36.
El día estaba radiante. Era uno de aquellos en los que el sol brilla sin nubes tras un invierno largo, pero que todavía son fríos, especialmente a la sombra.
Brad y yo salimos de la casa y comenzamos el recorrido a pie.
—He pensado en un sitio para comer —me dijo.
—Espero que sea un sitio que todavía esté en pie. ¡No como esa gasolinera de la que hablaba Santi! —recordé yo en tono de broma.
—Esta vez lo he revisado en internet y parece que el sitio existe. Parece una opción segura. Podemos ir allí y buscar un brunch.
—Uno no hace brunch todos los días. Me gusta.
Los árboles se erguían a nuestro alrededor. Avanzábamos por un camino que había sido invadido por las hojas tras la estación fría.
—¿Solías venir por aquí con tus padres? —pregunté mientras nos envolvía la sombra de las ramas.
—Solo de pequeño y hasta cierta edad. No recuerdo todos los detalles. Mis padres son profesores en una ciudad cercana. Se tomaban las vacaciones solo cuando el horario lectivo se lo permitía. Normalmente veníamos en verano. Por eso lo recuerdo todo diferente.
—Debe ser bonito en verano también.
—¿Y tus padres, dónde están?
—Es una larga historia —comencé—. Vengo de una ciudad pequeña del Midwest. Mi padre vive aún allí. Era periodista, pero fue herido hace años mientras investigaba en un país en guerra…
—Lo siento. ¿Y cómo…?
—¡Ah, él está bien! —lo interrumpí—. Solo cojea un poco. Ahora se dedica a escribir. Probablemente te caería bien.
—¿Y tu madre? ¿No están juntos?
—No. Están divorciados. Mi madre es la CEO de una empresa multinacional en Chicago. No hablo mucho con ella.
—¿CEO? Wow.
—Sí.
Estuvimos un momento en silencio.
—¿Sientes que tu madre dejó una estela y que te encuentras en la obligación de seguirla? —preguntó Brad despacio, como eligiendo las palabras.
—Mmm, qué observación tan rara.
—Disculpa. No pretendía psicoanalizarte.
—No. Puede que haya algo de razón en eso —dije perdiéndome en mis pensamientos.
Más bien puede que esté en competición con ella, pensé.
—No hace falta que hables de ello si no quieres —dijo él sin acritud.
—Está bien —concluí.
Dimos la vuelta al bosque y llegamos al lago.
El sol se reflejaba en la superficie y daba la impresión de ser más cálido de lo que era en realidad.
Había una cafetería con restaurante cerca de un pontón de madera, Premonition .
En temporada baja había poca gente. Nos sentamos en una mesita pequeña con vistas al agua y pedimos algo para comer. Huevos, beicon, aguacate.
—¿Y los otros? —pregunté mientras empezábamos a comer.
—Ah, probablemente están ya de vuelta. Crystal se cansa mucho.
—¿Pero nos estaban esperando?
—Tampoco había nada decidido. No sé qué pasa con Pearl, la verdad —respondió Brad, y tomó un bocado de tortilla.
Decidí enfrentar a Brad en cuanto a este asunto de una vez por todas.
—Oye, ¿no crees que Pearl está intentando algo contigo? —dije en el tono más sensible que pude.
—¿A qué te refieres?
—Deja de hacerte el tonto. Es muy evidente.
—Dices eso porque está celosa de ti. Eso sí que es muy evidente. Me lo dijo hasta Santi.
—¿Y a ti te gusta? —continué.
—¿A mí? —hizo una pausa—. No. Por supuesto que no. Es solo una amiga.
—Ahora parece que dudaste.
—¿Seguro que no eres tú la que está celosa? —dijo él de vuelta.
—Escucha. Lo admito. Estoy celosa de ella. Más bien, estuve celosa de ella. Ahora me da igual. Pero lo cierto es que ella se ha dedicado a poner murallas a tu alrededor. Tampoco me hizo sentir muy bienvenida algunas veces.
—No te enfades con ella. Hace muchas preguntas, lo sé. A veces indiscretas.
—Como te digo, a mí eso me da igual. He peleado batallas más difíciles… —dejé pasar el tiempo mientras masticábamos—. ¿Y ya has hablado de esto con ella?
—Claro que no. Sería violento —dijo Brad con seriedad.
—Tú siempre te quedas en tu sitio dejando que las cosas pasen y no te afecten.
—Eso no es así, Brenda.
—Es lo que yo veo —añadí con un tinte de sorna—. Eres un sabio estoico.
Brad se rió.
—¿Usas mis palabras contra mí? Voy a tener que prepararme entonces.
—En serio, no dejes que las cosas se enturbien por un malentendido.
Brad se quedó pensativo, jugueteando con una cucharilla entre sus manos con la mirada perdida en el cubierto.
—¿Un malentendido, eh? —dijo él dibujando una mueca en su cara.
—A ver, ¿quieres que yo te ayude? ¿Cómo te sientes teniendo dos mujeres celosas por ti?
—Me juzgas como si fuera uno de esos que se dedican a ligarse a las mujeres —sonrió con ironía.
—Como un womanizer que se mete en mi ducha.
—Bueno, ahora me vas a hacer pagar por eso.
—¡Pero no te pongas a la defensiva ahora!
—Es que lo pones como si todo esto fuera el resultado de mis acciones. Pero déjame decirte que yo nunca he sido precisamente el más popular. Me pasé la vida estudiando, renunciando a ser otro tipo de persona más atractiva…
—Qué tontería —interrumpí. Con su pelo, sus ojos, su sonrisa, a mí ya me parecía muy atractivo.
—…porque estaba realizando mi sueño, que al parecer no va a cumplirse, y esa es otra historia —continuó divagando—.
Ahora bien, si en medio de esta cadena de acontecimientos me sucede que dos mujeres me han prestado atención, dime: ¿está mal que por un momento me haya sentido bien? Yo nunca busqué a Pearl. Y a ti…
—A mí, préstame atención ahora —dije.
—¿Puedo? —sus ojos me sonrieron. En un momento se acercó a mí inclinando su cuerpo sobre la mesa y me besó.
Nos quedamos en silencio después. Parece como si hubiéramos reparado entonces en la música lofi del café. Yo había estado tan enfocada en la conversación que ni lo había notado.
—Ven a mi habitación esta noche —dijo Brad.
¿Y yo? No pude dejar de sentir una pequeña punzada de remordimiento. Puede que la manera en que estoy tratando a Brad sea porque me siento hipócrita. Todavía está el otro Brad.
Salimos de la cafetería caminando de la mano, dando un paseo largo de un par de horas de vuelta a la casa.
Los días aún no eran muy largos. Con menos luz convenía regresar no muy tarde.
En los momentos de silencio durante el camino de vuelta me pregunté a mí misma qué pasaría si Pearl o los otros nos vieran de la mano.
Probablemente nada, o un comentario, o el reconocimiento de que somos algo.
Y si vamos a dormir en la misma cama además…
Es ridículo que esté pensando esto. Pero por encima de todo es demasiado complicado.
Deseé que mi vida fuera un poco más simple algún día.