37.
Cuando llegamos el tiempo estaba empezando a cambiar. Hacía viento que provocaba que el aire se sintiera cortante. De vez en cuando caía un poco de lluvia. Iba a llover.
Al entrar vimos que la chimenea ya estaba encendida.
—Buenos días —dijo Santi, totalmente recuperado—. Justo estábamos hablando de vosotros. Brad, he encontrado unas botellas de alcohol en un armario. Son un poco viejas. Me imagino que son de cuando tus padres te concibieron.
—¡Hey! Yo creo que serán de algún huésped que se las dejó —contestó Brad tomando en su mano la botella que Santi le ofrecía—. O quizás no, creo que esto le gustaba a mi padre.
Hubo un par de risas. Parecía un ambiente distendido de nuevo. Pearl apareció y comenzó una conversación como si nada hubiera pasado ayer:
—¡Hola! ¿Dónde habéis estado? —dijo pizpireta como siempre—. Nosotros hemos ido a dar una vuelta alrededor del lago, pero tuvimos que dar la vuelta porque había mucha agua.
—Sí, uno de los lados está empantanado —recordó Brad.
—¿Ah, sí? Nosotros fuimos a dar un paseo solo, y luego a una cafetería —dije.
—¡Oh, os dije que teníamos que haber ido por el otro lado! —suspiró Crystal—. Estoy muerta de hambre.
—Chicos, he descubierto que podemos pedir un take-away en el pueblo —anunció Tanya saliendo por la puerta con su teléfono en la mano—. Si hay que ir en coche para recogerlo, acompaño a quien sea. Yijing lleva el día entero discutiendo con su novio y ya no puedo más.
Yo me quedé en el sofá descansando del paseo, mientras algunos iban a buscar comida para todos. Estaba reclinada de la manera más cómoda posible, por eso probablemente me pilló desprevenida cuando Pearl se acercó a hablar conmigo.
—Brenda, ¿tienes un rato para charlar? Mira, creo que de verdad no nos hemos comunicado bien en el pasado —comenzó, en un tono de voz suave que nunca le había oído—. En ocasiones soy un poco polémica. No quiere decir que tenga mala intención.
—Bueno, nos puede pasar a todos —respondí—. Al fin y al cabo tú estás en tu territorio.
—¡Exacto! Creo que me he sentido un poco a la defensiva. Pero oye, si a ti te gusta Brad, está todo bien con eso. Como amiga cercana, obviamente voy a querer saber qué pasa, porque lo conozco mejor.
—A mí me dio la impresión de que lo estabas protegiendo.
—¡Por supuesto! Yo te entiendo, porque él es muy guapo. Pero quizás no estás viendo la parte de él que es la más valiosa —dijo ella con una entonación aguda al final de la frase.
—¿Qué quieres decir?
—Mira, ¿a ti quién te gusta más? ¿Brad Pitt o Brad Mehldau?
—¿Quién? —pregunté yo confundida.
—El pianista de jazz.
—Pearl, de verdad no entiendo lo que me quieres decir —dije con una sonrisa.
Comprendo que estaba poniendo un ejemplo, pero sacar en la conversación así, sin más, dos Brads me puso en alerta.
—Lo que digo es lo mismo que te dije una vez, cuando tú y yo vimos una obra de arte en el museo hace tiempo —explicó Pearl con creciente condescendencia—. Para apreciarla y comprenderla es necesario saber el contexto. Es más, hace falta mirar y ver más allá. Saber de arte.
—Probablemente lo he dicho ya alguna vez, pero creo en mi capacidad para juzgar y apreciar libremente lo que sea que tenga delante —argumenté—. De disfrutar con lo que tengo a mi alcance.
—No te falta razón —contestó Pearl—. Pero también puede ser una experiencia vulgar si no conectas con lo que el autor quiere decir.
—Volviendo a Brad —tercié—, quizás lo interesante sería esperarlo para escuchar su propia voz y que nos diga él mismo lo que él quiere decir.
—Él puede confundirse, como todos. Y de hecho se confunde mucho. Solo espero que sea capaz de ver tras las apariencias. Este año lo pasó muy mal, como sabes.
—Pearl, déjame que te diga algo —comencé a hablar, ya ligeramente encendida—, y quizás te va a sorprender: tú y yo no somos tan distintas. Yo también puedo ser controvertida, polémica. Y como tú dijiste, yo tampoco tengo mala intención. Al final todo será el resultado de lo que tenga que ser.
—¡Ok, Brenda! No te enfades por favor. Te comprendo perfectamente. Escucha, vamos a cenar y a tomar unas copas y, como tú dices, al final se verá. In vino veritas , como decían los antiguos.
—Quiere decir que en el vino está la verdad —dijo Santi, acercándose a nosotras—. Es decir, no hay secretos. Sinceramente, chicas, venid a cenar.