Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

El vecino, que había oído todo el revuelo y los gritos de Rebeca, la acompañó a su casa y, tras asegurar que llamaría a una protectora y a la policía para buscar a ese perro, se marchó dejando a Rebeca al cuidado de sus hermanos, que intentaban curar la herida que tenía en el brazo.

—Tenemos que ir al centro de salud, no sabemos si ese perro estaba enfermo de rabia o algo peor —dijo Félix, cogiendo las llaves del coche.

Los tres hermanos salieron de casa bajo la atenta mirada de Kyle, que los observaba desde la cornisa de la terraza, convertido en una paloma sonriendo por las heridas que le había causado a Rebeca momentos antes al atacarla transformado en un rottweiler.

No eran graves ni profundas, pues ella se había defendido muy bien; aun así, debían de doler muchísimo.

Le sorprendió que, mientras el vecino la acompañaba, había llorado y estaba muy nerviosa, pero en cuanto llegó a su casa y su hermana pequeña vio la sangre, Rebeca fingiese que no pasaba nada y que no le dolía moviendo el brazo y limpiándolo con agua; Kyle tuvo que reconocer que era valiente.

Los siguió hasta el centro de salud y se posó en la ventana para observar lo que ocurría dentro.

Vacunaron a Rebeca contra la rabia y limpiaron la herida con povidona yodada para evitar que se infectara. Durante todo el proceso, apenas se quejó; simplemente aguantaba la respiración y apretaba la mandíbula y los puños tan fuerte que los nudillos estaban blancos y los dientes le rechinaban.

En contra de su voluntad, Kyle sintió respeto por ella por el valor que tuvo al enfrentarse a un animal enfurecido y luego mientras le curaban las heridas para que su hermana pequeña no se asustara.

No volvió con ellos al pueblo, sino que regresó al hotel para descansar y comer, ya que esa misma tarde se aseguraría de conocer el instituto al que iba Rebeca y, si tenía suerte, también a ella.

La tarde pasó muy deprisa, el hijo de la mujer con la que habló el día anterior era muy simpático y le dijo todo lo que necesitaba saber; por lo visto, conocía a Rebeca, pero no eran amigos, de modo que no pudo sonsacarle nada.

Aun así, le había dicho algunas cosas muy interesantes sobre sus amistades y el chico que le gustaba.

Le encantaba que fuese una pueblerina, todos se conocían y les fascinaba cotillear de los demás.

Gracias a aquel muchacho, supo que Rebeca empezó a salir con alguien, pero que la dejaron plantada y que había pasado una temporada mal; también le dijo que uno de sus compañeros, un chico llamado Toni, estaba interesado en ella y que trabajaban juntos, le contó cosas sobre sus amigas y las chicas con las que no se llevaba bien.

Cuando se despidió del chico, la tienda estaba cerrada, pero probó a entrar, ya que quería conocer personalmente a Rebeca para que no resultase tan extraño si aparecía de repente, tal como sabía que había hecho Víctor.

La puerta no estaba bloqueada, aunque sí habían colocado el cartel de cerrado, de modo que entró con mucho sigilo para que no lo echaran.

Fingiría que necesitaba algo con urgencia para poder hablar con ella.

Había superado las cajas, arriesgándose un poco más, cuando escuchó unas voces que provenían de un pasillo cercano. Aumentando el sigilo con el que se adentraba, se acercó para oír la conversación.

—Toni, te he dicho que somos amigos, ¿por qué haces esto?

—Me gustas, no es muy difícil de entender, ¿no? ¿Es que no ves que a aquel tipo le das igual? ¡No va a volver!

—¡No lo conoces! Además, ¿a ti qué más te da? Aunque Víctor no volviese, tú y yo solo somos amigos, no va a pasar nada más entre nosotros.

Kyle supuso que quienes hablaban eran Toni y Rebeca y, cuando escuchó que ella se refería a Víctor, supo que no se había equivocado y lo que era mejor, parecía que ambos tenían una relación.

Se acercó un poco más y continuó escuchando.

La voz de Rebeca era nerviosa; aun así, intentaba mantener la calma, cosa que era complicada cuando tenía delante a Toni, que medía veinte centímetros más que ella y no le permitía escapar, ya que había colocado ambos brazos a sus costados y estaba prácticamente pegado a ella.

Toni estaba enfadado con Rebeca por no entrar en razón, él había sido su amigo desde sexto de primaria, cuando, después de una pelea, ella lo había ayudado. Pero con el paso del tiempo habían empezado a aflorar sentimientos en él y no entendía por qué ella no le correspondía.

El corazón de Rebeca palpitaba a mil por hora; no le gustaba esa faceta de Toni, sabía que era muy posesivo y por eso siempre había dejado claro que solo eran y seguirían siendo amigos.

Hasta que conoció a Víctor, Toni nunca se había puesto así con ella y no entendía el motivo de porqué ahora sí.

Lucía le había contado una conversación que habían mantenido Toni y su novio Joaquín, en la cual Toni se había puesto celoso porque tenía la sensación de que Rebeca se estaba enamorando de verdad de Víctor y había dicho: «Va a ser mía, aunque tenga que obligarla a darse cuenta de que me quiere».

En ese momento, Rebeca tembló al pensar que iba a obligarla de alguna forma y estaba a punto de llorar, no tenía salida y en la tienda ya no quedaba nadie que pudiera ayudarla.

