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Ellie no sabe nada de fútbol americano. Solo sabe que se juega con las manos, que los puntos se consiguen con touchdowns y goles de campo y… eso es todo. Ese era todo su conocimiento.
Aun así, ese día decidió ir a ver al equipo de su hermano entrenar. Ver al equipo de su hermano significaba también ver a Blake, porque, bueno, más que ser el equipo de Logan, era el equipo de Blake.
Se acercó, esquivando el pasto largo que crecía sin tope en las afueras de la cancha. Se alivió en cuanto notó las líneas blancas que marcaban las yardas. Lo primero que vio, fue a un grupo de tres chicos conversando entre sí que se quedaron helados en cuanto notaron su presencia.
—¡Hola! —saludó, levantando una mano. La otra la tenía ocupada con una caja de cartón en donde llevaba porciones de brownies para todo el equipo—. ¿Ya terminaron el entrenamiento o están descansando?
Los chicos se miraron entre sí. Uno codeó al que estaba en el centro y lo empujó para que avanzara hacia ella, su rostro enrojeció por completo.
—No, eh… aún estamos entrenando. Nosotros solo vinimos a tomar agua.
—Ah, bien. ¿Logan y Blake están por aquí?
—Eres muy bonita —habló el mismo chico.
—Mucho más bonita que Logan —continuó el que lo había codeado.
—¿Gracias? No sabía que miraban tanto a mi hermano.
Los tres se quedaron en silencio y volvieron a mirarse entre sí.
—Logan y Blake están entrenando —apuntó con el pulgar el campo—. No creo que el entrenador te deje acercarte mucho.
—Está bien, puedo esperar. ¡Gracias, chicos!Se alejó en dirección hacia donde le habían apuntado. El clima empezaba enfriarse y se arrepintió de no haberse traído un abrigo para la ocasión.
Podría haberse traído su abrigo peludito que, además, le quedaba muy bien y…
¿Por qué estaba pensando en verse bien? Es algo que nunca le había importado antes, mucho menos mientras estaba en el campo de fútbol americano, rodeada de hombres sudorosos.
No tenía la intención de llamar la atención de ninguno, y ya bastante llamaba la atención apareciéndose de la nada y siendo la hermana menor de uno de los jugadores.
A veces no entendía como Blake podía soportar estar en un ambiente así.
Se sentó en las gradas, con la caja encima de los muslos. Desde esa distancia le era difícil escuchar lo que ocurría, pero aun así vio a Blake en su elemento.
La pelinegra gritó, le señaló algo a uno de los jugadores e intercambió pases con un chico enorme.
Después de eso, practicaron una jugada. Un joven alto bloqueó al chico con el que Blake había estado entrenando, pero con un pase alto alcanzó la pelota y corrió.
La capitana sonrió con orgullo, Ellie no sabía si estaba orgullosa del pase que ella había hecho o de su compañero por haberlo atrapado, tal vez un poco de ambos.
Entonces, Blake dirigió la mirada hacia las gradas, solo un momento. Sus ojos se encontraron con los de la pelirroja y Ellie sintió que se le escapaba el aire.
¿Desde cuándo Blake se ve… así?, pensó.
Respiró profundo y desvió la vista, observando fijamente la madera debajo de ella como si fuese lo más interesante del lugar.
Era ridículo. Blake era su amiga, la mejor amiga de su hermano mayor. No tenía sentido que…
—¡Ellie! —la capitana se acercó corriendo hacia ella. El sudor hacía que la playera se le pegara al pecho— No sabía que vendrías hoy a vernos.
—Sí, bueno, no lo tenía planeado.
—¿Cocinaste algo?
Ellie se levantó y abrió la caja, dejando ver porciones suficientes de brownies para todo el equipo.
—¡Huelen bien!
—Los hice antes de venir, así que todavía están tibios.
—¿Puedo?
Asintió. Blake tomó uno y se lo llevó directo a la boca. Un gemido bajo y exagerado salió de su boca, haciendo que Ellie lanzara una carcajada al aire.
—¿Tan buenos están?
—Muy, muy buenos. Los mejores brownies que he probado.
Sintió las mejillas calientes. Movió la cabeza, tratando de despejarse de esa idea. Si pensaba que se estaba sonrojando, la vergüenza sería peor, y, por lo tanto, el rojo en su rostro también.
—¿Vendrás a cenar hoy?
—Si sobrevivo a estos idiotas, sí.
Volvió a reír. Blake se quedó muy quieta, guardando esa pequeña y corta risa en el cajón de su mente que estaba lleno de imágenes de Ellie.
Un cajón del que, obvio, jamás le había hablado a nadie.
—Yo… —la pelirroja miró los brownies en la caja, evitando ver a la chica frente a ella, incluso si evadir su rostro solo complicara su comunicación— iré a ofrecerle unas porciones al resto de los chicos. Descansa e hidrátate, ¿sí?
No espero respuesta. Caminó en dirección al campo sin mirar atrás. La misma pesadez e incomodidad en su pecho apareció, pero esta vez era más fuerte, más molesta, más… caliente, incluso.
Respiró profundo y exhaló.
Solo necesitaba distraer la mente, repartir brownies, volver a casa y seguir cocinando en compañía de su gato obeso y de su conejo.
Por eso se sentía así, claro.
Era eso, obviamente.
De mientras, Blake se quedó atrás, aún con media porción de brownie en una mano, observando a la pelirroja alejarse, y pensando en lo perdida que estaba.