Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 9 #3
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CAPÍTULO 9 #3

Faltaban unas pocas horas para que el sol se ocultase y sabía sin lugar a dudas que ese era el peor lugar para que su padre lo encontrase. Se había puesto en peligro, arriesgando también a Erik, y su padre lo miraba con una nota de decepción que hizo que Víctor no supiera cómo responder.

Miró a su padre y luego a Erik.

La guardia estaba atenta a lo que ocurría, pero se mostraba indiferente, fingiendo no prestar atención.

—Volved a casa —ordenó el rey; Víctor y Erik obedecieron cabizbajos, como si fueran dos niños traviesos a quienes acababan de castigar—. Luego hablaremos.

Mientras se alejaban de los puentes, Víctor le contó a Erik su conversación con Rebeca.

Pronto llegaron al castillo y subieron a la sala de entrenamiento, donde Víctor tomó una barra de madera y empezó a hacer movimientos de ataque y defensa contra el aire.

Intentaron luchar, sin embargo, Erik seguía magullado y no se movía con agilidad.

Había pasado casi una hora, así que Erik decidió volver a su casa para descansar. Se despidió de Víctor, que lo acompañó a la salida; cuando se disponía a atravesar los muros del castillo, apareció el padre de Víctor precedido de la guardia.

Erik intentó apartarse, pero el rey se detuvo un momento mirándolo fijamente.

—Entra, hay algo que tengo que deciros. —Se dirigió hacia donde se encontraba Víctor.

Los guardias se alejaron y Erik siguió al rey hasta el interior del castillo; Víctor se unió a ellos cuando pasaron por su lado.

Cuando llegaron al despacho, Adrián pidió a una joven que se encontraba arreglando las cortinas que avisara al resto de la familia para que se reuniera con ellos.

Una vez la muchacha se fue, se giró a los jóvenes y les lanzó una reprimenda muy dura por la irresponsabilidad que habían cometido en las circunstancias por las que el reino estaba pasando.

Justo en el momento en el que Víctor iba a responder a su padre, llamaron a la puerta, los tres se giraron y vieron aparecer a la reina y a los hermanos de Víctor.

—Di lo que ibas a decir —urgió Adrián cuando los recién llegados tomaron asiento.

—En Cartagena conocí a una chica —empezó—.

Es increíble, y me gusta estar con ella.

—Sus hermanos, sobre todo Verónica, lo observaban con los ojos entrecerrados—.

Esta mañana, cuando viniste a buscarme —dijo mirando a su hermana—, habíamos quedado; sin embargo, sabía que el reino es más importante, de modo que olvidé nuestra cita por completo.

—Tragó de forma audible—. Rebeca no tiene idea de quién soy realmente, solo he cruzado para poder llamarla y explicarle por qué no he acudido esta tarde.

—¿Has regresado? —preguntó Idaira sorprendida y preocupada—. ¿Te has vuelto loco? ¡Sabes que es un momento delicado, Erik acaba de salir del hospital porque querían encontrarte!

—No, no, querida, Erik acompañó a tu hijo a los puentes —añadió Adrián, lo que hizo que la reina dirigiese su atención hacia él.

—¡Pero ¿qué os pasa?! —preguntó a voz en grito la reina, mirando a Erik—. ¿Es que quieres que tu madre tenga que informar de tu desaparición o algo peor? Más os vale explicarme exactamente en qué estabais pensando para hacer semejante idiotez.

—Ya lo he dicho, mamá, quería explicarle a Rebeca por qué no fui con ella esta tarde. —Todos salvo Erik lo miraron sorprendidos y Víctor aclaró enseguida la pregunta que vendría—. Ella no tiene idea acerca de las capacidades que poseemos. Solo me ha estado enseñando la ciudad.

Víctor no quería mentirle a su madre, aunque tampoco podía decir mucho más sin que las preguntas se agolparan y no las supiera contestar; aun así, tenía que informarles de su voluntad de volver a verla.

Todos se opusieron a que volviera a Taera, sabía que los motivos por los que se lo impedían eran muy válidos y no tenía forma alguna de convencerlos de lo contrario.

En ese momento, Víctor supo que tenía que contarlo todo desde que salió, y repitió las palabras que le había dicho a Erik esa misma tarde, las cuales lo habían convencido sobre Rebeca, y pareció funcionar nuevamente con sus padres, que intercambiaron miradas y suavizaron el rostro de su madre.

Les contó cómo la había conocido y todo lo que ella le había mostrado, les dijo lo que sabía y pensaba de ella. Hablamos durante mucho tiempo, hasta que Erik se tuvo que marchar.

—¿Te puedo pedir un favor? —preguntó Verónica antes de que Erik saliera del despacho.

Erik se sorprendió de que Verónica esperara a que él se hubiera alejado de los demás y despedido de Víctor antes de hablar con él, pero asintió:

—Claro, ¿en qué te puedo ayudar?

—Me gustaría que fueras mi entrenador de defensa y lucha. —Erik frunció el ceño—. Cuando te hayas recuperado, por supuesto.

—No hay problema, pero ¿por qué quieres que te ayude yo?

—Necesito poder defenderme mejor. Con todo lo que está pasando, no quiero tener que llevar siempre una escolta. He pensado que… Si no puedes, no pasa nada —añadió nerviosa.

—No te preocupes, claro que te ayudaré, conseguiremos que le patees el trasero a tus hermanos. —Le guiñó un ojo—. Cuando vuelva a estar en forma, empezamos.

—¡Genial! Gracias.