Azúcar, Mantequilla y Nosotras Prólogo
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Azúcar, Mantequilla y Nosotras

Azúcar, Mantequilla y Nosotras

Por Hana Sanchis

© inepub.com

Prólogo

Ellie vivía rodeada de silencio, literalmente.

Bueno, no silencio-silencio, podía oír un poco, y un poco más si usaba sus audífonos. Pero cuando cocinaba le gustaba estar así: tranquila, con los sonidos de su alrededor escuchándose como si estuviesen debajo de decenas de capas de ropa.

Enterró los dedos en la masa, masajeó y la volteó. La mesada vibró un poco con el golpe. Repitió el proceso hasta que los ingredientes se mezclaron por completo. El aroma a vainilla envolvía el lugar, cualquier persona que pasara podría sentirlo.

No se dio cuenta cuando su hermano mayor entró junto a su mejor amiga, Blake. Gritando algo sobre una jugada tramposa en el último partido.

—¡El árbitro estaba comprado! —resopló el chico, Logan, dejándose caer en una butaca cerca de su hermana cocinera—. Es obvio que le ofrecieron dinero o algo por cobrarnos más pañuelos amarillos. A Chris lo expulsaron del partido por mirar feo a uno de los rivales.

—Totalmente injusto, sí —le dio la razón, sentándose en la butaca que estaba a su lado—. ¿Crees que tu hermana vaya a cocinarnos algo rico para consolarnos?

—Siempre cocina, demasiado. Un día mis padres y yo saldremos rodando de la casa… y con diabetes.

Ellie no los escuchaba. No solo porque sus voces se escuchaban como murmureos bajo el agua para ella, sino porque, además, estaba muy centrada en sacar bolitas similares de la masa en la que había estado trabajando.

Esta vez, la receta le saldría mejor, y las galletas no serían deformes y todas de diferentes tamaños. O eso esperaba.

—Creo que intenta impresionarte —Logan se inclinó hacia delante, bajando la voz, aunque sabía bien que su hermana no llevaba puesto los audífonos.

—No digas estupideces.

—De verdad. Cocina con más ganas cuando sabe que vas a venir.

—Vengo todos los días, prácticamente vivo con ustedes.

Logan rodó los ojos. Odiaba cuando Blake actuaba así, haciéndose la tonta, como si no se enteraba de nada de lo que ocurría alrededor.

Aunque, bueno, de verdad no se enteraba de nada de lo que ocurría a su alrededor porque solía ser bastante lenta.

—Enciendo la playstation y jugamos un rato mientras esperamos el postre, ¿te parece?

—Claro. ¿Unos partiditos del Madden?

—Solo si te aguantas que te gane de nuevo.

—¡Cierra la boca! Yo soy la que gana todo el tiempo.

Logan murmuró un cantado yi si li qui ti gani tidi il timpi antes de darse la vuelta y caminar hacia la sala de estar, donde se encontraba la consola de videojuegos.

Blake se quedó un rato más ahí, en la cocina.

Quiso evitarlo, quiso resistirse, pero su mirada terminó encima de Ellie, como cada vez que visitaba a esta familia.

No tenía idea de cuánto tiempo llevaba enamorada de ella.

De cuantas veces se ha imaginado tomándola de la mano, besándola, diciéndole lo mucho que le gustaba, o incluso hablándole en lengua de señas, que sabía bien que Ellie no tenía a nadie con quien comunicarse así porque en su familia apenas sabían algunas señas básicas.

La amaba. La amaba de una forma que no podía explicar, que era mucho más grande que ella y que cualquier palabra que pudiese existir en cualquier idioma inventado por el humano.

Así de cursi se ponía su cerebro cada vez que posaba la mirada sobre ella.

Ellie se dio la vuelta, como si sintiera los ojos de la capitana. Se miraron fijo por un segundo antes de que Blake desviara la mirada y sintiera como se le enrojecía el rostro.

—¿Cómo estuvo el entrenamiento de hoy? —preguntó Ellie, sin despegar la mirada de su rostro. Sin los audífonos, necesitaba verla para asegurarse de leerle los labios y entenderla.

