CAPÍTULO 8 #2
Cuando Verónica se marchó, Adrián esperó unos segundos antes de hablar con los guardias.
—Existe la posibilidad de que, como ha dicho mi hija, estén cerca del lugar donde atacaron a Erik; sin embargo, si no es así y no encontráis nada, deshaced la ruta que ella os ha indicado hasta la ciudad y centrad vuestra atención en los alrededores de los puentes.
—¿Por algo en particular? —preguntó un guardia que tenía una mirada inteligente.
—Hay dos coincidencias de que hayan estado por ahí… —Vio que alguien que trabajaba en los jardines podía oírlos—. Ahora no hay tiempo para más explicaciones.
—De acuerdo —asintieron.
—Id con cuidado y buscadlos esta noche; si no, volved y descansad. Os espero mañana temprano para saber las noticias.
—Así se hará —respondió el de mayor edad. Hizo una inclinación de cabeza que los demás imitaron y todos se dieron la vuelta y se alejaron al mismo tiempo.
Una vez solo, Adrián volvió al despacho y se encontró cerca de la puerta con un guardia del interior del castillo que se alejaba deprisa.
—Hay bebida caliente dentro, señor.
—Gracias. —Se encerró en el despacho con los demás—. Me ha leído el pensamiento —murmuró, acercándose a la mesilla.
—Cariño, creo que Víctor debería volver enseguida —empezó la reina—. Erik es su mejor amigo y tiene que saber lo que le ha pasado.
—Estoy de acuerdo contigo, alguien debe ir por él.
—Yo misma, si queréis —propuso Verónica.
—Está bien, saldrás mañana —respondió serio su padre—. Hoy es precipitado y buscan a Víctor, es posible que esperen que nos pongamos en contacto con él y te sigan.
—Lo mismo podría ocurrir mañana.
—Sí, pero no podrán ocultarse en las sombras y reaccionarás mejor y con más eficiencia a la luz del día.
—Tu padre tiene razón, Vero, hoy ya no podemos hacer nada salvo esperar a que el grupo de búsqueda traiga noticias.
—De acuerdo —aceptó—. ¿Por dónde van a buscar finalmente?
—Le he dicho que se centren en el lugar del ataque y, si no encuentran nada, que regresen y verifiquen indicios cerca de los puentes.
—Eso ahora no es lo que más me preocupa —caviló Vins, y todos le prestaron atención—.
Lo que lo hace es saber por qué buscan a Víctor.
—Dio un sorbo a su bebida y continuó—: Hay dos opciones.
Uno: saben que está lejos y sin protección, por lo que es más vulnerable para atraparlo y, así, chantajearnos.
Dos: se han enterado de que él es el heredero al trono y quieren hacerse con él…
para presionarnos también, solo que tendrían mucho más poder si lo supieran.
—Yo también lo he pensado, hijo —dijo el rey.
—Entonces, ¿no sería más peligroso traerlo de vuelta? —preguntó la reina preocupada.
—No creo, madre, aquí sabe que hay peligro, por lo que puede estar atento a lo que pase; sin embargo, si no tiene información ni conocimientos de lo que ha acontecido, será más fácil que lo sorprendan. Además, como has dicho, él querrá enterarse de lo que le ha ocurrido a Erik.
—Vins tiene razón, no sabemos cuáles son sus planes ni cómo pretenden llevarlos a cabo; tenemos que permanecer juntos para protegernos y estar atentos —suspiró.
Nadie dijo nada durante un rato, intentaban deducir la mejor manera de actuar para que Víctor pudiera regresar a Baltrium sin ningún contratiempo, ya que era posible que ellos estuvieran cerca de los puentes, esperando a que alguien fuese a buscarlo para entonces atraparlo; pero no parecía una buena idea, o quizás pretendían seguir a Verónica y capturarlos cuando ambos hermanos entrasen de nuevo en a Baltrium.
Para conseguir que cayesen en la trampa, tendrían que alejar a todos los guardias de los puentes; de modo que, cuando ella fuese a cruzarlos, estuviera sola y la siguieran totalmente confiados.
Siguió dándole vueltas a esa idea, pero al final la desechó. «Se darían cuenta», pensó y volvió a centrarse en Verónica y los puentes.
Intuía que, si veían a Verónica sola después del ataque al mejor amigo de su hijo, no se acercarían a ella pues se olerían una trampa; sin embargo, si en lugar de que fuera sola la acompañasen un par de guardias, podría funcionar.
Con órdenes de que, antes de que cruzara el puente, se alejaran de ella, ya que se suponía que nadie sabía dónde se encontraba Víctor salvo los más cercanos a la familia.
