Ay Dios, es un Nerd 42.
82%

42.

El lunes comenzó de una manera agradable. Levantarme, ducharme, desayunar… Aprecié la rutina en mi casa. La costumbre se sentía cómoda.

Justo antes de salir reparé en una nota de papel que habían metido por debajo de mi puerta. Enseguida me di cuenta de que era de Brad. Los recuerdos del fin de semana vinieron de repente. La nota decía:

Hola, Brenda. Sé que estás enfadada. Por favor habla conmigo. Si no quieres, no te voy a molestar.

Muy típico de él dejarme a mí la responsabilidad de aproximarme. Pero ya no me quedaba nada que decir, o que oír de él. Estaba muy claro. Además, si hubiera otra explicación hubiera venido él mismo.

Llegué a la oficina antes de mi hora de entrada. Tim me saludó por el pasillo.

—¿Qué tal el fin de semana? ¿Todo bien?

—Sí, estuve fuera con unos amigos.

—Aprovecha ahora, Brenda. Luego no vas a tener oportunidad. La vida en pareja es así —dijo guiñando un ojo. Un humor un poco extraño para un lunes por la mañana.

—Gracias, Tim. Vengo recargada.

—Por cierto. Irving Lasalle me ha dicho que te va a hacer un meeting esta semana —dijo con una sonrisa misteriosa.

—¿Qué? ¿A mí sola? Solo lo veo en la reunión anual, prácticamente —Lasalle era mi Director. No se podía decir que me conociera personalmente, ni yo a él. Desde que llevaba en la empresa solo habíamos hablado en privado un par de veces.

—Yo no sé nada… A ver, intuyo algo. Pero habla con él.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—¡Nada! Eres muy famosa últimamente —dijo con una sonrisa mientras se alejaba—. ¡Acuérdate!

Este Tim… No lo hace con mala intención, claro que no. Encendí el ordenador en el despacho. No había ningún mensaje del Director todavía.

Empecé a resolver cosas pequeñas: un email aquí, otro acá. Un proyecto más grande. Una comunicación con un cliente. El trabajo me ayuda a no pensar demasiado. El tiempo pasa más rápido.

—Toc, toc —dijo alguien a la puerta.

—¿Sí? ¡Brad! ¿Qué haces…? ¡Hola!

—Hey. Aquí me tienes. Más cerca —dijo apoyándose en el marco de la puerta. Sonreía con confianza. Sus dientes, cabello brillante, su traje bien ajustado. Todo acentuaba ese carácter de excelente, en todos los sentidos.

—¿Dónde vas a estar?

—Ahí mismo —dijo señalando al final del pasillo—. 1.08a.

—Vaya, entonces vamos a ser vecinos.

—Vamos a tener más oportunidades de estar cerca —dijo aproximándose a mi mesa. Puso una mano encima de mi escritorio—. Más aún.

—Ya lo creo —sonreí.

—¿Me paso por tu casa esta noche? —dijo, descargando su propuesta directamente.

—Sí. Te espero —dije yo sin dudar.

—Entonces ahora te dejo tranquila. Tengo que hacer varios trainings obligatorios de seguridad y tal. Nos vemos pues.

Cuando salió por la puerta me aparté el pelo de la cara y suspiré.

La cabeza me daba vueltas. Va a pasar lo que ya tenía que haber pasado, me dije.

Esto está bien. Además, no es que vaya a liarme con un compañero de trabajo.

Es que antes de que él entrase todos pensaban que ya estábamos juntos. Estoy cubierta.

El día transcurrió sin sobresaltos. Cuando volvía de comer vi a Liss por el pasillo.

—¡Brenda! —saludó, y al instante su cara mudó en gesto de preocupación—. ¿Qué te pasa?

—Hola, Liss. Estoy bien, ¿y tú?

—Bien también. Pero a ti te pasa algo. Algo con Brad.

—¿Por qué dices eso? —Yo también sabía que algo pasaba conmigo, pero ahora quería saber en qué se notaba.

—¿Sabes ese gesto que tienen las personas cuando tienen una idea en su cabeza, o cuando están imaginando algo?

Incluso mientras hacen cosas diferentes, hay una especie de luz en su mirada que no se va.

Están como inspiradas. Tú estuviste así estas semanas.

Ahora te veo como si no estuviera ahí esa luz. Como si quisieras salir de dónde estás.

—Qué cosas dices, Liss… Igual necesito un poco de maquillaje.

—Esta es una de esas cosas que no se pueden maquillar, Brenda. Vas a tener que creerme viéndote en un espejo.

Mi móvil de trabajo empezó a vibrar. Tenía ahora mismo una llamada no planeada del director.

