Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

Los días pasaban uno tras otro sin tener noticias de Víctor; él le había prometido que se mantendría en contacto, pero solo había hablado una vez más con él desde que se fue.

Cuando desapareció, Rebeca se sentía tonta, como si la hubiesen utilizado; aunque tras la llamada de Víctor fue mejor, eso no significaba que las burlas de Desirée y Marina no la afectasen.

—Ya verás como vuelve a llamarte —había dicho Vanesa mirando a Lucía con preocupación—. Estará muy ocupado.

—Anímate —pidió Lucía chocando el hombro contra el de Rebeca—. Ya queda poco para el viaje y tienes que disfrutarlo, es el último con la clase.

Rebeca sabía que tenían razón, y además ella siempre les había dicho que nunca se pusieran mal por un chico; si uno quería irse, seguro que encontrarían a otro mejor que las supiese apreciar, y ahora a ella le costaba mucho aplicar sus consejos.

Al día siguiente a la partida de Víctor, hubo un cambio en el modo en que Toni trataba a Rebeca, él quería acercarse a ella y poco a poco lo estaba consiguiendo; teniendo en cuenta que Rebeca se hallaba muy triste y apenas respondía a los comentarios groseros que, de vez en cuando, él le hacía.

Toni era consciente de que esa forma de actuar no le gustaba y, aun así, se había convencido de que ahora lo miraba igual que a Víctor.

Un día, mientras trabajaba, el móvil de Rebeca empezó a sonar y cuando vio quién era contestó.

—Te echo de menos —fueron las primeras palabras que escuchó—. Soy Víctor. Espero… espero que no te hayas olvidado de mí. —Su voz era triste.

—No, aún no —contestó Rebeca y sonrió—. Pero ha faltado poco.

—Lo siento mucho, Becky —suspiró—, hay tantas cosas que arreglar que apenas he tenido tiempo, pero pienso en ti todos los días.

—¿Cómo va todo? —Víctor le había dicho a Rebeca que era un problema con el negocio familiar y que por eso no había podido ponerse en contacto—. ¿Las cosas se están arreglando?

—Por el momento parece que todo se ha tranquilizado, aunque no sabemos cuándo puede torcerse nuevamente. Ahora tengo más tiempo, podremos hablar más. —Hubo una pausa—. Si quieres.

—¡Por supuesto! —afirmó con entusiasmo; luego se arrepintió, no quería hacerse ilusiones.

—Tengo que comentarte una cosa más. —Víctor sonó inseguro—. No te lo dije antes porque no sabía cómo te lo ibas a tomar… —Rebeca estaba convencida de que sería una mala noticia, algo que a ella nunca le hubiera gustado oír, y deseó durante un segundo no saberlo; aun así, esperó.

—No me asustes —dijo de forma tranquila—. ¿Qué pasa?

—Les he hablado a mis padres de ti—dijo rápidamente.

—Perdona, ¿qué? —preguntó sorprendida.

—Tenía muchas ganas de explicarte la razón por la que desaparecí sin avisar.

—Rebeca recordó la primera llamada—. Ese día me escapé a hurtadillas de casa, pero mi padre me descubrió, Erik iba conmigo y pusieron el grito en el cielo —suspiró, aunque ella sabía que en realidad le parecía divertido—.

Mis padres me preguntaron por los motivos de mi comportamiento y les conté lo nuestro.

—¡¿Lo nuestro?! —No pudo evitar repetirlo impactada.

El corazón de Rebeca se desbocó al oír esas palabras y empezó a sonreír y a gritar en silencio.

Víctor, en cambio, se sintió tonto por decirlo; tenía sentimientos por ella, mas no sabía si ella lo correspondía, de modo que manifestarlo abiertamente le hizo ponerse nervioso por su respuesta.

—Me gusta cómo suena —añadió ella, pues no se escuchaba nada al otro lado de la línea—. ¿Y qué dijeron?

—Hoy estás muy contenta —dijo Toni acercándose a Rebeca—. ¿Con quién hablas? —preguntó mirándola con el ceño fruncido.

—Víctor, luego te llamo.

—No, te llamo yo —terminó él.

—De acuerdo —respondió, y sin dejar de sonreír miró a Toni—. Era Víctor.

—Ya, eso me ha parecido —respondió enfadado—. Esto es un trabajo, no puedes perder el tiempo con tonterías.

Toni estaba rojo de rabia y Rebeca lo miraba sin dar crédito a lo que escuchaba.

¿Cómo se atrevía a tratarla así? Durante un segundo pensó en responderle como se merecía, sin embargo, recordó las palabras de Víctor y todo su enfado se escapó igual que agua fresca entre los dedos.

No dejaría que él le arruinara aquella tarde.

No dijo nada y se limitó a hacer su trabajo ignorando a Toni, hasta que él se acercó a ella cuando los últimos clientes de la tarde salían de la tienda cargados de bolsas.

Rebeca los acompañó a la puerta y puso el cartel de cerrado.

Fue hacia el mostrador, recogió algunos productos que los clientes habían decidido abandonar en el último momento y se dirigió a las estanterías correspondientes para ordenarlos.

Cuando se dio la vuelta, vio que Toni se había colocado a su espalda, tan pegado que casi había chocado con él.

—Perdona —se disculpó ella.

—No tiene importancia. —Sonrió él tomándola por los brazos para retenerla—. ¿Sabes? Pensé que nuestra relación había avanzado ahora que tu amigo te había dejado plantada. —Hablaba tranquilo, pero en sus ojos se distinguía un brillo de ira.

