44.
—Papá, disculpa. Creo que hay alguien fuera del ascensor.
—¿Es la ayuda que ha llegado ya?
—No lo sé. Puede ser. Te llamo luego.
Colgué.
—¡Brenda, escúchame por favor! Tengo algo que decirte —decía la voz de Brad.
En ese momento oí una voz familiar que llegaba.
—Hey, ¿qué pasa aquí? ¿Qué pasa con Brenda? —dijo Brad de Finance.
Efectivamente, tenía a los dos Brads juntos, el uno frente al otro, sin que yo pudiera ver sus caras. Sorprendentemente podía escuchar con facilidad y entenderlo todo. Pensé en dar un grito para pedir ayuda, pero ¿cómo explicarles?
—¿Eh? Tengo que hablar con ella. No es asunto tuyo —dijo Brad el nerd en un tono de malas pulgas muy neoyorquino que yo no le había escuchado nunca. Lo visualicé vistiendo la ropa de siempre, camisa de franela, vaqueros.
—¿Ajá, y tú eres…? —le respondió el de Finance. Me imagino que vendría arreglado para encontrarse conmigo. Es un poco pijo. Me pregunto qué llevaría puesto.
—Yo soy… un vecino.
—Ya… bueno. Yo voy a ver a Brenda esta noche. ¿Me dejas el recado y yo se lo paso? —dijo de forma un poco condescendiente.
Oh-oh, problemas, pensé.
—¿Q-qué? No, esto es personal. Disculpa. Y no puede esperar.
—¿Personal? Espera, por un momento pensé que querías decirle algo por un recalo o de un paquete que le habías cogido. ¿Tú qué cosa personal tienes con ella? —parece como si Brad de Finance siempre estuviera sonsacando información. Lo imaginé mirándolo de arriba abajo.
—¡Piérdete!
—Amigo, esto no va contigo. Vas a tener que ser tú el que salga de aquí. Obviamente ella no quiere hablar contigo.
—¿Qué? La conozco, y sé que va a querer hablar conmigo. Solo está enfadada. ¿Por qué te cuento esto…? ¡Déjame en paz! —Brad el nerd se pone nervioso cuando hay conflicto, pensé. Esto se puede escalar muy rápido.
—Mira, para mí esto ya es evidente. Llevas un rato gritando y no dice nada. Yo sé con certeza que está en casa porque me está esperando a mí. Ahora vas a ver… ¡Brenda! —llamó mi colega de Finance.
Por supuesto no respondí. Aparentemente mi silencio le dejó patidifuso. No sé si esperaba que yo abriera la puerta en ese momento para saltar a sus brazos. Este tío piensa de verdad que yo estoy por él.
—Pues… parece que no está —concluyó.
—¿Oh, dices que te estaba esperando y ahora no está? —dijo mi vecino con sarcasmo—. No sé quién eres, pero creo que ella tampoco quiere verte.
—Salgamos de dudas. La voy a llamar ahora mismo —dijo Brad el atleta.
—Tú… ¿tienes su número…? Poco me importa —dijo Brad herido en su orgullo.
Casi instantáneamente mi móvil comenzó a vibrar y a reproducir el tono de llamada.
—Espera, el ruido del teléfono no viene de la casa. Viene de ahí detrás.
—¿Del ascensor?
—¿Brenda…?
Ups. No había caído en la cuenta. Ahora el encuentro era inevitable.
—Brenda, ¿estás ahí?
Tardé un poco en responder.
—Sí. Ayuda… —dije con un hilo de voz.
—Espera. Ayúdame a mover esto —dijo mi vecino Brad.
—¿Cómo, a abrir esta chapa? Está oxidada —el de Finance parecía reticente.
—Ayer se abría.
Hubo ruidos de esfuerzo. Vi cómo las puertas del ascensor se movían un poco.
—Chicos, no parece que se mueva mucho.
—Un momento. ¿Me has reconocido a mí, y a él también? —preguntó Brad.
