Azúcar, Mantequilla y Nosotras 7
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Cuando Blake llegó, Ellie ya se había cambiado de ropa al menos tres veces.

De repente, nada le quedaba bien.

Al final, decidió usar un vestido blanco con estampado de fresas y un delantal rosado encima. Uno que no tardó en llenar de harina en cuanto regresó a la cocina.

—¡Me voy a duchar, avísale a mi hermana! —gritó Logan mientras subía las escaleras. Apenas habían vuelto de los entrenamientos. Ellie llevaba los audífonos, cosa que rara vez hacía en su casa.

Volteó apenas la cabeza, viendo por encima de su hombro.

Blake estaba ahí, a unos pasos, estirándose y suspirando con exageración. Al levantar los brazos su camiseta se levantó un poco, revelando un abdomen marcado. Tuvo que obligarse a volver a concentrarse en los últimos cupcakes que faltaban por decorar.

—¿Tienes puestos los audífonos?

—Sí —respondió al instante—. ¿De... de qué querías hablar?

—Bueno...

Se acercó y apuntó con un dedo uno de los cupcakes.

—¿Puedo?

Ellie asintió rápidamente. La pelinegra tomó uno de los cupcakes ya decorados y le dio un buen mordisco.

—Tu cara está roja —dijo, masticando.

—¡No es verdad!

Blake se inclinó hacia delante, lanzando una carcajada al aire.

—Tranquila, no tienes que gritarme.

—Perdón.

—Bueno... quería hablarte sobre lo que pasó la otra vez, ya sabes, cuando nos tomamos las manos.

El mundo entero pareció ponerse en pausa.

Ellie tragó saliva y mantuvo la vista fija en los cupcakes.

—Pensé que en algún momento lo mencionarías, que me dirías algo, pero eso no pasó y... no quería dejar pasar más tiempo sin preguntarte por qué lo hiciste.

—No lo sé —contestó, con la voz bajita y chillona.

—¿Como que no lo sabes? ¿De verdad?

—No lo sé —alzó los hombros—. Solo... algo dentro de mi pecho me hizo hacerlo y lo hice. No pensé que al final me tomarías la mano así sin más.

—Ah.

Blake levantó la vista al escuchar el sonido de unos pasos en el techo: Logan ya había terminado de ducharse.

—No sé qué tan buena idea es que te diga esto...

—¿Qué cosa? —Intentó mirarla, pero falló en la misión. Sus ojos volvieron a la mesada de la cocina.

La capitana respiró profundo, como si se preparara para algo importante.

—Me gustas mucho. Desde hace años que me gustas. De hecho, me enamoré a primera vista de ti.

Ellie se quedó helada. Lo dijo todo tan rápido que hasta le costó procesarlo.

—¿Qué? —finalmente, pudo mirarla.

—¡Fue la mejor ducha de mi vida!

Logan bajó las escaleras de dos en dos, revolviéndose el cabello pelirrojo mojado.

Las miró a ambas, sin sospechar nada. Luego, se acomodó la chaqueta encima del pecho.

—¿Vamos?

Ellie, pálida y aún procesando las palabras que Blake había pronunciado antes, la tomó del brazo y la miró, incrédula.

—¿Qué? ¿A dónde van?

—A la casa de April, va a hacer una pequeña fiesta. Tenemos que estar ahí, a tu hermano le gusta.

—¡No es cierto! —se llevó ambas manos a las caderas y frunció el ceño, pero el rojo en sus mejillas lo delataban.

Ellie soltó el agarre lentamente y parpadeó.

—Bien. Está bien. No sabía que tenían una fiesta.

—No volveremos muy tarde —le respondió su hermano mayor—. Mamá dijo que quería que estemos para la cena.

Después de eso, ambos salieron. Antes de hacerlo, Blake le dedicó una última mirada y le mostró una sonrisa nerviosa.

Ellie se quedó parada en medio de la cocina, todavía con el rostro pálido.

Las palabras de la capitana se repitieron en su mente.

«Me gustas mucho.»

«De hecho, me enamoré a primera vista de ti.»

Se llevó una mano al rostro, sintiendo como una sonrisa tímida se le escapaba.

No podía creerlo.

¿Blake estaba enamorada de ella?

Y lo había dicho tan tranquila...

O eso era lo que Ellie pensaba, porque, aunque llevaba audífonos, estos no le permitían escuchar del todo bien. No le permitieron escuchar el temblor de la voz de Blake mientras se confesaba, y tampoco pudo ver a la capitana entrar en pánico en la fiesta por haberse confesado impulsivamente.