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Ellie se quedó dando vueltas en la cocina mientras esperaba a que Blake y Logan regresaran de la fiesta. Haciendo algo de tiempo, preparó una ensalada para su conejo, la dejó en un tazón diminuto y se agachó. En el suelo la esperaba el mismo conejito que le había traído Blake hacía unos días.
En aquel entonces, no se habría imaginado nunca que la capitana se le confesaría así.
El animal movió la nariz y estiró el cuello, como si pudiera oler la ensalada que su madre adoptiva le había preparado.
Ellie dejó el tazón en el suelo y el conejo dio un salto hacia delante para empezar a comer. Lo observó un rato, con ambas manos en las mejillas y los codos apoyados en sus rodillas.
¿Y si todo fue una broma de mal gusto?, pensó.
No, no tenía sentido. Blake no era de bromear. Los amigos de su hermano tal vez, pero ella no.
¿Y si escuché mal? A veces mis audífonos fallan...
Tampoco tenía mucho sentido. No se le ocurría nada similar a «estoy enamorada de ti» como para habérselo confundido al escucharlo.
Así pasó las siguientes dos horas: caminando alrededor de la cocina, manteniendo las manos distraídas cocinando y observando a su conejo como si pudiera tener las respuestas a todas sus dudas mentales y crisis.
En la fiesta, Blake no estaba mucho mejor. No había podido tomar ni un trago, se mantuvo en una esquina apartada de la casa y contó mentalmente los segundos para volver.
Tenía el estómago revuelto, sentía que, si se atrevía a comer algo, lo acabaría devolviendo por el mismo lugar por el que había entrado. Así que, aunque las papas fritas que habían servido en el centro de la mesa le encantaban, se aguantó las ganas de atracarse con ellas.
—¿Ya es hora de irnos? —le susurró a Logan por detrás, tocándole el hombro.
—¿Por qué? No debemos llevar ni dos horas aquí.
—Es que... bueno...
El chico pelirrojo frunció el ceño y entrecerró los ojos, como si ya se oliera algo.
—¿Qué pasó? ¿Jodiste algo y ahora tienes que arreglarlo?
—No, no —desvió la mirada—. Bueno, algo así... ¿Tal vez lo jodí? No estoy segura.
Logan la tomó del brazo y la llevó al pasillo de la casa, alejado de la música y las charlas de adolescentes que los rodeaban.
—¿Qué pasó?
Blake respiró profundo.
—Puede ser que le haya dicho a tu hermana que estoy enamorada de ella.
—¡¿Qué?! ¿En serio?
La capitana asintió lentamente.
—No puede ser —susurró, incrédulo. Sus labios quedaron abiertos un segundo de más—. De verdad lo hiciste.
Volvió a asentir.
—No sé qué decir. Me sorprende... demasiado.
—¿Me creías tan cobarde?
—Sí.
Le dio un golpe leve en las costillas a su amigo, él respondió dándole un empujón en el hombro.
—No soy tan cobarde.
—¿Cuánto tardaste? Ehm, ¿unos diez años?
—¡Cállate! Ya me gustaría verte a ti diciéndole a la anfitriona de esta fiesta lo mucho que te mueres por ella.
—Eso nunca pasará —cruzó los brazos—. Como sea, ¿cuándo se lo dijiste?
—Cuando te fuiste a duchar. No tuvimos tiempo de hablar nada.
—Ve.
—¿Qué?
—Que vayas a mi casa, que hables con ella. Yo me quedaré un poco más, así tienen tiempo a solas. Sino... lo seguirás posponiendo. Ya te conozco.
Blake suspiró y sonrió. Observó un rato el suelo antes de levantar la mirada para ver a su mejor amigo.
—Gracias, lo haré.
____
Ellie estaba acariciando a David, el gato obeso de la familia, antes de que Blake entrara. Había dejado sus audífonos en su habitación, por lo que al inicio no se percató de que había vuelto.
La pelinegra se acercó y le dio un golpe leve a la mesa, llamando la atención de la pelirroja.
Ellie levantó la cabeza, la miró un segundo antes de volver a observar al gato.
—¿Y Logan?
Tuvo que obligarse a mirarla para poder leerle los labios.
—Se quedó un rato más en la fiesta. Yo decidí volver antes.
—¿Tú dijiste que...
—Que estoy enamorada de ti, sí. Lo entendiste perfectamente.
Apretó los labios un momento y sintió como sus mejillas se calentaban.
—Ah, bien, sí. Entendí bien, entonces.
Se quedaron en silencio unos segundos. Ellie abrió la boca, la cerró, sentía que las palabras no le salían.
—Yo... nunca me había cuestionado la forma en la que te miraba o cómo me sentía contigo. La verdad es que empecé a hacerlo hace poco y...
—¿No estás segura de lo que sientes?
—No, no, sé que me gustas.
Ellie se llevó ambas manos a la boca. No podía creer que de verdad había dicho eso.
—¿En serio?
Asintió.
—Sí, me gustas —habló, todavía teniendo las palmas encima de sus labios.
—Genial.
—Sí.
—Muy bien.
—Ajá.
—Perfecto.
Ellie entrecerró los ojos. Empezó a hacérsele cada vez más claro que Blake se estaba muriendo por dentro de los nervios.
Dio un paso hacia delante y se inclinó un poco, esperando a que, tal vez, la pelinegra terminara de completar la distancia, pero ella seguía repitiendo en voz baja «genial, genial, genial».
Respiró profundo, y se inclinó un poco más para dejar un beso en la comisura de su boca.
Blake la observó completamente roja.
—¿Querías... tú querías que te besara?
Ellie no pudo evitar lanzar una carcajada al aire. Asintió varias veces.
Finalmente, la capitana completó la distancia entre ambas, haciendo que sus labios se tocaran con suavidad.
Bajó las manos hasta su cintura, mientras que Ellie le rodeó el cuello para mantenerla cerca.
El beso se extendió por varios minutos, manteniendo la suavidad y ternura. Cuando se separaron, ambas tenían las caras como dos tomates.
—No puedo creerlo —murmuró Blake.
—¿Qué cosa? —preguntó Ellie, acomodándose un mechón pelirrojo detrás de la oreja.
—Nada de esto. Es... como un sueño.
Blake volvió a besarla, despacio. Ellie sonrió contra sus labios. Después de todo, su madre había tenido razón desde el principio.