«Y así sabremos hasta qué punto tienen información», pensó con una sonrisa.
«Verónica tendría que cambiar de puente una vez ellos se alejaran, corroborando que ni siquiera los guardias del castillo deben conocer el paradero de mi hijo, y dirigirse hacia el paso que lleva hasta Víctor; y ellos, con el cambio, estarán seguros de que, al seguirla, darán con él».
El rey soltó el aire rápidamente, lo que hizo que su familia lo mirase, pero ninguno dijo nada al ver el ceño pensativo del rey, expresión que ponía cuando reflexionaba sobre algo con suma atención.
El rey continuó con sus cavilaciones: si ella cruzaba sola y ellos la seguían, tanto Víctor como Verónica estarían expuestos.
Aunque a Víctor no se le daba tan bien la lucha como a Erik, podría defenderse; mientras que Verónica, que también era buena, tenía más riesgo de salir lastimada.
No podía arriesgar a su hija a terminar en el hospital; teniendo en cuenta la descripción que había dado ella misma de cómo habían dejado a Erik tras su enfrentamiento, permitirle ir sin escolta no era una opción.
Así como tampoco lo era enviarla con alguien.
—¡Eh! No lo vuelvas a dejar en el plato —se quejó Verónica mirando un bollo que Vins acababa de colocar nuevamente sobre los otros.
—Ya estaba ahí —se excusó.
Adrián prestó atención durante un segundo a esa pequeña riña que solían tener sus hijos y sonrió, pues se le acababa de ocurrir una idea genial para que Verónica cruzara sola el puente, pero que no lo estuviera mientras buscaba a su hermano.
—Tengo una idea para que no corras peligro cuando vayas mañana en busca de Víctor.
Les contó lo que había pensado para intentar atraerlos a una trampa y así capturarlos; todos estuvieron de acuerdo con el plan, aunque a Verónica no le gustó que su padre creyese que ella no podía cuidar de sí misma, de modo que decidió que, cuando Víctor volviera a Baltrium y Erik se hubiera recuperado, le pediría que la ayudase a entrenar para luchar mejor y así no tener que depender de nadie.
A la mañana siguiente, Verónica salió sola del castillo y se dirigió hacia el bosque, donde se le unieron dos guardias que la acompañaron hasta los puentes.
Todo se hacía tal y como su padre había planeado y ella cruzó sola el puente, aunque sabía que al otro lado ya la estarían esperando dos guardias que lo habían atravesado de madrugada mientras fingían que buscaban por los alrededores a conciencia, y que la acompañarían sin que nadie supiese que la estaban cuidando para atrapar a los exiliados si la atacaban.
Fue lo más rápido que pudo a la casa donde se alojaba Víctor; era muy temprano, seguro que lo encontraría allí.
Había pasado una hora cuando llegaron a la casa y llamó al timbre, esperó unos segundos y escuchó la voz de su hermano a través del altavoz.
—¿Quién es?
—Víctor, soy Verónica. Abre, tenemos que hablar.
La puerta del edificio se abrió.
Víctor la esperaba con la puerta abierta.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Víctor preocupado—. ¿Están todos bien?
—Es Erik —empezó—, ayer lo atacaron.
—¿Qué? ¿Está bien? —Se detuvo a medio camino del sofá—. ¿Quién ha sido?
—Está en el hospital, pero se encuentra bien; tiene magulladuras y golpes, aunque según él no es para tanto.
—¿Quién ha sido? —repitió.
—Cree que fueron los exiliados, lo persiguieron mientras paseaba.
—¿Por qué? ¿Qué querían?
Con esa pregunta Verónica apartó la mirada, no quería que Víctor se sintiera culpable por el estado de Erik, pero también sabía que tenía que decírselo, él no era tonto y probablemente llegaría a esa conclusión.
—Querían saber dónde estabas y cuándo ibas a volver. No les dijo nada y consiguió escapar.
—Tengo que volver, no puedo dejar que ataquen a las personas que me importan mientras estoy lejos.
—Sí, venimos a llevarte de vuelta. El plan era que me siguiesen e intentasen atacarme cuando viniese a por ti, pero aún no ha pasado nada, así que es posible que estén esperando a que estemos juntos.
—¿Hemos venido? —preguntó sin entender a qué se refería.
—Están esperando abajo, no queremos que se den cuenta de que tengo escoltas.
—Tenemos que volver enseguida. En el camino me das los detalles de lo que ha pasado.
Víctor se dio prisa en recoger su ropa y algunas cosas que tenía en casa y que quería llevarse, no tardó mucho y Verónica lo ayudó con otras. No había tiempo para cubrir los muebles, de modo que simplemente cerraron todas las ventanas y salieron.