CAPÍTULO 7
La siguiente noche, tras haber visto a Víctor abandonar el reino, Kyle acudió sin demora a los puentes para atraparlo si volvía a salir por allí, ahora que sabía que nadie sospecharía de su desaparición.
Sin embargo, había esperado cada día hasta el amanecer, escondiéndose detrás de unos arbustos cercanos cuando escuchaba algún ruido que pudiera comprometer la seguridad de la guarida donde se ocultaban, sin que su presa regresara a Baltrium y eso lo estaba sacando de sus casillas, pues era una persona impaciente.
—¡Esto es ridículo! —gritó Kyle—. No sabemos cuánto va a tardar en volver y no podemos esperar mucho más; pronto nos encontrarán y no hemos conseguido nada, ¡estamos perdiendo el tiempo! —Terminó de vestirse y cogió una de las mantas que tenía cerca.
—Ten paciencia —lo tranquilizó su padre—. Tiene que volver, sé que no abandonaría su reino. Ni siquiera nosotros lo hicimos.
—Todo iría mucho más rápido si lo tuviésemos. Pensaba que volvería pronto, que tendríamos más posibilidades.
—Tenemos tiempo aún. No saben dónde estamos y es prácticamente imposible que localicen este lugar.
—Pero estar encerrados aquí sin noticias e incapaces de hacer nada no es algo que me guste y lo sabes. Tengo que averiguar dónde está Víctor y acelerar nuestros planes.
Durante toda la mañana, Kyle apenas pegó ojo pensando en la manera de averiguar dónde se encontraba Víctor.
Los únicos que sabían dónde se encontraba eran su familia y amigos más próximos, esas eran las últimas noticias que tenía del castillo; su informador no había vuelto y las patrullas de búsqueda eran más numerosas, en alguna ocasión ya habían pasado demasiado cerca de ellos, motivo por el cual Kyle se encontraba ansioso por actuar.
Por otro lado, veía que su padre apenas mostraba interés y parecía tener planes diferentes que poco o nada tenían que ver con el motivo de su regreso y no los compartía con él.
La última vez que habían recibido noticias, su padre se había apartado para charlar en privado con su informador; Kyle le había restado importancia, aunque ahora, mientras él estaba tan impaciente por encontrar a Víctor, ver que él no prestaba atención a este asunto le hizo replantearse muchas cosas.
Como el hecho de que hablase a solas con el espía, que en ocasiones le entregase una nota o que, cuando aún vivían en Taera, ya estuvieran en contacto y hubiera parte de las cartas que recibían que él no podía leer.
Kyle descartó esos pensamientos, ahora lo que le interesaba era averiguar la forma de conseguir más información.
Pensó en enviar una nota a uno de los hermanos de Víctor con alguna treta para que se reunieran con él. Lo había descartado; era una absoluta idiotez ponerse en peligro sin tener garantías de que el plan fuese a dar resultado.
También pensó en engañar a los amigos de la familia para preguntarles, sin embargo, corría más riesgo que beneficio, de modo que optó por seguir esperando a que Víctor volviera a Baltrium.
—¿Podrías dar muestras de que lo que queremos hacer te interesa? —reclamó Kyle a su padre—. Esto es algo que tú empezaste.
—Es cierto, pero no te preocupes; ahora tengo previsto un giro que nadie espera. —Sonrió de forma misteriosa.
—¿Tiene que ver con las notas que no puedo leer o con las conversaciones que mantienes?
—En efecto —cortó Ángel—. Algo que sabrás a su debido tiempo. —Kyle entrecerró los ojos intentando adivinar de qué se trataba—. Céntrate en Víctor y su familia.
—¿Entonces puedo contar contigo para lo que requiera en ese aspecto?
—Siempre y cuando sea necesario, sí.
—De acuerdo.
Habían pasado tres días desde esa conversación cuando, en uno de los paseos de Kyle cerca de los puentes, había divisado a alguien; al principio no lo reconoció, pero, en el momento en el que un rayo de sol iluminó el rostro del desconocido, Kyle se dio cuenta enseguida de quién se trataba.
Con todo el sigilo que pudo, volvió a la cueva y avisó a su padre para que lo acompañara, pues había encontrado a la persona perfecta para saber dónde se había metido el príncipe de Baltrium.
Ambos salieron de su escondite y lo siguieron durante algún tiempo, alejándose de su guarida, pues si querían obtener respuestas lo mejor sería hacerlo lejos de allí o se arriesgarían a ser descubiertos.
Se escondieron tras los árboles y esperaron.
Erik había salido a pasear y hacer ejercicio, le gustaba adentrarse en el bosque y caminar hasta el anochecer.
Era su día libre en el hospital y pensó que un paseo largo y relajante sería una buena forma de desconectar. Caminó durante varias horas mientras, poco a poco, el sol descendía en el horizonte. Pronto tendría que volver a casa.
Erik se detuvo al escuchar un ruido extraño cerca de él; se giró, pero no vio a nadie, de modo que pensó que se trataba de alguna ardilla que saltaba entre las ramas.
Siguió avanzando un poco más y volvió a oír algo, esperó unos segundos antes de volverse y encontrar dos hombres que salieron de detrás de los árboles más próximos.
