33.
Todos se acomodaron en los sofás y empezamos a charlar. Hubo algunas preguntas sobre mí, dónde vivo y mi trabajo. Resulta que Darrell, el novio de Crystal, trabaja al lado de mi oficina en la cocina de una pizzería a la que voy de vez en cuando.
En medio de la conversación, Santi llegó gritando por la puerta:
—¡Brad, cuánto tiempo hace que no vienes aquí! La gasolinera de la que hablaste lleva tiempo abandonada. He tenido que ir al pueblo de al lado a por pizzas y bebidas. Luego os paso la cuenta.
Enseguida hubo un ambiente agradable entre amigos con risas y bromas mientras todos empezábamos a probar unos trozos de pizza.
Alguien puso música. Nunca antes había bebido con Brad.
Lo cierto es que nuestros encuentros hasta ahora han sido muy cándidos: ir a pasear, tomar un helado.
Nada de malo en eso, pero una parte de mí simplemente quiere verlo también en otros contextos.
Vi que se reía más y que su mirada se volvía más penetrante. O quizás era el efecto de los otros.
En cierto modo empecé a llegar a la conclusión de que él no era tan raro, y ellos tampoco.
Son simplemente personas, diferentes en muchas cosas de mí misma y de otras personas.
Tuve un pequeño pensamiento mientras me quedaba ensimismada con mi bebida en la mano: que para llegar a esta conclusión tuve que salir de mi caparazón y atreverme a conocer a otra persona.
Brad se fijó en que me encontraba perdida en mi reflexión y me preguntó:
—¿En qué piensas?
Por supuesto no iba a responderle lo que de verdad estaba pensando.
—Estaba simplemente disfrutando del momento, con todos, contigo.
—Eso está bien. Me preocupaba que fuéramos muy nerds para ti.
—¡Oh! Espérate, porque aún no he visto ese juego, igual luego tengo una segunda opinión —dije guiñando un ojo. Brad parecía encantado con mi broma e iba a decir alguna cosa, pero fue interrumpido:
—¿Juego? Alguien está hablando del juego… —dijo Santi con los ojos más hinchados que nunca—. ¡Traed ya el juego! Que me lo echen.
—¡Santi! —dijo Yijing dramáticamente—. ¡Tú no puedes jugar! Si juegas tiene que ser sin puntos, para no arruinar la experiencia a los demás.
—¿Pero entonces qué gracia tiene?
—¡Entonces tienes que jugar con hándicap! —dijo Pearl riéndose—. Cada vez que ganes un punto tienes que beber un chupito.
—Ese sistema me gusta más —dijo Santi de vuelta.
La versión literaria del Trivial Pursuit incluía preguntas sobre autores y estilos literarios, de lo cual no tengo la más mínima idea. Quiero decir, puedo deducir que si están hablando de romanticismo, los tiros no van por ciencia ficción, pero hasta ahí llego.
Como era de esperar, Santi iba en cabeza a pesar del hándicap que le habían puesto para que no ganara. Brad iba segundo y las chicas iban detrás. Por mi parte, los novios de las chicas y yo nos quedamos empatados al final.
—No te preocupes —me dijo Jimmy—. Yo me manejo bien en temas de arquitectura. Me sacas de ahí y no sé nada.
—Yo me voy sirviendo más bebida. Igual acierto así, quién sabe —añadió Darrell.
Sí sabía la respuesta de la pregunta que le hicieron a Tanya porque había visto la película de Romeo y Julieta con Leonardo DiCaprio, pero del resto no acerté ninguna. Como siempre, Pearl estaba muy atenta a mis respuestas:
—¡Qué pena, Brenda! Lo importante es participar y pasarlo bien —me dijo compadeciéndose tras mis respuestas.
¿Y qué? Me da igual, porque sé que no necesito impresionar a Brad. Pero sí me lo pasé bien. Incluso le seguí el juego a los chicos con las bromas cuando alguien leyó una pregunta que mencionaba a Balzac. Pearl me echó una mirada de recelo.
Como tardábamos mucho por ser tantos jugadores, se decidió un límite de rondas. Finalmente Santi fue el ganador. Las chicas, en medio de la broma, sacaron el tema de su ruptura:
—¡Santi, por qué tienes que llevártelo todo! ¡Deja alguno para nosotras!
Fue una noche divertida. De alguna manera conseguí distraerme de una de las incógnitas del viaje.
—Chicos, tenéis habitaciones al fondo para dormir cuando queráis —anunció Brad—. Debería estar más o menos preparado. Mis padres dejan el mantenimiento a una empresa que se lo va dejando alquilado la mayor parte del año. Son cinco dormitorios dobles en total.
Yijing y Jimmy se fueron a un cuarto no mucho después. Crystal y Darrell a otro. Tanya hizo lo mismo.
Nos quedamos en el sofá Pearl, Santi, que se había desplomado de sueño, Brad y yo.
—¿Entonces tenéis planes para mañana? —preguntó Pearl.
—Bueno, había pensado ir con Brenda al bosque que hay aquí detrás —dijo Brad.
—¡Oh! Suena a que vais a hacer algo. No sabía que tú eras de esos, Brad. ¿Te vas con Brenda al bosque a hacer qué? —dijo ella con sorna.
—Pearl, ¿qué te pasa? ¿Por qué tienes que hablar con ese tono, como insinuando algo? —replicó Brad visiblemente molesto.
—¿Qué? ¿Te molestas conmigo? ¿Porque estoy insinuando algo o porque estoy cuestionándote?
—Oye, estás muy rara esta noche.
—Tú eres el raro y lo sabes. A mí eso me daba igual, cosa que ya te he dicho, pero quizás no eres tan bueno al fin y al cabo.
—¿Qué? ¿A qué viene eso ahora?
—Escucha, me voy a dormir, para que pienses en lo que haces.
Se levantó y se metió en uno de los cuartos.
—¿Qué fue eso? —Brad se levantó irritado del sofá y me miró.
—No sé, Brad. Igual tenías que haber sido más claro con el tema de los dormitorios mucho antes —repliqué.
—¿Para qué? Hay camas de sobra. Todos pueden dormir donde quieran.
—¿Y yo? ¿Puedo dormir contigo?
—Puedes elegir: está el cuarto de Tanya, el de Pearl…
—Olvídalo —lo corté.
—¿Qué te pasa a ti también? —preguntó Brad mezclando en sus palabras la irritación que le había causado Pearl.
—¿A mí también? ¡A mí no me pasa nada! —exploté.
—Igual que Pearl —comenzó a caminar de un lado a otro—. ¿Es porque me rechazaron de la universidad, a que sí?
—Tú no te enteras de nada, ¿verdad?
—Y tú no hablas claramente.
—Lo que está claro es que después de beber tú te enteras aún menos que de costumbre, que ya es decir. Yo me voy a una habitación a dormir ahora mismo —dije levantándome del sofá—. Buenas noches.