Azúcar, Mantequilla y Nosotras 1
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Todos sabían que Blake estaba enamorada de Ellie.

Casi todos. La única persona que no lo sabía era Ellie, y porque estaba siempre demasiado ocupada cocinando o pensando en qué cocinar después como para fijarse en eso.

Blake no está segura de cuándo fue la primera vez que su corazón se aceleró ante la presencia de aquella chica.

Tal vez cuando tenían trece años y le cocinó por primera vez unas galletas de vainilla sin gluten después de enterarse de su diagnóstico de celiaquía.

O cuando en su cumpleaños catorce, el mismo en el que le dio mononucleosis, se apareció en la puerta de su casa con un barbijo puesto, una torta en las manos y una caja de ibuprofeno en el bolsillo de su abrigo.

Solo sabe que le encanta, que la ve y siente que está observando a un ángel que acaba de caer del cielo.

Ellie siempre ha sido sorda. Cuando Blake la conoció ya lo era, aunque la realidad era que apenas un año antes de conocerse ella todavía escuchaba.

Después de una infección de oído severa, la pelirroja perdió la mayor parte de su audición, meses después le dieron audífonos y su vida se ha reducido a sonidos en volumen bajo y voces que parecen estar cubiertas por capas de tela.

Por esos mismos meses descubrió también su pasión por la repostería y la cocina, y desde entonces no ha parado de cocinar.

____

Esa tarde, Ellie tenía pensado preparar cupcakes de chocolate. Se puso el delantal, dejó sus audífonos encima de la mesa del comedor, se lavó las manos y empezó a trabajar.

Sacó la harina de arroz, la cual ya compraba sin pensarlo, aunque nadie en su familia era celiaco. Llenó una taza hasta el borde y la dejó acomodada en un costado. Del refrigerador sacó dos huevos, leche vegetal, y…

Un dedo le tocó el hombro y se volteó rápidamente, tanto que terminó asustando a la persona detrás de ella.

—¡Ay, Ellie! —su madre se llevó una mano al pecho y rio—. ¿Ya te vas a poner a cocinar?

—Siempre empiezo temprano —respondió con una sonrisa. Terminó de sacar las cosas y cerró la nevera.

—Sí, sí. Es verdad… —se cruzó de brazos y su mirada recorrió toda la cocina antes de volver a parar en ella— Hoy tu hermano va a salir con unos amigos suyos.

—¿Blake va a ir con él?

—Creo que no. Dijo que era una reunión de hombres, que no permitían chicas.

—Eso decían del equipo de fútbol americano del pueblo y al final dejaron que dos chicas entraran.

Su madre apretó los labios, como si se aguantara una sonrisa. Se acomodó un mechón pelirrojo detrás de la oreja y se acercó medio paso a su hija.

—Bueno… ya sabes que Blake viene aunque tu hermano no esté. Le gusta estar por acá, sus padres trabajan mucho y no es una persona que disfrute mucho del tiempo a solas.

—Lo entiendo, y lo sé.

—Y… Bueno… ¿No has pensado en que… —hizo una pausa. Levantó las manos y las juntó, señalándola— Blake y tú hacen una linda parejita?

¿Qué está diciendo esta loca?, pensó para sus adentros. Aunque jamás llamaría a su madre loca en voz alta.

—No… —murmuró, nerviosa. Tenía un presentimiento extraño.

—¿Nunca?

—No lo sé —se encogió de hombros—. Es la amiga de Logan. Es linda y confío en ella, pero… —su mente se quedó recalculando un segundo antes de decir—: ¿Estás tratando de emparejarme con ella?

—¡No, nooo! ¿Cómo se te ocurre? Yo soy tu madre, pero jamás me metería en esas cosas. Tú eres lo suficientemente mayorcita como para poder invitar a salir a una chica si así lo quieres.

—Bien.

—Bien.

Se quedaron unos segundos mirándose, envueltas en un silencio incomodísimo.

—Solo lo pregunta por si, de casualidad, lo habías pensado alguna vez.

Ellie negó con la cabeza.

—Bien. Tu padre y yo iremos a comprar algunas cosas y luego cenaremos en casa de tus tíos. Quieren enseñarnos las nuevas remodelaciones que le hicieron a su casa, así que volveremos tarde.

Asintió. Su madre se inclinó hacia ella, dejándole un beso en la frente. Se terminó de despedir y salió de la cocina.

Cuando finalmente sus padres se marcharon y ella se quedó sola en casa, se permitió pensar, por solo unos minutos, en lo que le había dicho.

¿Blake y yo siendo pareja? Imposible… nunca me atreví a mirarla así, fue lo primero que pensó.

Seguro hasta tiene novia, o le gusta una de las porristas, pensó después de un rato.

¿Blake siquiera se fijaría en una chica como yo? Siendo tan alta, fuerte y atractiva podría tener chance con la chica que quisiera, fue el pensamiento que le cruzó la mente al cabo de unos minutos, y el que más le quedó haciendo eco.

Cuando metió los cupcakes al horno, se quedó un rato sentada frente a este, sintiendo el calor y observándolos crecer lentamente dentro.

Tal vez la razón por la que nunca pensé en ella como algo más fue porque nunca consideré que se podría fijar en mí…

Antes de que sus pensamientos tomaran una dirección que podría acabar por completo con su autoestima unos pies aparecieron a su lado. Levantó la mirada y se encontró con Blake parada junto a ella, observándola desde lo alto.

—¿Qué haces ahí? —preguntó, inclinándose y levantando una ceja.

—Miraba a los cupcakes hacerse. Ya casi están listos —le dio una última mirada al horno antes de agregar, con un toque de timidez poco común en ella—: Los hice para ti.

Se levantó con tranquilidad, fingiendo normalidad después de haber pasado tanto rato sobrepensando por culpa de un simple comentario de su madre.

—Logan me dijo que no volvería tarde, así que no te voy a molestar por mucho rato.

—No me molestas, jamás lo harías.

La respuesta fue rápida, automática. Por primera vez se sintió avergonzada de eso.

Notó, entonces, como las mejillas de Blake se encendieron un poco. Fue sutil, pero sucedió.

—Le puse chispas de chocolate.

—¿Muchas?

—Muchísimas. Tal como te gusta.

La pelinegra sonrió. Una sonrisa pequeña, suave, casi imperceptible a ojos de otras personas.

—Tu comida siempre me gusta, sea como sea.