—Tú eres amigo de la familia real, ¿cierto? —preguntó Kyle directamente mientras se acercaba poco a poco a Erik.
—¿A qué viene esto? —lo interrogó a su vez.
—¿Cómo se llamaba? —Kyle miró a su padre—. ¿Merik?
—Algo así; creo que era Erik, ¿verdad?
Erik no sabía cómo actuar, por el tono amenazante de sus voces supo que ellos eran a los que todo el reino buscaba y, por algún motivo que aún no comprendía, conocían quién era y su relación con la familia real; algo muy peligroso, puesto que, si lo que querían era información, podrían estar dispuestos a hacerle daño para conseguirla.
Debía huir de ahí pronto y alejarse de ellos. Miró a uno y otro lado buscando una salida, pero sabía que le resultaría muy difícil encontrarla, estaba seguro de que ambos harían cualquier cosa por detenerlo, así que probablemente tendría que luchar para escapar.
Meditó durante un momento sus opciones, pero luego se dio cuenta de que esa era la mejor ocasión para saber qué planes tenían con respecto a Baltrium y cuáles eran sus intenciones.
—¿Qué queréis de mí?
—Información. —Kyle se acercó mientras hablaba—. Queremos saber dónde está Víctor, qué hace y, sobre todo, cuándo planea volver.
Erik se quedó de piedra, no sabía de dónde habían sacado esa información, de modo que se tensó.
—Verás, hace casi una semana, lo vi salir de Baltrium cruzando un puente. Pero no sé hacia qué lugar viajó. —Ambos hombres estaban a un par de metros de Erik—. Así que necesito saber dónde puedo encontrarlo.
Kyle se cuidó de decir que había estado esperando noche tras noche el regreso de Víctor por si Erik sospechaba que su escondite se encontraba cerca, bastante había desvelado ya diciendo que había estado rondando por los puentes el domingo de madrugada como para darle más pistas; además, tampoco quería que descubrieran a quién le pasaban toda esa información.
—No lo sé. —Erik dio un paso hacia atrás.
En cuanto Erik escuchó que el más joven había visto a Víctor cruzar un puente se puso alerta; era demasiada coincidencia, además, no entendía por qué tanta atención en él.
—¿Por qué lo buscáis? —Erik se acercó poco a poco a un árbol que tenía a su espalda.
—Porque nos será útil —respondió Kyle; miró a su padre, que asentía.
—No os diré nada —terminó Erik, llegando por fin al árbol para protegerse la espalda.
En cuanto pronunció esas palabras, ambos hombres se abalanzaron hacia él.
Rápidamente, Erik pensó cuál sería la mejor forma de defenderse y, levantando una pierna, detuvo el avance del hombre de mayor edad, logrando que se doblase por la mitad, pero no pudo esquivar el puñetazo en el pecho que le propinó el más joven, que lo dejó sin aliento; cuando se recuperó, se apartó del siguiente golpe, que iba dirigido a su cara.
Consiguió que su atacante perdiese el equilibrio y respondió con un gancho directo a la barbilla que encajó a la perfección, lo que hizo que Kyle trastabillara y casi cayera al suelo.
Consiguió mantenerse en pie y tomar a Erik del brazo para alejarlo del árbol.
Cuando Erik se separó de la protección que le procuraba el árbol, Ángel aprovechó para atacarlo por la espalda, derribándolo y cayendo ambos al suelo.
Rodaron unos metros. Erik consiguió zafarse de su agarre, aunque no pudo ponerse en pie con la suficiente rapidez, pues enseguida sintió una patada dirigida directamente a su estómago que lo hizo toser con fuerza.
En ese momento, alguien lo levantó del suelo por la pechera de su ropa y lo empujó con fuerza contra otro árbol; sin poder evitarlo, su cabeza rebotó con el tronco y sintió cómo un líquido caliente le recorría la nuca, humedeciéndole el cuello.
—Nos dirás lo que queremos saber —dijo Kyle mientras se acercaba a Erik—. Tanto si te gusta como si no.
Tuvo tres segundos para pensar antes de que un nuevo golpe se acercara peligroso a su abdomen, lo detuvo cruzando los brazos a la altura del impacto, sujetó el puño que lo había atacado y, doblando el brazo, le propinó un codazo en la cara para luego seguir con otro en el estómago y un pisotón para quitárselo de encima.
Kyle retrocedió, mareado por la ofensiva tan certera de Erik; intentaba respirar, pero al parecer el golpe con el codo le había roto la nariz, por lo que le costaba hacerlo.
En cuanto Kyle se alejó de Erik, este intentó pensar una forma de escapar, pero un golpe certero en el estómago truncó sus pensamientos, dejándolo de nuevo sin aliento y haciendo que se doblara; lo que propició que Ángel lo derribase con la rodilla en la cara.
Erik cayó al suelo, sentía cómo el ojo le palpitaba, era imposible salir de ahí. En última instancia, se le ocurrió herir a sus oponentes de tal forma que no pudieran seguirlo.
Se arrastró con la intención de agarrar una rama que tenía cerca, pero una nueva patada en el estómago lo hizo terminar boca arriba en el suelo sobre una afilada piedra se le clavó en la espalda.