—Por favor, Toni —pidió ella conteniendo las lágrimas—, no hagas esto. Somos amigos. Yo…

—¿Tú qué? ¿Por qué no me quieres? Estuve contigo cuando él te dejó y ¿solo porque te ha dicho que volverá vas a alejarte de mí? —Pegó la frente a la de ella—. Yo nunca me he ido.

—Lo sé —colocó las manos sobre el pecho de Toni para mantener la distancia e intentar aplacarlo un poco—, pero a ti te quiero como a un amigo. —Se ahorró decir «buen amigo», ya que en ese momento no lo estaba siendo—. Es distinto lo que siento. Entiéndelo, no me hagas esto, Toni. Por favor…

Rebeca intentó empujarlo a pesar del dolor en el brazo cuando él se inclinó hacia sus labios; apartó el rostro y sintió cómo los de Toni le rozaban la mejilla.

—Si te beso te darás cuenta de lo que siento. —Le tomó el rostro y la retuvo para que no pudiera volver a rechazarlo.

Ella intentó apartarse nuevamente, incluso probó a levantar una pierna para propinarle una patada, pero no tenía espacio ni apoyo suficiente.

«Si dejo que me bese, ¿se calmará?», pensó desesperada por escapar de ahí; nunca se había sentido tan impotente, quería gritar, aunque no le salía la voz y sabía que las lágrimas le corrían el rostro.

—¿Hola? —Rebeca escuchó a alguien cerca, era su vía de escape.

—En el pasillo cinco —respondió armándose de valor.

—¿Aún puedo comprar o…? —Kyle fingió sorprenderse al ver la escena, justo en el momento en que Toni se apartaba—. Lo siento, no quería molestar.

—¡¿Es que no has visto el cartel que pone cerrado?! —vociferó Toni mientras Rebeca se alejaba deprisa por otro pasillo.

—La puerta estaba abierta —respondió enfadado por su forma de dirigirse a él—. Tranquilo, que ya me voy —dijo cuando escuchó que la chica salía del recinto, quería hablar con ella y no tendría mejor oportunidad que esa.

Salió lo más rápido que pudo y la vio girar la esquina en dirección a su casa.

Aceleró el paso y la alcanzó de inmediato.

—¿Estás bien? —preguntó con voz preocupada.

Rebeca emitió un grito ahogado al escuchar a alguien a su espalda; cuando miró, vio que era la persona que había entrado en la tienda y sin quererlo la había salvado.

—Sí, sí, vuelvo a casa, gracias por lo de antes —habló de forma atropellada y la voz le temblaba, las lágrimas habían dejado de fluir, aunque con cada palabra volvían a abrirse paso.

—¿Te parece que…?

—No, no me parece —lo cortó ella nerviosa, no quería hablar de eso. Solo deseaba llegar a su casa y esconderse entre las mantas—. Perdona, es que… —Las lágrimas volvieron e impidieron que dijera nada más.

—Solo quería saber si querrías que te acompañase a casa. No hablaré, te lo prometo.

Rebeca sopesó sus palabras y al final asintió, no quería hablar y aquel chico que la había rescatado parecía buena persona; además, no le gustaba la idea de poder encontrarse con Toni por el camino.

Cuando llegaron a la puerta de su casa, Rebeca sacó las llaves y se giró para despedirse de su acompañante, no se había dado cuenta de lo alto que era hasta que buscó sus ojos para agradecérselo otra vez.

—Es aquí, gracias por todo —dijo antes de que las lágrimas volvieran y bajó la vista para meter la llave en la cerradura.

—De nada, cuídate. Me llamo Kyle, por cierto —añadió alejándose con tranquilidad, ella asintió mientras abría la puerta.

Rebeca saludó a sus hermanos, pero fue directamente a su habitación.

Cuando salió para cenar, Félix supo que algo le ocurría, estaba muy callada y parecía que le temblaban las manos.

—¿Qué tal la tarde? —preguntó como hacía siempre.

—Voy a dejar la tienda —respondió sorprendiendo a sus hermanos, que la miraron sin entender—. Tuve un problema con Toni y no quiero seguir trabajando con él.

—Pero… ¿estás segura?

—Tengo dinero ahorrado, no pasa nada. Mañana iré a hablar con sus padres —le restó importancia—. ¿Y vosotros qué tal?

Después de su noticia, la cena fue normal y sus hermanos hicieron que olvidara por un momento lo que había pasado en la tienda.

Víctor le había dicho que tenía un compromiso, así que no podría hablar con él, de modo que se acostó temprano.

En el instituto, ignoró por completo a Toni, quien buscaba su atención constantemente. Cada vez que sentía que miraba en su dirección, la recorría un escalofrío.

A la hora del descanso, Rebeca pidió a Lucía que la acompañase a dar un paseo, necesitaba contarle lo que había pasado con Toni y pedirle que por favor no la dejase sola.

Había conseguido evitarlo en el autobús por la mañana porque se aseguró de sentarse con alguien a su lado.

Lucía no podía creer lo que escuchaba, ambas sabían que Toni estaba interesado en su amiga, pero nunca pensaron que sería capaz de intentar forzarla como lo había hecho.

—Esta tarde hablaré con sus padres y les diré que lo dejo, que no quiero trabajar con él.

—¿Crees que te van a creer? Él es su ojito derecho. —Miraba a los lados por si alguien las escuchaba.