos, imagino que hoy sí. ¿Sabes? —añadió más animada—, me dijo que estaban pensando en volver, él y su familia.

La conversación giró en torno al regreso de Víctor mientras paseaban por la pista de baloncesto tomando el sol y viendo cómo algunos chicos jugaban al fútbol.

Caminaban hacia la fuente cuando una gaviota alzó el vuelo cerca de ellas y, acto seguido, Rebeca sintió que algo le caía en la cabeza, se giró en redondo para ver qué era, pero lo único que sintió era el deslizar de algo en su cabello.

—Dime que no es lo que creo —pidió a Lucía mientras se volvía y bajaba la cabeza—. Por favor.

—Me da que es justo lo que crees. —Hizo como si tuviera una arcada—. Tengo pañuelos, ven que te lo limpie.

—Menuda mierda. —Rio—. ¡Qué asco!

—Y tanto, creo que esa gaviota está mala del estómago. —Un escalofrío de asco recorrió a Rebeca.

—Quítame lo que puedas y me lavo la cabeza en la fuente.

—Te ayudo —dijo sustituyendo las manos de Rebeca por las suyas, ya que no podía mover demasiado el brazo con la venda.

Le limpió los restos de excremento y ambas entraron al edificio en busca de una toalla. Justo en ese momento sonó el timbre que indicaba que tenían que volver a clase.

Por raro que pareciera, Rebeca se sentía mucho mejor tras hablar con su amiga e incluso también después de lo ocurrido con la gaviota. No era la primera vez que le pasaba que un animal alado le dejaba regalos en el pelo, pero en esta ocasión apenas le dio importancia.

Cuando volvieron a clase, las dos chicas se estaban riendo y Rebeca no se sintió mal al estar cerca de Toni, que volvía a mirarla.

Ninguna le prestó atención y así pasaron las siguientes horas.

Una vez fuera, Lucía, Rebeca y Vanesa se unieron a Desiré y Marina, que las esperaban cerca de los chicos.

—¿A qué hora quedamos? —preguntó Marina.

Lucía suspiró; debían hacer un trabajo en grupo para la clase de Historia y, por mala suerte, les había tocado hacerlo juntas.

—Tenemos muchos deberes, mejor quedamos el viernes —respondió.

—A nosotras nos da igual; pero luego no os quejéis si no da tiempo.

—Cada una hace su parte y el viernes lo ponemos en común —añadió Vanesa con impaciencia—. Eso es fácil.

—Vale —aceptó Desiré y luego se giró hacia Rebeca—. Toni nos ha contado lo que pasó, no me puedo creer que lo hayas rechazado.

—Sí, seguro que os contó exactamente lo que ocurrió —respondió Rebeca con sarcasmo—. Te lo creas o no, lo volvería a hacer.

Rebeca se alejó de sus compañeras, seguida por Lucía y Vanesa.

—No les hagas caso, ya sabes cómo son —empezó Vanesa.

—Y sabes que les encanta meter el dedo en la llaga.

—Lo sé —suspiró cansada—. Me da igual lo que ellas digan, voy a correr un tupido velo y ya. No vale la pena ponerse mal y, después de lo de ayer, mucho menos por Toni.

Por la tarde, Rebeca fue en busca de los padres de Toni, los dueños de la tienda, para despedirse, no sabía qué excusa pondría, pero debía dejarlo y no quería decirles la verdad, no la creerían.

Estaba a punto de llamar a la puerta de la oficina cuando esta se abrió y se encontró frente a la madre de Toni.

—Ahora mismo iba a llamarte, entra.

El despacho era pequeño, un escritorio con un ordenador delante de una silla giratoria se encontraba en el centro, tras ella había un archivador gris, a la derecha una estantería con publicidad y algunas fotos de los trabajadores.

En una esquina había un dispensador de agua cerca de la puerta por la que había entrado.

Las paredes eran blancas y el suelo negro brillante, toda la estancia estaba iluminada un par de fluorescentes.

En la silla, tras el escritorio, se encontraba el señor Manuel, un hombre de cuarenta años con el pelo y el bigote negros salpicados de canas, ojos marrones oscuros, una nariz regordeta y una boca a la que solo se le veía el labio inferior.

Se notaba que estaba nervioso porque no dejaba de mirar a su esposa, una mujer delgada que trabajaba en la carnicería de la tienda, tenía el pelo rubio muy corto y unos ojos verdes que siempre sonreían con amabilidad.

—Rebeca —empezó el hombre seriamente—, esto es difícil para nosotros porque te queremos mucho, pero nuestro niño es lo primero.

No entendía lo que estaba ocurriendo, sin embargo, prefirió escucharlos antes de decirles a lo que había venido, ya que parecían afectados por algo.

—Mira, hemos hablado con Toni —continuó su mujer y Rebeca entrecerró los ojos—, nos ha dicho que le gustas, aunque tú no sientes lo mismo por él.

—Rebeca abrió la boca para defenderse, pero la señora la acalló levantando la mano y prosiguió—: Hace días que lo vemos triste e irascible y creemos que es porque trabajáis juntos y no puede estar cerca de ti y ser solo un amigo. ¿Por qué no le das una oportunidad?