—Bi-bien. Fue bien. Como cada día…

—Eres una buena capitana —afirmó, como si realmente lo supiera. Aunque aquella pelirroja sabía poco y nada de fútbol americano.

—Sí, eso creo. Me esfuerzo mucho. Debo hacerlo para conservar mi lugar siendo una chica.

—Bueno… estoy segura de que no tienes nada que envidiarles a los chicos del equipo. Eres alta, fuerte, tienes lindos brazos y hasta creo que eres más guapa que todos ellos juntos.

Las mejillas de Blake se calentaron incluso más. Rio en voz baja, nerviosa.

No te ilusiones, Blake. No te ilusiones. Te lo está diciendo de una manera platónica. No te ilusiones, se repitió en su mente.

—¿Más guapa que tu hermano incluso? —se atrevió a preguntarle. La voz le tembló mucho más de lo que alguna vez se atrevería a admitir, y agradeció que Ellie no llevara sus audífonos puestos… le ahorraba un poco la vergüenza, aunque seguro notó sus labios temblorosos.

—Por favor, mi hermano es… promedio —rodó los ojos exageradamente—. Pelirrojo, bajito, con demasiadas pecas. Creo que yo no nací con pecas porque mi hermano se las llevó todas.

Ahí sí, una carcajada fuerte se escapó de los labios de Blake. Ellie sonrió, contenta de verla reír.

—Claro, seguro. ¿Si sabías que hay una porrista loca por tu hermanito?

—Me cuesta creerlo. Es muy torpe con las chicas.

—No tanto como yo.

—Ay, Blake. Tú seguro eres como un don juan pero en versión lesbiana, no te hagas…

Tragó saliva. Tuvo que aguantarse las ganas de decirle que no coqueteaba con otras chicas, que no se atrevía a hacerlo. Que cada vez que miraba un poco de más a otra mujer sentía que le estaba siendo infiel a una chica que ni siquiera tenía idea de sus sentimientos.

Antes de que pudiera responder, Blake escuchó un grito proveniente de la sala:

—¡Ya está todo listo! —Era Logan—. ¡Ven así puedo empezar a ganarte!

—¡Ya voy! —le gritó de vuelta.

Ellie parpadeó, confundida por el cambio de expresión de Blake. La pelinegra volvió a mirarla y se levantó de su asiento.

—Era tu hermano —le explicó—. Me está esperando para jugar unos partidos en el Madden. ¿Nos avisas cuando tengas todo listo?

—¡Claro! —sonrió—. Suerte. Gánale todo lo que puedas a Logan.

Eso dijo antes de darse la vuelta y regresar a su tarea de sacar y armar bolitas con la masa.

Blake asintió, aunque ya no podía verla. Dio media vuelta sobre sus talones y fue hasta la sala, donde su mejor amigo la esperaba.

—¿Qué tanto hablabas con mi hermanita, eh?

—Nada importante. Solo hablábamos de lo fea que es tu cara y que por eso ninguna chica te hace caso.

—Auch —se llevó una mano al pecho, dramatizando la escena—. ¿Y le dijiste que estás loca por ella, o aún sigues siendo una cobarde?

Se sentó a su lado en el sofá y le dio un golpe juguetón en el brazo. Logan gimió del dolor, exagerándolo todo y partiéndose de risa justo después.

—Qué idiota eres, eh —dijo Blake entre risas, pellizcándole la piel del brazo solo para escucharlo pegar un gritito.

—¡Tú me insultaste llamándome feo!

—No estás tan mal.

—Eres lesbiana. Tu opinión sobre mi cara no importa, da igual, ¿lo sabes?

—¿Entonces por qué te ofendes si te llamo feo?

—¡Tengo todo el derecho de ofenderme!

Le devolvió el golpe, suave, haciéndola caer un poco hacia un costado. Finalmente le entregó un joystick y señaló con la barbilla el televisor.

—Vamos, feo, juguemos de una vez así te puedo ganar.

—En tus sueños, lesbiana gallina.