Cuando Rebeca quiso dar un paso atrás, él se lo impidió; intentó pensar algo que decir para que él la soltara, pero le resultó complicado, ya que en las últimas semanas no se comportaba con él como antes, así como con los demás.

Apenas prestaba atención a las conversaciones y no respondía con agudos comentarios.

Probó a bromear para salir de esa situación, procurando que no se le notase su nerviosismo.

—¿De qué estás hablando? —Sonrió y palmeó el hombro de Toni—. Eres un buen amigo y lo sabes, te agradezco que estuvieras ahí cuando más los necesitaba.

—Yo quiero que cuentes conmigo para todo lo que necesites —respondió taladrándola con la mirada.

—En ese caso, deja que vaya al servicio —dijo fingiendo timidez—. La última hora ha sido un sin parar y no he tenido la oportunidad de ir —mintió.

Poco a poco, el agarre de Toni disminuyó y ella sonrió de alivio.

En cuanto estuvo libre corrió rápido hacia la trastienda, entró un momento en el aseo para que la mentira no se descubriera y se miró en el espejo.

Respiró e intentó serenarse, tenía que salir de ahí cuanto antes, de modo que sacó el móvil y le escribió un mensaje a Lucía.

Segundos después salió.

No vio a Toni cerca, de modo que fue hacia la percha donde dejaba sus cosas y se puso la chaqueta, aliviada de no tener que cruzarse con él al salir.

—Rebeca, sabes que trabajar contigo ha hecho que nos conozcamos mejor —dijo saliendo de detrás de un estante cerca de la puerta; ella tragó saliva, incómoda—. Por eso creo que tu relación con Víctor…

En ese momento, el móvil de Rebeca empezó a vibrar en su bolsillo; vio a Toni, y se dio cuenta de que estaba fulminando al aparato con la mirada.

—¡Es Lucía! —fingió sorpresa—. Nunca me llama a esta hora, será importante. —Sin dar tiempo a Toni de decir nada contestó—: Dime.

Al ver que Toni esperaba a que terminase de hablar, Rebeca se acercó a sus cosas.

—Ahora mismo no lo sé, pero te lo puedo mirar cuando llegue a casa —le dijo—. Justo ahora estoy saliendo de la tienda. —Se apartó un poco el auricular—. Toni, tengo que irme, nos vemos en clase. —Sin esperar respuesta, salió.

—¿Tan incómoda estabas con Toni? —dijo Lucía mientras Rebeca se alejaba de la tienda.

—No te haces una idea —suspiró—. Mañana te cuento con detalle, ahora hay otra cosa que te quiero contar y es mucho mejor.

Mientras volvía a casa, Rebeca le contó a Lucía la conversación que acababa de tener con Víctor y se sintió más segura; no sabía por qué, pero el hecho de que él le hubiera hablado a sus padres sobre ella le hacía sentirse bien.

Estaba feliz, a pesar de que era una tontería y era consciente de ello.

—Estoy llegando a casa, mañana hablamos y te digo si me ha vuelto a llamar o no.

—Perfecto —respondió—. Y, oye, me alegro de que vuelvas a sonreír —añadió adivinando cómo se sentía su amiga.

Una vez en su casa, Rebeca fue a su habitación y se puso a hacer los deberes. Tenía tanta energía que los terminó enseguida y se acostó en la cama a leer un libro.

Sin darse cuenta, empezó a pensar en la conversación que había tenido con Víctor; ella sabía que, a pesar de que les hubiese contado a sus padres que la conocía, no tenía por qué significar que él sintiera algo por ella; aunque, como bien había señalado Lucía, él había dicho «nuestra relación», lo que podía dar a entender que había sentimientos entre ellos.

Estaba a punto de acostarse cuando su móvil empezó a sonar.

Su corazón se aceleró.

—¿Rebeca? —preguntó sin darle tiempo a contestar—. Siento haber tardado tanto, pero antes me resultaba imposible.

—No te preocupes, aunque pensé que se te había olvidado.

—Eso es imposible.

—Seguro que tienes otras cosas en las que pensar más importantes —respondió Rebeca sin darse cuenta de que era cierto—. ¿Cómo va todo? ¿Y tu amigo, se encuentra mejor?

—Erik ya está en su casa. El problema con el negocio —dijo recordando la mentira que le había contado acerca del motivo por el que se había marchado— parece que por el momento se ha estancado y va bien.

—Me alegro —respondió contenta—. Hasta que no se arregle del todo no podrás volver a viajar, supongo.

—En principio no, es complicado y no sabemos cuánto puede tardar. —Víctor la oyó suspirar, pero no podía darle esperanzas—. ¿Y tú cómo estás? Siento haberte llamado en la tarde, tenía un poco de tiempo y quería hablar contigo, no te he molestado, ¿verdad?

—No, tranquilo. Lo cierto es que estaba siendo una tarde aburrida.

—La próxima vez que te llame será sobre esta hora y así ambos tendremos un poco más de tiempo.

—Por mí, encantada —respondió sonriendo.

Hablaron durante casi una hora, riéndose.

Ella le avisó de que dentro de unas semanas se iría de viaje con el instituto.

Por su parte, él le contó que en los últimos días había salido mucho a pasear por las montañas y los ríos, aunque omitió que esas excursiones no eran de placer, sino para buscar a las personas que habían atacado a Erik.