—No puedo hacerlo —dijo en voz baja recordando lo sucedido y no podía decirles a sus padres la verdad porque los destrozaría, ellos se habían portado muy bien con ella—. Además, estoy saliendo con alguien desde hace un tiempo.

—Ah. En ese caso tenemos que pedirte que dejes de trabajar aquí, es muy duro para él, en el instituto es distinto porque es obligatorio, sin embargo, aquí no es así y no queremos que lo pase mal si podemos evitarlo. Lo entiendes, ¿verdad?

¿Acababan de echarla? Había conseguido que la despidieran de su trabajo y encima era ella quien parecía tener la culpa por no estar interesada en él.

No se lo podía creer, pero, tras un momento de sorpresa, se dio cuenta de que era lo mejor, así no tendría que pensar en excusas para dejarlo y además era más fácil para todos.

Lo único que le repateaba era que Toni quedaría como una víctima de desamor y ella la mala que lo había rechazado.

Suspiró antes de responder:

—Lo entiendo, recogeré mis cosas ahora. —Se giró en dirección a la puerta.

—Antes de irte, vuelve para despedirte. —Asintió y salió en dirección al vestuario, a recoger las cosas que tenía en su taquilla.

Aún no podía creer lo que acababa de suceder mientras metía sus cosas en una caja. Había lavado y planchado el uniforme y lo tenía perfectamente colocado en una percha para devolverlo.

Cuando volvió al despacho, se encontró firmando la liquidación, lo que la sorprendió, ni se le había pasado por la cabeza que pudiese cobrarlo; claro que ella iba a renunciar, sin embargo, la habían despedido.

Kyle estaba aburrido esa tarde, Rebeca había vuelto enseguida a casa muy pronto y se puso enseguida con los deberes.

«¿Es que no va a ponerse nunca en contacto con Víctor?», pensó mientras la espiaba por la ventana.

La había oído hablar con su amiga de que Víctor volvería, mas no sabía cuándo y eso era un fastidio, pues no podía planear nada con antelación.

Volvería más tarde a vigilar, por ahora necesitaba descansar y sabía que ella no tenía planes, ni con sus amigos ni con sus hermanos, así que no importaba si la dejaba sola.

Volvió a su escondite y se vistió, mantenerse tanto tiempo transformado lo agotaba, aunque sabía que era necesario, tenía que estar cerca sin levantar sospechas; además, ya estaba forzando demasiado a su cuerpo al permanecer tantas horas con otra forma y no podía arriesgarse a terminar agotado y volver a su cuerpo normal mientras vigilaba a la muchacha.

Había alquilado un coche para no tener que esperar largo tiempo a que pasara el autobús de línea, y puso rumbo al hotel.

Una vez en su habitación, empezó a reflexionar en su próximo movimiento y lo que conocía del entorno de la chica.

Tenía dos compañeras con las que no se llevaba bien; dos amigas, Lucía y Vanesa, sabían que Víctor volvería, pero no cuándo lo haría, Toni estaba enamorado de ella y era un bruto que intentó forzarla, los hermanos de Rebeca ignoraban la existencia de Víctor…

En un primer momento, Kyle pensaba entrar en el instituto para estar cerca de Rebeca, sin embargo, ahora que sabía que Víctor volvería, supo que no era una buena idea, ya que, aunque no se habían visto en persona, Kyle conocía el aspecto de Víctor y ambos compartían muchos rasgos en común; al fin y al cabo, eran familia.

Por la noche volvió a casa de Rebeca para espiar un poco más. El hermano fregaba los platos mientras la niña veía la televisión. Nunca había visto a ningún adulto, por lo que pensó que eran huérfanos. No le importaba lo más mínimo, tan solo era información y toda ella era bienvenida.

Entró en la casa convertido en una araña, aunque como nadie estaba pendiente se transformó en un pequeño ratón que corrió con rapidez por las estancias hasta encontrarla.

Rebeca se encontraba en el baño, dándose una ducha. Sonrió y se escabulló por debajo de la puerta.

No pretendía espiarla de esa forma, sin embargo, le resultó imposible no admirar su silueta, estupefacto, a través de la mampara de la ducha.

Debía admitir que tenía un cuerpo definido, curvas en los lugares precisos y unos pechos bastante exuberantes en comparación al resto del cuerpo.

Definitivamente, Víctor no tenía mal gusto.

Kyle no se dio cuenta del momento en el que perdió la concentración y sus emociones se descontrolaron, de pronto dejó de ser un ratón y se transformó en un hombre agazapado entre el váter y el lavabo.

Al cambiar de apariencia y aumentar su tamaño, se golpeó la cabeza contra el váter, haciendo un sonido sordo que hizo que Rebeca diera un respingo al intuir una sombra tras la mampara.

Kyle se quedó muy quieto, pensando en qué debía hacer a continuación, estaba desnudo en el baño y con un fuerte dolor de cabeza mientras esperaba la reacción de la chica.

Rebeca, asustada por la figura que veía en el suelo del baño, alargó el brazo para saber qué era aquello. Cuando estaba a punto de alcanzar el asa de la mampara, el agua de la ducha cayó sobre su cabeza, empujando el jabón que tenía en el pelo y provocando que le picaran los ojos.