Ay Dios, es un Nerd 35.
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35.

Era un cuarto de baño grande. La ducha estaba detrás de una pared y tenía una cortina de plástico. Me desvestí y me metí dentro de la ducha. El suelo estaba mojado con agua y jabón. Alguien se había dado una ducha hacía poco. Abrí el grifo: el chorro de agua caliente era revitalizante.

Pensé en la noche anterior, sin enfocarme en ningún recuerdo en particular. Las imágenes iban pasando a través de mí como una corriente. Me quedé ensimismada en el agua caliente.

En ese momento oigo la puerta del baño abrirse.

—¡Está ocupado!

—Oh, Brenda. Es un momento solo. Disculpa.

Era Brad.

—Brad, ¿qué haces aquí? —le dije a través de la cortina, que por fortuna era opaca—. Me estoy duchando.

—Ya lo sé —respondió él con cierta vergüenza en su tono de voz.

—¿Cómo que ya lo sabes? ¿Lo sabes y entras aquí así?

—Disculpa, es que necesito mi ropa —respondió, y acto seguido fue víctima de un estornudo.

—¡Jesús! ¿Es que te has resfriado?

—No sé. Sólo llevo una toalla ahora mismo. —Brad, ¿en qué estás pensando? —Por favor, ¿me puedes pasar mi ropa interior? Está colgada dentro de la ducha. —Espera, voy a ver. ¡Ni se te ocurra mirar!

Efectivamente, unos calzoncillos con estrellitas estaban reposando en un gancho. Este hombre es como un niño. Debo estar loca.

—No dejes que se mojen. —¿Por qué, es que no trajiste más?

—¡Claro que traje! —contestó—. Pero tengo solo estos y muda para mañana.

—Toma, anda —dije, y se los colgué desde mi lado.

—Gracias —Brad hizo una pausa. Se oyó un ruido de ropa deslizándose—.

Ya está. —Oye, Brad, no seas rarito. Déjame disfrutar de mi ducha en paz.

—¿Te vienes a dar una vuelta por el bosque? Vamos a salir.

Esperé un poco para contestarle.

—Sí. —No te preocupes. Te espero y que ellos salgan delante —propuso Brad. —Ah, a mí no me importa. —A mí sí —respondió sin más explicación.

Cuando salí de la ducha, Tanya estaba en la cocina del salón, preparándose su almuerzo. Espero que encontremos algo de comida por ahí, pensé. Voy sin nada en el estómago y ya no hay tiempo. En la habitación, rápidamente me puse mi ropa preparada para caminar.

Me eché un vistazo brevemente en el espejo. La resaca no le sienta bien a mi cara. No era el humor más optimista para salir para una caminata, pero esperaba que el movimiento ayudase a mi autoestima al final del día, como una sesión de gym.

Brad estaba esperándome en el sofá, mirando su móvil. Me regaló una sonrisa cuando me vio:

—¿Estabas arreglándote? No hacía falta.