—¡Por favor, ayudadme! —rogué. Quería evitar un drama innecesario.
Estuvieron un rato sacudiendo los hierros, pero la puerta no se movió nada.
—Espera —se me ocurrió algo—. Brad, llama a Dukakis.
—¿Al casero?
—Sí, tiene que saber cómo sacarme de esta trampa.
Por suerte Dukakis estaba en el edificio. Antes de darme cuenta ya lo tenía haciendo palanca con una barra.
—Brenda, agáchate —me avisó—. Voy a tener que hundir la barra un poco más y no quiero golpearte.
—Estoy sentada en el suelo.
—Este ascensor… creo que es la primera vez que pasa esto. Siempre hay sorpresas. Pero cuando me dijeron que eras tú la que había quedado atascada no podía creérmelo… ¡Hay que cuidar de los buenos inquilinos!
Forcejeó un poco más. Algo hizo clack .
—Mmm, ¿igual lo estoy rompiendo? —dijo Dukakis de repente cauteloso—. Espera, dale al botón para llamarlo ahora.
Parece que el mecanismo cedió y la puerta se abrió sola lentamente. Vi la cabeza de estos tres hombres asomarse. Allí estaba yo sentada en el suelo, un metro más bajo que el cuarto piso donde ellos estaban.
Me tendieron la mano. Cuando salí estaba completamente deshidratada y casi no me mantenía en pie.
—¡Qué peligro! Voy a imprimir un cartelito para que la gente no lo use de momento —dijo Dukakis mientras se dirigía hacia las escaleras, luego se volvió para decirle a mi vecino—: Brad, cuida bien de tu novia.
—Disculpe, Brad soy yo —dijo Brad de Finance.
Dukakis nos miró a los tres confuso:
—¡Qué lío! ¡Son muchas cosas para arreglar esta tarde! —dijo bajando las escaleras.
Cuando él se fue me tuve que enfrentar con las miradas de los dos Brads.
—Entonces, Brenda, ¿lista para nuestra cita? ¿Pasamos tú y yo a tu casa a descansar un poco? —dijo mi compañero de oficina.
—¡Otra vez! ¿Cómo que una cita? Brenda, ¿qué es esto?
—Calma, Brad, te lo puedo explicar… Es un compañero de trabajo.
—Vaya, parece que alguien tiene celos —añadió Brad de Finance.
—¡Brenda! Escúchame, te enfadaste porque Pearl se pasó a mi habitación la otra noche.
Yo estuve todo el tiempo durmiendo y cuando me desperté le grité para que saliera de ahí.
¡No pasó nada! Pero con toda la confusión y sin saber yo mi versión, me parece hasta normal que te enfades.
Ahora bien, viene aquí este tío diciendo que tiene una cita contigo en tu apartamento.
Pues bien, no estoy celoso, no. Estoy muy celoso. Y además me merezco una explicación…
—Un momento —se adelantó Brad de Finance cortándolo—. Brenda, ¿tú y este otro Brad estáis saliendo? Porque tú ya estabas hablando conmigo desde hacía tiempo. Esto no es de ahora.
—Brad, yo... perdóname. Es muy difícil de explicar.
—Escucha, creo que esto es un malentendido —dijo adoptando de repente un tono completamente diferente. Incluso su mirada cambió—. Quizás pensaste que yo venía aquí a hacer algo contigo, pero en realidad solo vine para hablar. De trabajo.
Me di cuenta al instante de que ahora iba a negarlo todo.
Este Brad tenía mucho que perder si se descubría esto en el nuevo trabajo.
La gente creería que yo tenía un affair , o que él era un playboy .
Aunque por la manera en que buscaba meterse en mi cama tengo la impresión de que esto último es cierto. Es un player .
Quería que se fuera de aquí:
—¡Oh! Lo podemos dejar para mañana —dije yo de repente en tono profesional—. Te mando un email .
—¡Bye bye! —dijo, y bajó las escaleras corriendo.
Nos quedamos a solas Brad y yo.