—Tengo que dejarte ahora, Liss.

—¡Hazme caso! Por una vez, Brenda.

Cogí la llamada por el pasillo mientras volvía al despacho:

—¿Brenda? Aquí Irving. Hola, ¿cómo estás? —su voz fina y segura se oía claramente—. Escucha, estamos todos muy ocupados, pero tengo un tema que se ha ido desarrollando rápidamente en las últimas semanas. Tenemos un par de victorias. Quiero hablar contigo de reconocimiento. ¿Tienes unos minutos?

—Sí, claro. ¿Cómo hacemos? ¿Me conecto en videollamada…?

—No, no. Sube a mi despacho. Te espero en media hora.

No tenía muchas ganas de dejar esto extenderse durante más tiempo. Me cansaban las intrigas de la empresa, igual que me cansó la conversación con el Director de Finance. Por suerte me daba tiempo a tomar un café y poco más. Tomé el ascensor hasta su despacho, dos pisos más arriba.

Se notaba el aire diferente de estos espacios.

Pasillos más limpios, más anchos. Obras de arte incluso en las paredes, pintura y escultura.

Los despachos eran el doble de grandes, por lo que podía verse a través de las puertas de cristal.

Lo observé mientras dirigía mis pasos hacia donde estaba mi jefe.

Toqué levemente la puerta de su despacho para llamar.

—Irving, ¿se puede?

—¡Brenda! Por favor.

Era un hombre pequeño. Sus ojos eran rápidos, su mente aún más. A pesar de tener unos sesenta, parecía conservar la agilidad mental de un niño.

—¿Cómo estás? Siéntate por favor. ¿Quieres beber algo?

—Solo agua.

Su despacho era como una sala de reuniones; tenía incluso una pequeña cocina. Ya había estado aquí, en compañía de mis compañeros, para tratar temas globales. El resto de las veces nos habíamos tratado por videoconferencia o correo.

—Aquí tienes. Bueno, hacía tiempo que no hablábamos. Pero me acuerdo de ti, por supuesto. Recuerdo tu entrevista hace algunos años.

—El tiempo vuela —dije yo de manera genérica.

—¡Ya lo creo! Lo más importante es lo que hacemos con ese tiempo.

Y veo que el tiempo que llevas aquí lo has aprovechado bien.

El trato con la firma de San Francisco es un puntazo a las cifras de este año, pero va a continuar en los próximos años.

He visto tu presentación. Es justamente ese el tipo de valores que me gustaría ver en el departamento.

Cómo se desarrolla y crece algo desde cero. Sabes crear valor.

—Yo, pues…

—No seas modesta, Brenda. Tú tienes esa hambre. Y estás dispuesta a darlo todo por la empresa. No solo eso. Han llegado a mis oídos que lograste colocar a alguien cercano también.

Oh-oh. Se refiere a…

—¡No sé! ¿Es tu novio, tu marido? No importa.

Pero déjame que te diga que para meter a tu cónyuge en la empresa se necesita tenerlos bien puestos.

Se ha hablado entre los directivos. No es fácil por reglamento interno.

Tú tienes ese poder. Es algo personal, la gente te respeta. Y ya es hora de que se te reconozca.

—Irving, de verdad, me deja sin palabras. Cualquier cosa que me diga ahora me va a sorprender.

—Brenda, nunca abandones esa humildad. ¿Sabes cuál es el mejor cazador de la selva? El cocodrilo del Nilo. Se queda quieto durante horas porque parece un tronco en el agua. Puede elegir cuándo morder. Y su mordisco es el más fuerte de todos.

Sonrió e hizo una pequeña pausa.

—No quiero marearte más. Tras consultar con los de arriba, he decidido la creación de un nuevo puesto de trabajo, un Business Manager que tenga visión periférica del negocio.

Básicamente vas a estar por encima de Tim, supervisando su equipo, reportándome a mí.

Se ha visto lo que vales y queremos garantizar la continuidad de tu buen trabajo.

A continuación hizo una relación de mis potenciales responsabilidades y de nuevos beneficios. Mi salario iba a ser duplicado.

—Te mandaré mañana un email —terminó mientras me echaba la mano—. Más adelante los de HR irán a pedirte confirmación. Como siempre, entorpeciendo el negocio. Hay que ir dirigiéndolos. Pero bueno, eso tú sabes hacerlo.

Cuando la puerta del despacho se cerró miré a una de las ventanas del pasillo, cuyo cristal iba del techo al suelo. Miré al horizonte sin enfocar los ojos, con la vista perdida. Es como si estuviera suspendida en el cielo, sin saber de dónde vengo y adónde voy. Simplemente levitando.

—Donde el viento me lleve —dije en voz alta.