Baltrium (Saga Reinos 1) CAPÍTULO 8
27%

CAPÍTULO 8

Verónica fue a su casa lo más rápido que pudo, en cuanto llegó buscó a su padre, quien se encontraba hablando con el rey de Alena por uno de los teléfonos dornia que servían para comunicarse entre reinos; cuando el rey Adrián vio lo nerviosa que estaba su hija, se despidió y la miró preocupado.

—Han atacado a Erik, y cree que han sido…

Su padre no la dejó terminar la frase, sabía cómo iba a continuar y no podían hablar abiertamente allí, de modo que reunió enseguida a su familia en su despacho privado para que todos escucharan lo que Verónica tenía que contar.

Cada uno estaba haciendo sus quehaceres, pero tardaron poco más de diez minutos en reunirse y cerrar la puerta del despacho a cal y canto.

Verónica se mostraba intranquila, ya que sabía que los exiliados conocían muchas cosas sobre ellos y no tenía ni idea de dónde sacaban la información.

—¿Qué pasa? —preguntó Vincent tras acomodarse en un sillón.

—Cariño, ¿va todo bien? —añadió Idaira mirando a su marido—. ¿Cómo se encuentra Víctor?

La reina no sabía a quién mirar porque su marido estaba muy serio, de modo que optó por dirigirse a su hija.

—Verónica, ¿qué está ocurriendo?

Ella le devolvió la mirada y luego se volvió hacia su padre, que asintió y se sentó en otro sillón para escuchar lo que tenía que contarles; su madre lo imitó.

—Ahora que estamos todos, cuéntanos qué ha pasado, Verónica —pidió su padre serio.

—Han atacado a Erik —empezó—. Él cree que se trata de los mismos que toda la guardia está buscando. De los exiliados.

—¿Qué? —se sorprendió su madre—. ¿Se encuentra bien? ¿Cuándo lo atacaron? ¿Cómo?

—¿Por qué lo atacaron? —preguntó Vincent frunciendo el ceño, estaba en tensión.

El rey se mantuvo atento a Verónica mientras respondía a las preguntas que le hacían, puesto que eran las mismas que él habría hecho.

Verónica se levantó del sofá en el que se encontraba, tomó aire y les contó todo lo que Erik le había dicho. Intentó no dejarse nada. Les aseguró que Erik estaba bien, aunque ingresado en el hospital, y que no había revelado nada sobre el paradero de Víctor.

Cuando terminó, todos permanecieron un momento en silencio asimilando las noticias, pero enseguida empezaron de nuevo con las preguntas.

—¿Cuándo lo vieron salir? —empezó Idaira—. Solo hay dos ocasiones…

—No se lo dijeron, Erik no está seguro de a qué día se referían. Por la mañana, cuando él acompañó a Víctor, escucharon que alguien pedía ayuda y Erik fue a ver qué pasaba.

—Pudo haber sido un engaño —acusó Vincent.

—Yo también lo pensé. No cree que esté relacionado —Vincent la miró con los ojos entrecerrados—, porque cuando acudió a ver de qué se trataba se dio cuenta de que solo era una madre que se había agobiado porque su hija se había hecho daño y no sabía qué hacer.

—¿Y si es él quien está relacionado con ellos? —desconfió Vins.

—Si ese fuera el caso, no lo habrían golpeado para sacarle la información, él no nos lo habría dicho y Víctor probablemente ya estaría en su poder —razonó el rey de forma automática, sin apartar la mirada de la chimenea que se encontraba en la pared frente a él.

—Tienes razón —admitió asintiendo—. Estoy casi seguro de que lo vio salir por la mañana.

—¿Por qué, Vins? —preguntó su madre, y su padre lo miró atento.

—Eso explicaría que supiesen que Erik sabe dónde está; él fue el único que lo acompañó esa mañana para que nadie sospechara nada.

—En esa ocasión era de día, había mucha luz; les resultaría muy difícil ocultarse.

—Mamá, ellos son de Baltrium, tienen la misma capacidad que nosotros de transformarse.

—Lo sé, Vins, pero han estado exiliados muchos años.

—Eso no implica que hayan perdido la capacidad de transformarse —terminó Adrián—; ten en cuenta, querida, que eso es parte de lo que somos.

—Sabemos que eso es lo que les ocurrió a los que se quedaron a vivir en Taera —insistió Idaira.

—Perdieron la capacidad porque dejaron de hacerlo, quisieron vivir como humanos y lo hicieron.

—Verónica y Vins esperaban en silencio y miraban a sus padres con atención—.

Sin embargo, si incluso estando en Taera se siguieron transformando para no perder la facultad y poder volver al reino…

podemos saber con seguridad que son capaces de cambiar de forma.

—El rey se quedó pensativo unos segundos—.

Además, podrían haber adquirido nuevos conocimientos a la hora de adaptarse, pues han estado en contacto con animales que desconocemos aquí.

—Ahora creo que la idea de Víctor de irse para aprender fue muy acertada —dijo Verónica.

—Exacto, aunque no estamos seguros de que ellos estuvieran en esa zona —añadió su madre.

—Como sea, tanto si lo vieron salir por la mañana o de madrugada, el punto en común son los puentes, tenemos que centrar la búsqueda ahí —sentenció el rey.

—Estoy de acuerdo —añadió la reina.

—Sí, pero también pienso que primero debemos conocer exactamente el recorrido que hizo Erik antes de que lo atacaran —añadió Vins.