—Brad, ¿cómo puedo explicarte esto? Yo…
—Brenda, no entiendo lo que ha pasado. Tú estabas enfadada conmigo. Por eso quería dejar las cosas claras y contarte lo que pasó, porque no pasó nada. Y ya he hablado con Pearl. No se lo ha tomado a bien, pero no me importa…
—¡Sí, y yo te creo…!
—Pero ahora viene este aquí y dice que ya lleváis un tiempo hablando…
—¡No le hagas caso, por favor!
—Tú hablabas con él mientras paseabas conmigo, ¿para citas en tu casa?
—Si alguna vez hablé con él, nunca fue nada….
—¿Qué quieres de mí?! —exclamó con lágrimas en los ojos—. ¿Por qué no te buscas un ejecutivo trajeado que te dé lo que tú quieres?
—¡Yo no quiero a ninguna otra persona, Brad!
—Y aún así estabas a punto de hacer una tontería, ¿no? Acostarte con él. Es una venganza por algo que yo nunca hice. Pero lo que me sorprende es que ya llevabas tiempo hablando con él. Esto no es de ahora, como él dijo.
—Es solo una persona del trabajo, y no es una buena persona. Es alguien que quería aprovecharse de mí en un momento en que yo estaba mal.
—¿De qué eres tú capaz cuando estás mal, Brenda? Pearl me dijo que tuviera cuidado contigo.
—¡Deja ya fuera de la conversación a esa tía! —exploté con rabia—. ¡No quiero oír hablar de ella!
—Parece como si siempre estuvieras preparada para saltar a algo mejor. ¿Es así como tú eres? —reventó él con sarcasmo—. Claro, siempre valiente, decidida, adaptándose a las circunstancias. Es un ciclo del que no sabes salir.
—Te pido que no me juzgues, Brad. Yo tampoco estoy contenta con lo que ha pasado. Nunca quise que las cosas salieran así.
—¿Sabes lo que me costó abrirme para ti? ¿Sabes lo que estaba dispuesto a hacer? Mis sentimientos ya no valen nada.
—No sigas, por favor… —mi corazón estaba palpitando muy rápido.
—¡Yo te iba a decir que te quiero! Pero ya es tarde —su voz se quebró por las lágrimas.
La declaración me atravesó por completo, sacudiendo mi cuerpo como un relámpago.
Ambos callamos. Yo estaba paralizada, sin poder responder, desconociendo cómo arreglarlo. Quería abrazarlo y decirle que yo también lo quería. Pero lo habíamos hecho todo mal y ahora era tarde.
Su mirada se volvió dura. De repente pareció como si recuperase la compostura.
—Siento que ni siquiera eres fiel a ti misma —sus ojos me miraron fijamente y me desintegraron—. No tengo ningún gusto en verte.
—¡Brad…! —rompí a llorar.
—Conmigo supiste pasar página rápido porque tenías opción. Espero que te queden opciones, porque yo no voy a estar. Olvídate de mí.
Dijo así y se bajó por las escaleras para meterse en su apartamento y dar un fuerte portazo.
Estaba temblando. Tenía un sudor frío en las manos y la cara.
Hice acopio de fuerzas y abrí la puerta de mi casa.
Tiré mi maletín al suelo. Me puse a caminar de un lado para otro, para la ventana, para la cocina.
Para el baño. Me miré sin querer en el espejo.
El maquillaje se me había corrido. Me lavé la cara, me limpié. Intenté secarme las lágrimas.
¿Cómo ha podido pasar esto?
Eran casi las diez de la noche. Me senté en el sofá. El gato vino a mí despacio, maullando muy bajo. Parecía como si llorase conmigo.
Me tapé la cara con las manos. Pasé así casi media hora. Finalmente abrí mi móvil y fui a la página de una aerolínea. Todavía había tickets . Me da igual lo que cueste. Entré mis detalles y terminé la compra. Después hice una llamada:
—Hola, Papá. ¿Puedes ir a recogerme mañana al aeropuerto? Vuelvo a casa.