Azúcar, Mantequilla y Nosotras Epílogo
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Epílogo

Tres meses después

El sol brillaba en lo más alto, iluminando el campo en donde el equipo de fútbol americano local entrenaba. Los chicos descansaban, agotados y sudados. Logan estaba tirado en el césped junto a dos linieros, Blake estaba a unos pasos de ellos, en las gradas, acompañada de su novia.

—¿Crees que hice suficientes para todos? —preguntó Ellie, levantando dos cajas llenas de cupcakes que había preparado para el equipo.

—Mientras tengas una caja extra solo para mí...

—Claro que la tengo —respondió entre risas—. La caja con tu nombre está en casa, te la daré cuando regresemos.

Esa tarde los padres de los hermanos no iban a estar en casa, por lo que Logan invitó a algunos de sus amigos del equipo a pasar el rato, jugar al Madden y comer... mucho.

Y así fue.

Poco después de regresar a casa, los amigos de Logan se tiraron en el sofá y empezaron a gritarle para que encendiera la consola. De mientras, Ellie y Blake estaban en la cocina, acomodando en tres platos distintos los cupcakes.

—¡Blaake! —gritó uno de los linieros desde la sala de estar— ¡No seas nena y ven a jugar al Madden con nosotros!

Se escucharon unos murmullos, un golpe y un "auch" bajito. Entonces, el mismo chico volvió a gritar:

—Perdón, quise decir... ¡No seas lesbiana y ven a jugar con nosotros!

—¡No digas eso! —habló Logan

—¿Qué? ¿La palabra lesbiana? Eso es lo que es.

—¡Solo di que venga a jugar con nosotros y ya está!

Ellie y Blake apenas estaban logrando aguantarse la risa.

—¡Ya voy, chicos! —gritó la capitana de vuelta, entre risas muy mal disimuladas.

Finalmente, terminaron de mover los cupcakes, Ellie tomó dos platos y le dio un beso rápido en los labios a su novia.

—Gracias por ayudarme —murmuró. Luego, apuntó con la mirada la sala de estar—. Ve con los chicos antes de que se sigan quejando.

Blake sonrió, tomó el plato que quedaba y ambas caminaron hasta la sala. Allí, los chicos celebraron al ver la comida y no tardaron en llevarse varios pastelitos a la boca

Ellie y Blake se sentaron juntas, con los hombros tocándose. La capitana ganó los primeros tres partidos y cuando los chicos se cansaron de perder contra ella se pusieron a jugar y competir entre sí.

Después de un rato, la pelirroja le hizo una seña a Blake y la capitana no dudó ni un momento en seguirla hacia la cocina. Allí, Ellie sacó una caja y se la dio.

—¿Qué es esto?

—Los cupcakes que te separé para ti, solo para ti —sonrió, con las mejillas sonrojadas.

La pelinegra le devolvió la sonrisa y abrió la caja.

Se encontró con una docena de pastelitos decorados con crema y trozos de fresa encima.

Aquella fruta la transportaba al momento en el que se había confesado, al vestido que Ellie había usado, a esas palabras impulsivas que habían salido de su boca y que había pensado que fueron el peor error de su vida.

Aunque, en ese momento, sabía muy bien que no podría haber hecho nada mejor.

Tomó un pequeño trozo de fresa con delicadeza y se lo llevó a la boca, arruinando un poco la decoración de aquellos pequeños pastelitos.

—Puedes comer uno ahora, si quieres.

—No es necesario, los comeré de a uno cada que piense en ti. Lo cual es… bueno, muy seguido.

Ellie reprimió una risa, se acercó a ella y dejó un beso tierno en su mejilla.

—¿Te gustan, entonces?

—Si lo cocinas tú, siempre va a encantarme.