—¿Por si lo siguieron? —preguntó Verónica.

—En efecto, ¿dónde has dicho que lo atacaron? —preguntó Vins.

—En el camino que lleva a la cima del monte Recabal.

—Se tomó unos segundos para pensar—. Dijo que salió de su casa, recorrió la calle principal y se dirigió al bosque, cruzó el río y llegó a los puentes, luego fue por la parte norte y empezó el sendero en esa dirección, sin desviarse.

No me supo decir si lo seguían o no, pero ambos coincidimos en que el único lugar que coincide en todas las ocasiones son los puentes, antes de empezar la senda; por donde, como ha dicho padre, deberíamos buscar primero.

—Sí, por eso ahora mismo deberíamos darnos prisa en volver donde atacaron a Erik y ver si podemos seguirles la pista desde ahí hasta su escondite.

—¿Crees que será posible? —se interesó la reina.

—Se puede intentar —respondió Vins encogiéndose de hombros.

Mientras Vins y Verónica hablaban, su padre meditaba muy serio, tenía que considerar todas las opciones para conseguir atraparlos antes de que hicieran algún movimiento peligroso para su casa y para el reino.

Ahora sabían que su objetivo era Víctor, pero no podía estar seguro de a qué se debía ese interés, si se debía a que era el miembro de la familia real que estaba solo y sin protección o porque, de alguna manera, se habían enterado de que Víctor era el heredero al trono.

Tenía que atraparlos, sabía cuán peligrosos eran. Ángel ya lo era hace años, y ahora, con su hijo envenenado por el ansia de poder, estaba seguro de que no se detendrían hasta conseguir su objetivo; el ataque a Erik lo acababa de demostrar.

Se dirigió a la puerta y, antes de abrir, se giró a su familia.

—Verónica, ven conmigo.

Ambos salieron del despacho y se dirigieron a buscar a uno de los guardias del castillo.

—Reúne a todos enseguida —ordenó el rey cuando lo encontraron.

—Ahora mismo —dijo, y se alejó presuroso.

Mientras esperaban a que estuvieran todos, Adrián se giró hacia Verónica.

—Cuando lleguen, tienes que repetirles dónde fue el ataque y el recorrido exacto que hizo Erik.

—Miró a Verónica, que tenía gesto solemne—.

Han pasado casi dos horas desde la agresión, así que debes ser muy precisa.

—Observó en la dirección por la que había desaparecido el guardia—.

En cuanto lo hagas, vuelve dentro y abrígate, que hace frío —añadió cariñosamente, frotándole un hombro—. Yo iré enseguida.

—Vale. Erik dijo que uno de ellos estaba inconsciente, de modo que, si tenemos suerte, no se habrán podido desplazar rápido y los podremos atrapar.

Esperaron un momento y entonces vieron cómo se acercaban diez guardias hacia ellos.

Se trataba de la guardia más leal del castillo, muchos de los que estaban ahí procedían de familias que llevaban sirviendo a los reyes de Baltrium desde hacía generaciones, y todos habían jurado protegerlos de cualquier amenaza que hubiera para el reino, así como a la familia real.

Muchos de los guardias incluso ya servían al rey de Baltrium cuando se produjo el primer ataque a la familia real, hace muchos años, mientras era el padre del rey Adrián quien gobernaba, y sabían, al igual que todos ellos, los motivos por los que los traidores fueron exiliados fuera de los cuatro reinos; todos juraron guardar el secreto.

De modo que esa guardia eran los encargados de la búsqueda de los fugitivos, por ese motivo el rey no ocultaría información importante para poder encontrar a los traidores.

Cuando llegaron hasta donde se encontraban el rey y Verónica, esperaron unos segundos colocándose alrededor de ellos para poder escuchar lo que tenían que decir.

—Necesito que forméis partidas de búsqueda —empezó el rey—. Verónica os dirá por dónde tenéis que empezar. —La miró y ella dio un paso adelante.

—Debéis empezar cerca de la cima del bosque Recabal, por el sendero norte. Ahí, antes de llegar a lo más alto, atacaron a Erik, quien se defendió e hirió a uno de ellos; hasta donde sabemos, quedó inconsciente, por lo que es posible que no hayan podido escapar demasiado rápido.

—¿Se encuentra bien el doctor? —preguntó uno de ellos, pues sabía que él y Víctor eran amigos y Erik visitaba mucho el castillo.

—Sí, gracias —asintió—. Erik ha dicho que tras salir de su casa fue en dirección al bosque y al cruzar el río pasó cerca de los puentes y tomó el sendero norte para llegar a la cima del monte Recabal.

—Vaya —se sorprendió otro—. Es un amplio recorrido para buscar.

—Lo sé —dijo el rey—. Cariño, ve dentro, iré en un momento. —Terminó girándose hacia Verónica.

Se despidió de los guardias con un asentimiento de cabeza, que ellos imitaron, y se alejó de vuelta al despacho donde esperaban su madre y su hermano.

Tenía las manos heladas, de modo que empezó a frotarlas para que entrasen en calor; entonces vio a uno de los sirvientes del castillo que estaba arreglando unas cortinas y se acercó a él.

—¿Te importaría llevar algo caliente al despacho, por favor?

—Acabo de hacerlo —respondió él deteniéndose en su quehacer.

—Genial, gracias —dijo y se alejó de él, camino al despacho.