BAJO EL SOL DE ROSWELL Amor Roswell #2
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Amor Roswell #2

El sheriff retirado arqueó una ceja, volviendo a su tono protector. —Está muy bien —dijo, lanzando una mirada significativa hacia Noah—, pero me imagino que dormiréis en habitaciones separadas, ¿no? Digo yo.

Elena rodó los ojos, avergonzada pero divertida. —¡Papá, por favor!

Fue entonces cuando Emma intervino, rompiendo la tensión con una calidez que sorprendió a todos.

Se levantó y se acercó a Noah, tomándole la mano con firmeza.

—Déjalos, Liam —dijo Emma, mirando al joven con sinceridad—.

Noah, estás muy bienvenido en esta casa.

Y quiero darte las gracias. Hacía muchísimo tiempo que no veía a mi hija con esos ojos brillantes. Hacía años que no la veía tan feliz.

Noah sintió un nudo en la garganta. La aprobación de la madre valía más que cualquier mansión.

—Muchas gracias, Emma. Es un honor estar aquí —respondió él con humildad.

Con el camino libre, Elena no esperó más.

Corrió hacia la terraza, quitándose los zapatos, y sin pensárselo dos veces, se lanzó al agua con un chapuzón que hizo eco en todo el jardín.

Noah, al verla salir a la superficie con el pelo mojado y esa risa libre, se desabrochó la camisa, se quitó los zapatos y, con la agilidad de un hombre que se siente vivo por primera vez, se tiró al agua junto a ella.

Mientras nadaban en la oscuridad de la noche, rodeados de estrellas, el lujo de la mansión quedó en segundo plano.

En la terraza, Emma y Liam los observaban desde lejos, en silencio.

Liam todavía parecía escéptico respecto a las intenciones del chico, pero al ver a su hija nadando con tanta despreocupación, supo que el "desierto" había logrado algo que ni toda la fortuna de Washington había conseguido nunca: devolverle a su hija la libertad de ser ella misma.

El agua templada de la piscina seguía ondulando, pero la conversación, ahora a solas en la terraza, tenía una carga emocional mucho más profunda. Liam, tras observar a su hija desde la puerta, se acercó a ellos con una mirada que delataba un cansancio acumulado, no físico, sino del alma.

—La verdad es que ha sido una semana... —confesó Liam, con un hilo de voz—. Esta casa estaba tan vacía sin ti, Elena. El silencio aquí dentro se volvía insoportable.

Noah, que permanecía al lado de Elena, le dedicó un gesto de respeto al hombre. —Se nota que tu padre te quiere con locura, Elena —murmuró él, con un tono sincero que suavizó las defensas del antiguo sheriff.

Liam suspiró, echando un último vistazo a la pareja. —Os dejo solos. Haced lo que queráis y dormid donde os plazca. Supongo que tengo que aceptar que me he quedado anticuado y que, por mucho que quiera, no puedo protegerte siempre, Elena.

—¿Estás diciendo que puedo hacer lo que quiera? —preguntó ella, todavía procesando la inesperada libertad que le otorgaba su padre.

—Sí —respondió Liam con una sonrisa triste pero firme—. Confío en ti. Eres una mujer adulta.

Cuando el padre se retiró, el silencio de la noche envolvió la terraza. Elena, emocionada por la tregua, se giró hacia Noah, pero la sombra de James todavía flotaba en el ambiente.

—Noah, te debo una confesión —dijo ella, bajando la voz—.

Mientras estuve en Roswell, James no ha dejado de molestar a mis padres.

Ha venido, ha llamado... incluso ha escrito a mi viejo teléfono.

Pero quiero que sepas que ya no significa nada.

Aquella noche, la chica que lo provocó, me hizo el favor de mi vida.

Si no hubiera huido, nunca te habría conocido.

Todo ha tenido que pasar exactamente así para estar hoy aquí contigo.

Noah la observó bajo la luz tenue, con una intensidad que casi le cortaba la respiración. —Eso suena a un destino muy bien trazado —dijo él—. Pero, Elena, necesito honestidad brutal: ¿Crees de verdad que esto es amor, o es el impulso de querer olvidarle a él? ¿Es un capricho?

Elena no dudó ni un segundo. Se acercó a él, desafiante y tierna a la vez. —Estoy convencida. Nunca me había sentido así con nadie. Y no es solo el vacío que él dejó, es lo que tú llenas. Además... —le dedicó una sonrisa pícara—, besas de maravilla.

Noah soltó una carcajada, levantando una ceja con suficiencia. —¿Y cómo se supone que sabes distinguir eso? Si solo habías besado a James...

—¡Ah! ¿Estás diciendo que no besas de maravilla? —le cortó ella, retándolo.

—No he dicho eso, preciosa —respondió él, acercándose tanto que sus narices casi se rozaban—. Yo sé que soy un latin lover, todas caen rendidas ante mis encantos, y tengo suficiente experiencia para saber que mis besos no tienen comparación.

—¡No te vengas tan arriba! —rio ella, dándole un empujoncito—. Eres un chulo, demasiado chulo.

Noah la rodeó con sus brazos, disfrutando de la paz que empezaba a reinar.

—Pero un chulo que te quiere —añadió él con dulzura—. ¿Qué tienes planeado para mañana?

—Mañana vamos de compras, luego a almorzar por ahí y te voy a enseñar mi ciudad —dijo ella, radiante—. Vas a ver, lo vamos a pasar increíble aquí. Te prometo que los días se te van a pasar volando.

Noah apoyó la barbilla en su hombro, mirando hacia el horizonte de la mansión.

Ya no le importaban los negocios en Roswell, ni la oficina, ni el desierto.

Por primera vez, el "terreno" que quería conquistar no tenía nada que ver con el poder, sino con quedarse exactamente donde estaba: junto a ella.

Noah se secó con parsimonia, aún sintiendo el frescor del agua en la piel, mientras admiraba la habitación que les habían asignado.

Era un espacio inmenso, decorado con un gusto exquisito, tan lujosa que le recordaba a las suites de los hoteles de alta gama donde solía hospedarse durante sus agotadores viajes de negocios.

Pero esto era diferente; esto era un hogar, un entorno que respiraba la opulencia de una vida de privilegios que él solo conocía por los informes financieros que manejaba a diario.

Antes de entregarse al descanso, sintió la necesidad de compartir aquel choque cultural.

Sacó su teléfono y grabó un vídeo corto de la suite, barriendo con la cámara desde los techos altos hasta los detalles de seda y el ventanal que daba al jardín.

Se lo envió a su hermano William con una nota de voz.

—"No te lo vas a creer, hermano. Esto parece sacado de un guion de las grandes series americanas o de la telenovela de Falcon Crest . Estoy en la mansión de la familia de Elena y me siento totalmente fuera de lugar. Jamás imaginé tanta riqueza concentrada en un solo sitio".