CAPÍTULO 9 #2
—¿Que entendería que tenemos la habilidad de convertirnos en animales?
Sí, seguro. Aunque se lo tomó a broma, le hizo ilusión e incluso me dijo que le gustaría poder hacerlo.
—Erik rio—. ¿Si entendería que soy heredero al trono de Baltrium?
Es muy posible; si ha aceptado que tengo la capacidad de transformarme en otros seres, ¿por qué no aceptar que soy un príncipe?
—Víctor se quedó pensativo un momento—. Pero ¿transigir en que, a pesar de lo que siento por ella, es casi imposible que estemos juntos y tendría que elegir entre mi reino y ella?
—Resopló—. Eso lo veo más complicado. —Erik lo miró sin entender—.
Al parecer, por las películas que he visto…
¡No te rías! —Puso los ojos en blanco—. A las chicas de Taera les gusta que se les demuestre constantemente afecto y pocas son tan comprensivas.
—Entiendo. ¿Y qué quieres tú?
A Víctor esa pregunta le tomó desprevenido, solo su amigo tendría la consideración de cuestionarle por lo que él deseaba, aunque sabía que ahora esa chica no era una prioridad; aun así, tenía que ser sincero con Erik.
—Me gustaría estar con ella, sin embargo, primero debemos solucionar los problemas que tenemos aquí. Baltrium es lo más importante—suspiró—. Además, hoy la he dejado sin ninguna explicación, supongo que me estuvo esperando.
—¿A qué te refieres?
—La recogía cuando salía de clase, pero llegó Verónica contándome lo que había pasado y no le dije nada. Lo cierto es que estaba preocupado y no me acordé de ella.
—No te fustigues, seguro que lo entiende.
—No se trata de que lo entienda o no, sino de que ahora no puedo comunicarme con ella para decírselo.
—Tienes razón. Tus padres en este momento no te dejarán salir del reino.
—Lo sé, intenté llamarla antes de comer, lógicamente el móvil no funcionó.
—¿Tienes un móvil de Taera? —se sorprendió.
—Sí, aunque sabes que hace falta un teléfono dornia para comunicarse entre reinos.
—Lo sé, pero ¿y si volvieras a Taera el tiempo suficiente para hablar con ella y explicárselo?
Ambos sonrieron y se quedaron pensando en cómo hacer que Víctor volviese a Cartagena para hablar con Rebeca.
Después de un par de horas meditando todas las posibilidades, Víctor volvió a su casa y subió a su habitación, tenía que coger el teléfono y salir del castillo rápidamente.
Caminaba hacia las afueras de la ciudad, donde lo esperaría Erik, quien lo acompañaría hasta el puente y lo cubriría si alguien preguntaba por él.
—Está todo listo, vamos.
Se encaminaron presurosos, sin embargo, escucharon movimiento cerca y decidieron esperar; cuando pasó el peligro, avanzaron con mayor rapidez y Víctor cruzó el puente sin vacilar.
Una vez al otro lado, el móvil empezó a sonar una y otra vez sorprendiendo a Víctor, que se detuvo enseguida.
Cuando miró la pantalla, vio que se trataba de llamadas y mensajes de Rebeca.
Sin abrir ninguna de las alertas, la llamó.
—¿Rebeca? —preguntó en cuando descolgó—. Soy Víctor.
—Lo sé. ¿Qué ha pasado? Estuve esperándote. —Su voz se notaba extraña.
—Lo siento mucho, Becky —se disculpó usando el apelativo cariñoso que se había acostumbrado a usar—. He tenido que irme con urgencia. Me llegaron noticias de que mi mejor amigo estaba en el hospital. Tenía que volver.
—¿Has vuelto a casa? —Suspiró con tristeza—. ¿Cómo se encuentra tu amigo? ¿Es grave?
—Sí, tenía que hacerlo. Se encuentra bien, gracias por preguntar. Te prometo que cuando pase todo intentaré volver.
—Ya, bueno; sabes que eso es complicado, me dijiste que tus padres no aprobaban que estuvieras lejos de casa. —Intentó sonar un poco alegre—. Pero siempre hay sitio para la esperanza, ¿no?
—Rebeca, volveré; te lo prometo.
Víctor quería verla nuevamente, el tiempo a su lado había sido increíble, aunque tenía razón, sus responsabilidades y los problemas por los que estaba pasando el reino no le permitirían regresar pronto a Cartagena; aun así, tenía que intentarlo, creer en esa posibilidad.
—Intentaré mantenerme en contacto, Becky, buscaré la forma de hacerlo.
—En ese caso, ya sabes dónde encontrarme.
Rebeca se alegró de hablar con Víctor.
Cuando Víctor no llegó, Marina y Desiré soltaron ciertos comentarios que la hicieron sentir mal.
—Víctor —dudó por un segundo—, tú… no te has ido por mí, ¿verdad?
En cuanto hizo aquella pregunta aguantó la respiración aguardando la respuesta, esperaba que Desiré no tuviera razón y él no solo hubiera jugado con ella.
—¡Por supuesto que no! —A Víctor le dolió que dudara de él—. Todo fue de repente. Si me hubiera ido por tu causa no te habría llamado, ¿no crees?
Ella no supo qué contestar, se sentía estúpida por haberle hecho aquella pregunta; tenía razón, no la habría llamado si fuera cierto.
—Debo irme ya —dijo Víctor apresurado—. Solo quería explicarte por qué no fui. Encontraré la forma de estar en contacto.
—De acuerdo, esperaré.
La llamada se cortó y Víctor volvió a cruzar el puente, pero se quedó de piedra con la imagen que tenía delante. Erik se encontraba en el centro de un grupo de la guardia del castillo, hablando con alguien de quien reconoció enseguida la voz.
Tragó saliva y terminó de cruzar mientras la guardia se giraba en redondo para verlo acercarse.
—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó el rey conteniendo la ira que Víctor sabía que sentía.