Amor Roswell #3
Mientras esperaba a que el mensaje se enviara, Noah se quedó pensativo, sentado en el borde de la cama, un mueble que parecía más una pieza de museo que un lugar de descanso.
Era un contraste fascinante. Elena había llegado a Roswell buscando raíces humildes, actuando con una sencillez desarmante, tan parecida en sus búsquedas y en sus inquietudes a Charlotte, que, a pesar de haber sido criada por una familia modesta, poseía una dignidad similar.
—¿En qué piensas? —la voz de Elena lo trajo de vuelta a la realidad. Ella acababa de salir del baño, luciendo más relajada que nunca.
Noah dejó el móvil a un lado y la miró con una mezcla de asombro y ternura.
—Pienso en lo poco que sabía de ti cuando te vi por primera vez —admitió él, señalando a su alrededor—.
En Roswell, con tus dudas, tu ropa sencilla y esa forma de buscar respuestas sobre tu origen...
jamás imaginé que detrás de esa mujer hubiera un mundo así.
Pensé que tu realidad era tan "terrenal" como la de cualquier otra persona que busca entender quién es.
Se acercó a ella y le tomó las manos, sintiendo la suavidad de su piel.
—Eres una caja de sorpresas, Elena. Pasar de la sencillez de una hamburguesa a este palacio... y que para ti sea lo mismo, porque al final lo que buscas es lo que llevas dentro, eso es lo que realmente me tiene descolocado.
Elena sonrió, apoyando su frente contra la suya.
—Esta casa es solo piedra y muebles, Noah. Lo que importa es lo que hemos construido en esta última semana en el desierto. Eso es lo único que es real aquí dentro.
Noah la abrazó, dejando que el lujo de la habitación se desvaneciera en el fondo. Ya no le importaba el resto del mundo.
La mañana en Washington comenzó bajo un sol radiante, muy distinto a la aridez de Roswell.
Para Noah, que siempre había visto la capital como un tablero de ajedrez lleno de oficinas, bufetes y salas de juntas, la experiencia fue una revelación.
Acompañar a Elena a comprar ropa, ver cómo ella se probaba vestidos que la hacían lucir deslumbrante y ser el encargado de elegirle un traje a él, se sintió como vivir en una película.
Por primera vez, Noah no miraba el reloj, ni revisaba correos, ni pensaba en el cierre de una inversión.
Sin embargo, la paz duró poco. Mientras recorrían una zona céntrica, una sombra familiar se interpuso en su camino: James. La tensión fue instantánea.
—¿Así que este es el nuevo reemplazo? —soltó James, con un tono lleno de veneno, mirando a Noah de arriba abajo con un desprecio que ocultaba su inseguridad.
Elena, lejos de la mujer vulnerable que él recordaba, se mantuvo firme, agarrando el brazo de Noah. —James, te lo diré una vez: no tengo nada que hablar contigo. Pasa por la casa a recoger tus cosas, no hay problema. Estoy feliz con Noah, y esa es la única realidad que importa.
James, con el ego herido y la rabia desbordada, se giró hacia Noah. —¿Desde cuándo lo conocías? ¿Me dejaste porque fui infiel o me dejaste por este tipo? ¡Dime, Elena, quién es él!
Noah, que había permanecido en silencio observando la escena, dio un paso al frente.
Su voz fue baja, pero cargada de una autoridad que hizo que James retrocediera un milímetro.
—La estás llamando como si fuera una cualquiera después de haberla traicionado, James.
Ten un poco de dignidad y lárgate antes de que pierda la paciencia.
James no aguantó el desaire y se lanzó sobre él.
La pelea fue rápida y brutal; el impacto de los puños resonó contra el asfalto.
Noah, impulsado por la protección hacia Elena, no retrocedió.
Tras unos minutos, con James en el suelo y visiblemente humillado, la pareja se alejó sin mirar atrás.
Elena estaba más convencida que nunca: Noah no solo era el hombre que amaba, era el hombre que la protegía en todos los sentidos.
De vuelta a la mansión, todavía con la adrenalina a flor de piel, el teléfono de Elena comenzó a sonar. Era Charlotte. El resultado del laboratorio había llegado.
—¡Es confirmado, Elena! —la voz de Charlotte vibraba de emoción al otro lado de la línea—. Los marcadores coinciden al 100%. Somos hermanas.
El alivio y la felicidad fueron totales. La vida de Elena dio un vuelco definitivo; ya no solo tenía a sus padres y a Noah, tenía un pedazo de su propia sangre esperándola en el desierto.
—Noah, tenemos que volver —dijo ella, con lágrimas de felicidad—. Charlotte ha tenido la confirmación. ¡Somos hermanas! Quiero estar allí cuando nazca su bebé, quiero conocer cada rincón de nuestra historia compartida.
Noah la abrazó, besándole la frente con una devoción que borraba cualquier rastro del altercado con James. —Entonces volvemos. No me importa si vivimos entre Washington y Roswell, o si tenemos que viajar cada semana. Lo importante es que hemos encontrado la verdad y que estamos juntos.
La felicidad de los días siguientes se sintió como una victoria.
Ya no eran dos desconocidos que se habían encontrado por azar en un desierto; eran dos almas gemelas decididas a construir un futuro sólido.
La mansión, el dinero y el pasado de Washington pasaron a un segundo plano ante la urgencia de construir una vida real.
Con la bendición de sus padres y la complicidad de su nueva hermana, Elena y Noah se prepararon para regresar.